Bienvenido a la Tierra Pura de la Luz Serena, un recurso sobre las distintas escuelas de Budismo tradicional japonés. Esta página ha sido creada para aclarar dudas sobre el Budismo como religión, filosofía y estilo de vida, con énfasis en la Teología Budista (Budología). La misma aspira a presentar el Budismo balanceadamente entre la academia (estudios budistas) y la devoción, desde el punto de vista de una escuela tradicional de Budismo japonés (Tendai-shu) y las enseñanzas universales del Sutra del Loto.

Tuesday, September 30, 2014

Los Diez Estados del Bodhisattva


Los Diez Bhumis


Después de los Budas, los seres más importantes en la iconografía Mahayana son los Bodhisattvas. Los Bodhisattvas son seres que trabajan para la iluminación de todos los seres, postergando la propia, hasta que todos se hayan iluminado. Hacen voto de no entrar en el Nirvana hasta que todos los seres entren el Nirvana juntos. 

El Bodhisattva es el ideal de todos los budistas Mahayana. El camino del Bodhisattva es para todos nosotros, no sólo para los seres en las estatuas. Los budistas Mahayana toman los Votos del Bodhisattva para salvar a todos los seres. Estos son los cuatro votos tradicionales, que son recitados diariamente:

Los seres son innumerables; Me comprometo a liberarlos. 

Los deseos son inagotables; Me comprometo a acabar con ellos. 

Las puertas del Dharma son ilimitadas; Hago el voto de entrar en todas. 

El Camino del Despertar es insuperable; Me comprometo a encarnarlo. 

Los Bodhisattvas que a menudo son representados en el arte y la literatura son llamados Bodhisattvas trascendentes. Son seres que han alcanzado la iluminación, pero que permanecen activos en el mundo, apareciendo en muchas formas para ayudar a otros y conducirlos hacia la iluminación. Ellos son venerados y convocados para prestar su ayuda en momentos de necesidad. 

Los Bodhisattvas de la literatura y el arte pueden considerarse como representaciones alegóricas de la actividad de la iluminación en el mundo. En la práctica del Budismo Tendai Esotérico, los Bodhisattvas son arquetipos de la práctica perfecta para ser emulados y, con el tiempo, llegar a vivir como ellos. Por ejemplo, uno puede meditar sobre la imagen del Bodhisattva de la compasión con el fin de convertirse en un vehículo para la compasión en el mundo. 

Desde una perspectiva budista, la mayoría de la gente confunde la "identidad" con la "realidad". Pero en el Budismo Mahayana y el Budismo Tendai, en particular, nada posee una identidad intrínseca. Nosotros "existimos" como seres distintos sólo en relación con otros seres. Esto no quiere decir que no existimos, sino que nuestra existencia como individuos es condicional y relativa. 

Los Bodhisatvas se manifiestan en el mundo de muchas formas. Puede ser que sean indigentes o bebés, amigos o extraños, maestros, bomberos o vendedores de autos usados​​. Incluso, podrían ser tú mismo. Cuando vemos y escuchamos el sufrimiento de los demás y respondemos a ese sufrimiento, somos las manos del Bodhisattva. 

Hay budistas que adoran y oran a los Budas y Bodhisattvas como uno lo haría con los dioses. En el Budismo, todas las creencias y conceptualizaciones son provisionales. Es decir, son defectuosas e imperfectas. La gente entiende el Dharma lo mejor que pueden, y cuando su comprensión crece, descartan las conceptualizaciones.

Todos aspiramos a comportarnos como Bodhisattvas en entrenamiento, ayudando a aliviar el sufrimiento del mundo.

Los Diez Bhumis (Estados) del Bodhisattva


Bhumi es una palabra sánscrita que significa "nivel" o "estado", y la lista de los Diez Bhumis son Diez "estados" a través y por los cuales un Bodhisattva debe de transcurrir y llegar en el camino a la Budeidad. Los Bhumis fueron importantes para el Budismo Mahayana temprano. Una lista de los Diez Bhumis aparecen en varios Sutras Mahayana - como el Sutra Avatamsaka - aunque no siempre son idénticoswn todos los Sutras. Los Bhumis también se asocian con las Perfecciones o Paramitas. 

Muchas escuelas budistas describen una especie de camino de desarrollo hacia la iluminación. A menudo, estos son extensiones del Noble Sendero Octuple. Como se trata de una descripción de los progresos de un Bodhisattva, gran parte de la lista de abajo promueve la transformación de la preocupación por uno mismo a la preocupación por los demás. 

En el Budismo Mahayana, el Bodhisattva es el ideal de la práctica. Se trata de un ser iluminado que hace el voto de permanecer en el mundo hasta que todos los otros seres hayan alcanado la iluminación. 

Aquí está una lista estándar, tomado de la Dashabhumika-sutra, un Sutra independiente pero que forma parte del Sutra Avatamsaka:

1. Pramudita-bhumi (Estado de Júbilo) 

El Bodhisattva comienza su viaje con el deseo de alcanzar la iluminación (bodhichita). Ha tomado los votos de Bodhisattva, el más básico de los cuales es "Que pueda alcanzar la budeidad para el beneficio de todos los seres sensibles." Incluso en esta primera etapa se reconoce la vacuidad de los fenómenos. En esta etapa, el Bodhisattva cultiva Dana Paramita, la Perfección de la Generosidad, o la generosidad en la que se reconoce que no hay donantes ni receptores.

El primer Bhumi se llama la Estado de Júbilo porque en esta primera etapa, el Bodhisattva ha reconocido el Sunyata no sólo intelectualmente o simplemente por visualización, sino que él se ha percibido directamente el Sunyata. Dado a que él percibió el Sunyata, él está en otro mundo, un mundo de Sunyata, no un mundo de ignorancia o egoísmo. Así que se siente muy feliz y siente alegría por haber superado sus dificultades.

2. Vimala-bhumi (Estado de Pureza) 

El Bodhisattva cultiva el Sila Paramita, la Perfección de la Moralidad, que culmina en la compasión desinteresada para todos los seres. Él se purifica de la conducta inmoral y de todo deseo.

Ya que el Bodhisattva sabe cómo entrar en el Sunyata, permanece en el Sunyata más y más. Dentro del Sunyata, el Bodhisattva lo sabe todo y es puro. Así que el segundo Bhumi es la etapa de la pureza cuando el Bodhisattva experimenta la libertad de toda posible contaminación. 

3. Prabhakari-bhumi (Estado Luminoso) 

El Bodhisattva está ahora purificado de los Tres Venenos. Cultiva el Ksanti Paramita, que es la Perfección de la Paciencia, y ahora sabe que puede soportar todas las cargas y dificultades para terminar el viaje. Se logran las Cuatro Absorciones o Dhyanas. 

4. Archismati-bhumi (Estado Radiante) 

El resto de las falsas concepciones son consumidas, y se persiguen las buenas cualidades. Este nivel también puede estar asociado con el Virya Paramita, la perfección de la Energía. 

5. Sudurjaya-bhumi (Estado Victorioso) 

Ahora, el Bodhisattva se adentra en la meditación, ya que este estado se asocia con el Dhyana Paramita, la Perfección de la Meditación. Él penetra a través de la oscuridad de la ignorancia. Ahora entiende las Cuatro Nobles Verdades y las Dos Verdades. A medida que se desarrolla a sí mismo, el Bodhisattva se dedica al bienestar de los demás. 

6. Abhimukhi-bhumi (Estado de la Sabiduría) 

Este estado está asociado con el Prajna Paramita, la Perfección de la Sabiduría. Él ve que todos los fenómenos carecen de esencia propia y comprende la verdadera naturaleza de la Originación Dependiente - la forma en la que todos los fenómenos surgen y cesan. 

7. Durangama-bhumi (Estado Trascendente) 

El Bodhisattva adquiere el poder de upaya, o medios hábiles para ayudar a los demás  alcanzar el Despertar. En este punto, el Bodhisattva se ha convertido en un Bodhisattva trascendente que puede manifestarse en el mundo en la forma que desee.

8. Achala-bhumi (Estado Inmóvil) 

El Bodhisattva ya no puede ser perturbado, porque la Budeidad está a la vista. A partir de aquí ya no puede retroceder a etapas anteriores del desarrollo. 

9. Sadhumati-bhumi (Estado de la Verdadera Sabiduría) 

El Bodhisattva entiende todos los Dharmas y es capaz de enseñarlos a otros. 

10. Dharmamegha-bhumi (Estado de la Nube del Dharma) 

La Budeidad es alcanzada, y él entra al Cielo Tushita. El Cielo Tushita es el cielo de los dioses más altos, donde hay Budas que renacerán sólo una vez más. Maitreya vive allí también.

Jodo Shinshu


La Historia del Jodo Shinshu


El Verdadero Budismo de la Tierra Pura, Jodo Shinshu, es la forma más practicada del Budismo en Japón y en las comunidades étnicas japonesas de todo el mundo. Es una escuela del Budismo de la Tierra Pura, la forma más común del Budismo en toda Asia oriental. El Budismo Tierra Pura se originó en la China del siglo quinto y se centra en una práctica de la devoción al Buda Amitabha (Amida). Su énfasis en la devoción, en lugar de la práctica monástica, la hace especialmente popular entre los laicos de todo el mundo.

El Budismo Tierra Pura en Japón 

El comienzo del Siglo XIII fue una época turbulenta para Japón, y también para el Budismo japonés. El primer shogunato se había establecido en 1192, trayendo consigo el comienzo del feudalismo japonés. Este fue el establecimiento de la clase samurai. Las antiguas instituciones budistas se encontraban en un período de corrupción, y muchos budistas creían que estaban viviendo en el tiempo de Mappo - la Era Final del Dharma - en el que el Budismo estaría en declive. 

Un monje Tendai llamado Honen (1133-1212) fundó de la primera escuela de la Tierra Pura en Japón, llamada Jodo Shu ("Escuela de la Tierra Pura"), aunque los monjes en el monasterio Tendai en el Monte Hiei habían incurrido en prácticas Tierra Pura desde mucho antes que eso. Honen creí firmemente que el periodo de Mappo había comenzado, y decidió que la práctica monástica no iba a ser de ayuda para la mayoría de la gente. Por lo tanto, buscó una práctica sencilla y devocional que todos pudieran realizar para alcanzar su salvación.

La práctica principal de la Tierra Pura es la recitación del Nembutsu, que es la recitación del nombre de Amida - Namu Amida Butsu - "homenaje al Buda Amida." Honen enfatizó el repetir el Nembutsu muchas veces con el fin de mantener una mente devocional en todo momento. También alentó a la gente a seguir los preceptos, así como a meditar, si podían. 

Shinran Shonin 

Shinran Shonin (1173-1262), otro monje Tendai, se convirtió en un discípulo de Honen. En 1207, Honen y Shinran se vieron obligados a abandonar su orden monástica e ir al exilio a causa de la mala conducta de otro de los discípulos de Honen. Honen y Shinran nunca volvieron a verse. 

Shinran comenzó su exilio a los 35 años de edad, y había sido un monje desde que tenía 9. Al verse en el exilio, Shinran comenzó a enseñar el camino del Buda Amida en los hogares de la gente. Él también se casó y tuvo hijos, y cuando fue indultado en 2011, ya no podía volver a la vida monástica. 

Shinran llegó a creer que depender de muchas repeticiones del Nembutsu revelaba una falta de fe. Si la fe era correcta, pensó, el invocar el nombre de Amida sólo una vez era suficiente, y las demás repeticiones del Nembutsu eran sólo expresiones de gratitud. En otras palabras, Shinran creía en una dependencia absoluta en el "Otra Poder", Tariki. Este fue el comienzo del Jodo Shinshu, o "La verdadera Escuela de la Tierra Pura." 

Shinran también creía que su escuela no debía de ser mantenida por alguna elite monástica. Shinran continuó enseñando en las casas de la gente, y las congregaciones empezaron a formarse, pero Shinran negó el tener discípulos, pues él creía que el Dharma que enseñaba no le pertenecía, sino que todo dependía del Buda Amida, y también se negó a designar a una persona para hacerse cargo en su ausencia.

En su vejez, se trasladó de nuevo a Kyoto, y una lucha de poder comenzó entre los congregantes sobre quién sería el líder. Shinran murió poco después sin dejar un sucesor.

Tras la muerte de Shinran, las congregaciones se fragmentaron. Eventualmente, el nieto de Shinran, Kakunyo (1270-1351) y bisnieto Zonkaku (1290-1373) asumieron el liderato y crearon una "oficina en casa" para el Jodo Shinshu en Honganji (Templo del Voto Original) donde fue sepultado Shinran. Con el tiempo, el Jodo Shinshu fue liderado por clérigos que no eran ni laicos ni monjes y que fungieron algo así como los pastores cristianos. Las congregaciones locales permanecieron autosuficientes a través de las donaciones de los miembros en lugar de depender de los donantes ricos, como las otras sectas en Japón por lo general lo hacían. 

El Jodo Shinshu también hizo hincapié en la igualdad de todas las personas - hombres y mujeres, campesinos y nobles - dentro de la gracia de Amida. El resultado fue una organización muy igualitaria y única en el Japón feudal. 

Otro descendiente de Shinran nombrado Rennyo (1415-1499) es acreditado con la posterior expansión del Jodo Shinshu. Durante su mandato, una serie de revueltas campesinas, llamadas "ikki ikko", estallaron contra los aristócratas terratenientes. Estas no fueron dirigidas por Rennyo, pero se cree que fueron inspirados en su doctrina de la igualdad. Rennyo también puso a las esposas y a las hijas en puestos administrativos altos, dando a las mujeres un mayor protagonismo. 

Con el tiempo, el Jodo Shinshu también organizó empresas comerciales y se convirtió en una fuerza económica que ayudó a que ayudaron a la expansión de la clase media japonesa.

En el Siglo XIX, el Jodo Shinshu se extendió al continente americano con la llegada de los inmigrantes japoneses. 

El Jodo Shinshu llega a Puerto Rico en el año 2014, cuando la Chinsei Hikari Bukkyo Kai se une a la Hongaku Jodo, otorgándole los tres linajes del Hongaku Jodo: Tendai, Soto Zen y Jodo Shinshu.

Las Tierras Puras de los Budas


Los Buddha-ksetras - Los Mundos Puros


Las "Tierras Puras" del Budismo pueden sonar un poco a los cielos de la mayoría de las religiones; lugares a donde las personas "buenas" van cuando mueren. Pero eso no es lo que son. Hay, sin embargo, muchas formas diferentes de entenderlos. 

Una "Tierra Pura" es un lugar donde el Dharma, las enseñanzas budistas, están en todas partes y la iluminación se obtiene fácilmente.  Sin embargo, este "lugar" puede ser un estado de ánimo más que un lugar físico. Pero a menudo es visto como un lugar físico, que puede o no estar físicamente separado del mundo mundano. 

Aún así, el entrar en una Tierra Pura, no es una recompensa eterna. Las Tierras Puras son lugares a donde uno va temporalmente, alcanza la iluminación, y regresa a los mundos bajos para salvar a todos los seres.

Aunque tierras puras se asocian principalmente con las tradiciones budistas de la Tierra Pura, como el Jodo Shinshu, se puede encontrar referencias sobre las Tierras Puras en los comentarios de los maestros de muchas escuelas Mahayana. Las Tierras Puras también se mencionan en muchos Sutras Mahayana. 

Orígenes de Tierras Puras 

El concepto de una Tierra Pura parece haberse originado a principios del movimiento Mahayana en la India. Si los seres iluminados optan por no entrar en el Nirvana hasta que todos los seres se hayan iluminado, se pensaba, entonces estos seres purificados deben vivir en un lugar purificado. Un lugar purificado se llama un Buda-ksetra, o Campo del Buda. 

Surgieron muchos puntos de vista diferentes sobre las Tierras Puras. El Sutra de Vimalakirti (ca. Siglo I AEC), por ejemplo, enseña que los seres iluminados perciben la pureza esencial del mundo, y por lo tanto viven en la pureza - una "Tierra Pura". Los seres cuyas mentes están confundidas por corrupción perciben un mundo de corrupción. No existen dos tierras, una pura y una corrupta, la diferencia radica en sus mentes.

Otros pensaban de tierras puras como reinos distintivos, aunque estos reinos no fueron separados de samsara. Con el tiempo una especie de cosmos místicas de tierras puras surgió en la enseñanza Mahayana, y cada tierra pura se asoció con un Buda particular. 

La escuela de la Tierra Pura, que surgió en la China del siglo quinto, popularizó la idea de que algunos de estos Budas podrían traer los seres no iluminados en sus Tierras Puras. Dentro de la Tierra Pura, la iluminación podría ser alcanzada fácilmente.

No hay número fijo de Tierras Puras (se dice que existen millones esparcidas por todo el universo), pero hay algunas que son ampliamente conocidas y que fueron popularizadas con el tiempo. Las tres más famosas y mencionadas en los comentarios y en los Sutras son Sukavati, Abhirati y Vaiduryanirbhasa. Tenga en cuenta que las direcciones asignadas a las Tierras Puras son iconográficas, no geográficas. 

Sukhavati - la Tierra Pura del Oeste

Sukhavati el "Reino de la Felicidad", es gobernada por el Buda Amida. La mayoría de las veces, cuando los budistas hablan de la Tierra Pura, están hablando de Sukhavati. La devoción a Amida, y la fe en el poder de Amida para llevar a los fieles a Sukhavati, es central en el Budismo de la Tierra Pura. 

Los Sutras de la escuela de la Tierra Pura describen a Sukhavati como un lugar lleno de una  luz suave, con música de pájaros y la fragancia de miles de flores. Los árboles on de joyas y las campanas de oro. Amida es atendido por el Bodhisattva Avalokiteshvara y Mahasthamaprapta, y guí a todos los devotos a su Tierra Pura a través de su infinito amor y misericordia, sin dejar a nadie atrás. Esta Tierra Pura es descrita con lujo de detalles en los Sutras del Buda Amida. Hemos hablado extensamente sobre el Buda Amida y su Tierra Pura en entradas anteriores. 

Abhirati - la Tierra Pura del Este 

Abhirati, el "Reino de la Alegría", es la más pura de todas las Tierras Puras. Está regida por el Buda Akshobhya. Había una vez una tradición basada en la devoción al Buda Akshobhya para renacer en Abhirati, pero en los últimos siglos esta fue eclipsada por la devoción al Buda de la Medicina. Esta Tierra Pura es descrita con lujo de detalles en el Sutra de Vimalakirti.

Vaiduryanirbhasa, la Otra Tierra Pura del Este 

El nombre Vaiduryanirbhasa significa "lapislázuli puro." Esta Tierra Pura es gobernada por el Buda de la Medicina, Bhaisajyaguru, que es a menudo representado sosteniendo un recipiente de medicina azul. Los mantras al Buda de la Medicina se recitan a menudo en nombre de los enfermos. En muchos templos Mahayana encontrará altares a ambos Amitabha y Bhaisajyaguru. 

Existe una Tierra Puras asociadas con el Sur, Shrimat, gobernada por el Buda Ratnasambhava, y una Tierra Pura del Norte, Prakuta, gobernada por el Buda Amoghasiddhi, pero estas son mucho menos prominentes.

El Budismo Tendai nos enseña que a pesar de que nuestras ilusiones y pasiones ciegas no nos lo permitan ver, este mundo Saha lleno de corrupciones es la Tierra Pura del Buda Shakyamuni, quien siempre se encuentra predicando y trabajando incesantemente por la salvación de todos los seres de este mundo, hasta que todos alcancen la iluminación.

Es nuestro trabajo como budistas el trabajar para elevar la conciencia de todos los seres sintientes y purificar este mundo, para que veamos la Tierra Pura de la Luz Serena, la Tierra Pura del Buda Shakymuni que aparece en el Sutra del Loto.

El Samsara


Los Seis Reinos de la Existencia


Los Seis Reinos de la Existencia (Samsara) son una descripción alegórica de la existencia condicionada, o en la que renacen los seres. La naturaleza de la existencia de uno es determinada por el karma. Algunos reinos son más agradables que otros - el cielo es preferible al infierno - pero todos son dukkha, lo que significa que son temporales e imperfectos (incluyendo el Reino de los Cielos). 

Los Seis Reinos a menudo se ilustran por el Bhava Chakra, o Rueda de la Vida - que aparece arriba en esta entrada.

Si bien estos Seis Reinos son a veces vistos como "mundos" con existencias independientes, los budistas tienden a verlos como estados de conciencia a los que podemos entrar en cualquier instante. Los Seis Reinos son:

1. Naraka-gati - el Reino de los Infiernos 

Como el nombre sugiere, el Reino de los Infiernos es el más terrible de los Seis Reinos. Los seres infernales tienden  a perder el control sobre sí mismos fácilmente; todo hace que se enojen. Y la única forma en la que los seres infernales tratan de resolver las cosas es a través de la agresión. Se alejan de cualquiera que les muestra el amor y la bondad y buscan la compañía de otros seres infernales.

Este estado también se caracteriza por una profunda depresión y la pérdida de toda esperanza.

La ira y la agresión sin control pueden causar el renacimiento en el reino de los infiernos.

2. Preta-gati - el Reino de los Fantasmas Hambrientos 

Los fantasmas hambrientos (preta) son representados tradicionalmente como seres con enormes estómagos vacíos, pero con bocas del tamaño de un agujero de alfiler, y sus cuellos son tan finos que no pueden tragar. Un fantasma hambriento es uno que siempre está buscando algo fuera de sí mismo, algo nuevo - que cree que va a satisfacerlo.

Los fantasmas hambrientos se caracterizan por el hambre insaciable y el deseo. Ellos también están asociados con la adicción, la obsesión y la compulsión.

3. Tiryagyoni-gati - el Reino Animal 

Los animales están marcados por la estupidez, el prejuicio y la complacencia. Viven vidas protegidas, evitando las molestias o todo lo desconocido. El renacimiento en el reino animal está condicionado por la ignorancia.

Las personas que son ignorantes y que sólo satisfacen sus deseos primarios (comer, dormir, reproducirse y defenderse) tienden a renacer en el reino animal.

4. Asura-gati - el Reino de los Asura (Titanes) 

Los Asura son seres fuertes y poderosos que a veces son descritos como enemigos de los Devas (dioses). Los asura están marcados por su feroz envidia. El karma del odio y los celos provoca el renacimiento en el reino de Asura.

Chih-i (538-597), patriarca de la escuela Tientai, describió a los Asura de esta manera: "Siempre querieren ser superiores a los demás, no tienen paciencia por los inferiores y y muestran menosprecio; se comportan como un halcón, volando por encima y mirando hacia abajo a los demás, y sin embargo presentan exteriormente la justicia, la adoración, la sabiduría y la fe". Es posible que haya conocido a un Asura o dos.

5. Manusya-gati - el Reino de los Humanos 

El reino humano es el único ámbito de los Seis Reinos donde los seres pueden escapar el Samsara. La iluminación está a la mano en el reino de los humanos, y sin embargo, sólo unos pocos abren sus ojos y lo ven.

El renacimiento en el reino humano está condicionado por la pasión, la duda y el deseo.

6. Deva-gati - el Reino de los Devas (dioses) y los Seres Celestiales 

En la tradición budista, el Reino de los Devas está poblado por seres divinos que disfrutan de un gran poder, riqueza y larga vida. Viven en todo su esplendor y felicidad. Sin embargo, incluso el Deva tiene que eventualmente envejecer y morir. Además, su privilegio y estatus exaltado los ciega al sufrimiento de los otros, así que a pesar de sus largas vidas no tienen ni sabiduría ni compasión.

Cuando el buen karma que los condicionó se acabe, el Deva renacerá en otro de los Seis Reinos.

Los Diez Reinos del Budismo Tendai


Tras estudiar el Sutra del Loto, el gran maestro Tientai de la China (538-597) estableció la doctrina de los Diez Estados –también denominados Diez Mundos o Diez Reinos—, la cual consiste en un sistema de clasificación de la experiencia humana en diez categorías. Los diez estados son, desde el más bajo hasta el más elevado: 1) el estado de infierno, 2) el de las entidades hambrientas, 3) el de los animales, 4) el de los asuras, 5) el de los seres humanos, 6) el de los seres celestiales, 7) el de los que escuchan la voz, 8) el de los que toman conciencia de la causa, 9) el de los Bodhisattvas y 10) el de los Budas.

Los diez estados también son conocidos como: infierno, hambre, animalidad, ira, tranquilidad o humanidad, éxtasis, aprendizaje, comprensión intuitiva, Bodhisattva y Budeidad.

En las antiguas escrituras budistas, los diez estados fueron, originalmente, considerados lugares físicos distintos, cada uno con sus habitantes distintos; sin embargo, el Sutra del Loto enseña que cada uno de los estados contiene a los diez en sí mismo, lo cual permite interpretarlos como condiciones de vida cuyo potencial existe en forma inherente en cada individuo.

El estado de vida del infierno es una condición de extremo sufrimiento mental y físico, caracterizado por un furioso impulso de autodestrucción; el de las entidades hambrientas, por la insatisfacción y el dominio de los apegos; el de los animales, por el miedo al fuerte y el abuso del débil; el de los asuras, por el deseo de ostentar superioridad o dominar a otros, pretendiendo benignidad y sabiduría. Estas condiciones son denominas los Cuatro Malos Caminos debido a que son estados de sufrimiento que el ser humano debe sobrellevar a causa de su karma adverso.

En adición, el estado de los seres humanos es una condición caracterizada por la tranquilidad, la calma, el raciocinio y el juicio; sin embargo, se trata de un estado que se deja influenciar por las condiciones negativas de los estados más bajos. Asimismo, el estado de los seres celestiales, caracterizado por la satisfacción y la alegría de haberse librado del sufrimiento. Estas condiciones son agrupadas con los anteriores estados y son denominadas los Seis Caminos o los Seis Caminos de la existencia, por el hecho de que son mundos en los cuales transmigran los seres no iluminados. Las entidades de este grupo de estados son afectadas por cuestiones externas y carecen de autonomía y libertad.

Luego, se encuentran los Cuatro Estados Nobles, los más elevados de los diez estados de la vida, conformados por el estado de los que escuchan la voz, el de los que toman conciencia de la causa, el de los que toman conciencia de la causa, el de los bodhisattvas y el de los budas. Son cuatro estados en los cuales la persona se esfuerza por establecer su independencia y trascender la incertidumbre de los seis caminos, o seis estados más bajos, controlados por los deseos mundanos y gobernados por un entorno sujeto al cambio incesante. Y, a la vez, el sujeto actúa con integridad y misericordia, y disfruta de libertad.

Las personas del estado de aprendizaje aspiran lograr la iluminación. Las del estado de comprensión intuitiva se caracterizan por su capacidad de comprender la verdadera naturaleza de todos los fenómenos. Estas condiciones son denominadas también los Dos Vehículos, los cuales se refieren a las enseñanzas expuestas para los que escuchan la voz y para los que toman conciencia de la causa. Los sujetos de estos dos estados son fácilmente absorbidos por su propio mundo, y caen en el egoísmo o la autocomplacencia.

El sujeto del estado del Bodhisattva se caracteriza por aspirar a lograr la budeidad y realizar prácticas altruistas para alcanzar esta meta. Asimismo, se destaca por su amor compasivo, y la decisión de posponer su propio ingreso en el nirvana para guiar a otros a la iluminación.

El estado de Budeidad es también conocido como el estado de iluminación, y consiste en el supremo estado de vida que postula el Budismo; se caracteriza por la sabiduría y el amor compasivo sin límites. En esta condición, el ser humano toma conciencia de la verdad eterna y fundamental que constituye la realidad de todas las cosas, por lo que el logro de dicho estado es la meta de la práctica budista. El potencial de despertar a la sabiduría de la Budeidad existe de manera paralela con el estado de infierno, hambre o animalidad. La Budeidad, así como los demás estados, no está separada de los otros nueve reinos. Si, por ejemplo, la ira es motivada por la compasión de la Budeidad o del Bodhisattva, esta se convierte en una fuerza para combatir la injusticia y cambiar la sociedad.

La meta del Budismo Tendai es apoderar al practicante para que sea el amo de su vida, despertar el Bodhichita y manifestar un estado de total compasión y sabiduría, para que el practicante no desee tratar de escapar el Samsara, y siga renaciendo voluntariamente para continuar el trabajo del Bodhisattva, y salvar a todos los seres sintientes.

Es por eso que Dengyo Daishi, en vez de morir y entrar en el Nirvana, deseó continuar meditando eternamente, hasta el advenimiento del Buda Miroku (Maitreya), y seguir trabajando para la salvación de todos los seres sintientes.

Karma y Renacimiento


La Continuidad del Espacio y el Tiempo


Karma es una palabra sánscrita que significa "acción". A veces, es posible que vea la palabra en Pali, kamma, que significa lo mismo. En el Budismo, el karma tiene un significado más específico, que es la acción volitiva o intencional. Las cosas que pensamos, decimos y hacemos (o dejamos de hacer) ponen el karma en movimiento. La ley del karma es una ley de causa y efecto. 

Muchos piensan que el karma significa el resultado del karma. Por ejemplo, alguien podría decir Pedro perdió su trabajo porque "ese es su karma." Sin embargo, cuando los budistas utilizan la palabra, el karma es la acción, no el resultado. Los efectos del karma son los "frutos" del karma. 

Las enseñanzas sobre las leyes del karma se originaron en el Hinduismo, pero los budistas entienden el karma de forma diferente a los hindúes.

En los tiempos del Buda, la mayoría de las religiones de la India enseñaban que el karma operaba en una línea recta y sencilla - las acciones pasadas influyen en el presente; acciones presentes influyen en el futuro. Sin embargo, para los budistas, el karma no es lineal y es mucho complejo. 

De este modo, en el Budismo, aunque el pasado tiene alguna influencia sobre el presente, el presente también se forma por las acciones del presente. 

Cuando nos encontramos atrapados en nuestros viejos patrones destructivos, tal vez no sea el karma del pasado lo que está causando que estemos atrapados. Si estamos en problemas, lo más probable es que estamos recreando los mismos viejos patrones con nuestros pensamientos y actitudes en el presente. Para cambiar nuestro karma, y cambiar nuestras vidas, tenemos que cambiar nuestras mentes. 

El Budismo enseña que hay otras fuerzas además del karma que dan forma a nuestras vidas. Estas incluyen las fuerzas naturales como el cambio de las estaciones y la gravedad. Cuando un desastre natural - como un terremoto - golpea a una comunidad, esto no es una especie de castigo kármico colectivo. Es un hecho lamentable que requiere de una respuesta compasiva, no de un juicio. 

Algunas personas tienen dificultad para entender que el karma es creado por nuestras propias acciones. Quieren creer que hay algún tipo de fuerza cósmica misteriosa en algún lugar dirigiendo el karma, premiando a los buenos y castigando a los malos. Algunas religiones pueden enseñar eso, pero no el Budismo. 

El Budismo Tendai sostiene que causa y efecto son, en esencia, simultáneos. En el instante en que creamos una causa, ya está contenido el efecto, como si fuera una semilla plantada en la profundidad de nuestras vidas. Pero si bien este efecto es plantado en el mismo instante en que la causa es creada, puede que no aparezca instantáneamente. El efecto sólo se manifiesta cuando aparecen las circunstancias adecuadas. Supongamos que una bellota cae al suelo y queda sepultada en él. 

Puede tomar décadas para que un poderoso roble manifieste el efecto completo de esta causa. Entonces, a pesar de que el efecto sea simultáneo, a pesar de que ha sido la causa para que crezca el roble, éste no crecerá sino hasta varios años más tarde. Mientras que el efecto último del roble estaba contenido en la bellota, le llevó años de lluvia y sol para alcanzar las circunstancias adecuadas y que el árbol creciera. O, para tomar un ejemplo negativo, supongamos que uno come alimentos altos en contenido de colesterol durante un período de tiempo. Puede que tarde muchos años en aparecer los efectos destructivos, la arteriosclerosis y las enfermedades coronarias. Los seres humanos realizamos infinidad de causas cada día a través de nuestros pensamientos, palabras y acciones y, por cada causa, recibimos un efecto. Pero puede que este efecto también demore un largo tiempo en manifestarse.

El karma puede ser dividido en buen karma y mal karma, tal como las causas pueden ser caracterizadas como buenas y malas. Estas categorías se aplican a las tres formas de acción kármica: pensamiento, palabra y acción. Por ejemplo, el ejercicio de la misericordia y de la benevolencia produce buen karma, mientras que actitudes negativas tales como la codicia o la ira -y las acciones que estas emociones generan- producirán mal karma.

Nuestro karma es como una cuenta bancaria de efectos latentes que experimentaremos cuando nuestras vidas encuentren las condiciones ambientales adecuadas. Las buenas causas producirán efectos agradables y benéficos; las malas causas producirán sufrimiento. Nuestras acciones en el pasado ejercen influencia en nuestra existencia presente, mientras que nuestras acciones presentes configuran nuestro futuro.

El principio del karma es absolutamente preciso. No hay manera de escapar a nuestras acciones pasadas. La ley de causa y efecto impregna nuestras vidas a través de las existencias pasadas, presentes y futuras. Nada es olvidado, borrado o perdido. Es un error el creer que podemos simplemente dejar nuestros problemas detrás e irnos a Hawai o algún otro paraíso tropical y vivir una vida libre de contratiempos. Llevamos nuestro karma a cuestas, como si fuera una mochila, dondequiera que vayamos.

Todo, en el ámbito de nuestra existencia, es eternamente registrado en los niveles más profundos de nuestra vida. Entonces, ¿no nos queda más opción que pasivamente aceptar y resignarnos a recibir los efectos de cual fuera el karma que forjamos en el pasado?

En el Budismo creamos el karma con nuestras propias acciones y, por tanto, también tenemos el poder de cambiarlo. Ésta es la promesa que ofrece la práctica del Budismo. Si bien, en teoría, todo lo que tendríamos que hacer para que nos vaya bien en la vida es realizar la mayor cantidad posible de buenas causas, en la mayoría de los casos tenemos muy poco control sobre las causas que hacemos. Tendemos a caer atrapados por la inquebrantable cadena de causas y efectos que es nuestro karma, y actuamos en consecuencia. 

El karma nos permite comprender que el destino depende de cada uno y que cada persona tiene el poder de transformar su vida para bien en cualquier momento. Karma –que significa acción— resume el principio de la causalidad del universo, similar a la de la ciencia moderna, en donde cada acción tiene su correspondiente resultado. Incluye, además, los aspectos espirituales, tales como la sensación de felicidad, miseria, gentileza y crueldad.

El karma, como cualquier otra cosa, está en constante cambio, por lo tanto, el ser humano puede crear su propio presente y futuro mediante las elecciones tomadas en cada instante.

El Karma y el Renacimiento 


La mayoría de la gente entiende que la reencarnación es cuando un alma, o alguna esencia autónoma del "yo", sobrevive la muerte y renace en un nuevo cuerpo. Pero las enseñanzas budistas son muy diferentes. 

El Buda enseñó una doctrina llamada "anatman" o "anatta" - sin alma, o no ser (no-ego). De acuerdo con esta doctrina, no hay un "yo" en el sentido de un ser permanente, integral y autónomo dentro de una existencia individual. Lo que nosotros consideramos como nuestro yo, nuestra personalidad y el ego, son creaciones temporales que no sobreviven a la muerte. 

A la luz de esta doctrina - ¿qué es lo que renace? Y ¿dónde encaja el karma? 

 En resumen, es el karma de una vida lo que se lleva hacia adelante y da lugar a una nueva vida. Pero a la luz de la doctrina de la no-yo, qué es lo que exactamente renace? 

La comprensión clásica hindú de la reencarnación es que un alma o "atman", renace muchas veces. Pero el Buda enseñó la doctrina de "anatman" - sin alma, o no-yo. Las diversas escuelas del Budismo contestan esta pregunta de diferentes maneras. 

Una forma de explicar el renacimiento es pensar en toda la existencia como un gran océano. Un individuo es un fenómeno de la existencia de la misma forma una onda es un fenómeno del océano. Una onda comienza, se mueve a través de la superficie del agua, y entonces se disipa. A pesar de que existe, una onda es distinta de océano sin embargo, mas nunca se separará del océano. De la misma manera, lo que vuelve a nacer no es la misma persona, sin embargo, no está separada de la misma persona.

El Budismo Tendai explica esto con la doctrina de las Nueve Conciencias.

Las Nueve Conciencias


La enseñanza budista sobre las nueve conciencias brinda una base para que comprendamos cabalmente quiénes somos, cuál es nuestra verdadera identidad. Asimismo, ayuda a explicar de qué manera el budismo ve la continuidad eterna de nuestra vida, más allá de los ciclos del nacimiento y de la muerte. Tal perspectiva sobre los seres humanos es el fruto de miles de años de intensa investigación introspectiva sobre la naturaleza de la conciencia. Históricamente, se basa en los esfuerzos para experimentar y explicar la esencia de la iluminación que Shakyamuni manifestó bajo el árbol bodhi, hace unos dos mil quinientos años.

Se puede considerar las nueve conciencias como nueve niveles de conciencia que constantemente actúan para crear nuestra vida. La palabra sánscrita vijnāna, que se traduce como 'conciencia', incluye un amplio espectro de actividades, entre ellas, las sensaciones, la cognición y el pensamiento consciente. Las primeras cinco conciencias son los sentidos de la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. La sexta es la función que integra y procesa los diversos datos sensoriales para formar una imagen o un pensamiento completos, identificando lo que cada uno de los cinco sentidos nos está comunicando. Es básicamente con esas seis funciones de la vida que desarrollamos nuestras actividades diarias.

En el nivel inmediatamente inferior, se encuentra la séptima conciencia. A diferencia de las capas de conciencia que están dirigidas hacia el mundo exterior, la séptima se orienta hacia nuestra vida interior y es totalmente independiente de los datos que proporcionan los sentidos. La séptima conciencia es la base de nuestra noción de identidad individual; el apego a un yo distinto y separado de los demás tiene su base en esta conciencia, como así también, nuestro sentido del bien y del mal.

Debajo de la séptima conciencia, el budismo elucida un nivel más profundo, la octava conciencia o conciencia ālaya, también llamada el "depósito imperecedero de la conciencia". Es allí donde reside la energía de nuestro karma. Mientras que las primeras siete conciencias desaparecen con la muerte, la octava persiste a través de los ciclos de la vida activa y en la latencia de la muerte. Se la puede concebir como la corriente de la vida que sostiene las actividades de las otras conciencias. Podría afirmarse que lo que relatan personas que estuvieron en estado de muerte clínica y luego revivieron es lo que ocurre en la línea divisoria entre la séptima y la octava conciencia.

Comprender los niveles de conciencia y la interacción entre ellos nos brinda una valiosa percepción sobre la naturaleza de la vida y del yo, y, asimismo, nos permite vislumbrar la resolución de los problemas fundamentales que confronta la humanidad.

De acuerdo con las enseñanzas del Budismo, en lo que concierne al yo, existen ilusiones engañosas profundamente arraigadas en la séptima conciencia. Tales ilusiones surgen de la relación entre el séptimo y el octavo nivel de la conciencia, y se manifiestan como el egotismo fundamental.

Las enseñanzas budistas definen que el séptimo nivel de conciencia emerge de la octava conciencia: este nivel siempre se centra en la octava conciencia del individuo, al que percibe como algo fijo, único y aislado de todo lo demás. En realidad, la octava conciencia está en estado de flujo constante. En ese nivel, nuestras respectivas vidas interaccionan y ejercen una profunda influencia unas sobre otras. La percepción de un yo fijo y aislado, generada por la séptima conciencia, es por lo tanto falsa.

La séptima conciencia es también el nivel donde reside el miedo a la muerte. Al no poder percibir la verdadera naturaleza de la octava conciencia como un flujo permanente de energía vital, la séptima concibe que, llegado el momento de la muerte, la octava conciencia se extinguirá para siempre. El miedo a la muerte, por ende, tiene sus raíces en las profundas capas del inconsciente.

La ilusión engañosa de que la octava conciencia es el verdadero yo también se denomina "ignorancia fundamental", que no permite percibir la interconexión de todos los seres. Es ese sentido del yo como algo separado y aislado de los demás lo que da lugar a la discriminación, la arrogancia destructiva y la codicia desenfrenada. Los estragos que provoca la humanidad en el entorno natural es otro claro ejemplo de ello.

Un Río Kármico

El Budismo plantea que nuestros pensamientos, palabras y acciones graban invariablemente una impresión en las profundas capas de la octava conciencia. Es lo que denomina "karma". Por lo tanto, la octava conciencia recibe a veces el nombre de "depósito del karma", es decir, el lugar donde se almacenan las semillas kármicas. Esas semillas, o energía latente, pueden ser positivas o negativas; la octava conciencia permanece neutral e igualmente receptiva de todo lo que se graba como impresión en el karma. La energía se manifiesta cuando las condiciones son propicias. Las causas positivas latentes pueden tornarse manifiestas tanto en la forma de efectos beneficiosos en la propia vida como en funciones sicológicas positivas, por ejemplo, la confianza, la no violencia, el autocontrol, la misericordia y la sabiduría. Las causas negativas latentes se presentan a veces como diversas formas de ilusión engañosa y comportamiento destructivo, y pueden ser motivo de sufrimiento para nosotros y para los demás.

Si bien la imagen de un depósito puede resultar útil, la de un impetuoso torrente de energía kármica puede acercarse más a la realidad. Esa energía está en constante movimiento y les da forma a nuestra vida y experiencias. Los pensamientos y acciones resultantes que generamos ingresan entonces en ese torrente kármico. La calidad del flujo kármico es lo que hace de cada uno de nosotros un ser diferente, un yo único. Ese torrente de energía está en constante cambio, pero, tal como sucede con un río, mantiene su identidad y consistencia, incluso a través de sucesivos ciclos de vida y de muerte. Es ese aspecto de fluidez, esa falta de fijación, lo que abre la posibilidad de transformar el contenido de la octava conciencia. Por esa razón, el karma, bien entendido, es diferente de un destino inalterable o inevitable.

Se trata, por lo tanto, de cómo incrementamos el balance del karma positivo. Esa es la base de diversas formas dentro de la práctica budista que buscan imprimir causas positivas en la vida. Sin embargo, cuando uno queda atrapado en un ciclo de causas y efectos negativos, es difícil no grabar nuevas causas negativas; es entonces cuando debemos considerar el nivel más fundamental de la conciencia, el noveno, o conciencia amala.

Dicha conciencia se puede definir como la vida del cosmos; se la denomina también la "conciencia fundamentalmente pura". Absolutamente libre de la contaminación del karma, esta conciencia representa nuestro yo verdadero y eterno. El gran poder de la novena conciencia, que emana desde lo más profundo, transforma incluso el karma negativo más profundamente arraigado en la octava conciencia.

Dado que la octava conciencia trasciende los límites del individuo se fusiona con la energía latente de su familia, con su grupo étnico y también, con el de los animales y las plantas, un cambio positivo en esa energía kármica se convierte en el engranaje para el cambio en la vida de los demás.

A medida que los distintos niveles de conciencia se van transformando, cada uno crea formas únicas de sabiduría. La sabiduría inherente de la octava conciencia nos permite percibirnos a nosotros mismos, nuestras experiencias y otros fenómenos con perfecta claridad, y apreciar profundamente la interconexión e interdependencia de todas las cosas.

Cuando las ilusiones engañosas fuertemente arraigadas en la séptima conciencia se transforman, un individuo puede superar el temor a la muerte, así como la agresión y la violencia que surgen de ese temor. Brota entonces la sabiduría que nos permite percibir la igualdad fundamental de todos los seres vivos y relacionarnos con ellos sobre una sólida base de respeto.

Tal es la clase de transformación y de sabiduría que nuestro mundo de hoy requiere de manera imperiosa.

Monday, September 29, 2014

Todo está Interconectado


La Originación Interdependiente


Todo está interconectado. Todo afecta a todo lo demás. Todo lo que es, es porque otras cosas son. Esta es la enseñanza de la Originación Interpendiente. 

Esta enseñanza tiene muchos nombres. Se llama la Originación Dependiente, o Inter-surgimiento Dependiente o variaciones de las mismas. En sánscrito es "Pratitya-samutpada". 

La Originación Interpendiente es una enseñanza fundamental de todas las escuelas del Budismo. 

Nada es Absoluto 

No existen seres o fenómenos de forma independiente de otros seres y fenómenos. Todos los seres y los fenómenos son causados ​​por la existencia de otros seres y fenómenos. Las cosas y los seres surgen perpetuamente y cesan perpetuamente porque otras cosas y seres surgen perpetuamente y cesan perpetuamente. Todo esto surge, "es" y dejar de "ser" (o "existir") en un vasto campo o nexo del "ser". Y ahí estamos.

En el Budismo, no existe una enseñanza de una Primera Causa (como la creación). Cómo todo esto surjir y cesar comenzó, o incluso si tuvo un principio, no se explica. El Buda enfatizó en la comprensión de la naturaleza de las cosas como-son, más que en la especulación de lo que podría haber sucedido en el pasado o lo que podría suceder en el futuro. Se podría decir que la versión budista del Génesis es: Son cosas que pasan, porque otras cosas suceden. 

Además, las cosas son como son porque están condicionadas por otras cosas. Usted está condicionado por otras personas y fenómenos. Otras personas y fenómenos están condicionados por usted. 

El Buda explicó: 

"Cuando esto es, eso es. 
Esto surge, porque eso surge. 
Cuando esto no es, eso no es. 
Esto cesa, aquello cesa". 

Nada es permanente 

La Originación Interpendiente se refiere a la doctrina del "Anatman". De acuerdo con esta doctrina, no hay un "yo" en el sentido de un ser permanente, integral y autónomo dentro de una existencia individual. Lo que nosotros consideramos como nuestro "yo", nuestra personalidad y el ego, son creaciones temporales de los Skandhas - forma, sensación, percepción, formación mental y la conciencia. 

Así que ahí están, un conjunto de fenómenos que generan la idea de que hay un "yo" permanente, separado y distinto de todo lo demás. Estos fenómenos (forma, sensación, etc) se deben al surgimiento y a la comglomeración temporal de ciertos lementos en un cierto modo, debido a otros fenómenos. Estos mismos fenómenos están causando que otros fenómenos surjan. Con el tiempo, van a cesar. Todo en el mundo fenoménico es dukkha (sufrimiento o insatisfactorio), anicca (​​impermanente) y anatta (sin esencia individual; sin ego) - las Tres Marcas de la Existencia.

Dicho de otra manera, "usted" es un fenómeno en el Nexo Causal de la misma manera que una onda es un fenómeno del océano. Una ola no es un pedazo de océano en la misma forma en que un ladrillo es una pieza de una pared. Una ola es el océano. Una onda es un fenómeno distinto que no se puede separar del mar en la forma en que un ladrillo se puede sacar de una pared. Cuando las causas y condiciones forman una ola, no se añade nada al océano. Cuando la actividad de la onda cesa, nada se elimina del océano. 

El Buda dijo:

"Si usted busca el 'yo' en el cuerpo, no se puede encontrar allí, ya que el cuerpo en sí depende de sus partes.
Si usted busca el 'yo' dentro de la mente, no puede encontrar allí, ya que la mente sólo puede decirse que existe en relación con los objetos externos, por lo que la mente también depende de causas y condiciones fuera de sí misma. Por lo tanto, dado que el 'yo' no se puede decir que existe dentro del cuerpo o de la mente, se dice que está 'vacío de existencia inherente'."

Somos como olas en un océano. Por so el Budismo nseñ que no existe el nacimiento ni la muerte. Si no has nacido nunca (no te has separado de la Totalidad), no puedes morir (ya que no hay un "yo" que experimente la muerte).

El Mundo es una Red de Interconecciones

Todo en la vida está interconectado. Las personas se conectan a través de las redes sociales, los vínculos familiares, organizaciones, y sus empleadores. La economía es una red global que reverbera con el menor de los cambios. Estamos conectados a la misma economía como los consumidores y a través de corporaciones como empleados. Compartimos la misma ecología, y compartimos el mismo aire a través de los ciclos del carbono y del nitrógeno. 

El Núcleo de Dharma 

La enseñanza de la Originación Dependiente se conecta con muchas otras enseñanzas, incluyendo el karma y el renacimiento. Poseer un profundo ntendimiento de la Originación Interdependiente es esencial para entender el Budismo.

Eres un Hijo del Universo

Todo en toda la Creación es energía que vibra a diferentes frecuencias. El universo material vibra a una velocidad inferior que los universos mentales y espirituales, y sin embargo, son aún energía. Y toda la energía está interconectada y es Una. 

Así que lo que esto significa es que lo que sea que tratamos de manifestar en la vida es energía. La casa que estamos tratando de manifestar es energía, la buena salud que deseamos crear para nosotros mismos es energía. El trabajo que queremos es energía. Y puesto que toda la energía está interconectada y es una, significa que ya tenemos lo que sea que queremos manifestar en la vida.

Para el universo, la esencia misma de la vida es altamente consciente. Cada acto, pensamiento y acción se suma a un mosaico permanente; nuestras decisiones ondulan a través del universo de la conciencia para afectar la vida de todos. Recordemos un principio fundamental de la física teórica: Todo en el universo está interconectado, todo es uno con todo lo demás. No hay secretos; nada está oculto. La vida de todos, en fin, es responsable ante el universo. 

El universo es un ser, y en el Budismo Tendai se le llama el Buda. Todo y todos están interconectados a través de una red invisible de historias (Dharmadhathu). Ya sea que seamos conscientes de ello o no, todos estamos en una conversación silenciosa. No hagamos daño. Practiquemos la compasión. No hablemos a espaldas de nadie - ni siquiera en una conversación aparentemente inocente. Las palabras que salen de nuestra boca no desaparecen, sino que se almacenan permanentemente en el espacio infinito, y ellas vendrán de nuevo a nosotros en el momento oportuno. El dolor de los demás es nuestro. La alegría de un ser es nuestra alegría.

Todo y todos están interconectados en este Universo. Permanezcamos puros de corazón y veremos los signos. Siga las indicaciones y usted va a descubrir su destino.

Namu Shakya Butsu

Los Seis Paramitas - Prajna


Los Seis Paramitas

La Sabiduría



En el Budismo, los Pāramitās se refieren a la perfección o la culminación de ciertas virtudes. Estas virtudes son cultivadas como una forma de purificación, para purificar el karma, ayudar al aspirante a vivir una vida sin obstáculos y alcanzar la iluminación. Estas son las prácticas Mahayana que distinguen el camino del Bodhisattva a la iluminación y que desplazaron parcialmente el Noble Sendero Octuple del Budismo Theravada.

Los Seis Paramitas (seis perfecciones) describen la verdadera naturaleza de un ser iluminado, lo que quiere decir que nos ayudan a aflorar nuestra verdadera naturaleza. Si estas seis perfecciones no parecen ser nuestra verdadera naturaleza, es porque están oscurecidas por nuestra ilusión (ignorancia fundamental), que ha surgido por nuestras malas acciones: la ira, la codicia y el miedo. Mediante el cultivo de estas perfecciones, podemos reflejar nuestra verdadera naturaleza.

Cada una de las seis perfecciones apoya a las otras cinco, pero el orden de las perfecciones es importante también. Por ejemplo, las tres primeras perfecciones - la generosidad, la moralidad, y la paciencia - son prácticas virtuosas para todo el mundo. Los tres restantes - la energía o el celo, la meditación y la sabiduría - tratan más específicamente sobre la práctica espiritual. 

Ya vimos la perfección de la Generosidad (Dana), la perfección de la Moralidad (Sila), la perfección de la Paciencia (Ksanti), la perfección de la Energía (Virya) y la perfección de la Concentración (Dhyana), ahora vemos la perfección de la Sabiduría (Prajna).

6. Prajna Paramita: La Perfección de la Sabiduría 


En el Budismo Mahayana, la sabiduría es la comprensión directa e íntima del Sunyata, o el vacío. Expuesto simplemente, esto es la enseñanza de que todos los fenómenos carecen de esencia propia.

En las Seis Perfecciones del Budismo Mahayana (paramitas), la sexta perfección es Prajna Paramita - la Perfección de la Sabiduría. Prajna es la perfección final que incluye todas las demás perfecciones.

Sin embargo, esta sabiduría no puede ser entendida solamente por el intelecto. Entonces, ¿cómo lo entendemos? A través de la práctica de las demás perfecciones - generosidad, moralidad, paciencia, energía. y la meditación.

De todas las doctrinas budistas, Sunyata es posiblemente la más difícil - y mal entendida. A menudo es traducido como "vacío", y es el corazón de toda la enseñanza budista Mahayana.

El Buda histórico, Shakyamuni, enseñó que los seres humanos están compuestos por Cinco Skandhas, a veces llamados los Cinco Agregados. Muy brevemente, se trata de la forma, sensación, percepción, formación mental y la conciencia.

Según consta en el Anatta-Lakkhana Sutta del Tipitaka Pali (Samyutta Nikaya 22:59), el Buda enseñó que estos Cinco Skandhas, incluyendo nuestra conciencia, no son un "yo" (ego). Ellos no son permanentes, y aferrarse a ellos como si fueran permanentes da lugar a la codicia, el odio y el deseo, que son el origen del sufrimiento.

La enseñanza en el Anatta-Lakkhana Sutta se llama "anatta", a veces traducida como "no yo" o "no ser". Esta enseñanza básica es aceptada en todas las escuelas del Budismo. Anatta es una refutación de la creencia hindú en el "atman" - un alma; una esencia inmortal de uno mismo.

Pero el budismo Mahayana va más allá que el Theravada, y enseña que todos los fenómenos carecen de esencia propia. Esto es sunyata.

¿Vacío de qué? 

Sunyata es a menudo mal entendido en el sentido de que no existe nada. Esto no es así. En su lugar, se nos dice que no es la existencia, sino que los fenómenos están vacíos de "svabhava", una palabra sánscrita que significa auto-naturaleza, naturaleza intrínseca, esencia o "propio ser."

Aunque no seamos conscientes de ello, tendemos a pensar en que las cosas poseen una naturaleza esencial que hace que sea lo que es. Así, vemos un conjunto de metal y plástico y lo llamamos una "tostadora". Pero "tostadora" es sólo una identidad que proyectamos en un fenómeno. No hay esencia "tostadora" inherentemente habitando en el metal y el plástico.

Una historia clásica del Milindapanha, un texto que data probablemente del siglo I AEC, describe un diálogo entre el rey Menandro de Bactria y un sabio llamado Nagasena. Nagasena le preguntó al rey sobre su carro, y luego le pidió que desensamblara el carro en partes. ¿Se le puede llamar un "carro" todavía a un carro si se le quitan sus ruedas o sus ejes?

Si desmonta un carro en partes, ¿exactamente en qué momento se deja de ser un carro? Este es un juicio subjetivo. Algunos podrían pensar que ya no es un carro, una vez que ya no puede funcionar como un carro. Otros podrían argumentar que la eventual pila de piezas sigue siendo un carro, aunque sea desmontado.

El punto es que "carro" es una designación que le damos a un fenómeno; no existe una "naturaleza de carro" inherente que habita en el carro.

El punto es que la mayoría de nosotros percibimos la realidad como algo poblado por muchas cosas distintas y seres. Pero este punto de vista es una proyección de nuestra parte. En cambio, el mundo fenoménico es como un vasto campo o nexo que se encuentra en constante cambio. Lo que vemos como partes distintivas, las cosas y los seres, son condiciones temporales.

Nagarjuna dijo que es incorrecto decir que las cosas existen, pero también es incorrecto decir que no existan. Debido a que todos los fenómenos existen de manera interdependiente, y son nulos de esencia propia, todas las distinciones que se hacen entre esto y los fenómenos son arbitrarios y relativos. Así que, "existen" cosas y seres sólo de manera relativa.

De hecho, el Tratado sobre la Perfección de la Sabiduría de Nagarjuna describe que si bien pensamos en el universo como un plano en donde los seres y los eventos fungen en el universo, la realidad es que el universo se manifiesta como seres y eventos que fungen en él. Esto nos da mucho en lo que pensar.

Sabiduría y Compasión 

La sabiduría y la compasión son interdependientes. La sabiduría da lugar a la compasión; la compasión, cuando es genuina y desinteresada, da lugar a la sabiduría. Son como dos alas de un ave, o las dos ruedas de un carro.

Estas son las Seis Perfecciones del Budismo Mahayana.

Las Seis Perfecciones - Dhyana


Los Seis Paramitas

La Concentración



En el Budismo, los Pāramitās se refieren a la perfección o la culminación de ciertas virtudes. Estas virtudes son cultivadas como una forma de purificación, para purificar el karma, ayudar al aspirante a vivir una vida sin obstáculos y alcanzar la iluminación. Estas son las prácticas Mahayana que distinguen el camino del Bodhisattva a la iluminación y que desplazaron parcialmente el Noble Sendero Octuple del Budismo Theravada.

Los Seis Paramitas (seis perfecciones) describen la verdadera naturaleza de un ser iluminado, lo que quiere decir que nos ayudan a aflorar nuestra verdadera naturaleza. Si estas seis perfecciones no parecen ser nuestra verdadera naturaleza, es porque están oscurecidas por nuestra ilusión (ignorancia fundamental), que ha surgido por nuestras malas acciones: la ira, la codicia y el miedo. Mediante el cultivo de estas perfecciones, podemos reflejar nuestra verdadera naturaleza.

Cada una de las seis perfecciones apoya a las otras cinco, pero el orden de las perfecciones es importante también. Por ejemplo, las tres primeras perfecciones - la generosidad, la moralidad, y la paciencia - son prácticas virtuosas para todo el mundo. Los tres restantes - la energía o el celo, la meditación y la sabiduría - tratan más específicamente sobre la práctica espiritual. 

Ya vimos la perfección de la Generosidad (Dana), la perfección de la Moralidad (Sila), la perfección de la Paciencia (Ksanti) y la perfección de la Energía (Virya), ahora veamos la perfección de la Concentración (Dhyana).

5. Dhyana Paramita: La Perfección de la Meditación 


Dhyana, o la meditación budista, es una disciplina destinada a cultivar la mente. Dhyana también significa "concentración", y en este caso se aplica una gran concentración para lograr claridad y comprensión (Shamata y Vipashana).

Una palabra muy relacionada con Dhyana es "Samadhi", que también significa "concentración". Samadhi se refiere a una concentración en un solo punto en el que todo sentido de uno mismo desaparece. Dhyana y Samadhi son los cimientos de la sabiduría, que es la siguiente perfección (Prajna).

La palabra sánscrita "dhyana", o "jhana" en Pali, significa "concentración" y es casi sinónimo de Samadhi. Otra palabra sánscrita que significa "meditación" es "bhavana",  literalmente traducido como "cultivo mental." Esto pone en relieve la comprensión de la meditación como una forma de entrenar la mente para alcanzar la iluminación. Dhyana también se asocia con el aspecto de la Recta Concentración del Noble Sendero Óctuple. 

En Occidente, la meditación budista es más popular que el propio Budismo. Ha sido adoptada como un medio para aliviar el estrés y tratar los trastornos del comportamiento. Pero la meditación, en el sentido budista, es una disciplina, no un tratamiento. 

En los Seis Paramitas, Dhyana paramita viene antes del Prajna paramita - la Perfección de la Sabiduría. A través del Dhyana, el practicante calma y aclara su mente para permitir la realización de la iluminación. Para muchos esto es un proceso gradual. Aunque uno puede experimentar una sensación de felicidad al meditar, uno puede experimentar muchas otras cosas también - frustración, somnolencia, aburrimiento, dolor y alegría. Eso no quiere decir que lo estás haciendo mal; eso es sólo la forma en que te encuentras al momento.

Con todo el énfasis que existe sobre la meditación en Occidente, puede ser que le sorprenda saber que los budistas en muchas partes de Asia se dedican a mantener los preceptos y a apoyar a la sangha monástica, pero no practican la meditación. Y en algunas escuelas de Budismo, en particular la Tierra Pura y la de Nichiren, la meditación en silencio en gran medida ha sido reemplazada por una práctica recital. 

La Meditación en el Budismo 

No todas las escuelas de Budismo enseñan la meditación de la misma manera. Pero en términos generales, la meditación budista adopta dos formas - Samatha y Vypassana. 

Samatha significa "moradar en paz" o "tranquilidad". La práctica de Samatha desarrollan la concentración hasta el punto de Samadhi - unificación única de la mente. La práctica de Samatha suele comenzar con un enfoque en la respiración llamado "anapana-smrti" o "anapanasati". A medida que surgen los pensamientos, son observados y puestos en libertad. Con el tiempo, la mente se vuelve más tranquila, y no persigue los deseos y las pasiones. 

Vipassana significa "contemplación". Hay más de un enfoque de la meditación de la contemplacón, pero por lo general, el practicante se enfoca en contemplar una enseñanza en particular, el pensamiento mismo o una perspectiva para profundizar sobre el concepto y ver la verdadera naturaleza de la realidad. 

Una práctica de meditación diaria puede mejorar su vida de muchas maneras. El meditador experimentado responde con mayor habilidad a las dificultades de la vida. Nos ayuda a liberarnos de los hábitos destructivos y a superar los obstáculos. Con el tiempo, muchos de nuestros miedos y confusiónes desaparecen. 

La meditación es una manera de encontrar nuestro verdadero hogar. Si usted baja (o cierra) los ojos, respira tranquilamente y se enfoca en el aquí y ahora, sus distracciones desaparecen y regresa a su verdadero hogar - se vuelve uno con el Todo.

Los Seis Paramitas - Virya


Los Seis Paramitas

La Energía



En el Budismo, los Pāramitās se refieren a la perfección o la culminación de ciertas virtudes. Estas virtudes son cultivadas como una forma de purificación, para purificar el karma, ayudar al aspirante a vivir una vida sin obstáculos y alcanzar la iluminación. Estas son las prácticas Mahayana que distinguen el camino del Bodhisattva a la iluminación y que desplazaron parcialmente el Noble Sendero Octuple del Budismo Theravada.

Los Seis Paramitas (seis perfecciones) describen la verdadera naturaleza de un ser iluminado, lo que quiere decir que nos ayudan a aflorar nuestra verdadera naturaleza. Si estas seis perfecciones no parecen ser nuestra verdadera naturaleza, es porque están oscurecidas por nuestra ilusión (ignorancia fundamental), que ha surgido por nuestras malas acciones: la ira, la codicia y el miedo. Mediante el cultivo de estas perfecciones, podemos reflejar nuestra verdadera naturaleza.

Cada una de las seis perfecciones apoya a las otras cinco, pero el orden de las perfecciones es importante también. Por ejemplo, las tres primeras perfecciones - la generosidad, la moralidad, y la paciencia - son prácticas virtuosas para todo el mundo. Los tres restantes - la energía o el celo, la meditación y la sabiduría - tratan más específicamente sobre la práctica espiritual. 

Ya vimos la perfección de la Generosidad (Dana), la perfección de la Moralidad (Sila) y la perfección de la Paciencia (Ksanti), ahora veamos la perfección de la Energía (Virya).

4. Virya Paramita: La Perfección de la Energía 


Virya es energía o coraje. Proviene de una antigua palabra india-iraní que significa "héroe", y es también la raíz de la palabra en inglés "viril". El Virya Paramita se trata de hacer un esfuerzo valiente, heroico para alcanzar la iluminación. 

Para practicar el Virya paramita, primero desarrollamos nuestro propio carácter y coraje. Nos involucramos en la formación espiritual. Y luego nos dedicamos nuestros esfuerzos valientes para el beneficio de los demás.

Virya paramita - la Perfección de la Energía - es el cuarto de los Seis (a veces diez en el Budismo Esotérico) Paramitas o Perfecciones del Budismo Mahayana y la quinta de las Diez Perfecciones del Budismo Theravada. 

Virya puede referirse tanto a la energía mental como a la física. Virya paramita tiene tres componentes. El primer componente es el desarrollo de carácter. También se trata de cultivar el coraje y la voluntad de recorrer el camino budista, por el tiempo que sea necesario, la corrección de malos hábitos o de dar excusas, y aclarar su compromiso con el camino (Do) y cultivar shraddha - confianza y convicción. 

El entrenamiento espiritual puede incluir la recitación de la liturgia, la meditación y los rituales, así como el estudio de las enseñanzas budistas. Una comprensión más clara de lo que el Buda enseñó ayudará a solidificar su confianza y a darle a su práctica más enfoque. 

El tercer aspecto de Virya es práctica para el beneficio de los demás. El desarrollo del Bodichita - el deseo de alcanzar la iluminación para el beneficio de todos los seres - es esencial para el Budismo Mahayana. Bodhicitta nos ayuda a liberarnos del apego egoísta a nuestros esfuerzos. 

Cuando nuestro Bodichita es fuerte, alimenta nuestra determinación para practicar. ¿Cómo podemos eliminar el sufrimiento en el mundo? 

Puedes comenzar justo donde estás. Desarrolla el conocimiento y fortalece tu confianza. Dedícate a otros. Esto es Virya Paramita.

Los Seis Paramitas - Ksanti


Los Seis Paramitas

La Paciencia



En el Budismo, los Pāramitās se refieren a la perfección o la culminación de ciertas virtudes. Estas virtudes son cultivadas como una forma de purificación, para purificar el karma, ayudar al aspirante a vivir una vida sin obstáculos y alcanzar la iluminación. Estas son las prácticas Mahayana que distinguen el camino del Bodhisattva a la iluminación y que desplazaron parcialmente el Noble Sendero Octuple del Budismo Theravada.

Los Seis Paramitas (seis perfecciones) describen la verdadera naturaleza de un ser iluminado, lo que quiere decir que nos ayudan a aflorar nuestra verdadera naturaleza. Si estas seis perfecciones no parecen ser nuestra verdadera naturaleza, es porque están oscurecidas por nuestra ilusión (ignorancia fundamental), que ha surgido por nuestras malas acciones: la ira, la codicia y el miedo. Mediante el cultivo de estas perfecciones, podemos reflejar nuestra verdadera naturaleza.

Cada una de las seis perfecciones apoya a las otras cinco, pero el orden de las perfecciones es importante también. Por ejemplo, las tres primeras perfecciones - la generosidad, la moralidad, y la paciencia - son prácticas virtuosas para todo el mundo. Los tres restantes - la energía o el celo, la meditación y la sabiduría - tratan más específicamente sobre la práctica espiritual. 

Ya vimos la perfección de la Generosidad (Dana) y la perfección de la Moralidad (Sila), ahora veamos la perfección de la Paciencia (Ksanti).

3. Ksanti Paramita: La Perfección de la Paciencia 


Ksanti es paciencia, tolerancia, resistencia o compostura. Literalmente significa "capaz de soportar." Se dice que hay tres dimensiones de Ksanti: la capacidad de soportar las dificultades personales; tener paciencia con los demás; y la aceptación de la verdad. 

La perfección de Ksanti comienza con la aceptación de las Cuatro Nobles Verdades, incluyendo la verdad del sufrimiento (dukkha). A través de la práctica, nuestra atención se aleja de nuestro propio sufrimiento y se enfoca en el sufrimiento de los demás - el desarrollo de la compasión.

La aceptación de la verdad se refiere a la aceptación de verdades difíciles sobre nosotros mismos - que somos codiciosos, que somos mortales o "bonbu" (seres tontos) - y también de aceptar la verdad de la naturaleza ilusoria de nuestra existencia (sunyata).

Ksanti - paciencia  - es uno de los Paramitas o Perfecciones que a los budistas se les enseña a cultivar. Ksanti paramita, la perfección de la paciencia, es el tercero de los paramitas Mahayana y el sexto de los paramitas Theravada. (Ksanti se deletrea a veces kshanti o, en Pali, khanti). 

Triunfar sobre las Dificultades

En términos modernos, podríamos pensar en esta dimensión de Ksanti como triunfar ante las dificultades de manera constructiva, en lugar de destructivas,. Estas dificultades pueden incluir el dolor y la enfermedad, la pobreza, o la pérdida de un ser querido. Aprendemos a mantenernos fuerte y a no ser derrotados por la desesperación. 

El cultivo de este aspecto de Ksanti comienza con la aceptación de la primera Noble Verdad, la verdad de dukkha (sufrimiento). Aceptamos que la vida es estresante y difícil, así como temporal. Y a medida que aprendemos a aceptar esto, también vemos la cantidad de tiempo y energía que hemos estado perdiendo tratando de evitar o negar el dukkha. Dejamos de sentirnos derrotados y de sentir lástima por nosotros mismos. 

Gran parte de nuestra reacción ante el sufrimiento es la negación. Evitamos las cosas que no queremos hacer, que creemos que van a doler. Esta reacción viene de la creencia de que hay un "yo" permanente que hay que proteger y que siente lo que esta sintiendo. Cuando nos damos cuenta que no hay nada que proteger, nuestra percepción del dolor cambia auntomáticamente.

En el Budismo Tendai se habla de los Seis Reinos de la Existencia (Samsara), y el más alto de estos es el Reino de los Devas (dioses). Los dioses viven vidas largas, felices y agradables, pero no desean alcanzar la iluminación y entrar en el Nirvana. ¿Y por qué no? Debido a que no sufren y no pueden aprender la verdad del sufrimiento. 

Ksanti también nos enseña a cómo manejar el maltrato de los demás. Cuando nos insultan, engañan o somos heridos por otras personas, casi siempre nuestro ego salta y se quiere vengar. Nos enojamos. Pero el odio es un veneno terrible - uno de los Tres Venenos, de hecho (junto a la ignorancia y la codicia). Y muchos grandes maestros han dicho que es el más destructivo de los tres venenos. El liberarnos de la ira y el odio, y no manifestarlos, es esencial para la práctica budista. 

Por supuesto, todosnos hemos enojado en algún momento, pero es importante aprender a manejar el enojo. También aprendemos a cultivar la ecuanimidad, por lo que no estamos siendo sacudidos con fuerza por los gustos y disgustos. 

Ksanti nos muestra que hay que tener paciencia con los demás. Así, llegamos a ser conscientes de los demás y respondemos a sus necesidades con amabilidad. 

Aceptando la Verdad 

Ya hemos dicho que Ksanti paramita comienza con la aceptación de la verdad de dukkha. Pero eso incluye aceptar la verdad de un montón de otras cosas - que somos egoístas; que en última instancia, somos responsables de nuestra propia infelicidad; y sobre todo, que somos mortales. 

Y luego viene aceptar lo más difícil - que el "yo" (el ego) es sólo un proceso, un fantasma mental, conjurado por nuestro cerebro y los sentidos de momento a momento. Los maestros dicen que cuando las personas se están acercando a la iluminación, pueden experimentar un gran temor. Este es el ego tratando de preservarse a sí mismo. 

La práctica de la perfección de la paciencia es uno de los paramitas más prácticos, y aplicables a nuestra vida diaria. Sólo necesitas ser más paciente hoy mismo. Dengyo Daishi nos mostró a través de su vida y ejemplo que no puedes dejar para mañana lo que puedes hacer hoy. Comienza ahora.

Los Seis Paramitas - Sila


Los Seis Paramitas

La Moralidad



En el Budismo, los Pāramitās se refieren a la perfección o la culminación de ciertas virtudes. Estas virtudes son cultivadas como una forma de purificación, para purificar el karma, ayudar al aspirante a vivir una vida sin obstáculos y alcanzar la iluminación. Estas son las prácticas Mahayana que distinguen el camino del Bodhisattva a la iluminación y que desplazaron parcialmente el Noble Sendero Octuple del Budismo Theravada.

Los Seis Paramitas (seis perfecciones) describen la verdadera naturaleza de un ser iluminado, lo que quiere decir que nos ayudan a aflorar nuestra verdadera naturaleza. Si estas seis perfecciones no parecen ser nuestra verdadera naturaleza, es porque están oscurecidas por nuestra ilusión (ignorancia fundamental), que ha surgido por nuestras malas acciones: la ira, la codicia y el miedo. Mediante el cultivo de estas perfecciones, podemos reflejar nuestra verdadera naturaleza.

Cada una de las seis perfecciones apoya a las otras cinco, pero el orden de las perfecciones es importante también. Por ejemplo, las tres primeras perfecciones - la generosidad, la moralidad, y la paciencia - son prácticas virtuosas para todo el mundo. Los tres restantes - la energía o el celo, la meditación y la sabiduría - tratan más específicamente sobre la práctica espiritual. 

Ya vimos la perfección de la Generosidad (Dana), ahora veamos la perfección de la Moralidad (Sila).

2. Sila Paramita: La Perfección de la Moralidad 


En el Budismo, la moral no se trata de obededecer ciegamente a una lista de reglas. Existen una serie de reglas morales llamadas los Preceptos, pero los preceptos son algo así como una ruedas de entrenamiento. Ellos nos guían hasta que encontremos nuestro propio equilibrio. Un ser iluminado responde correctamente a todas las situaciones sin tener que consultar una lista de reglas. 

Sila Paramita significa la "Perfección de la Moralidad." Es el segundo paramita, o perfección, tanto en el Budismo Mahayana como en el Theravada. Sila, es también a veces traducido como virtud o la conducta ética y la moral. También connota el equilibrio y la armonía. 

El Budismo esta repleto de nseñanzas sobre la moralidad, las cuales impregnan todas sus prácticas. La moralidad es el núcleo del Discurso Correcto, la Acción Correcta, y el Vivir Correcto del Noble Sendero Óctuple. La Recta Acción se centra en los preceptos budistas. 

Es importante entender que la base de la moral budista no se encuentra en una autoridad externa. En otras palabras, y como hemos dicho anteriormente, la práctica de la moral no se encuentra en la obediencia incondicional a una lista de reglas. En cambio, la perfección de la moralidad es la expresión natural de la sabiduría y la compasión que son generadas por la práctica budista.

Usted podría preguntarse, ¿no son los Preceptos una lista de reglas? Piense en los preceptos como algo parecido a las ruedas de entrenamiento de una bicicleta. Dicho de otra manera, proporcionan orientación para permitir que las actividades iluminadas de la sabiduría y la compasión se manifiesten en el mundo a través de nosotros.

Los estudiosos Mahayana identificaron tres categorías de sila: La moralidad como la moderación, la moralidad como virtud y la moralidad como la actividad desinteresada de la compasión. Estas categorías nos muestran una progresión en el entrenamiento. 

La moral como moderación se refleja en la "renuncia". La renuncia se entiende como la liberación de todo aquello que nos une a la ignorancia y el sufrimiento. La palabra Pali traducida generalmente como "renuncia", es "nekkhamma", que significa "ir adelante". Así, comenzamos nuestro camino al renunciar a los comportamientos que nos atan, como la mentira, el robo, y el apego al placer sensual. 

La práctica de la moral como virtud significa fundamentar nuestra práctica de la moralidad con la atención plena y la meditación. En esta fase, la práctica de la moralidad "se da la vuelta." Deja de sentirse como un freno a la conducta de uno, y en su lugar, surge de una preocupación genuina por los demás. 

En la fase final, la moralidad es la actividad desinteresada de la compasión, una expresión de nuestra sabiduría. Esta es el sila paramita, la perfección de la moralidad. 

El Karma 

En el Budismo, la enseñanza del karma es inseparable de la enseñanza de la moral. Para entender por qué esto es así, es importante entender lo que es el karma, y lo que no es. 

El karma no es es un sistema de justicia penal cósmica que imparte premios y castigos. No hay un "director" del karma con inteligencia sobrenatural, que envía bendiciones a los buenos o calamidades a los malos. Karma significa "acción", y en el Budismo, esto significa acción volitiva, específicamente. Y su enseñanza más básica es que las acciones causan efectos. 

Lo que somos, y lo que son nuestras vidas, en un momento dado es el resultado acumulado de nuestros pensamientos y de nuestras acciones. Esto es el karma. Llevar una vida virtuosa no te protegerá de los terremotos, o de contraer la gripe, pero sí te permite experimentar un profundo sentimiento de alegría y una vida más satisfactoria. 

El karma tampoco es el destino. En el Budismo, no estamos condenados a sufrir X cantidad de desgracias a causa de X cantidad de irregularidades. El Budismo Tendai nos enseña que podemos cambiar nuestros actos y nuestros pensamientos; podemos limpiar nuestro mal karma, aprendiendo sobre el Budismo y a través de la realización de cosas buenas por otros. Esto tal vez no limpie todo tu mal karma, pero sí aminora el efecto del mismo en tu vida. Una vez aprendes la lección que un suceso kármico tenía que enseñarte, su efecto será menor.

Otro aspecto del karma es que una vez se pone en movimiento, tiende a seguir hacia adelante. Un efecto causa otros efectos, lo cual provoca otros efectos, y estos efectos pueden suceder fuera de nuestra vista, e incluso más allá de nuestras vidas. Cuando prestamos más atención al karma, nos damos cuenta de que todos y todo en nuestro planeta están unidos entre sí en un gran nexo de causa y efecto. A medida que nuestra preocupación por los demás crece, también crece la preocupación por el karma. 

Mantener un balance 

En la práctica budista, a menudo escuchamos acerca del Camino Medio, manteniéndonos entre los extremos. Esto se remonta a la vida del Buda histórico. En su búsqueda de la iluminación, el joven príncipe Siddhartha renunció a una vida de indulgencia y placer y tomó una vida de ascetismo extremo -en un momento ayunó casi al punto de su muerte. Pero con el tiempo se dio cuenta de que su camino estaba entre los extremos de la indulgencia y la negación. 

Por esta misma razón, se debe tener cuidado de no ser demasiado rígidos con los preceptos. El apego a las reglas puede oscurecer el propósito mayor de la moralidad, que es el cuidado benevolente hacia los demás. 

En general, el Budismo desalienta la creencia en absolutos morales, y en su lugar, nos anima a responder simplemente con la compasión ante el sufrimiento. El Budismo nos enseña que si nuestras acciones están guiadas por la sabiduría y la compasión - sin rastro de egoísmo, ni siquiera el debemos de setir el deseo de hacer el bien para "sentirnos bien con nosotros mismos" - sólo así nuestras acciones estarán basadas en la Perfección de la Moralidad budista.