Bienvenido a la Tierra Pura de la Luz Serena, un recurso sobre las distintas escuelas de Budismo tradicional japonés. Esta página ha sido creada para aclarar dudas sobre el Budismo como religión, filosofía y estilo de vida, con énfasis en la Teología Budista (Budología). La misma aspira a presentar el Budismo balanceadamente entre la academia (estudios budistas) y la devoción, desde el punto de vista de una escuela tradicional de Budismo japonés (Tendai-shu) y las enseñanzas universales del Sutra del Loto.

Friday, June 7, 2019

El Camino de la Práctica: La Búsqueda de la Verdad II Las Prácticas del Camino

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La Búsqueda de la Verdad
Las Prácticas del Camino

1. Hay tres cosas que debe aprender el que busca el camino: las leyes de conducta, la perfecta concentración del alma y sabiduría.

¿Cuáles son las leyes de conducta? Es conocer lo que uno debe guardar como hombre y como practicante del Camino, es decir: controlar el alma y el cuerpo, guardar las puertas de los cinco sentidos, temer hasta los pecados más leves, actuar bien, y esforzarse.

¿Qué es la concentración del alma (mente)? Es librarse de los deseos y de la maldad para luego conseguir, poco a poco, la tranquilidad y pureza de alma.

¿Qué es la sabiduría? Es la perfecta comprensión de las cuarto verdades; es saber qué es el sufrimiento, cuál es su origen, cuál es su fin, y cuál el camino que conduce a ello. Al que aprende estas tres ciencias se le llama discípulo del Buda.

Aunque un burro que no tiene ni forma, ni voz, ni cuernos de vaca, diga que la es y siga a la manada, nadie cree que sea una vaca. De la misma forma, es una necedad que el que no sigue las tres ciencias: la ley de conducta, la concentración del alma y la sabiduría, diga que busca el camino, o que es discípulo del Buda.

Así como el agricultor para recoger la cosecha en otoño, tiene que remover la tierra, sembrar las semillas en primavera, luego regarlas y entresacar la malahierba, el que busca la iluminación debe seguir las tres ciencias.

Así como es imposible desear que pasado mañana se pueda recoger la cosecha del arroz sembrado hoy y crecido mañana, es también imposible pretender librarse hoy de las pasiones terrenales, mañana de los apegos y pasado mañana alcanzar la Iluminación.

Después que se siembra la semilla con paciente cuidado, los sudores del agricultor y los cambios de las estaciones hacen brotar de la tierra la planta, y al final madura el fruto. De la misma forma a medida que se practican las tres ciencias de la ley de conducta, la concentración del alma y la sabiduría, van desapareciendo las pasiones terrenales y el hombre se libra de los apegos llegando por fin a alcanzar la Iluminación.

2. Es difícil pretender entrar en el camino de la Iluminación sintiendo atracción por las pasiones de este mundo, y disturbando el alma con los deseos del cuerpo. Hay diferencia esencial entre el goce del Dharma y el goce del mundo.

Como ya se ha explicado, el alma (mente) es el origen de todo. Si el alma goza de los placeres del mundo nacen los sufrimientos y la inquietud, pero si el alma prefiere el Camino, nace de allí la alegría y la Iluminación.

El que busca la Iluminación debe seguir las Enseñanzas y cumplir con ellas, con el alma pura. El que observa la ley consigue la concentración del alma, y con la concentración del alma se aclara la sabiduría, y ésta conduce al hombre a la Iluminación.

Estas tres ciencias son el camino hacia la Iluminación y por no seguirlo los hombres han venido acumulando la inquietud del alma por tanto tiempo. Es necesario mantener la paz con los hombres, purificar el alma con la concentración silenciosa, y alcanzar la Iluminación de forma natural.

3. El estudio de las tres ciencias nos revela también los ocho nobles caminos, los cuarto puntos dignos de consideración, las cuarto conductas correctas, las ocho facultades del poder y los seis pasos del esfuerzo correcto.

Los ocho caminos nobles son: correcta visión de las cosas, correcta aspiración, palabras correctas, conducta correcta, vida correcta, esfuerzo correcto, pensamientos correctos y concentración correcta.

La correcta visión de las cosas es comprender claramente las cuarto verdades, de creer en la ley de la causa, condiciones y efecto, y no tener una visión errónea.

La aspiración correcta significa no codiciar, ni ser avaro, no tener ira ni deseos de dañar.

Las palabras correctas significan: no mentir, no hablar en vano, no hablar mal y no engañar.

La conducta correcta significa: no matar, no robar y no adulterar.

La vida correcta significa no hacer cosas que sean vergonzosas como ser humano.

El esfuerzo correcto significa esforzarse continuamente hacia un fin correcto.

El pensamiento correcto significa tener la conciencia clara y limpia y reflejarla en el alma.

La correcta concentración es no tener un fin erróneo concentrar correctamente el alma y estar en perfecto silencio para alcanzar la Sabiduría.

4. Los cuarto puntos dignos de consideración son los siguientes:

Considerar que el cuerpo es impuro y no sentir apego por él.

Considerar que todos los sentimientos son las causas de los sufrimientos.

Considerar que el alma nunca se detiene y es siempre mutable eternamente.

Considerar que todo existe como efecto de unas causas y unas condiciones, por ello todo cambia eternamente.

5. Las cuarto conductas correctas son:
Evitar el mal antes de que nazca.
Eliminar el mal que ya tenga vida.
Ayudar a surgir el bien que esté por nacer.
Ayudar a crecer el bien que ya tenga vida.

6. Las cinco facultades del poder son:
Creer.
Hacer esfuerzos.
Enderezar el pensamiento.
Concentrar el alma.
Tener una sabiduría clara.
Estas cinco fuerzas son necesarias para alcanzar la Iluminación.

7. Los seis pasos (Paramitas) para el esfuerzo correcto son: el paso de la caridad, de la conducta correcta, de la perseverancia, del esfuerzo, de la concentración del alma y de la Sabiduría. Con la práctica de estos seis pasos uno puede cruzar de esta orilla de la inquietud a la Otra Orilla de la Iluminación.

La práctica de la caridad elimina el apego; el ascetismo corrige la conducta; la perseverancia controla el alma fácil de irritarse; el esfuerzo elimina la pereza del alma; la concentración tranquiliza el alma confusa; y la Sabiduría aclara la oscuridad y la necedad del alma.

La caridad y el ascetismo, son como los cimientos de un castillo. Son las bases de la práctica. La perseverancia y el esfuerzo son los muros que protejen de los enemigos externos. La concentración y la sabiduría son las armas que nos guardan de la vida y de la muerte. Es como enfrentarse al enemigo perfectamente protegido con casco y armadura.

Dar limosna al que la pide es una obra de caridad, pero no es la mejor. Dar limosna por iniciativa propia es la verdadera obra de caridad. Tampoco dar limosna de vez en cuando, es la mejor obra de caridad; dar siempre es la verdadera.

El que da limosna y luego se arrepiente, o el que se siente orgulloso, no obra con la mejor caridad. La verdadera obra de caridad es la de aquel que se alegra de haber dado una limosna, se olvida del “yo” que da la limosna, de la persona a quién dio y de qué cosa dio.

La correcta obra de caridad es no tener idea de lo “mío” y lo “suyo”. No mirar lo que se da, ni desear recompensa. Desear con el alma caritativa y pura que todos entren en la Iluminación, y dar no sólo la fortuna sino hasta la vida misma.

Hay siete clases de ofrendas que pueden ser practicadas aun por quienes no poseen riquezas. La primera es la ofrenda física, que es ofrendar sirviéndose de su cuerpo, de la cual lo máximo es ofrecerse a, sí mismo, como veremos en el siguiente párrafo. La segunda es la ofrenda espiritual que es ofrendar el corazón a otros seres. La tercera es la ofrenda de los ojos, que es ofrendar una mirada calurosa a otros seres para infundir tranquilidad. La cuarta es la ofrenda de la expresión facial que es ofrendar una sonrisa suave a otros seres. La quinta es la ofrenda oral que es dirigirse a todos con palabras dulces. La sexta es la ofrenda del asiento que es ofrendar su propio asiento a otros seres. La séptima es la ofrenda de hospitalidad que es ofrecer hospedaje en su propia casa al que busca albergue. Estas siete ofrendas pueden ser practicadas por cualquiera en la vida diaria.

8. Había una vez un príncipe llamado Satta. Un día fue con sus dos hermanos mayores al bosque a jugar. Allí vió a una tigresa que, desesperada por el hambre, estaba por comer a sus siete cachorritos.

Los dos príncipes mayores escaparon llenos de miedo. Sólo el príncipe Sutta, queriendo salvar a los siete cachorrros trepó una pared de roca y se tiró a los pies de la tigresa para saciarle el hambre con su propio cuerpo.

El alma del príncipe Sutta sólo aspiraba a encontrar el Camino. “Este cuerpo mío es frágil y mutable. Hasta ahora no he sabido hacer una obra de caridad. No he sabido más que amarme a mí mismo. Ahora debo ofrecerme para alcanzar la Iluminación.” Con esta decisión se entregó a la tigresa.

9. Hay aquí cuarto cosas que tiene que practicar el alma del que busca el Camino: la misericordia, el amor, la alegría y la ecuanimidad. Con la misericordia se elimina la codicia; con el amor se elimina la ira; con la alegría, el sufrimiento; y con la ecuanimidad se olvida la diferencia entre la amistad y la enemistad.

Es una gran obra de misericordia eliminar lo que a los seres no produce felicidad ni goce. Es una gran alegría tratar a todos con alegría. Es una gran obra de amor dar a los seres  la felicidad y el goce. Es una gran ecuanimidad ser imparcial con todos y con todo.

De esta forma hay que ayudar a desarrollar estas cuarto almas de la misericordia, del amor, de la alegría y de la ecuanimidad, y eliminar del alma la codicia, la ira, el sufrimiento y la diferenciación entre el amor y el odio. Lo malo del alma es tan difícil de eliminar como un perro que cuida la casa, y lo bueno es tán fácil de perder como un ciervo que cruza corriendo el bosque. Lo malo del alma es tan difícil de eliminar como las letras escritas en la piedra, lo bueno es tan fácil de borrar como las letras escritas en el agua. Por eso la práctica del Camino es algo verdaderamente difícil.

10. Había un joven llamado Srona que era de familia acaudalada pero enfermizo de nacimiento. Se encontró con el Buda y se hizo su discípulo. Practicaba con gran ahinco el Camino que hasta le sangraron los pies, pero no lograba alcanzar la Iluminación.

El Buda se compadeció y le dijo: “Srona, tú has aprendido a tocar el arpa cuando estabas en tu casa y has comprobado que para sacar un buen sonido es preciso no tensar ni aflojar demasiado la cuerda. La cuerda suena bien sólo cuando no está ni demasiado tensa ni demasiado floja.”

“Para alcanzar la Iluminación ocurre lo mismo. Si no eres diligente no conseguirás el Camino, pero tampoco lo conseguirás si te esfuerzas con demasiada tensión. Por eso tienes que conservar la moderación en los esfuerzos que haces.”

Con esta indicación del Buda, por fin Srona alcanzó la Iluminación.

11. Hace muchísimo tiempo había un príncipe llamado el príncipe de las Cinco Armas. Recibió este nombre porque había sido instruído por un maestro, y era diestro en manejar las armas. Un día, en un lugar solitario a su regreso a casa, después de haber estado donde su maestro, le salió al pasó un monstruo.

El monstruo se acercó con mucha calma al príncipe, diciéndole: “Lo siento por ti, pero te voy a comer.” El príncipe lanzó primero una flecha, pero no le pudo herir porque la flecha se pegó en sus pelos como con cola. No le sirvieron ni la espada, ni la lanza, ni la porra, ni la jabalina, pues todas se pegaron en los pelos del monstruo.

Ya sin armas, el príncipe levantó el puño para pegarle y su pierna para patearle, pero hasta el cuerpo del príncipe se pegó en los pelos del monstruo. Trató de dar un cabezaso, pero hasta la cabeza se pegó.

“Ya estás en mis manos, ahora te comeré.” le dijo el monstruo. Pero el príncipe le contestó riendo: “Tú piensas que se han acabado mis armas, pero todavía me queda una de acero. Si tú me tragas, con esta arma te abriré la barriga desde dentro.” Y no le mostró ningún temor.

El monstruo admirado de esta valentía, soltó enseguida al príncipe. Recibió de él las buenas Enseñanzas y dejó de hacer fechorías.

12. El que no se avergüenza ante sí mismo ni ante la gente destruye el mundo. El que se avergüenza ante sí mismo y ante la gente protege el mundo. Se respeta a los padres, a los maestros y a los mayores, y se mantiene el orden entre los hermanos porque existe la vergüenza. Es de mucho valor avergonzarse de sí mismo contemplándose a sí mismo, y el avergonzarse de sí mismo contemplando a los otros.

Si alguien se arrepiente, el pecado deja de ser pecado, pero si no nace el arrepentimiento, el pecado será pecado para la eternidad y no dejará de acusarle.

Hay que escuchar el Dharma, pensar varias veces en su sentido y practicarlo, y así, por fin, esta Enseñanza será parte de uno mismo. Con sólo escuchar la Enseñanza, si no se piensa ni se practica, no se puede decir que se la haya aprendido.

La fe, la humildad, la vergüenza, el esfuerzo y la Sabiduría son las grandes fuerzas de este mundo. Entre ellas la Sabiduría es la principal y las demás le acompañan. Para el que practica el Camino, el armar pleitos, el hablar en vano y el dormir de más, pueden causar la caída.

13. Aunque se practique el Camino de la misma forma, hay quienes encuentran la Iluminación primero, hay otros que la alcanzan después. Por eso, no hay que entristecerse al ver que otros alcanzan el Camino antes que uno. Como el que aprende arquería, aunque en un principio no de en el blanco, con la práctica llega a darle. Como todas las corrientes van a dar a la mar, del mismo modo quien no cesa en la búsqueda del Camino, algún día alcanzará la Iluminación.

Como se ha explicado antes, si se abren los ojos, las Enseñanzas están en todas partes. De la misma manera las oportunidades para la Iluminación se encuentran en todas partes.

Una persona alcanzó la Iluminación cuando quemaba el incienso y comprendió que el perfume existe y no existe a la vez, y que no viene ni va.

Una persona alcanzó la Iluminación cuando comprendió que una misma alma puede convertirse en un nido de pasiones terrenales como también en sede de la Iluminación. Cuando uno se clava una espina en la pierna se da cuenta que el alma que siente el dolor es la misma que no la sentía antes. Es decir, el alma es una sola pero cambian las circunstancias.

Una persona avara alcanzó la Iluminación cuando pensó en sus deseos y se dió cuenta de que la leña de los deseos puede convertirse, un día, en la hoguera de la Sabiduría.

Una persona alcanzó la Iluminación cuando comprendió que las diferencias de este mundo son ocasionadas por las diferencias de visiones del alma. Lo comprendió cuando le dijeron: “Equilibra tu alma. Si se equilibra tu alma, toda la tierra se convertirá en un llano.” Como puede verse, las ocasiones para alcanzar la Iluminación son ilimitadas.

* Este extracto ha sido traducido y editado de "La Enseñanza del Buda", un libro publicado por la Bukkyo Dendo Kyokai, la Sociedad para la Propagación del Dharma del Buda en Japón. El mismo consiste de extractos de los Sutras Mahayana y Hinayana, ordenados por temática, para exponer de manera devocional y reverente la enseñanza del Buda.