Tuesday, September 30, 2014

El Samsara


Los Seis Reinos de la Existencia


Los Seis Reinos de la Existencia (Samsara) son una descripción alegórica de la existencia condicionada, o en la que renacen los seres. La naturaleza de la existencia de uno es determinada por el karma. Algunos reinos son más agradables que otros - el cielo es preferible al infierno - pero todos son dukkha, lo que significa que son temporales e imperfectos (incluyendo el Reino de los Cielos). 

Los Seis Reinos a menudo se ilustran por el Bhava Chakra, o Rueda de la Vida - que aparece arriba en esta entrada.

Si bien estos Seis Reinos son a veces vistos como "mundos" con existencias independientes, los budistas tienden a verlos como estados de conciencia a los que podemos entrar en cualquier instante. Los Seis Reinos son:

1. Naraka-gati - el Reino de los Infiernos 

Como el nombre sugiere, el Reino de los Infiernos es el más terrible de los Seis Reinos. Los seres infernales tienden  a perder el control sobre sí mismos fácilmente; todo hace que se enojen. Y la única forma en la que los seres infernales tratan de resolver las cosas es a través de la agresión. Se alejan de cualquiera que les muestra el amor y la bondad y buscan la compañía de otros seres infernales.

Este estado también se caracteriza por una profunda depresión y la pérdida de toda esperanza.

La ira y la agresión sin control pueden causar el renacimiento en el reino de los infiernos.

2. Preta-gati - el Reino de los Fantasmas Hambrientos 

Los fantasmas hambrientos (preta) son representados tradicionalmente como seres con enormes estómagos vacíos, pero con bocas del tamaño de un agujero de alfiler, y sus cuellos son tan finos que no pueden tragar. Un fantasma hambriento es uno que siempre está buscando algo fuera de sí mismo, algo nuevo - que cree que va a satisfacerlo.

Los fantasmas hambrientos se caracterizan por el hambre insaciable y el deseo. Ellos también están asociados con la adicción, la obsesión y la compulsión.

3. Tiryagyoni-gati - el Reino Animal 

Los animales están marcados por la estupidez, el prejuicio y la complacencia. Viven vidas protegidas, evitando las molestias o todo lo desconocido. El renacimiento en el reino animal está condicionado por la ignorancia.

Las personas que son ignorantes y que sólo satisfacen sus deseos primarios (comer, dormir, reproducirse y defenderse) tienden a renacer en el reino animal.

4. Asura-gati - el Reino de los Asura (Titanes) 

Los Asura son seres fuertes y poderosos que a veces son descritos como enemigos de los Devas (dioses). Los asura están marcados por su feroz envidia. El karma del odio y los celos provoca el renacimiento en el reino de Asura.

Chih-i (538-597), patriarca de la escuela Tientai, describió a los Asura de esta manera: "Siempre querieren ser superiores a los demás, no tienen paciencia por los inferiores y y muestran menosprecio; se comportan como un halcón, volando por encima y mirando hacia abajo a los demás, y sin embargo presentan exteriormente la justicia, la adoración, la sabiduría y la fe". Es posible que haya conocido a un Asura o dos.

5. Manusya-gati - el Reino de los Humanos 

El reino humano es el único ámbito de los Seis Reinos donde los seres pueden escapar el Samsara. La iluminación está a la mano en el reino de los humanos, y sin embargo, sólo unos pocos abren sus ojos y lo ven.

El renacimiento en el reino humano está condicionado por la pasión, la duda y el deseo.

6. Deva-gati - el Reino de los Devas (dioses) y los Seres Celestiales 

En la tradición budista, el Reino de los Devas está poblado por seres divinos que disfrutan de un gran poder, riqueza y larga vida. Viven en todo su esplendor y felicidad. Sin embargo, incluso el Deva tiene que eventualmente envejecer y morir. Además, su privilegio y estatus exaltado los ciega al sufrimiento de los otros, así que a pesar de sus largas vidas no tienen ni sabiduría ni compasión.

Cuando el buen karma que los condicionó se acabe, el Deva renacerá en otro de los Seis Reinos.

Los Diez Reinos del Budismo Tendai


Tras estudiar el Sutra del Loto, el gran maestro Tientai de la China (538-597) estableció la doctrina de los Diez Estados –también denominados Diez Mundos o Diez Reinos—, la cual consiste en un sistema de clasificación de la experiencia humana en diez categorías. Los diez estados son, desde el más bajo hasta el más elevado: 1) el estado de infierno, 2) el de las entidades hambrientas, 3) el de los animales, 4) el de los asuras, 5) el de los seres humanos, 6) el de los seres celestiales, 7) el de los que escuchan la voz, 8) el de los que toman conciencia de la causa, 9) el de los Bodhisattvas y 10) el de los Budas.

Los diez estados también son conocidos como: infierno, hambre, animalidad, ira, tranquilidad o humanidad, éxtasis, aprendizaje, comprensión intuitiva, Bodhisattva y Budeidad.

En las antiguas escrituras budistas, los diez estados fueron, originalmente, considerados lugares físicos distintos, cada uno con sus habitantes distintos; sin embargo, el Sutra del Loto enseña que cada uno de los estados contiene a los diez en sí mismo, lo cual permite interpretarlos como condiciones de vida cuyo potencial existe en forma inherente en cada individuo.

El estado de vida del infierno es una condición de extremo sufrimiento mental y físico, caracterizado por un furioso impulso de autodestrucción; el de las entidades hambrientas, por la insatisfacción y el dominio de los apegos; el de los animales, por el miedo al fuerte y el abuso del débil; el de los asuras, por el deseo de ostentar superioridad o dominar a otros, pretendiendo benignidad y sabiduría. Estas condiciones son denominas los Cuatro Malos Caminos debido a que son estados de sufrimiento que el ser humano debe sobrellevar a causa de su karma adverso.

En adición, el estado de los seres humanos es una condición caracterizada por la tranquilidad, la calma, el raciocinio y el juicio; sin embargo, se trata de un estado que se deja influenciar por las condiciones negativas de los estados más bajos. Asimismo, el estado de los seres celestiales, caracterizado por la satisfacción y la alegría de haberse librado del sufrimiento. Estas condiciones son agrupadas con los anteriores estados y son denominadas los Seis Caminos o los Seis Caminos de la existencia, por el hecho de que son mundos en los cuales transmigran los seres no iluminados. Las entidades de este grupo de estados son afectadas por cuestiones externas y carecen de autonomía y libertad.

Luego, se encuentran los Cuatro Estados Nobles, los más elevados de los diez estados de la vida, conformados por el estado de los que escuchan la voz, el de los que toman conciencia de la causa, el de los que toman conciencia de la causa, el de los bodhisattvas y el de los budas. Son cuatro estados en los cuales la persona se esfuerza por establecer su independencia y trascender la incertidumbre de los seis caminos, o seis estados más bajos, controlados por los deseos mundanos y gobernados por un entorno sujeto al cambio incesante. Y, a la vez, el sujeto actúa con integridad y misericordia, y disfruta de libertad.

Las personas del estado de aprendizaje aspiran lograr la iluminación. Las del estado de comprensión intuitiva se caracterizan por su capacidad de comprender la verdadera naturaleza de todos los fenómenos. Estas condiciones son denominadas también los Dos Vehículos, los cuales se refieren a las enseñanzas expuestas para los que escuchan la voz y para los que toman conciencia de la causa. Los sujetos de estos dos estados son fácilmente absorbidos por su propio mundo, y caen en el egoísmo o la autocomplacencia.

El sujeto del estado del Bodhisattva se caracteriza por aspirar a lograr la budeidad y realizar prácticas altruistas para alcanzar esta meta. Asimismo, se destaca por su amor compasivo, y la decisión de posponer su propio ingreso en el nirvana para guiar a otros a la iluminación.

El estado de Budeidad es también conocido como el estado de iluminación, y consiste en el supremo estado de vida que postula el Budismo; se caracteriza por la sabiduría y el amor compasivo sin límites. En esta condición, el ser humano toma conciencia de la verdad eterna y fundamental que constituye la realidad de todas las cosas, por lo que el logro de dicho estado es la meta de la práctica budista. El potencial de despertar a la sabiduría de la Budeidad existe de manera paralela con el estado de infierno, hambre o animalidad. La Budeidad, así como los demás estados, no está separada de los otros nueve reinos. Si, por ejemplo, la ira es motivada por la compasión de la Budeidad o del Bodhisattva, esta se convierte en una fuerza para combatir la injusticia y cambiar la sociedad.

La meta del Budismo Tendai es apoderar al practicante para que sea el amo de su vida, despertar el Bodhichita y manifestar un estado de total compasión y sabiduría, para que el practicante no desee tratar de escapar el Samsara, y siga renaciendo voluntariamente para continuar el trabajo del Bodhisattva, y salvar a todos los seres sintientes.

Es por eso que Dengyo Daishi, en vez de morir y entrar en el Nirvana, deseó continuar meditando eternamente, hasta el advenimiento del Buda Miroku (Maitreya), y seguir trabajando para la salvación de todos los seres sintientes.

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