Entre las grandes figuras que hicieron posible la formación histórica y doctrinal del Budismo Esotérico de Asia Oriental, pocas poseen una importancia hermenéutica comparable a la del Acharya Yixing (Ichigyo 683–727). Si Subhakarasimha —Zenmui— llevó desde la India hasta la China Tang la corriente iniciática, ritual y contemplativa de la tradición del Sutra de Mahavairocana (Dainichi Kyo), Yixing fue, en gran medida, quien hizo posible que aquella enseñanza pudiera ser comprendida dentro del universo intelectual del Budismo de Asia Oriental y transmitida posteriormente a Japón. Su importancia no descansa solamente en haber participado en la traducción china del Sutra de Mahavairocana, ni siquiera únicamente en haber dejado por escrito las explicaciones de su maestro, sino en haber contribuido decisivamente a transformar aquellas enseñanzas en una verdadera arquitectura hermenéutica: un sistema mediante el cual cosmología, doctrina de la mente, Naturaleza Búdica, práctica contemplativa, mantra, mudra, mandala, consagración, samadhi y actividad compasiva podían ser comprendidos como diferentes expresiones de una misma Realidad iluminada. Por esta razón, cuando el Budismo Esotérico japonés quiso comprender profundamente el Sutra de Mahavairocana no pudo limitarse a leer solamente el texto del Sutra: tuvo necesariamente que escuchar también la voz interpretativa conservada por Yixing. Su Comentario al Sutra de Mahavairocana, conocido en Japón como Dainichikya-sho y frecuentemente abreviado como Daisho, llegaría así a convertirse en una de las grandes llaves doctrinales del Mikkyo (Vajrayana - Budismo Esotérico) de Asia Oriental.
La personalidad de Yixing resulta especialmente fascinante porque en él se encontraron varios de los grandes mundos intelectuales del Budismo chino de su época. Nacido durante la Dinastía Tang, fue recordado no solamente como monje y maestro del Budismo Esotérico, sino también como estudioso de la astronomía, las matemáticas y la ciencia calendárica. Las fuentes japonesas tradicionales señalan que estudió inicialmente la meditación bajo el maestro Chan Puji, profundizó en la disciplina monástica y posteriormente ascendió al Monte Tiantai, donde estudió la tradición doctrinal de Tiantai antes de integrarse plenamente en el gran movimiento de traducción esotérica que estaba surgiendo en la corte Tang. En 717 fue convocado a la esfera imperial y, cuando Śubhakarasiṃha desarrolló su actividad de traducción, Yixing participó estrechamente en ella; posteriormente fue también encargado de importantes trabajos astronómicos y calendáricos, llegando a elaborar el calendario conocido como Dayan li. Esta combinación de contemplativo, exegeta, científico y monje es significativa. En Yixing no encontramos la oposición moderna entre religión y conocimiento de la naturaleza. El cielo estudiado por el astrónomo y el Dharmadhātu contemplado por el yogui no constituían para él dos universos absolutamente divorciados. Ambos pertenecían a un cosmos ordenado, inteligible y profundamente interdependiente. Precisamente por ello, su mente resultó extraordinariamente apropiada para recibir una enseñanza como la del Sutra de Mahavairocana, donde cuerpo, lenguaje, mente, espacio, formas, sonidos, signos, maṇḍalas y fenómenos son incorporados dentro de una visión sacramental de la totalidad.
Esta relación de Yixing con Tiantai posee una particular importancia para nosotros. No sería históricamente correcto convertir retroactivamente a Yixing en representante de las formulaciones doctrinales que el Taimitsu (Budismo Esotérico del Loto o Tendai) japonés desarrollaría generaciones después; sin embargo, tampoco debe ignorarse que su formación intelectual incluía el mundo doctrinal de Tiantai y que su obra sería posteriormente recibida, estudiada y reinterpretada dentro de la tradición Tendai japonesa. La biografía preservada en fuentes japonesas lo presenta estudiando en el Monte Tiantai antes de trabajar con Subhakarasimha, un dato que resulta particularmente sugestivo cuando observamos la manera en que el Comentario piensa la relación entre mente, fenómenos y Buddhidad. No existe aquí una mera yuxtaposición artificial entre "Tiantai" y "esoterismo". Nos encontramos, más bien, ante uno de aquellos momentos extraordinarios de la historia budista en los cuales diferentes corrientes del Mahayana comenzaron a reconocerse mutuamente como expresiones convergentes de una misma intuición profunda: que la Iluminación no debe buscarse en una realidad separada del mundo fenoménico, que la mente ordinaria contiene profundidades que exceden su apariencia condicionada, y que los fenómenos mismos pueden revelarse, cuando son contemplados mediante la Sabiduría del Buda, como manifestaciones del Reino del Dharma.
La relación entre Yixing y Subhakarasimha debe entenderse, por tanto, con cierta precisión. El Comentario al Sutra de Mahavairocana no es sencillamente una composición independiente en la que Yixing ofrece opiniones privadas acerca del Sutra. El texto se presenta explícitamente como registrado por "el Shramana y Acarya Yixing", y la tradición textual lo relaciona con las exposiciones orales que Subhakarasimha impartió mientras trabajaba en la traducción del Sutra de Mahavairocana. Debemos imaginar, pues, una verdadera actividad de transmisión: el maestro indio explicando términos, doctrinas, símbolos y prácticas cuyo significado no podía conservarse adecuadamente mediante una traducción meramente literal, y Yixing escuchando, organizando, interpretando y fijando por escrito aquellas explicaciones dentro de categorías intelectualmente accesibles al Budismo chino. El resultado es una obra que participa simultáneamente de la enseñanza oral de Subhakarasimha y del genio sistematizador de Yixing. Precisamente por ello, su valor excede el de un comentario convencional. Conserva una capa hermenéutica muy próxima al proceso mismo mediante el cual el Tantra budista indio fue traducido no solamente de una lengua a otra, sino de un universo cultural a otro.
El propio comienzo del comentario revela inmediatamente la profundidad del método de Yixing. Antes de adentrarse en las complejidades del mandala o del ritual, pregunta qué significa realmente el nombre Vairocana. Parte de la imagen del sol: Vairocana es aquello que ilumina y disipa las tinieblas. Pero inmediatamente destruye la insuficiencia de la comparación. El sol mundano ilumina un lugar y no otro; existe el día donde brilla y la noche donde su luz no alcanza; ilumina exteriormente, pero no penetra todas las cosas. La luz de la Sabiduría del Tathagata, en cambio, "ilumina universalmente todos los lugares" y no conoce distinción entre interior y exterior, dirección, día o noche. Ya desde estas primeras líneas aparece una de las claves fundamentales de toda la obra: Mahavairocana no es simplemente un Buda localizado dentro del universo; es la Iluminación misma considerada en su dimensión universal, omnipresente y activa.
Esta distinción resulta esencial. Si Mahavairocana fuese solamente una deidad suprema ubicada en algún cielo remoto, el esoterismo budista correría el riesgo de transformarse en una forma de teísmo cosmológico. Pero Yixing dirige nuestra mirada en otra dirección. La luz de Mahavairocana es la Sabiduría que atraviesa el Dharmadhatu. La imagen del sol funciona precisamente porque muestra simultáneamente universalidad, iluminación, fecundidad y actividad espontánea: así como el sol hace crecer plantas diferentes según la naturaleza de cada una, la Sabiduría del Tathagata hace madurar en los seres innumerables raíces de virtud conforme a sus capacidades particulares. El comentario incluso añade una imagen de extraordinaria belleza: cuando nubes espesas cubren el sol, éste no ha sido destruido; cuando el viento dispersa las nubes y el sol vuelve a aparecer, tampoco acaba de nacer. Del mismo modo, la mente iluminada permanece aun cuando se encuentra cubierta por las nubes de ignorancia, aflicción y conceptualización; su esencia no disminuye cuando está velada ni aumenta cuando se manifiesta. Aquí encontramos una formulación extraordinariamente cercana al lenguaje de la Naturaleza Búdica: la Iluminación no es una sustancia creada mediante la práctica, sino una Realidad que la práctica permite revelar plenamente.
El Sutra del Loto proclama el Vehículo Único (Ekayana) porque la actividad salvífica del Buda no tiene finalmente otro propósito que conducir a todos los seres hacia la Sabiduría del Buda. El Sutra de Mahavairocana, contemplado desde esta misma totalidad del Dharma, muestra el modo esotérico en que esa Sabiduría universal se encuentra operando aquí y ahora mediante el cuerpo, la palabra y la mente. Así, el principio del Vehículo Único y el principio de la Iluminación Cósmica de Mahavairocana no necesitan entenderse como doctrinas rivales. El primero revela la intención universal del Buda; el segundo revela la estructura sacramental mediante la cual esa actividad iluminada penetra la existencia. Desde la perspectiva madura Tendai, ambos son contemplados dentro del principio de la perfecta integración: lo universal no destruye lo particular, la esencia no elimina la forma, la Budeidad no aniquila los fenómenos, y el Nirvana no exige la desaparición del mundo.
Precisamente aquí comienza a percibirse por qué el Dainichikyo-sho adquiriría tanta importancia para el Budismo Esotérico japonés. La voz de Yixing se encuentra, directa o indirectamente, detrás de una porción inmensa del vocabulario mediante el cual tanto Tomitsu como Taimitsu comprendieron el Sutra de Mahavairocana. Incluso cuando las dos tradiciones desarrollaron posteriormente doctrinas, clasificaciones y métodos distintivos, compartieron este estrato hermenéutico temprano.
Una de las razones de esa autoridad es que el Comentario no concibe la práctica esotérica como una colección de técnicas mágicas añadidas exteriormente al Mahayana. El mantra, el mudra, el mandala y la visualización solamente adquieren sentido cuando son comprendidos desde la naturaleza de la mente y desde la actividad iluminada del Tathagata. Ya en la explicación inicial de Adhisthana (Kaji), que podemos traducir según el contexto como "empoderamiento", "sostenimiento", "bendición" o "Gracia", se encuentra una de las claves más profundas del Mikkyo. Yixing explica que la realización propia del Tathagata trasciende el dominio ordinario del lenguaje y de la actividad mental; sin embargo, debido al gran voto compasivo del Buda, aquella realización no permanece encerrada en una trascendencia inaccesible. El Tathagata entra en el Samadhi del Poder del Adhisthana y se manifiesta conforme a las disposiciones de los seres, asumiendo formas y enseñando Dharmas adecuados a sus diferentes inclinaciones. Ésta es una idea capital: la Gracia del Buda es la autocomunicación de la Iluminación. El Absoluto budista (Dharmakaya) no permanece encerrado en sí mismo; se comunica, se adapta, aparece, habla, transforma y conduce.
Desde esta perspectiva, el concepto esotérico de Kaji puede comprenderse con extraordinaria profundidad. El practicante no "obliga" a una divinidad exterior mediante fórmulas rituales. Tampoco produce artificialmente la Budeidad mediante una manipulación psicológica. Lo que ocurre es un encuentro entre la actividad eterna del Buda y la capacidad receptiva del ser. El Buda se extiende hacia el ser como ka, y el ser recibe y responde como ji; pero incluso esta distinción es provisional, porque en el nivel más profundo ambos participan de una misma Realidad. Si utilizamos el lenguaje de la Budeidad Innata, podríamos decir que aquello que viene hacia nosotros desde el Buda despierta aquello que siempre estuvo ocultamente presente en nosotros. Si utilizamos el lenguaje del Sutra del Loto, podríamos decir que el Buda emplea innumerables medios hábiles para hacer que los seres abran, muestren, comprendan y entren en su propia Sabiduría. Si utilizamos el lenguaje del Sutra Mahavairocana, decimos que el Dharmakāya se manifiesta mediante el poder de su Adhisthana. Tres lenguajes distintos convergen así sobre un único misterio soteriológico: la Budeidad busca manifestarse en los seres porque los seres jamás han estado ontológicamente separados del Reino del Buda. Es por eso que el Sutra del Loto y el Sutra de Mahavairocana con vistos como Sutras hermanos en el Budismo Tendai.
Esta visión permite también comprender la famosa tríada doctrinal que estructura el corazón del Sutra de Mahavairocana: la Mente Bodhi (Bodhicitta) como causa, la gran compasión (Mahakaruna) como raíz y los medios hábiles (Mahaprajna - Upaya) como culminación. La realización esotérica comienza con Bodhicitta porque la mente que aspira a la Iluminación constituye ya la apertura de la conciencia limitada hacia su verdadera dimensión; se alimenta de la gran compasión porque la Sabiduría del Buda nunca es una iluminación solitaria o narcisista; y alcanza su plenitud en los medios hábiles porque la verdadera realización debe regresar al mundo para manifestarse en actividad salvífica. Esta estructura es profundamente armónica con el ideal del Bodhisattva del Sutra del Loto. La iluminación perfecta no consiste en abandonar a los seres, sino en descubrir que precisamente la actividad de conducirlos hacia la Budeidad constituye la expresión natural de la propia Budeidad. Por ello, el mandala no debe entenderse simplemente como una representación gráfica de seres sagrados. Es la representación ritual y contemplativa del mundo visto desde la Sabiduría del Buda: diversidad sin fragmentación, distinción sin separación, multiplicidad organizada alrededor de una unidad iluminada.
Yixing adquiere aquí una relevancia singular para una comprensión Tendai del esoterismo. La enseñanza de Ichinen Sanzen, los Tres Mil Mundos en un Solo Pensamiento, afirma que ningún instante mental existe aislado de la totalidad de los Diez Reinos, las Diez Talidades y los Tres Reinos de Existencia. La realidad ordinaria posee ya, en su profundidad, una estructura infinitamente interpenetrada. El mandala esotérico contempla esta misma verdad mediante otro lenguaje: cada figura posee su posición, su color, su mudra, su semilla, su samadhi y su actividad, y sin embargo ninguna existe fuera del cuerpo universal de Mahavairocana. Así como Tendai puede afirmar simultáneamente Vacuidad, Existencia Provisional y Camino Medio, el mandala permite contemplar simultáneamente la vacuidad de toda entidad independiente, la realidad provisional de innumerables formas y la identidad no dual mediante la cual todas ellas participan del Dharmadhatu. No pretendo con ello reducir una tradición a la otra. Al contrario: precisamente porque conservamos sus lenguajes propios podemos reconocer con mayor claridad la profunda consonancia que hizo posible el florecimiento posterior del Taimitsu, donde la visión totalizante de Tiantai y las formas rituales del Mantrayana serían contempladas dentro de una única gran síntesis del Dharma. Uno presenta la Vacuidad, y otro la forma, pero ambos son uno.
El Comentario resulta igualmente indispensable para comprender la doctrina de la Budeidad en este mismo cuerpo (Sokushin Jobutsu) que alcanzaría formulaciones particularmente poderosas en Japón. Yixing no utiliza necesariamente todas las categorías sistemáticas que posteriormente encontraremos en Kukai, Ennin, Enchin o Annen; pero suministra gran parte del terreno conceptual sobre el cual tales desarrollos fueron posibles. Si Mahavairocana penetra el Dharmadhatu; si su cuerpo, palabra y mente se manifiestan incesantemente; si el practicante puede entrar ritualmente en correspondencia con ellos mediante mudra, mantra y samadhi; si la Mente Iluminada no es creada desde la nada sino revelada cuando desaparecen sus oscurecimientos, entonces la Budeidad deja de ser únicamente una promesa situada al final de innumerables existencias. Se convierte también en una profundidad presente de la existencia que puede ser actualizada mediante la práctica correcta. El cuerpo humano deja entonces de ser considerado exclusivamente como obstáculo samsárico y comienza a ser leído como lugar potencial de revelación: manos capaces de formar mudras, voz capaz de convertirse en mantra, mente capaz de asumir la contemplación del Buda. El propio ser humano se convierte, por decirlo así, en un mandala viviente.
Pero esta afirmación jamás debería confundirse con una divinización ingenua del ego. Cuando el Budismo Esotérico afirma que el practicante puede realizar la identidad con el Buda, no está diciendo que el pequeño yo condicionado sea omnipotente o absoluto. Lo que debe desaparecer es precisamente la apropiación egocéntrica que divide "yo" y "mundo" como realidades autosuficientes. La transformación esotérica supone reconocer que aquello que llamábamos nuestro cuerpo está constituido por los mismos Seis Grandes Elementos del Cosmos; que nuestro lenguaje participa de la dimensión sonora y significativa de la realidad; y que nuestra mente, cuando es liberada de ignorancia, no posee fronteras absolutas que la separen del Reino del Dharma. Por ello, la identificación ritual con una deidad no debe entenderse como imaginación narcisista, sino como una disciplina de descentramiento: dejamos de contemplarnos desde el estrecho punto de vista del ego y aprendemos a contemplar cuerpo, palabra y mente desde la perspectiva del Buda.
También por esta razón el lenguaje del Comentario es inseparable de la doctrina de los medios hábiles. Los seres poseen disposiciones distintas y, por tanto, el Buda manifiesta enseñanzas distintas. Lo que desde una perspectiva superficial parece diversidad doctrinal puede ser contemplado desde una perspectiva más profunda como diversidad pedagógica. Ésta es una intuición central del Sutra del Loto, donde los Tres Vehículos son finalmente comprendidos dentro del Vehículo Único. En el universo esotérico, la misma lógica alcanza expresión ritual: múltiples Budas, Bodhisattvas, Vidyarajas y devas; innumerables mantras, mudras, samadhis y mandalas; diferentes prácticas para diferentes condiciones. Sin embargo, esta pluralidad no significa que existan innumerables verdades últimas independientes. Todas estas puertas son configuraciones de la actividad iluminada del Dharmakaya adaptada a las necesidades de los seres. La diversidad ritual se convierte así en expresión del Upāya universal del Buda.
A la luz de esta comprensión, podemos apreciar por qué Yixing ocupa un lugar tan singular entre los grandes exégetas del Budismo. Su obra se encuentra en una frontera histórica: detrás de ella está la tradición india transmitida por Subhakarasimha; delante de ella se encuentran siglos de desarrollo esotérico chino y japonés. Yixing escucha hacia Occidente y habla hacia Oriente. Recibe un universo de mantras, maṇḍalas, abhiṣekas y samādhis cuya terminología todavía estaba siendo asimilada en China, y lo comunica mediante un lenguaje capaz de dialogar con el Mahayana chino ya maduro. Su genio consiste precisamente en esa mediación. Sin ella, el Sutra de Mahavairocana habría podido permanecer como un texto magnífico pero herméticamente ritual. Mediante el Comentario, el ritual revela su filosofía; el símbolo, su ontología; la visualización, su doctrina de la mente; y el mandala, su visión del cosmos.
Hay incluso algo profundamente significativo en que este gran intérprete de Mahavairocana haya sido también astrónomo. Yixing observó los cielos, calculó movimientos, participó en la reforma del calendario y fue reconocido en su época por sus conocimientos astronómicos. El hombre que contemplaba las trayectorias del Sol y de la Luna fue también quien escribió acerca de un Sol de Sabiduría cuya luz no conoce noche. Tal coincidencia puede ser leída sin romantizarla. Para un pensador budista de su tiempo, el cosmos no era un objeto muerto delante de un sujeto aislado. Era una red de relaciones, ritmos y causas. El mismo intelecto que buscaba comprender la regularidad del cielo podía reconocer en el Dharma una regularidad más profunda: el surgimiento condicionado de todos los fenómenos. En este sentido, la figura de Yixing encarna admirablemente una espiritualidad que no teme al conocimiento, porque la verdad no puede contradecir a la verdad. Es por eso que Yixing es uno de los patrones de la Astrología Budista.
Tras su muerte en 727, su Comentario continuó su propia historia textual. Cuando posteriormente los maestros japoneses debatieron el significado de Mahavairocana, del Bodhicitta, del Cuerpo del Dharma, de los Tres Misterios, de los mandalas y de la realización esotérica, se encontraban dialogando, consciente o inconscientemente, con esta antigua conversación de la China Tang.
Desde el horizonte del Budismo del Loto, yo considero especialmente preciosa una característica del Comentario: su constante resistencia a separar radicalmente la Budeidad del mundo. Las nubes no destruyen el sol. La ignorancia no destruye la capacidad iluminada. Los seres poseen diferentes naturalezas y facultades, pero la luz del Tathagata actúa sobre todos. El Dharmakaya no permanece encerrado en una trascendencia silenciosa, sino que, movido por la Gran Compasión, entra en el dominio de las formas, los sonidos y los medios hábiles. Esta visión nos permite comprender el esoterismo no como fuga hacia un reino oculto, sino como descubrimiento de la dimensión secreta del mundo presente. Lo "secreto" no es secreto porque el Buda quiera ocultarlo arbitrariamente, sino porque la ignorancia ordinaria no sabe reconocerlo. El pétalo sigue siendo pétalo, la montaña sigue siendo montaña, el cuerpo sigue siendo cuerpo; pero cuando la Sabiduría revela su verdadera posición dentro del Dharmadhātu, aquello que parecía profano se manifiesta como parte del mandala.
Aquí el Comentario al Sutra de Mahavairocana se vuelve especialmente fecundo para la tradición Tendai. El Sutra del Loto proclama que todos los dharmas poseen su verdadera apariencia; el Budismo Tendai desarrolla esta intuición mediante la Triple Verdad y los Tres Mil Mundos en un Solo Pensamiento; el Sutra de Mahavairocana la reviste de lenguaje esotérico y nos enseña a experimentar corporal, verbal y mentalmente esa verdad. No necesitamos elegir entre doctrina y ritual, entre Sutra del Loto y mandala, entre contemplación y mantra. Cuando son correctamente comprendidos, constituyen diferentes profundidades de una misma Vía. La enseñanza perfecta explica qué es la Realidad; el esoterismo proporciona determinadas formas sacramentales para entrar conscientemente en resonancia con ella. El principio doctrinal y la praxis ritual se iluminan mutuamente. Por ello, dentro de una perspectiva como la de la Escuela del Loto Reformada, Yixing es uno de los grandes maestros hermenéuticos que nos ayudan a comprender la dimensión esotérica del Dharma. Allí donde el Sutra presenta la revelación condensada, el comentario despliega sus implicaciones; donde aparece un mantra, explica su contexto; donde surge una imagen ritual, muestra su fundamento doctrinal; donde se habla de Mahavairocana, impide reducirlo a una deidad limitada; donde se habla de la mente, nos conduce hacia su profundidad original; y donde se describe la práctica, recuerda constantemente que su finalidad es la Sabiduría y la Compasión.
Al comenzar, pues, la lectura de este monumento exegético, conviene hacerlo con la misma imagen con la que Yixing abre su comentario: el Sol. El sol mundano sale y se pone; Mahavairocana no. El sol físico ilumina un hemisferio mientras el otro permanece oscuro; la Sabiduría del Tathāgata no conoce direcciones. Las nubes pueden ocultar el disco solar a nuestros ojos, pero nunca destruyen su luminosidad. Así también la ignorancia, el karma y las pasiones pueden ocultarnos nuestra Verdadera Naturaleza, pero no pueden extinguir la posibilidad de la Budeidad. Cuando las nubes se disipan, no hemos creado el sol: descubrimos aquello que siempre estuvo brillando. El Comentario al Sutra de Mahavairocana es, en gran medida, una extensa explicación de esta revelación.
Veamos una traducción de los primeros pasajes del primer capítulo, seguido de un breve comentario.
Comentario al Sutra de Mahavairocana
Acharya Yixing
Capítulo Primero: La Mente que Permanece al Entrar por la Puerta del Mantra Verdadero
En cuanto a "Gran Vairocana, quien realiza la Budeidad mediante la transformación divina y el poder de bendición", el término sánscrito "Vairocana" es una denominación particular del sol y expresa el sentido de disipar las tinieblas y extender la iluminación por todas partes. Sin embargo, el sol mundano se encuentra limitado por direcciones y regiones: si ilumina lo exterior, no puede alcanzar lo interior; su claridad llega a un lado, pero no al otro; además, resplandece solamente durante el día y su luz no ilumina la noche. La luz solar de la Sabiduría del Tathagata, en cambio, no es así. Ilumina por completo todos los lugares con una Gran Luz, sin distinción alguna entre interior y exterior, dirección o ubicación, día o noche.
Además, cuando el sol recorre Jambudvipa, todas las hierbas, árboles, arboledas y bosques crecen cada uno conforme a su propia naturaleza y capacidad, y todas las ocupaciones y empresas del mundo alcanzan su realización gracias a él. De la misma manera, la luz solar del Tathagata ilumina universalmente el Reino del Dharma y es capaz de desplegar equitativamente las innumerables y variadas raíces de virtud de los seres vivientes; incluso las extraordinarias empresas, tanto mundanas como supramundanas, llegan todas a cumplirse gracias a ella.
Es también como cuando densas nubes oscuras cubren el cielo y el disco solar parece ocultarse: aunque desaparezca de la vista, en realidad no ha sido destruido. Cuando un viento impetuoso dispersa las nubes y vuelve a manifestarse la luz del sol, tampoco puede decirse que el sol haya comenzado entonces a existir. El sol de la Mente del Buda es igualmente así. Aunque quede cubierto y obstaculizado por las densas nubes de la ignorancia, las aflicciones y las elaboraciones conceptuales, nada disminuye en él; y cuando se alcanza finalmente el Samadhi de la Verdadera Característica de todos los dharmas, perfectamente luminoso y sin límites, tampoco nada aumenta en él.
Por estas y otras múltiples razones, el sol del mundo no puede constituir una analogía completa. Se toma solamente aquella pequeña parte en que existe cierta semejanza y, añadiéndole por ello la denominación de "Grande", se le llama Mahavairocana, "Gran Vairocana".
En cuanto a "realizar la Budeidad", si se expresara íntegramente en sánscrito debería decirse "realizar el samyaksambodhi", que significa Recta Iluminación y Recto Conocimiento. Esto significa que, mediante la Sabiduría que conoce las cosas tal como realmente son, se conocen los dharmas del pasado, del futuro y del presente; aquellos pertenecientes al número de los seres vivientes y aquellos que no pertenecen al número de los seres vivientes; aquello que es permanente y aquello que es impermanente, y todos los demás dharmas. Puesto que todos ellos son conocidos y comprendidos con perfecta claridad, esto recibe el nombre de "Iluminación". Y puesto que el Buda es precisamente Aquel que está Iluminado, por economía de palabras se dice simplemente "realizar la Budeidad".
En cuanto a "transformación divina y poder de bendición", las antiguas traducciones a veces lo expresaban como "sostenido por el poder divino", y otras como "protegido y tenido presente por el Buda». Sin embargo, esta autorrealización del samyaksambodhi trasciende todos los terrenos de la mente. En ella se despierta directamente al hecho de que todos los dharmas son originariamente no nacidos. Allí se agotan por completo las palabras y el lenguaje, y también cesan las actividades de la mente. Si uno estuviera separado del majestuoso poder espiritual del Tathagata, incluso los Bodhisattvas del Décimo Bhumi serían todavía incapaces de alcanzar ese ámbito; ¡cuánto más, entonces, quienes aún permanecen dentro del nacimiento y la muerte!
En aquel momento, el Honrado por el Mundo, movido por el Gran Voto de Compasión que había formulado en el pasado, pensó de este modo: "Si Yo permaneciera únicamente dentro de semejante ámbito, los seres vivientes no podrían recibir beneficio alguno de él". Por esta razón permanece en el Samadhi de la bendición del poder espiritual soberano y, universalmente para todos los seres vivientes, manifiesta diversos cuerpos que cada una de las distintas clases de seres se complace en contemplar; predica distintas enseñanzas del Dharma apropiadas a las diferentes naturalezas y deseos de cada uno; y, conforme a las diversas actividades de sus mentes, abre para ellos diferentes puertas de contemplación e iluminación.
Sin embargo, tales cuerpos de respuesta y transformación nacen del cuerpo, la palabra o la mente de Mahavairocana. En todos los tiempos y lugares resulta imposible hallar en ellos un límite donde comiencen o cesen. Es como un maestro de ilusiones que, por el poder de sus fórmulas mágicas, bendice ciertas hierbas medicinales y puede hacer aparecer toda clase de fenómenos nunca vistos anteriormente, deleitando las mentes de los seres mediante aquello que se presenta a los cinco sentidos. Cuando abandona aquella bendición, los fenómenos se desvanecen.
La ilusión adamantina del Tathagata es igualmente así: cuando las condiciones desaparecen, cesa; cuando surge la capacidad receptiva del ser, aparece. Y precisamente en esos mismos acontecimientos se encuentra la Verdad, sin principio ni final que puedan establecerse. Por ello recibe el nombre de "Sutra de la Bendición mediante el Poder Divino".
Si nos atenemos al original sánscrito, el título completo debería ser "Gran Sutra Extenso, Rey Indra". "Rey Indra" significa Shakra, señor de los devas. Esto quiere decir que este Sutra constituye el tesoro de los secretos esenciales de todos los Tathagatas y que, dentro del conjunto de las enseñanzas del Mahayana, su poder y majestad son particularmente supremos, del mismo modo que aquel de los Mil Ojos es soberano entre los devas. Sin embargo, por temor a que el título del Sutra resultara excesivamente extenso, no se ha conservado completo.
En cuanto a "Capítulo de la Mente que Permanece al Entrar por la Puerta del Mantra Verdadero", el texto sánscrito contiene en realidad dos títulos. El primero dice: "Capítulo de la Práctica del Mantra Verdadero"; el segundo: "Capítulo de la Mente que Permanece al Entrar por la Puerta del Mantra Verdadero". Considero humildemente que el significado de "entrar" y "permanecer" incluye ya también la noción de práctica y cultivo, y por ello, para eliminar palabras redundantes, se conserva solamente uno de ellos.
"Mantra Verdadero" en sánscrito se dice mantra. Esto significa palabra verdadera, palabra conforme a la realidad, sonido que no engaña ni difiere de la verdad. El Tratado Explicativo de Nagarjuna lo llama "designación secreta". Las antiguas traducciones lo vertían como "encantamiento" o "fórmula", pero esto no constituye una traducción correcta.
Este capítulo expone de manera general el gran significado de todo el Sutra. Lo que se enseña es que la propia mente de los seres vivientes es precisamente la Sabiduría de la Omnisciencia. Quien conoce esto tal como verdaderamente es recibe el nombre de poseedor de la Sabiduría Omnisciente. Por consiguiente, dentro de esta enseñanza, los Bodhisattvas toman la Palabra Verdadera como puerta: desde la propia mente generan la Bodhicitta; en la propia mente poseen las diez mil prácticas; contemplando la mente alcanzan la Perfecta y Correcta Iluminación; realizando la mente alcanzan el Gran Nirvana; de la mente hacen surgir los medios hábiles; y con la mente adornan y purifican las Tierras del Buda. Desde la causa hasta el fruto, todo consiste en hacer permanecer la mente precisamente en el no-permanecer. Por ello se denomina "Capítulo de la Mente que Permanece al Entrar por la Puerta del Mantra Verdadero".
Entrar por la Puerta del Mantra Verdadero comprende, resumidamente, tres aspectos. El primero es la Puerta del Misterio del Cuerpo; el segundo, la Puerta del Misterio de la Palabra; el tercero, la Puerta del Misterio de la Mente. Estos asuntos serán explicados extensamente más adelante.
Mediante estos Tres Medios Hábiles, el practicante purifica por sí mismo sus Tres Actividades —cuerpo, palabra y mente—, y de este modo recibe inmediatamente la bendición de los Tres Misterios del Tathagata. Puede llegar incluso a completar en esta misma vida las pāramitās de los bhūmis, sin tener que atravesar nuevamente incontables kalpas ni practicar una por una todas las disciplinas destinadas a contrarrestar las obstrucciones.
Por ello el Sutra del Gran Prajnaparamita dice: "Hay Bodhisattvas que, en el mismo instante en que generan por primera vez la mente de la Iluminación, ascienden inmediatamente al nivel de los Bodhisattvas y alcanzan el estado de no-retroceso. Y hay quienes, en el mismo instante en que generan por primera vez la mente de la Iluminación, alcanzan inmediatamente la Suprema Iluminación y hacen girar entonces la Rueda del Dharma".
Nagarjuna explica esto mediante la analogía de un viaje lejano. Quien viaja montado sobre una oveja tardará muchísimo tiempo en alcanzar su destino; quien viaja a caballo llegará con mayor rapidez. Pero quien posee poderes sobrenaturales alcanza el lugar al que desea dirigirse en el mismo instante en que surge en él la intención de ir allí. No debe objetarse diciendo: "¿Cómo podría llegar allí en el mismo instante en que surge la intención?". Tal es precisamente la naturaleza de los poderes sobrenaturales, y no corresponde suscitar dudas acerca de ello. Este es, precisamente, el profundo significado de este Sutra.
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Estos primeros pasajes del Comentario al Sutra de Mahavairocana contienen ya, de forma extraordinariamente condensada, casi toda la arquitectura doctrinal que Yixing desarrollará posteriormente. El punto de partida es la explicación del nombre Vairocana, entendido a partir de la imagen del sol. Sin embargo, Yixing no pretende identificar simplemente al Buda con un astro cósmico. La analogía solar sirve para mostrar una diferencia fundamental entre la iluminación mundana y la Sabiduría del Tathagata. El sol físico ilumina parcialmente: posee dirección, alcance, tiempo y límites. La Sabiduría del Buda, por el contrario, no conoce interior ni exterior, día ni noche, cercanía ni lejanía. Su luz es universal porque no es simplemente una radiación física, sino la presencia misma de la Sabiduría dentro del Reino del Dharma. Mahavairocana representa así la dimensión ilimitada de la Iluminación, aquella Realidad Búdica que no ocupa simplemente un lugar dentro del cosmos, sino que penetra y sostiene la totalidad de los dharmas.
La segunda analogía profundiza todavía más esta enseñanza. Así como el sol permite que cada planta crezca conforme a su propia naturaleza, la Sabiduría del Tathagata hace madurar en cada ser aquellas raíces de virtud que corresponden a sus capacidades, condiciones kármicas y disposiciones particulares. Aquí encontramos ya la doctrina de los medios hábiles. La Gracia del Buda no actúa uniformemente sobre todos los seres, como si pretendiera borrar sus diferencias, sino que los conduce según su propia capacidad de recepción. La misma luz hace florecer de manera distinta al loto, al árbol y a la hierba; del mismo modo, una misma Actividad Iluminada produce innumerables caminos de maduración espiritual. Esta multiplicidad de medios no contradice la unidad del Dharma, sino que constituye precisamente la expresión compasiva de esa unidad. Una sola Sabiduría se manifiesta mediante innumerables puertas porque innumerables son las condiciones de los seres.
La imagen de las nubes constituye uno de los momentos doctrinalmente más importantes del pasaje. Cuando el sol se encuentra cubierto, no deja de existir; cuando las nubes desaparecen, tampoco comienza entonces a existir. Yixing aplica esta imagen directamente a la Mente del Buda. La ignorancia, las aflicciones y las conceptualizaciones pueden ocultar su luminosidad, pero no destruirla. Del mismo modo, cuando la realización espiritual se manifiesta, no se crea una Naturaleza Búdica que anteriormente no existía. Lo que sucede es una revelación de aquello que nunca estuvo realmente ausente. La práctica no fabrica la Iluminación desde el exterior, sino que remueve los oscurecimientos que impiden reconocer la naturaleza originalmente luminosa de la mente. Por ello Yixing afirma que nada disminuye cuando la mente está cubierta y nada aumenta cuando alcanza el Samadhi de la Verdadera Característica de todos los dharmas. La Budeidad no surge como una adquisición añadida al ser; se manifiesta como la verdadera dimensión de aquello que siempre estuvo presente.
Precisamente por esto el nombre Mahavairocana, "Gran Vairocana", señala algo que trasciende radicalmente la analogía solar. El sol visible posee solamente una semejanza parcial con esta Realidad. La palabra "Grande" (Maha) indica que la luminosidad del Tathagata excede cualquier comparación mundana. Mahavairocana no debe entenderse, por tanto, como un gigantesco sol divino colocado en el centro del universo, sino como la Sabiduría universal del Dharmakaya, cuya Iluminación no depende de condiciones espaciales o temporales. En lenguaje Tendai, podríamos decir que esta luz penetra simultáneamente todos los Diez Reinos y todos los Tres Mil Mundos, sin abandonar ninguno de ellos y sin quedar limitada por ninguno.
La explicación de "realizar la Budeidad" introduce otro aspecto fundamental. Para Yixing, la Budeidad es Samyaksambodhi, la Perfecta y Correcta Iluminación, es decir, el conocimiento directo de los dharmas (fenómenos) tal como realmente son. Este conocimiento no se limita a acumular información acerca del universo; consiste en ver cada fenómeno dentro de su verdadera naturaleza, sin las distorsiones introducidas por la ignorancia. El Buda conoce pasado, presente y futuro; seres y objetos; lo condicionado y lo que trasciende lo condicionado; permanencia e impermanencia. Pero la esencia de esta omnisciencia no es cuantitativa, como si el Buda poseyera una enciclopedia infinita, sino cualitativa: conoce cada cosa tal como es, dentro de la red de causas, condiciones, vacuidad y manifestación que constituye su verdadera realidad. La Budeidad es así la perfecta coincidencia entre conocer y realidad.
A continuación aparece uno de los conceptos centrales de todo el Budismo Esotérico japonés: Adhisthana, traducido en chino como Kaji en japonés. Yixing señala primero que la autorrealización del Buda trasciende el lenguaje y el pensamiento. Cuando se despierta directamente a la naturaleza originariamente no nacida de todos los dharmas, las palabras se agotan y la actividad conceptual cesa. El ámbito de la Iluminación es, en sí mismo, inefable. Sin embargo, precisamente aquí surge la cuestión soteriológica decisiva: si la Verdad permaneciera solamente en ese silencio absoluto, ningún ser podría recibir beneficio de ella. La Compasión exige que la Iluminación se comunique. Por ello Mahavairocana, movido por su Gran Voto de Compasión, entra en el Samadhi del poder de bendición y se manifiesta conforme a las capacidades de los seres. Éste es el sentido profundo del Kaji: la trascendencia del Buda se vuelve presencia salvífica sin dejar de ser trascendente. El Buda adopta cuerpos, pronuncia enseñanzas, abre puertas contemplativas y ofrece medios hábiles porque su Sabiduría no permanece encerrada dentro de sí misma. La Iluminación se convierte espontáneamente en actividad compasiva. Kaji es la dimensión dinámica de la Gracia del Buda: la Budeidad eterna entra en relación con los seres y actúa dentro de sus vidas para despertar aquello que en ellos corresponde a la misma Realidad iluminada.
Esto explica también por qué Yixing insiste en que todos los cuerpos de respuesta y transformación proceden del Cuerpo, la Palabra y la Mente de Mahavairocana. Las innumerables manifestaciones búdicas no son realidades independientes que existan separadas unas de otras; son expresiones de la misma Fuente Iluminada. Aquí encontramos el fundamento de la doctrina esotérica de los Tres Misterios (Sanmitsu): Cuerpo, Palabra y Mente del Buda. Toda actividad salvífica surge de estas tres dimensiones de Mahavairocana y, posteriormente, el practicante aprenderá a hacer corresponder sus propias tres actividades con ellas mediante mudra, mantra y samadhi.
La analogía del ilusionista debe comprenderse cuidadosamente. Cuando Yixing compara las manifestaciones del Tathagata con fenómenos producidos mediante una fórmula mágica, no está diciendo que sean falsas en el sentido vulgar. La "ilusión" budista señala que tales formas aparecen dependiendo de causas y condiciones y carecen de una esencia separada e independiente. El Buda puede manifestarse de innumerables maneras conforme a las necesidades de los seres y, cuando esas condiciones desaparecen, también cesa aquella manifestación particular. Pero la Verdad que se manifiesta mediante ellas no nace ni muere. Por eso Yixing dice que "precisamente en esos mismos acontecimientos se encuentra la Verdad". La manifestación condicionada y la Realidad última no deben separarse. Lo provisional puede revelar lo absoluto. Esto es lo mismo que explica la doctrina Tendai de la Triple Verdad: Vacuidad (Unidad Fundamental), Existencia Provisional (Dualidad y Multiplicidad) y Camino Medio no son tres realidades separadas, sino tres perspectivas inseparables de un mismo dharma.
Cuando Yixing explica el título "Puerta del Mantra Verdadero" (Shingon), vuelve a conducir la atención desde el ritual exterior hacia la naturaleza de la realidad. Mantra significa para él palabra verdadera, palabra conforme a la realidad, sonido que no engaña. Esta explicación es crucial, porque impide reducir el mantra a una fórmula mágica convencional. El mantra es "verdadero" porque participa de la estructura iluminada del Dharma. En la visión esotérica, sonido, significado y realidad pueden encontrarse profundamente unidos. La Palabra del Buda no es simplemente una descripción externa de la Verdad; puede funcionar como una manifestación activa de la misma. Por eso Nagarjuna es citado diciendo que el mantra constituye una "designación secreta": su significado más profundo no se agota en la interpretación semántica ordinaria, sino que pertenece al plano de la experiencia contemplativa y de la correspondencia con el Buda.
El centro doctrinal de todo este fragmento aparece cuando Yixing afirma que "la propia mente de los seres vivientes es precisamente la Sabiduría de la Omnisciencia". Ésta es una declaración de enorme alcance. No significa que la mente ordinaria, en su confusión actual, sea ya funcionalmente omnisciente. Significa que, penetrada hasta su verdadera naturaleza, la mente no está separada de la Sabiduría del Buda. Por esta razón todo el camino se desarrolla "en la propia mente": de ella surge el Bodhicitta, en ella se realizan las prácticas, mediante ella se contempla, dentro de ella se alcanza la Iluminación, de ella nacen los medios hábiles y mediante ella se purifican las Tierras del Buda. El sendero no consiste en huir de la mente hacia una realidad exterior, sino en penetrar hasta su fundamento verdadero.
Esta enseñanza es una formulación esotérica del principio Tendai de Ichinen Sanzen, según el cual un solo instante de pensamiento contiene los Tres Mil Mundos. Si todos los reinos se encuentran presentes en la mente y si la mente misma posee inseparablemente la posibilidad de la Budeidad, entonces la práctica consiste en transformar la forma de habitar esa mente. Por eso Yixing utiliza la paradoja "hacer permanecer la mente precisamente en el no-permanecer". La mente iluminada no se fija en ninguna cosa, concepto, identidad o estado particular. Permanece precisamente porque no se aferra. Su estabilidad no consiste en inmovilidad sino en libertad respecto de todo apego.
Esta misma doctrina conduce directamente a los Tres Misterios. El ingreso por la Puerta del Mantra Verdadero comprende el Misterio del Cuerpo, el Misterio de la Palabra y el Misterio de la Mente. El término "misterio" no significa simplemente algo oculto o desconocido, sino una dimensión cuya profundidad no puede agotarse mediante la comprensión ordinaria. Nuestro cuerpo, nuestra palabra y nuestra mente parecen comunes mientras son vistos desde la ignorancia; contemplados desde la perspectiva esotérica, pueden entrar en resonancia con el Cuerpo, la Palabra y la Mente del Tathagata. El mudra transforma la acción corporal en gesto búdico; el mantra transforma la palabra en voz del Dharma; el Samadhi transforma la mente en contemplación iluminada. Por ello Yixing afirma que, mediante estos Tres Medios Hábiles, el practicante purifica sus Tres Actividades y recibe inmediatamente la bendición de los Tres Misterios del Tathagata. Aquí se encuentra una de las bases doctrinales de la posterior enseñanza japonesa de Sokushin Jōobutsu, la realización de la Budeidad en este mismo cuerpo y vida. La diferencia fundamental respecto de un camino concebido exclusivamente como desarrollo gradual a través de innumerables kalpas consiste en que el esoterismo parte de una correspondencia ontológica ya existente entre el practicante y el Buda. Si los Tres Misterios del practicante estuvieran absolutamente separados de los Tres Misterios de Mahavairocana, ningún ritual podría unirlos. La práctica es posible precisamente porque existe desde el principio una identidad profunda que puede ser actualizada.
La analogía final de Nagarjuna resume magistralmente el punto. Una persona puede recorrer una gran distancia sobre una oveja, otra sobre un caballo y otra mediante poderes sobrenaturales. El destino puede ser el mismo, pero el modo de llegar difiere radicalmente. La Puerta del Mantra Verdadero, el Budismo Esotérico, representa precisamente esa modalidad extraordinariamente directa, no porque elimine la ética, la disciplina, la meditación o la sabiduría, sino porque las reorganiza desde la perspectiva de la identidad profunda entre la mente del practicante y la Sabiduría del Buda. Lo que en otros caminos parece encontrarse al final del recorrido aparece aquí desde el principio como fundamento oculto del camino.
Así, estos primeros pasajes contienen ya el núcleo del pensamiento de Yixing: Mahavairocana es la Luz universal del Dharmadhatu; la Budeidad está presente aun cuando se encuentre cubierta por la ignorancia; la Iluminación se comunica a los seres mediante el poder compasivo de la Gracia del Buda; la propia mente posee inseparablemente la capacidad de la Sabiduría omnisciente; y, mediante la unión de los Tres Misterios del practicante con los Tres Misterios del Tathagata, aquello que estaba latente puede manifestarse directamente. Esta es una exposición esotérica de aquella misma verdad universal proclamada por el Vehículo Único: todos los seres están incluidos en la intención salvífica del Buda porque todos poseen, en la profundidad de su existencia, la capacidad de despertar a su propia participación en la Vida Iluminada del Buda Eterno.
El pasaje, por tanto, no comienza realmente hablando de rituales secretos. Comienza hablando de la naturaleza de la Realidad. Sólo después de establecer que la Luz de Mahavairocana penetra todos los lugares, que la mente nunca pierde su naturaleza iluminada y que la Compasión del Tathagata se manifiesta dentro de los seres, puede Yixing explicar el mantra, el mudra y el Samadhi. El ritual es posible porque el mundo ya pertenece al Buda; el mantra puede ser palabra verdadera porque el Dharma ya habla a través de la realidad; el cuerpo puede formar el mudra porque no está ontológicamente excluido del Cuerpo del Buda; y la mente puede contemplar a Mahavairocana porque, en su profundidad más verdadera, nunca ha estado separada de su Luz.



