Bienvenido a la Tierra Pura de la Luz Serena, un recurso sobre el Verdadero Budismo (一乘佛教), y sus posteriores ramificaciones, a la luz de las Enseñanzas Perfectas y Completas (圓教). Aquí presentamos el Budismo como religión, filosofía y estilo de vida, con énfasis en la Teología Budista (Budología), aspirando a presentar el Budismo balanceadamente entre la academia (estudios budistas) y la devoción, desde el punto de vista de una escuela tradicional de Budismo japonés (Shingi Hokke Shu - Escuela del Loto Reformada 新義法華宗) y las enseñanzas universales del Sutra del Loto (法華経).


sábado, 17 de febrero de 2024

El Budismo y la Guerra: El Sutra del Monarca Dhármico - Capítulo 6 - La Política del Estado I

 El Sutra del Monarca Dhármico (Arya Satyakaparivarta Sutra, o Sutra del Alcance del Bodhisattva), es un sermón del Buda contenido en el Canon Budista donde Buda expone la teoría iluminada de una guerra justa dhármica: cómo debe gobernar y comportarse un rey (y por extensión, los budistas) en momentos de guerra. El ideal del gobernante en el Budismo es el Chakravartin, el "Rey que Gira la Rueda" o el "Monarca Universal", el Rey del Mundo, alguien que rige su reino y su pueblo con los principios del Dharma, la contraparte mundana del Buda, el Rey del Cosmos. Si bien un Rey Budista debe de buscar siempre la paz y el bienestar de todos sus ciudadanos y todos los seres sintientes, no puede hacerse de la vista larga cuando hay inusticias y cuando reina el mal, pues el hacerlo solo invita el caos, y como representante del orden en el mundo, su rol es el de castigar el mal y premiar el bien a la vez que busca el bienestar de todos los seres. Así, como el Rey del Mundo, es un ejemplo y una luz para todos los que lo ven y lo emulan, esparciendo así la buenanueva del Dharma por toda la Tierra. 

En las próximas entradas, presentaremos un comentario sobre el Sutra del Monarca Dhármico, el cual fue predicado por el Buda en el periodo Mahayana, a la luz de las Enseñanzas Perfectas y Completas del Verdadero Dharma Eterno del Buda. A través del mismo, veremos cuál debe de ser la conducta de un verdadero budista, un Hijo del Buda (Bodhisattva), sobre todo, en momentos de tensión y de guerra. Este es un Sutra corto, pero lleno de importancia en nuestros tiempos, por lo que espero que le mismo sea de beneficio para todos los seres sintientes. Todo error es enteramente mío.

El capítulo 6 del Sutra del Monarca Dhármico es el corazón del Sutra. El mismo es un Tratado sobre Gobierno Budista, un Manual para Reyes y Gobernantes, donde el Buda, por medio de Satyavadin, le presenta al Rey y a todos los gobernantes - y por extensión, a todos los creyentes budistas - una guía iluminada sobre cómo se debe manejar el gobierno, sobre la ética, las finanzas, los asuntos públicos, y sobre cómo dirigirse en momentos de conflicto y de guerra. Como veremos, todas las enseñanzas expuestas en los capítulos anteriores como el Bodhicitta, los Paramitas o Virtudes Budistas, los Preceptos o Mandamientos Budistas y mucho más, forman la base del programa de gobierno y de asuntos públicos budistas, manteniendo al individuo y la sociedad en orden, paz y prosperidad. Pero el Budismo no solo se preocupa por asuntos mundanos, sino que ve los asuntos mundanos como parte de la Esfera de la Realidad - sagrado - como una manifestación del Reino del Nirvana, por lo que todo está imbuido de espiritualidad. Es por es que no podemos pensar que el Buda predicó estas enseñanzas solo para gobernantes, pues todos somos los gobernantes de nuestras propias vidas, y debemos de manejar la misma de forma iluminada. Esto nos ayuda a tomar dominio de la misma y usarla para nuestro progreso espiritual en el Camino al Despertar.

Al escuchar el discurso inicial de Satyavadin, el Rey se sintió muy complacido, por lo que aprovechó a preguntarle al sabio maestro sobre sobre có gobernanr su reino, y sobre todo, cómo evitar los problemas y las disputas. Después de todo, la mejor forma de tratar un conflicto o un problema es previniéndolo en todo momento. El Sutra primero entra en una discución filosófica sobre qué compone a una persona. 

El Rey le pregunta a Satyavadin: "¿Qué exáctamente define a una persona?" A lo que Satyavadin responde: "Una persona es un compuesto de Cinco Agregados. ¿Cuáles son estos? Estos son Forma, Sentimientos, Formaciones Mentales, Volición y Consciencia. Basado en esos Agregados, uno también designa el Reino de los Seres Sintientes y su Hábitat. El Reino de los Seres Sintientes se refiere a las cuatro formas de nacimiento de útero, huevo, por calor o exudación y generación espontánea. El Hábitat se refiere a los elementos de la tierra, el agua, el fuego, el aire y el espacio."

En el Budismo, un "Ser Sintiente" son todos los seres vivos dotados de sentimientos, emoción y conciencia. Esto incluye la mayor parte del reino animal incluidos los seres humanos. El Budismo clasifica en términos generales toda la existencia en seres sintientes e insensibles. Los "seres insensibles", si bien incluyen plantas, también incluyen seres no vivos como piedras y agua. La Tradición Budista posteriormente incluyó a las plantas como ser sintientes, pues las mismas, al igual que los seres sintientes, poseen Naturaleza Búdica y son, como todo, una manifestación de la Verdadera Naturaleza de la Realidad o Talidad (Tathata). En su respuesta, Satyavadin le expine al Rey la doctrina budista de los Tres Reinos de la Existencia: el Reino de los Agregados, el Reino de los Seres y el Reino del Ambiente.

Todo ser vivo es un compuesto de Cinco Agregados o "Skandhas", que como dice el Sutra, son Forma (todo lo que constituye el cuerpo y sus órganos sensoriales, a través de los cuales uno percibe el mundo exterior), Sentimientos, Pensamientos, Volición (la voluntad de iniciar una acción tras la creación de concepciones sobre lo que se ha percibido) y Consciencia (la función cognitiva del discernimiento que integra los componentes de percepción, concepción y volición; distingue un objeto de todos los demás, reconoce sus características y ejerce juicios de valor, como distinguir entre el bien y el mal). Se llaman "Agregados" porque todos son impermanentes y se juntan de acuerdo con Causas y Condiciones (Karma) en un espacio y tiempo para formar una manifestación consciente. El Cuerpo, los Sentimientos, Pensamientos y la Volición son impermanentes y están sujetos a constantes cambios. Esto es un hecho incuestionable, pues sabemos que el cuerpo crece, envejece y muere, y que nuestros Sentimientos y Pensamientos, así como nuestra Volición o motivaciones cambian a través de toda nuestra vida, muchas veces de momento a momento, incluso en el transcurso de un día. Esto nos muestra que ninguno de ellos puede ser llamado nuestro "Ser". Esto fue lo que el Buda nos quiso mostrar al principio de su ministerio público cuando predicó la doctrina hábil y provisional del Anatman o No-Ser, la cual enseñó inicialmente para permitirle a las personas desapegarse de sus conceptos erróneos y sus apegos a sus cuerpos, así como sus emociones, pensamientos y voluntades, y puedan ver qué realmente son: Consciencia (y Karma).

La Consciencia, el quinto agregado, es dividida por el Budismo en nueve. Las Nueve Consciencias son:  (1) conciencia visual, (2) conciencia auditiva, (3) conciencia olfativa, (4) conciencia gustativa, (5) conciencia del tacto, (6) conciencia de la mente (en el Budismo la mente es el órgano que asiste la sexta consciencia), (7) conciencia Mano, (8) conciencia Alaya (consciencia colectiva) y (9) conciencia Amala (Consciencia Universal). Como vemos, las primeras cinco conciencias corresponden a los cinco sentidos de la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. La sexta conciencia, la mente, integra las percepciones de los cinco sentidos en imágenes coherentes y emite juicios sobre el mundo exterior; es decir, la misma analiza, almacena y produce información. En contraste con las seis primeras conciencias, que se ocupan del mundo exterior, la séptima, o conciencia Mano, corresponde al mundo espiritual interior. La conciencia y el apego a uno mismo se originan en la conciencia Mano, al igual que la capacidad de distinguir entre el bien y el mal. En otras palabras, las primeras seis consciencias crean la séptima, pues la experiencia y la memoria le dan al ser un sentimiento de que existe un "Ser" o "yo" separado e individual, el ego. Todas estas consciencias perecen con la muerte del individuo o el ser. Lo que trasciende el individuo tras la muerte es la octava consciencia, que como veremos, está atada al Karma.

La octava conciencia, o Alaya, existe en lo que la psicología moderna llama inconsciente y subconsciente colectivo; todas las experiencias de vidas presentes y anteriores (llamadas colectivamente Karma, tanto individual como colectivo) se almacenan allí. La conciencia Alaya recibe los resultados de las buenas y malas acciones de uno y los almacena como potenciales kármicos o "semillas" (bijas), que luego se manifiestan en esta o en otras vidas. De ahí que en chino se tradujera como "conciencia de almacén". Originalmente, las Escrituras Budistas llegan hasta la octava consciencia, pero la Tradición Budista (sobre todo, la escuela Yogacara y la escuela Tientai-Tendai) postulan una novena conciencia, llamada conciencia Amala, que se encuentra debajo de la conciencia Alaya y permanece libre de toda impureza kármica. Esta novena conciencia se define como la base de todas las funciones de la vida. De ahí que en chino se tradujera como "Conciencia Pura Fundamental", por lo que la definimos como la Consciencia Universal - la Budeidad, que es una con el Dharmakaya y la Talidad (Tathata).

El Despertar en el Budismo es la trascendencia de las primeras ocho consciencias, difuminando nuestras barreras ficticias del ego y nuestra finitud, para accesar la novena consciencia, la Consciencia Universal y la Unidad Fundamental, el Infinito. Es aquí donde se encuentra nuestra Naturaleza Búdica - el Espíritu del Buda - nuestro Verdadero Ser, el cual es uno con todos los seres y la Existencia. Una vez accesamos la misma, nuestra vida se transforma, y cuando actuamos desde nuestra Verdadera Naturaleza, actuamos con sabiduría y compasión en el mundo.

Luego de esto, vemos que el Sutra provee la clasificación budista de las formas de llegar a existir. Estas son (1) nacimiento desde el útero, como en el caso de los mamíferos; (2) nacimiento a partir de huevos, como en el caso de las aves; (3) nacimiento de la humedad, la forma en que se pensaba que se generaban los gusanos y los insectos; y (4) nacimiento por transformación, es decir, nacimiento espontáneo sin útero, óvulos ni humedad, como en los casos de deidades y seres en los Infiernos quienes, después de que terminan sus vidas anteriores, aparecen repentinamente de esta manera debido a su Karma, sin la ayuda de sus padres ni de ningún otro agente. Las Cuatro Formas de Nacimiento aparece a menudo junto con los Seis Reinos del Samsara, que son los Infiernos, los Espíritus Hambrientos, los Animales (estos tres son conocidos como los Tres Reinos del Mal o Tres Malos Destinos pues conllevan mucho sufrimiento), los Asuras (que son una forma de semidioses), la Humanidad (donde nos encontramos, que debería caracterizarse por la armonía, pues no es tan malo como los Tres Malos Destinos, ni tan bueno como el sexto, el Reino de los Dioses o Devas, impidiendo nuestro desarrollo espiritual). Al morir, la consciencia de un ser sintiente permanece temporeramente en el reino donde muere hasta la disolución completa de sus primeras siete consciencias, tras lo cual la octava consciencia es movida hacia su próximo renacimiento, de acuerdo con su Karma. Esto es explicado en el Sutra de los Votos Pasados del Bodhisattva Kshitigarbha, entre otros.

Por encima de estos Seis Reinos o Mundos del Samsara, que se caracterizan por el Sufrimiento, la Impermanencia, la Impureza y el No-Ser, se encuentran los Cuatro Reinos Nobles o Iluminados (Nirvana), que junto con los Seis Reinos, forman los Diez Mundos. Estos son: (7) Shravakas, los que escuchan el Dharma; (8) Pratyekabuddhas, o los que ponen el Dharma en práctica. Estos dos componen el Camino Hinayana (Theravada), por lo que deben ser vistos como peldaños en el Camino al Despertar. (9) Bodhisattvas, quienes buscan mejorar y desarrollarse espiritualmente por el bien de todos los seres. Y (10) Budeidad, quienes vivien en el Nirvana mientras habitan el Samsara, manifestando su Budeidad Innata, llena de Felicidad, Eternidad, Pureza y Verdadero Ser.

El segundo componente de los Tres Reinos de la Existencia, el Reino de los Seres Vivos, nos dice que un ser sintiente - formado por una unión temporal de los cinco componentes - se manifiesta o experimenta cualquiera de los Seis Mundos. El Reino de los Seres Vivos se refiere a un individuo como un todo integrado, pero como ningún ser vivo existe en perfecto aislamiento, sino que todos estan fundamentalmente interconectados también se entiende como el cuerpo colectivo de individuos que interactúan entre sí.

El tercer y último componente es el Reino del Medio Ambiente, el lugar o mundo donde los seres vivos habitan y llevan a cabo actividades. El estado del mundo o reino es un reflejo del estado de vida de las personas que en él habitan. Un mundo manifiesta cualquiera de los Diez Mundos según cuál de los Diez Mundos domine en la vida de sus habitantes. La misma tierra también manifiesta mundos diferentes para diferentes individuos. Por lo tanto, el Buda, en el Sutra de Vimalakirti, nos dice: "No hay dos tierras, puras o impuras en sí mismas. La diferencia radica únicamente en el bien o el mal de nuestra mente". 

Satyavadin le dice al Rey que el Medio Ambiente está formado por los Cinco Elementos de Tierra, Agua, Fuego, Aire y Espacio. Estos son, en el Budismo Esotérico (junto con el sexto elemento de la Consciencia), los componentes básicos del Universo que emanan del Buda Eterno o Cósmico, el Dharmakaya. Además, los Tres Reinos en sí no deben verse por separado, sino como aspectos de un todo integrado, que manifiesta simultáneamente cualquiera de los Diez Mundos, pues todo forma parte de la Unidad Fundamental.

Regresando al Sutra, luego de definir qué es un ser sintiente, el Rey le pregunta a Satyavadin: "¿Quién es el protector de los seres?". A lo que Satyavadin responde algo bien interesante: "Su Majestad, los seres sintientes son protegidos por el poder de su Karma y por el gobernante".

Podemos entender perfectamente el segundo elemento, el del gobernante, pues como veremos en el resto del capítulo, el Rey o el gobernante tiene del deber indeleble de proteger a su pueblo. Pero, ¿qué tal el primero del Karma? ¿Cómo el Karma protege a los seres? Satyavadin le responde al Rey con una explicación cuyas ramificaciones se exienden más allá de sus palabras; debemos leer entre líneas. Satyavadin le dice al Rey que el Karma protege a los seres, pues si los seres crean buen Karma, pueden renacer en buenos mundos, con condiciones ideales, poco sufrimiento, paz, armonía y prosperidad, como dioses en los Cielos. ¿Cómo podemos generar buen Karma? A través de buenos pensamientos, buenas palabras y buenas acciones. Satyavadin explica:

"Algunos seres, durante sus vidas, generan buen Karma meritorio, el cua los mueve a una buena vida. Estos seres cuidaron y fueron considerados con sus padres, se dedicaron a actividades con propósitos positivos y que contribuyeron a la sociedad, respetaron a los maestros y ascetas, hicieron el bien, fueron buenos padres y cabezas de familia, evitaron las acciones no virtuosas, practicaron la Caridad, y vivieron una vida de moralidad, por lo que muchos no necesitaron de un rey o gobernante para protegerlos. Así es como el Karma se vuelve el protector de los seres".

En el Cosmos Budista, existe una infinidad de dimensiones, universos y mundos, cada uno con condiciones diferentes, dictadas por el Karma colectivo de los seres que los habitan. Dentro de los Seis Reinos del Samsara, existe una cantidad innumerable de mundos y condiciones dentro de cada uno de ellos, sin contar la variedad de condiciones en las vidas y mentes particulares de sus habitantes. Si bien solo tenemos la experiencia actual del nuestro, podemos dentro de la misma Tierra ver una increíble variedad de condiciones. Existen países llenos de paz, prosperidad y seguridad, donde los seres vivien en opulencia, mientras que hay otros llenos de caos, necesidad y problemas, donde los seres viven en hambre, tristeza y sufrimiento, mientras que hay muchos otros que son una combinación de ambos. Aun dentro de estas tres clases de países, existen áreas donde hay más seguridad y prosperidad, y otras donde hay más crimen y pobreza. E incluso dentro de todas esas áreas, hay seres que viven en nichos que reflejan ambas posibilidades, o una infinidad de las mismas. Esto es sin contar los estados mentales y sentimentales de cada individuo en las mismas, pues internamente, toda persona es su propio universo. Esto es lo que el Budismo quiere explicar con la doctrina de la Mutua Posesión de los Diez Mundos, donde cada individuo en un Mundo o Reino tiene la posibilidad de manifestar los otros nueve en cualquier instante. Esto es llamado la doctrina del Ichinen Sanzen o los Tres Mil Mundos en Un Instante de la escuela Tendai.

Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Es el ser humano bueno por naturaleza, o es malo? Las páginas de la historia están repletas de respuestas a esta pregunta fundamental. El Budismo, por su parte, nos dice que los seres son originalmente buenos; su Verdadera Naturaleza, como hemos visto, es la Budeidad; son uno con el Buda. Pero desde el principio del tiempo se manifiestan en los mundos con maldad, con mal Karma, resultado del deseo, el apego y su mala conducta pasada. Este mal Karma se manifiesta en el Reino de los Cinco Agregados como los génes, los cuales determinan un 70 porciento de nuestra predisposición conductual. El Reino de los Seres Vivos se manifiesta, de acuerdo con el Karma, en nuestra familia y seres más cercanos, los cuales nos crían y quienes tienen una gran influencia desde nuestra primera respiración hasta el final de nuestros días, teniendo casi un 10 porciento de influencia sobre nosotros. El Reino del Medio Ambiente, el cual se manifiesta en nuestra sociedad y país, así como en el planeta o mundo, determina casi otro 10 porciento de nuestra conducta. Estos Tres Reinos de la Existencia ayudan al Karma y sus semillas a manifestarse, proveyendo las Causas y Condiciones para su manifestación y maduración, el cual a su vez, al manifestarse, produce más Karma, a través de nuestros pensamientos, palabras y condiciones. En el caso de la vida en la Tierra, la Naturaleza nos dota naturalmente, por necesidad, de una predisposición egoísta, necesaria para la supervivencia. Esto es parte de la fábrica misma de la Existencia, sin la cual el Cosmos no hubiera podido desarrollarse en su infinita varidad de manifestaciones. Este es el ser finito y falso de los Seis Reinos del Samsara, el Samsarin, pero hemos venido al mundo para ser Bodhisattvas, Hijos del Buda, por lo que el Buda, como la encarnación del Alma del Cosmos o la Existencia, nuestra vida interior misma, apareció en nuestro mundo - como lo hace en todos los mundos - para revelarnos las Leyes Universales, el Dharma Eterno, y pudiéramos Despertar del Sueño de la Ignorancia a nuestro verdadero origen y propósito, como nos revela el Buda en el Sutra del Nirvana. Esta es la importancia de la Revelación del Buda. El Dharma es, entonces, un Mapa para nuestra vida. La práctica budista es lo que nos permite regresar a nuestra Verdadera Naturaleza. Es por eso que Satyavadin, por el Poder (Gracia) del Buda, instruye al Rey en materia de gobierno dhármico: para que pueda ser un agente del Dharma en la vida de las personas y en el mundo.

En las próximas líneas, Satyadavin entonces responde la pregunta del Rey de cómo es entonces el gobernante un protector de los seres.