Bienvenido a la Tierra Pura de la Luz Serena, un recurso sobre el Verdadero Budismo (一乘佛教), y sus posteriores ramificaciones, a la luz de las Enseñanzas Perfectas y Completas (圓教). Aquí presentamos el Budismo como religión, filosofía y estilo de vida, con énfasis en la Budología (Teología Budista), aspirando a presentar el Budismo balanceadamente entre la academia (estudios budistas) y la devoción, desde el punto de vista de una escuela tradicional de Budismo Japonés (Tendai-Escuela del Loto Reformada) y las enseñanzas universales del Sutra del Loto (法華経).


domingo, 31 de mayo de 2026

Manteniendo Encendida la Lámpara del Dharma: Preparándonos para Nuestro Segundo Año como la Escuela del Loto Reformada

 


En esta semana, nos acercamos a una fecha profundamente significativa en la historia de nuestra comunidad. Pronto conmemoraremos el segundo aniversario de la Escuela del Loto Reformada como institución independiente, y al contemplar el camino recorrido, nuestros corazones se llenan de gratitud, asombro y reverencia.

Dos años pueden parecer poco tiempo cuando se los mide con el calendario humano. Sin embargo, cuando son contemplados desde la perspectiva del Dharma, pueden contener el trabajo y el mérito de generaciones enteras. Lo que hoy celebramos realmente no comenzó hace dos años. La historia de nuestra Escuela no surge de la nada ni nace de una ruptura caprichosa. Por el contrario, hunde sus raíces en largos años de formación, práctica, estudio y servicio dentro de la tradición budista japonesa, especialmente en el seno de la Escuela Tendai, coo el Templo Eirenji (Sangha Tendai de Puerto Rico) de donde recibimos innumerables tesoros doctrinales, espirituales y litúrgicos.

Antes de nuestra independencia ya se había iniciado una labor de décadas. Muchos de los cimientos que hoy sostienen nuestro edificio espiritual fueron colocados por nuestros maestros japoneses, por las generaciones anteriores de practicantes y por aquellos que preservaron la Tradición del Loto durante siglos. Nosotros no hemos pretendido inventar un nuevo Budismo. Nuestra misión ha sido restaurar, preservar, traducir, organizar y transmitir el inmenso patrimonio del Budismo del Loto para el mundo hispanohablante.

Al mirar atrás, vemos que estos dos años han sido extraordinariamente fecundos. Allí donde antes existían apenas unos pocos materiales dispersos, hoy encontramos una auténtica biblioteca. Allí donde había preguntas sin respuesta, hoy existen formulaciones doctrinales claras. Allí donde había prácticas fragmentadas o incompletas, hoy existe un sistema integrado de vida budista capaz de acompañar al devoto desde sus primeros pasos hasta las más profundas realizaciones espirituales.

Uno de los mayores logros alcanzados durante este período ha sido la construcción progresiva de la Biblioteca del Loto. Durante generaciones, los escritos de los Grandes Maestros de la tradición permanecieron inaccesibles para la inmensa mayoría del mundo hispanohablante. Obras fundamentales de los patriarcas Tiantai y Tendai descansaban silenciosamente en bibliotecas especializadas, en colecciones académicas o en antiguos manuscritos que pocos podían leer. Con paciencia y perseverancia hemos trabajado para revertir esa situación. Hoy podemos afirmar, con humilde gratitud, que gran parte de los escritos más importantes de los Grandes Maestros Chih-i, Saicho, Ennin, Annen y Genshin, y muchos otros, han sido traducidos, estudiados, comentados y puestos al alcance de los practicantes de habla española. El inmenso sistema doctrinal de Chih-i, con sus explicaciones sobre las Tres Verdades, Ichinen Sanzen, las Cuatro Clases de Samadhi, las Seis Identidades y la clasificación de las enseñanzas del Buda, ha comenzado a estar disponible de manera sistemática para nuestros estudiantes. Las obras de Saicho, fundador del Budismo Tendai japonés, han sido recuperadas una tras otra, permitiendo que su voz vuelva a resonar en nuestro tiempo. Los textos de Ennin han abierto nuevamente las puertas del Esoterismo Tendai. Los tratados de Annen han permitido comprender la extraordinaria síntesis entre exoterismo y esoterismo que caracteriza a la tradición japonesa. Las obras de Genshin han devuelto a los practicantes la riqueza espiritual de la contemplación de la Tierra Pura y la profundidad de la fe en el Buda Amida.

Lo que durante siglos permaneció reservado a especialistas, hoy comienza a convertirse en patrimonio espiritual de todo el pueblo budista hispano.Y esta labor continúa. Todavía quedan textos por traducir, comentarios por estudiar y tesoros por redescubrir. Sin embargo, el avance realizado en estos dos años supera ampliamente lo que muchos habrían considerado posible.

Cuando contemplamos esta obra, comprendemos que ningún esfuerzo humano por sí solo podría haber producido semejante fruto. Detrás de cada traducción, detrás de cada comentario, detrás de cada página publicada, sentimos la presencia invisible de los Budas, de los Bodhisattvas y de los Grandes Maestros que, generación tras generación, han protegido la lámpara del Dharma para que jamás se extinguiera. Por ello, al acercarnos a nuestro segundo aniversario, no celebramos simplemente una organización ni una institución humana. Celebramos la continuidad de una corriente espiritual que viene fluyendo desde el Buda Eterno, pasa por los Grandes Maestros de India, China y Japón, y llega hoy hasta nosotros para ser transmitida a las generaciones futuras. Con gratitud inclinamos nuestras cabezas ante todos aquellos que hicieron posible este milagro silencioso.

Durante siglos, gran parte del Budismo occidental se desarrolló a partir de fragmentos. Muchos practicantes recibían ciertas prácticas sin comprender plenamente su fundamento doctrinal; otros estudiaban filosofía budista sin poseer una vida litúrgica sólida; algunos se acercaban a la meditación ignorando el vasto contexto cosmológico y salvífico que le da sentido dentro de la tradición. Con frecuencia, las diversas escuelas budistas eran presentadas como sistemas aislados, desconectados entre sí, o incluso como doctrinas contradictorias.

Uno de los objetivos centrales de nuestra labor ha sido precisamente restaurar la visión integral que caracterizó a los grandes maestros de la Tradición del Loto. Del mismo modo que el Gran Maestro Chih-i dedicó su vida a ordenar las enseñanzas del Buda dentro del marco de los Cinco Períodos y las Ocho Enseñanzas, nosotros hemos procurado organizar y presentar de manera sistemática la herencia doctrinal recibida para que pueda ser comprendida y practicada por el hombre y la mujer contemporáneos. Por ello, durante estos dos años se ha realizado un trabajo inmenso de definición teológica, budológica y doctrinal. Se han formulado con claridad nuestros Dogmas fundamentales, aquellos principios universales que constituyen el corazón mismo de la fe budista según la comprensión de la Escuela del Loto Reformada. Entre ellos destacan la realidad del Buda Eterno como fuente de todos los Budas y fundamento de todo el Cosmos; la unidad última del Dharma manifestada en el Vehículo Único; la universalidad de la Naturaleza Búdica; la presencia activa de la compasión iluminada en el mundo; la misión salvífica de los Bodhisattvas; la transformación del karma mediante la fe, el estudio y la práctica; y la posibilidad real de establecer una Tierra Pura en este mismo mundo.

Junto a estos Dogmas fundamentales, se han desarrollado y sistematizado nuestras Doctrinas particulares, heredadas de la gran corriente Tiantai-Tendai y adaptadas cuidadosamente para servir a las necesidades espirituales del mundo hispanohablante. Se ha profundizado en la comprensión de Ichinen Sanzen, las Tres Verdades, la mutua posesión de los Diez Mundos, la Budeidad Innata, la integración de las enseñanzas exotéricas y esotéricas, la función de los medios hábiles, la actividad permanente del Buda Eterno y la misión histórica del Bodhisattva en la Era Final del Dharma.

Asimismo, hemos definido principios pastorales y misioneros que orientan nuestra acción en el mundo moderno. Hemos afirmado que el Dharma no debe permanecer encerrado en monasterios ni reservado a especialistas, sino que debe ser proclamado con claridad, belleza y profundidad para beneficio de todos los seres. Hemos reafirmado que la Sangha es el Cuerpo Viviente del Buda en el mundo y que cada practicante participa de una misión universal destinada a aliviar el sufrimiento y conducir a los seres hacia la Iluminación.

Paralelamente, se ha desarrollado otra obra monumental: la construcción de una de las más extensas colecciones de Sutras comentados disponibles en lengua española. Durante décadas, innumerables practicantes budistas tuvieron acceso únicamente a pequeñas selecciones del Canon Budista. Muchos textos fundamentales permanecían sin traducir o eran accesibles solamente mediante versiones parciales, académicas o difíciles de comprender para el lector común. Hoy podemos contemplar con gratitud cómo una enorme parte de ese tesoro ha comenzado a abrirse ante nuestros ojos. Los grandes Sutras del Canon han sido traducidos, estudiados y comentados de forma sistemática. El Sutra del Loto, el Sutra del Nirvana, el Sutra Avatamsaka, los Sutras de la Tierra Pura, el Sutra de Vimalakirti, el Sutra del Corazón, el Sutra del Diamante, los textos de Prajnaparamita, numerosos Sutras esotéricos, textos devocionales y tratados doctrinales han sido presentados a nuestra comunidad acompañados de explicaciones, análisis y aplicaciones prácticas.

Más aún, se ha comenzado a recuperar una dimensión muchas veces olvidada en el Budismo moderno: la lectura devocional de las Escrituras. Los Sutras han dejado de ser únicamente objetos de estudio académico para volver a convertirse en Palabras Vivas del Buda. Han vuelto a ser escuchados como enseñanza sagrada, como guía espiritual y como alimento para la fe.

La amplitud de esta obra resulta difícil de medir. En apenas dos años de existencia institucional independiente se ha reunido un cuerpo de materiales que en muchos lugares habría requerido décadas enteras de trabajo colectivo. Y sin embargo, lejos de considerar esta labor como concluida, apenas la contemplamos como el inicio de una tarea mucho mayor. Todavía quedan innumerables textos por traducir. Quedan comentarios por escribir. Quedan tesoros ocultos en bibliotecas japonesas, chinas y coreanas esperando ser redescubiertos. Quedan generaciones enteras de practicantes que aún no han tenido acceso a estas enseñanzas. Precisamente por ello, contemplamos este aniversario no como una meta alcanzada, sino como una señal de que los Budas continúan abriendo el camino ante nosotros. Cada logro alcanzado nos recuerda cuán vasto es todavía el océano del Dharma y cuán inmenso es el privilegio de poder dedicar nuestras vidas a explorarlo y compartirlo con todos los seres.

Esto nos lleva a aquello que constituye el corazón vivo del Dharma: la práctica. Porque las doctrinas iluminan la mente, los Sutras alimentan la sabiduría y los tratados orientan la comprensión, pero es mediante la práctica constante como las enseñanzas del Buda se transforman en experiencia viva y en realización espiritual.

Uno de los mayores logros alcanzados durante estos años ha sido precisamente la consolidación de un sistema de práctica completo, coherente y armónico, capaz de integrar las múltiples dimensiones de la tradición budista japonesa dentro de una sola vida espiritual. Durante mucho tiempo, numerosos practicantes occidentales se vieron obligados a escoger entre distintos caminos presentados como excluyentes: algunos recibían únicamente meditación; otros solamente devociones; otros únicamente estudios doctrinales; otros prácticas esotéricas aisladas de su contexto original. Con frecuencia, los diversos aspectos del Dharma aparecían fragmentados, como piezas dispersas de un inmenso Mandala cuya imagen total había sido olvidada.

Siguiendo la visión de los Grandes Maestros de la Tradición del Loto, nuestra Escuela ha procurado restaurar la unidad de todas estas dimensiones. Hemos reafirmado que la fe, el estudio y la práctica constituyen un solo sendero inseparable. Hemos enseñado que la sabiduría debe conducir a la contemplación, que la contemplación debe conducir a la compasión y que la compasión debe manifestarse en la transformación del mundo. Así, durante estos dos años, se han sistematizado y estandarizado nuestras principales disciplinas espirituales, permitiendo que cada practicante pueda recorrer un camino claro, profundo y orgánico. Todo directa, correcta y completamente transmitido de acuerdo con la Ley Budista.

La práctica central de la Liturgia, que es la práctica más completa y toda una meditación en movimiento, como el Hokke Sempo y el Reiji Saho, entre otras, ha sido traducida completamente del japonés al español, y junto a ellas, se han adaptado liturgias originales para nuestro contexto hispano, permitiendo una Calendario Litúrgico rico y completo. A esto se le une el Shomyo o el Cántico Litúrgico, el cual acompaña la Liturgia en ocasiones especiales.

La práctica del Zen-Shikan, heredera de la gran tradición contemplativa de Chih-i, ha sido presentada nuevamente como uno de los pilares fundamentales de la vida espiritual. Las enseñanzas sobre la Calma (Samatha) y la Contemplación (Vipassana), sobre la observación de la mente y la contemplación de la Verdadera Naturaleza de la Realidad tal como es, han sido organizadas y adaptadas para que puedan ser practicadas de forma gradual por los devotos contemporáneos. Del mismo modo, la tradición del Nembutsu ha sido integrada dentro de una visión plenamente ekayánica, permitiendo que la invocación del Buda Amida sea comprendida como participación en la compasión universal del Buda Eterno y como una puerta legítima hacia el Renacimiento de la Tierra Pura.

Las prácticas de visualización también han sido restauradas y sistematizadas. La contemplación de la Tierra Pura, las meditaciones inspiradas en los Sutras del Buda Amida, las visualizaciones de los Budas y Bodhisattvas, así como las contemplaciones derivadas de los grandes textos Mahayana, han vuelto a ocupar el lugar que les corresponde dentro de una vida espiritual integral. Del mismo modo, las prácticas esotéricas heredadas de la tradición Taimitsu han sido cuidadosamente preservadas y transmitidas. El Ajikan, la contemplación de la sílaba sagrada A, ha sido presentado no solamente como una técnica meditativa, sino como una profunda puerta de acceso a la realidad última, donde el practicante descubre la identidad fundamental entre su propia mente y la sabiduría iluminada de Mahavairocana. 

Igualmente, el Komyo Shingon o Mantra de la Luz ha sido recuperado como una práctica de gracia, purificación y comunión espiritual, permitiendo a los devotos participar activamente en la luz infinita de los Budas. A estas disciplinas se unen las prácticas litúrgicas, las recitaciones de Sutras, los Rosarios Budistas, el Shakyo y Shakubutsu, las ceremonias devocionales, los Preceptos, los Paramitas, el Shugendo, y las diversas formas de contemplación y servicio que conforman la vida cotidiana de nuestra comunidad.

Finalmente, hemos recibido todas las transmisiones religiosas (Tokudo/Ordenaciones - Kanjo/Consagraciones) para poder funcionar plenamente de forma independiente, permitiéndonos incluso formar nuestro propio Programa de Fromación y Ordenación y comenzar a formas a los próximos Líderes Laicos y Sacerdotes Bodhisattvas del futuro. Esto asegurará que la Luz del Dharma se extienda por el mundo hispano y se mantenga encendida para las generaciones futuras. 

Gracias a este esfuerzo de síntesis y organización, hoy podemos afirmar con humildad, pero también con legítima gratitud, que la Escuela del Loto Reformada posee uno de los cuerpos doctrinales y prácticos más completos disponibles en lengua española dentro de la tradición budista de origen japonés. No porque seamos superiores a otros, sino porque hemos recibido una herencia extraordinariamente rica y hemos procurado preservarla en toda su amplitud. Hemos intentado mantener un equilibrio que muchas veces se pierde: el equilibrio entre estudio y devoción, entre contemplación y acción, entre tradición y adaptación, entre fidelidad al pasado y responsabilidad hacia el futuro.

Sin embargo, al contemplar todo lo realizado, somos conscientes de que aún nos encontramos apenas al comienzo del camino. Todavía quedan países donde el Dharma del Loto apenas ha comenzado a ser conocido. Todavía existen innumerables seres que esperan escuchar las enseñanzas del Buda Eterno por primera vez. Por ello, este aniversario no debe ser contemplado como la culminación de una obra, sino como el inicio de una nueva etapa. Los logros alcanzados no son monumentos para nuestra gloria personal; son herramientas para el servicio futuro. Cada libro traducido representa una semilla plantada. Cada doctrina clarificada representa una lámpara encendida. Cada práctica restaurada representa una puerta abierta para la liberación de innumerables seres.

Ninguna comunidad humana podría sostener una obra semejante únicamente mediante sus propias fuerzas. Durante estos años hemos sentido constantemente la Gracia de los Budas, la inspiración de los Bodhisattvas y la presencia espiritual de los Grandes Maestros de nuestra tradición. Hemos experimentado también el apoyo generoso de nuestros maestros japoneses, quienes, lejos de ver con preocupación nuestra independencia institucional, han reconocido y alentado nuestros esfuerzos por preservar y transmitir fielmente el Dharma en el mundo hispano. Su guía, su amistad y su confianza continúan siendo para nosotros una fuente permanente de gratitud. Por ello, al acercarnos a esta conmemoración, elevamos nuestros corazones en acción de gracias. Damos gracias al Buda Eterno, fuente de toda sabiduría y compasión. Damos gracias a los Budas de las Diez Direcciones, a los grandes Bodhisattvas, a los Vidyarajas, a los devas protectores y a todas las deidades benéficas que velan por el Dharma. Damos gracias a Chih-i, Saicho, Ennin, Annen, Genshin y a toda la sucesión de maestros que transmitieron la lámpara de generación en generación. Damos gracias a nuestros maestros contemporáneos, a nuestros miembros, a nuestros simpatizantes y a todos aquellos que han contribuido, de una forma u otra, a esta gran obra.

Si estos dos años nos han enseñado algo, es que el Dharma continúa vivo. El Buda sigue guiando a los seres. Los Grandes Maestros siguen inspirando a quienes buscan sinceramente la verdad. Y mientras permanezcamos fieles a la fe, al estudio y a la práctica, podemos avanzar con confianza hacia el futuro.

Apenas han transcurrido dos años. Y, sin embargo, cuando contemplamos todo lo que ha sido realizado, sentimos que estamos presenciando el comienzo de algo mucho mayor: la restauración y florecimiento de la Tradición del Loto para el mundo hispano, para beneficio de incontables seres, durante muchas generaciones por venir.

Al contemplar los logros alcanzados durante estos años, no debemos olvidar una verdad fundamental: ninguna lámpara permanece encendida por sí misma. Toda llama necesita ser alimentada. Toda semilla necesita ser cuidada. Todo templo necesita ser sostenido. Toda misión necesita corazones generosos que la abracen como propia. Si hoy la Luz del Dharma brilla con mayor intensidad en el mundo hispano, es porque innumerables personas, conocidas y desconocidas, han ofrecido su tiempo, sus capacidades, sus recursos, sus oraciones y su esfuerzo para que esta obra pudiera crecer.

La Escuela del Loto Reformada no pertenece a una sola persona ni a un pequeño grupo de dirigentes. Pertenece al Buda. Pertenece al Dharma. Pertenece a la Sangha. Pertenece a todos aquellos que han encontrado refugio en las enseñanzas del Buda y desean transmitirlas a las generaciones futuras. Cada Sutra traducido, cada comentario publicado, cada ceremonia celebrada, cada clase impartida y cada practicante acompañado representan incontables horas de trabajo silencioso realizadas por amor al Dharma y por compasión hacia los seres sintientes.

Vivimos en una época extraordinaria. Por primera vez en la historia, las enseñanzas más profundas de la Tradición del Loto están comenzando a estar disponibles de forma sistemática para miles de hispanohablantes. Textos que durante siglos permanecieron ocultos detrás de barreras lingüísticas están siendo abiertos. Enseñanzas que antes solo podían ser estudiadas en japonés o en chino clásico están llegando a las manos de personas sencillas que buscan sinceramente el Camino. Prácticas transmitidas por generaciones de maestros están siendo preservadas para el beneficio de futuros discípulos. Sin embargo, esta labor inmensa no puede continuar sin el apoyo constante de la comunidad.

Por ello, exhortamos a todos los devotos del Loto a considerar profundamente cuál es su papel dentro de esta gran misión. No todos pueden traducir textos. No todos pueden enseñar. No todos pueden dirigir ceremonias o escribir comentarios doctrinales. Pero todos pueden contribuir. Algunos pueden ofrecer su tiempo. Otros pueden ofrecer sus talentos. Otros pueden colaborar mediante sus recursos materiales. Otros pueden difundir nuestras publicaciones. Otros pueden invitar a nuevos practicantes. Otros pueden sostener esta obra mediante sus oraciones diarias. Cada acto, por pequeño que parezca, se convierte en una ofrenda al Dharma y en una causa para la felicidad de innumerables seres. Todos pueden compartir nuestras publicaciones y unirse a la Familia del Buda.

Recordemos que los Grandes Maestros que hoy veneramos tampoco trabajaron solos. Chih-i fue sostenido por discípulos y benefactores. Saicho contó con el apoyo de emperadores, monjes y laicos. Ennin, Annen y Genshin desarrollaron sus obras gracias a comunidades enteras que comprendieron la importancia de preservar la enseñanza para las generaciones futuras. La historia del Budismo siempre ha sido una historia de cooperación entre la Sangha monástica y la comunidad laica, un esfuerzo común destinado a mantener viva la voz del Buda en el mundo.

Hoy nos corresponde a nosotros asumir esa responsabilidad. Somos los custodios temporales de una herencia sagrada que no nos pertenece. La hemos recibido de quienes nos precedieron y debemos transmitirla enriquecida a quienes vendrán después. Las futuras generaciones juzgarán nuestro tiempo no por las dificultades que enfrentamos, sino por nuestra fidelidad a la misión que nos fue confiada. ¿Permitiremos que esta llama disminuya? ¿O la alimentaremos para que ilumine a millones de seres durante las décadas y siglos venideros? Por ello, os invitamos a renovar vuestro compromiso con la obra del Dharma. Participad activamente en la vida de la Sangha. Apoyad las publicaciones, los programas de formación, las traducciones y las actividades misioneras. Compartid nuestras enseñanzas con quienes buscan una orientación espiritual auténtica. Contribuid según vuestras posibilidades y circunstancias. Ninguna ayuda es pequeña cuando nace de un corazón sincero. Ninguna ofrenda es insignificante cuando se realiza por amor al Buda y compasión hacia los seres.

La Lámpara del Dharma ha llegado hasta nosotros después de atravesar más de dos mil quinientos años de historia desde la India, mil quinentos desde China, y mil doscientos desde Japón. Ha sobrevivido a guerras, persecuciones, desastres y épocas de oscuridad. Los Budas, Bodhisattvas y Grandes Maestros la protegieron para que pudiera llegar a nuestras manos. Ahora nos corresponde a nosotros custodiarla y transmitirla. Que ninguno de nosotros permita que esta luz se debilite. Que todos la alimentemos con nuestra fe, nuestro estudio, nuestra práctica y nuestro apoyo generoso.

Si permanecemos unidos en esta misión, la luz del Loto continuará extendiéndose por el mundo hispano. Nuevos templos surgirán. Nuevos practicantes encontrarán refugio. Nuevos traductores abrirán las puertas de antiguos tesoros. Nuevos maestros guiarán a las futuras generaciones. Y así, de una lámpara encendida nacerán mil lámparas; y de mil lámparas, diez mil; hasta que la Luz del Dharma ilumine todos los rincones de nuestra tierra.

Que cada uno de nosotros sea un guardián de esa llama. Que cada uno de nosotros sea un portador de esa luz. Y que, trabajando juntos bajo la mirada compasiva del Buda Eterno, podamos asegurar que el Dharma del Loto continúe floreciendo para beneficio de incontables seres durante muchas generaciones por venir. Que el Dharma prospere. Que la Sangha florezca. Que la Luz del Buda ilumine todos los rincones del mundo. Y que todos los seres, sin excepción, entren finalmente en el Camino Supremo de la Budeidad. Svaha.

sábado, 30 de mayo de 2026

El Sutra de los Votos Pasados del Bodhisattva Kshitigarbha: Quinto Capítulo - Los Nombres de los Infiernos (Resumido y Recontado)

 


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Los Nombres de los Infiernos

En aquel momento, cuando la gran asamblea del Cielo Trayastrimsas permanecía todavía recogida bajo la luz del Buda, se levantó el gran Bodhisattva Samantabhadra, el Señor de la Práctica Universal, aquel cuya virtud se extiende como un océano y cuyas acciones abarcan todos los mundos. Con las palmas unidas, inclinándose respetuosamente ante Ksitigarbha, habló con voz grave y compasiva: “Oh Compasivo, tú que has descendido tantas veces a los abismos del sufrimiento y conoces los caminos ocultos del karma, te ruego que, por el bien de las ocho clases de seres, de los monjes, monjas, laicos y laicas, y de todos los seres del presente y del futuro, reveles los nombres de los infiernos donde los seres maliciosos reciben las consecuencias de sus acciones. Explica, aunque sea brevemente, los lugares de dolor y los sufrimientos que allí se padecen, para que los seres de la Era Final del Dharma escuchen, teman las malas acciones, despierten la conciencia y busquen refugio en los Budas”.

El Bodhisattva Ksitigarbha, al escuchar esta petición, no respondió con orgullo ni con rapidez. Permaneció en silencio, como quien mira hacia regiones que nadie desea contemplar. Su rostro era sereno, pero detrás de esa serenidad habitaba una tristeza inmensa: la tristeza de quien ha visto innumerables seres caer, sufrir, arrepentirse tarde y volver a ser arrastrados por sus propios hábitos. Entonces dijo: “Oh Compasivo, sostenido por el Poder divino del Buda y por tu propia virtud inconcebible, hablaré brevemente de los nombres de estos Infiernos y de las retribuciones que allí se manifiestan. Mas debes saber que lo que diré es apenas una gota tomada de un océano sin orilla”.

Entonces Ksitigarbha señaló hacia el este de Jambudvipa, más allá de las tierras habitadas por los seres humanos, más allá de las montañas visibles, más allá de los valles donde aún canta el viento. Allí se alzan las Grandes Montañas Cakravada, inmensas, oscuras y profundas. No son montañas como las que conocen los hombres, cubiertas de árboles, niebla y nieve, sino cordilleras cósmicas que rodean mundos y ocultan en sus entrañas regiones donde ni el sol ni la luna pueden penetrar. Sus profundidades no conocen amanecer, ni crepúsculo, ni estaciones; sólo el peso de los karmas acumulados por los seres.

Y allí, dijo Ksitigarbha, se encuentran los grandes infiernos. Nombró primero a Avihci y Mahavichi, los Infiernos del Sufrimiento Ininterrumpido, aquellos cuyos nombres estremecen incluso a los espíritus poderosos. Luego enumeró otros: el Infierno de las Cuatro Esquinas, donde no hay escape hacia ninguna dirección; el de las Dagas Voladoras, donde el aire mismo se convierte en cuchilla; el de las Flechas de Fuego, donde cada movimiento despierta una lluvia ardiente; el del Aplastamiento entre Montañas, donde las rocas se cierran como mandíbulas de hierro; el de las Lanzas Perforadoras, donde el cuerpo se vuelve blanco de dolor; el de los Carros de Hierro, que pasan una y otra vez sobre los condenados; el de los Estantes de Hierro, de los Bueyes de Hierro, de las Vestiduras de Hierro, de las Mil Espadas, del Bronce Fundido y de los Pilares Abrasadores.

El Bodhisattva Samantabhadra escuchaba con la cabeza inclinada. No preguntaba por curiosidad, sino por misericordia. Quería que los seres futuros supieran que el karma no es una metáfora vacía, sino una ley que madura con precisión inexorable. Y Ksitigarbha continuó, nombrando Infiernos como quien recita una letanía terrible: Rocas de Lava Voladoras, Lenguas Aradoras, Cabezas Cortantes, Pies Abrasadores, Ojos Picadores, Bolas de Hierro, Peleas Furiosas, Segadores de Hierro y Muchos Odios. Cada nombre era como una puerta; cada puerta, un espejo del pecado que la había creado.

Y entonces el Bodhisattva dijo algo que toda la asamblea debía recordar: “Estos Infiernos no fueron fabricados por una divinidad cruel. Son la manifestación de las acciones de los seres. Donde hubo violencia, aparece hierro. Donde hubo odio, aparece fuego. Donde hubo mentira, aparece lengua arrancada. Donde hubo codicia, aparece hambre. Donde hubo crueldad, aparece tormento. Los mundos inferiores son el eco visible de lo que la mente sembró en secreto”.

Después de nombrar aquellos grandes infiernos que yacen ocultos en las profundidades de las Montañas Cakravada, el Bodhisattva Ksitigarbha permaneció unos instantes en silencio.

La inmensa asamblea celestial escuchaba con absoluta atención. Los devas ya no contemplaban únicamente los jardines celestiales que los rodeaban; sus pensamientos parecían dirigirse hacia los reinos oscuros donde innumerables seres sufrían las consecuencias de sus acciones. Los Bodhisattvas escuchaban con compasión. Los espíritus guardianes escuchaban con gravedad. Incluso muchos de los seres recién liberados por Ksitigarbha recordaban los lugares de los que habían sido rescatados.

Entonces Ksitigarbha continuó:

—Lo que he descrito hasta ahora son solamente algunos de los grandes infiernos. Pero dentro de las Montañas Cakravada existen muchos más.

Su voz era tranquila, pero cada palabra parecía abrir una nueva puerta hacia los mundos del karma.

—Existe el Infierno de los Lamentos, donde los gritos de dolor nunca cesan. Existe el Infierno de las Lenguas Arrancadas, donde aquellos que utilizaron sus palabras para engañar, calumniar y destruir a otros ven cómo sus propias lenguas son extraídas una y otra vez. Existe el Infierno de los Excrementos, donde quienes vivieron con mentes impuras permanecen sumergidos en inmundicias sin fin.

Muchos en la asamblea bajaron la mirada. Porque comprendían que los castigos descritos no eran arbitrarios. Cada sufrimiento reflejaba una acción previa, como una sombra sigue al cuerpo.

Ksitigarbha continuó enumerando:

—Existe el Infierno de los Elefantes de Fuego. El de los Perros de Fuego. El de los Caballos de Fuego. El de los Bueyes de Fuego. El de las Montañas de Fuego. El de las Rocas de Fuego. El de las Casas de Hierro Ardiente. El de los Lobos de Fuego.

Parecía que el elemento del fuego dominaba muchas de aquellas regiones. Y no era casualidad. Porque el fuego simbolizaba las pasiones descontroladas que habían consumido la mente de los seres durante la vida: la ira, la codicia, el deseo y la crueldad. Pero entonces Ksitigarbha reveló algo aún más profundo.

—Y dentro de cada uno de estos Infiernos existen otros infiernos menores. Algunos son decenas. Otros cientos. Otros miles. Cada uno posee su propio nombre y su propio tipo de sufrimiento.

El Bodhisattva Samantabhadra escuchó atentamente. Y entonces comprendió algo terrible. El sufrimiento no era uniforme. Los seres no caían simplemente en un único lugar llamado “Infierno”. Más bien, las infinitas variedades de acciones negativas producían infinitas variedades de consecuencias. Del mismo modo que no existen dos hojas exactamente iguales en un bosque, tampoco existen dos karmas exactamente idénticos.

Entonces Ksitigarbha dirigió la mirada hacia toda la asamblea y pronunció una enseñanza que constituye el corazón de ese momento.

—Los seres del mundo suelen cometer pequeñas faltas pensando que carecen de importancia.

Muchos devas levantaron la vista. Porque sabían que aquello era una debilidad común entre los seres humanos.

—Dicen para sí mismos: “Es sólo una pequeña mentira”. “Es sólo una pequeña crueldad”. “Es sólo un pequeño robo”. “Es sólo una palabra hiriente”. Y pensando así, continúan acumulando causas negativas día tras día.

El Bodhisattva guardó silencio durante un momento. Luego continuó:

—Pero ninguna semilla desaparece.

La asamblea quedó inmóvil.

—Una pequeña semilla puede convertirse en un árbol gigantesco. Una chispa puede incendiar una montaña entera. Una gota de veneno puede contaminar un río. Del mismo modo, una pequeña acción negativa, repetida una y otra vez, termina generando consecuencias inmensas.

Entonces añadió una reflexión profundamente conmovedora:

—Cuando llega la muerte, incluso el padre y el hijo deben separarse. Incluso la madre y la hija deben seguir caminos diferentes. Aunque desearan cargar con el karma del otro, no podrían hacerlo.

Muchos recordaron entonces las historias que el propio Ksitigarbha había relatado anteriormente: la mujer brahmánica que buscó salvar a su madre, y la joven de los Ojos Brillantes que hizo votos por la liberación de todos los seres. Porque si bien los méritos pueden dedicarse y la compasión puede ayudar, nadie puede eliminar mágicamente las consecuencias de las acciones ajenas. Cada ser debe finalmente encontrarse con las semillas que sembró.

Por ello, Ksitigarbha insistió:

—No despreciéis las pequeñas faltas. Porque las pequeñas faltas se convierten en hábitos. Los hábitos se convierten en carácter. Y el carácter se convierte en destino. 

Al escuchar estas palabras, Samantabhadra inclinó la cabeza. Sabía que aquello debía ser escuchado por los seres del futuro. Especialmente por aquellos que vivirían durante la Era Final del Dharma, cuando la fe sería débil y las distracciones innumerables. Por eso respondió:

—Conozco desde hace mucho tiempo los sufrimientos de los tres reinos dolorosos. Sin embargo, deseo que continúes explicándolos para beneficio de los seres futuros, para que al escuchar estas verdades despierten del engaño y busquen refugio en los Budas.

El Bodhisattva Ksitigarbha asintió lentamente. Y entonces comenzó a describir con mayor detalle las formas concretas del sufrimiento infernal. Entonces el Bodhisattva Ksitigarbha guardó silencio durante unos instantes. No porque desconociera lo que debía decir, sino porque incluso para un Bodhisattva de tan vasta compasión resultaba doloroso describir los sufrimientos que los seres crean para sí mismos.

La gran asamblea permanecía inmóvil. El viento celestial había cesado. Las flores que caían desde los cielos parecían descender más lentamente. Y en medio de aquel silencio, Ksitigarbha comenzó a hablar nuevamente:

—Compasivo, escucha ahora algunos de los sufrimientos que experimentan los seres en los Infiernos.

Su voz era serena. No había ira. No había condena. Sólo tristeza. Porque el Bodhisattva no contemplaba a los condenados como enemigos, sino como hijos perdidos.

—Existe un Infierno donde las lenguas de los pecadores son arrancadas.

Al decir esto, muchos de los presentes comprendieron inmediatamente el significado. Aquellos que utilizaron la palabra para mentir, dividir, calumniar, engañar o destruir la reputación de otros terminan encontrando una manifestación física de las consecuencias de su habla.

Pero Ksitigarbha continuó: 

—Existe otro Infierno donde los yaksas arrancan los corazones de los pecadores y los devoran.

No era un castigo arbitrario. Era el reflejo de vidas enteras dedicadas a la crueldad, a la indiferencia y a la destrucción del corazón ajeno. Aquellos que consumieron la felicidad de otros terminan contemplando la destrucción de aquello mismo que simboliza la compasión. Luego habló de otro lugar.

—Existe un Infierno donde los seres son hervidos en líquidos abrasadores.

La asamblea recordó inmediatamente las incontables criaturas hervidas vivas por seres humanos a lo largo de generaciones. Peces. Cangrejos. Tortugas. Animales innumerables. Los mismos sufrimientos infligidos regresaban ahora como reflejo kármico para aquellos que desperdiciaron esas vidas sin dedicar las propias, y su sacrificio, a algo superior, como el Camino del Bodhisattva.

Después describió otro infierno.

—Existe un lugar donde los condenados son obligados a abrazar pilares de bronce al rojo vivo.

Muchos comprendieron que aquello representaba los deseos descontrolados. Aquellos que durante la vida abrazaron obsesivamente los objetos del deseo terminaban abrazando ahora aquello que parecía atractivo desde lejos pero que en realidad sólo producía dolor.

Entonces Ksitigarbha continuó revelando más regiones.

—Existe un Infierno consumido por llamas eternas. Existe un Infierno de frío insoportable. Existe un Infierno donde los seres permanecen sumergidos en excrementos y corrupción. Existe un Infierno donde lanzas de fuego atraviesan los cuerpos. Existe un Infierno donde las manos arden. Existe un Infierno donde los pies arden. Existe un Infierno donde serpientes de hierro se enrollan alrededor de los cuellos de los pecadores. Existe un Infierno donde perros de hierro despedazan los cuerpos. Existe un Infierno donde mulas de hierro aplastan a los condenados una y otra vez.

A medida que hablaba, la asamblea comprendía una verdad cada vez más profunda. Los Infiernos no eran simplemente lugares. Eran estados kármicos. Eran la cristalización visible de las fuerzas invisibles acumuladas por la mente. La codicia se convertía en hambre. La violencia se convertía en heridas. La mentira se convertía en mutilación de la palabra. La crueldad se convertía en sufrimiento. Todo regresaba finalmente a su origen.

Entonces Samantabhadra reflexionó profundamente. Y comprendió que la descripción de aquellos tormentos no tenía como propósito producir terror. Su propósito era despertar la conciencia. Porque quien comprende verdaderamente las consecuencias de sus actos comienza a transformar sus actos. Quien comprende el sufrimiento deja de producir sufrimiento. Quien comprende el karma comienza a sembrar causas diferentes. Y precisamente por eso Ksitigarbha seguía describiendo aquellos reinos. No para condenar, sino para salvar.

Después de describir numerosos tormentos, el Bodhisattva Ksitigarbha contempló a la inmensa asamblea reunida en el Cielo Trayastrimsa. Vio devas. Vio Bodhisattvas. Vio espíritus. Vio seres recién liberados de los caminos dolorosos. Y comprendió que todos ellos necesitaban escuchar la enseñanza final sobre los Infiernos.

Entonces dijo:

—Compasivo, todos estos sufrimientos que he descrito son sólo una pequeña parte.

La asamblea quedó sorprendida. Porque las descripciones ya parecían insoportables.

Pero Ksitigarbha continuó:

—Dentro de cada Infierno existen muchos otros Infiernos. Dentro de cada sufrimiento existen innumerables variantes. Dentro de cada consecuencia existen innumerables manifestaciones.

Luego explicó algo extraordinario. Dijo que los instrumentos de castigo estaban hechos principalmente de cuatro elementos: hierro, bronce, roca y fuego. Pero inmediatamente aclaró algo importante. Aquellos materiales no habían sido construidos por dioses. No habían sido fabricados por demonios. No habían sido creados por una voluntad externa. Eran manifestaciones directas del karma de los propios seres. El hierro provenía de la dureza del corazón. El fuego provenía de la ira y las pasiones. La roca provenía de la obstinación y la ignorancia. El bronce provenía de los apegos y deseos endurecidos. En otras palabras, los seres construyen sus propios infiernos.

Entonces el Bodhisattva Ksitigarbha levantó ligeramente la mirada y añadió:

—Si intentara describir completamente todos los sufrimientos de los Infiernos, no podría terminar ni siquiera en un kalpa entero.

Aquellas palabras estremecieron a la asamblea, porque mostraban la inmensidad del Samsara, pero también mostraban la inmensidad de la compasión del Bodhisattva. Pues si los Infiernos eran tan numerosos, también innumerables debían ser sus descensos a ellos. Si los sufrimientos eran infinitos, también infinita debía ser su paciencia. 

Entonces, el Bodhisattva Samantabhadra comprendió plenamente el propósito de aquella enseñanza. No era una geografía del castigo. Era una advertencia compasiva. Era un espejo. Era una invitación a contemplar la propia mente antes de que sus tendencias maduraran en sufrimiento. Porque cada Infierno comienza mucho antes de la muerte. Comienza en una acción cruel. En una mentira repetida. En una codicia alimentada. En un odio cultivado. Y del mismo modo, cada liberación comienza también antes de la muerte. Comienza con un acto de bondad. Con una palabra sincera. Con un arrepentimiento genuino. Con una mente que vuelve su rostro hacia el Dharma. 

Así concluyó la enseñanza de Ksitigarbha. Y mientras el silencio descendía nuevamente sobre la asamblea celestial, muchos comprendieron algo profundo: los Infiernos revelan el poder del karma. Pero la presencia misma de Ksitigarbha revela algo aún más grande. La compasión del Bodhisattva siempre desciende más profundamente que el sufrimiento de los seres. Y allí donde exista un ser capaz de arrepentirse, aunque sea por un instante, allí también estará presente la posibilidad de la liberación.

viernes, 29 de mayo de 2026

Viviendo a la Luz del Dharma

 


Uno de los principios fundamentales del Budismo del Loto es vivir a la Luz del Dharma. Cuando hablamos de vivir en la Luz del Dharma, no hablamos de una idea abstracta, de una filosofía lejana ni de una enseñanza reservada para los sabios de los monasterios o para los eruditos que pasan sus días estudiando los Sutras. Hablamos de algo infinitamente más cercano. Hablamos de la realidad misma. Hablamos de la Luz invisible que sostiene el universo entero, de la Verdad profunda que palpita en el corazón de cada ser, de cada montaña, de cada río, de cada estrella suspendida en los océanos del espacio. El Dharma no es simplemente una doctrina; es la Actividad Viva del Buda Eterno manifestándose en todos los mundos. Es la respiración secreta del Cosmos. Es la Ley Mística mediante la cual las semillas germinan, las flores se abren, los seres despiertan y los Bodhisattvas realizan sus votos. Vivir en la Luz del Dharma significa aprender a reconocer que nunca hemos estado separados de ella, aunque durante incontables kalpas hayamos caminado como viajeros que atraviesan una noche oscura olvidando que llevan una lámpara encendida entre las manos.

El gran problema de los seres no es que el Dharma esté ausente. El problema es que nuestros ojos están velados. Como enseña el Sutra del Loto, el Buda aparece en el mundo porque los seres no pueden ver el tesoro que ya poseen. El Buda no viene a crear la verdad; viene a revelarla. No viene a fabricar la Naturaleza Búdica; viene a mostrarnos que siempre ha estado presente. Somos semejantes a hombres y mujeres que habitan un palacio lleno de joyas mientras lloran creyéndose pobres. Somos semejantes a viajeros que buscan una fuente de agua mientras están de pie junto a un océano. La ignorancia nos hace mirar el universo y ver solamente objetos separados; el Dharma nos enseña a contemplar la misma realidad y descubrir una red infinita de relaciones sagradas. Allí donde el ignorante ve fragmentos, el Bodhisattva comienza a percibir totalidad. Allí donde el ignorante ve caos, el practicante comienza a contemplar armonía. Allí donde el ignorante ve únicamente nacimiento y muerte, el discípulo del Buda descubre la actividad incesante de la Vida Eterna.

La Escuela del Loto siempre ha enseñado que la Fe, el Estudio y la Práctica constituyen los tres pilares de la vida budista. No son tres actividades independientes, sino tres aspectos de una misma transformación interior. La Fe es el momento en que el corazón se abre. El Estudio es el momento en que la mente se ilumina. La Práctica es el momento en que la vida entera se convierte en Dharma. Sin fe, el estudio se convierte en mera acumulación de conceptos. Sin estudio, la fe puede transformarse en emoción pasajera. Sin práctica, tanto la fe como el estudio permanecen estériles, como semillas guardadas en una caja que nunca llegan a tocar la tierra fértil. Cuando los tres se unen, ocurre algo extraordinario: el Dharma deja de ser una enseñanza externa y se convierte en nuestra propia experiencia. Entonces comenzamos a comprender que los sutras no describen solamente la realidad de los Budas del pasado. Describen nuestra propia naturaleza más profunda. Esta es la Realización.

La fe auténtica no consiste en cerrar los ojos, sino precisamente en abrirlos. Consiste en confiar en la Palabra del Buda hasta que podamos ver por nosotros mismos aquello que él vio. Cuando un niño aprende a caminar, primero debe confiar en quien le toma de la mano. Del mismo modo, el practicante comienza confiando en el Buda, en el Dharma y en la Sangha. Esa confianza inicial es preciosa porque abre una puerta. Sin ella, el corazón permanece encerrado. Con ella, la luz puede entrar. Entonces el estudio de los Sutras deja de ser un ejercicio intelectual y se transforma en un encuentro vivo con la Sabiduría. Cada página se convierte en un espejo. Cada enseñanza se convierte en una lámpara. Cada palabra pronunciada por el Buda se convierte en una invitación a despertar.

Poco a poco, mediante la práctica constante, algo comienza a cambiar. Lo que antes parecía ordinario se vuelve extraordinario. Lo que antes parecía profano revela su carácter sagrado. El viento deja de ser solamente viento. La lluvia deja de ser solamente lluvia. El rostro de los seres deja de ser solamente un rostro humano. El universo entero comienza a transparentar una profundidad que antes permanecía oculta. Y entonces comprendemos una verdad fundamental enseñada por los grandes maestros: el mundo no es un obstáculo para la Iluminación; el mundo es precisamente el lugar donde la Iluminación se manifiesta. No existe un reino separado donde el Buda habita mientras nosotros permanecemos abandonados en la oscuridad. El Buda Eterno está presente aquí. La Tierra Pura está presente aquí. El Mandala Cósmico está presente aquí. El problema no es su ausencia; el problema es nuestra incapacidad para percibirlo.

El camino budista no consiste simplemente en adquirir nuevas creencias, sino een transformar la manera misma en que vemos. Cuando la fe madura, cuando el estudio profundiza y cuando la práctica impregna cada instante de nuestra existencia, comenzamos a despertar a una visión diferente. Los antiguos maestros llamaban a esto la apertura del Ojo del Dharma. Es el momento en que el universo deja de parecer una colección de objetos dispersos y empieza a revelarse como una inmensa obra sagrada, un tejido infinito de causas y condiciones iluminadas por la actividad del Buda Eterno. Entonces descubrimos que no caminamos solos. Descubrimos que cada instante está lleno de significado. Descubrimos que el Dharma no es una lámpara distante brillando en el horizonte, sino el sol mismo que ha estado iluminando nuestra vida desde el principio sin que lo advirtiéramos. Y cuando este despertar inicial comienza a florecer, surge una pregunta que transforma toda nuestra existencia: si el Dharma llena el universo entero, si la Naturaleza Búdica permea todas las cosas, si innumerables Budas aparecen continuamente a través de los Diez Mundos y las diez direcciones, ¿somos capaces de percibir la luz de su Iluminación? ¿Podemos ver el resplandor de la Budeidad extendiéndose por el Cosmos a cada instante? 

Cuando la fe ha echado raíces en el corazón, cuando el estudio ha comenzado a purificar nuestras ideas erróneas y cuando la práctica se vuelve tan natural como respirar, una transformación silenciosa empieza a manifestarse en la conciencia. Esto no sucede de manera repentina para la mayoría de los seres. Es semejante al amanecer. Durante la noche, el mundo permanece oculto. Las montañas están allí, los bosques están allí, los caminos están allí, pero el viajero no puede distinguirlos. Luego aparece una tenue claridad en el horizonte. No es todavía el pleno día, pero algo ha cambiado. Poco a poco, los contornos emergen de la oscuridad. Lo que parecía vacío revela su forma. Lo que parecía confuso revela su orden. Así ocurre con la visión espiritual. El Dharma no crea una nueva realidad; nos permite ver la realidad que siempre estuvo presente.

Los Sutras describen una visión del universo tan vasta que nuestras mentes ordinarias apenas pueden abarcarla. El Sutra Avatamsaka habla de mundos incontables como partículas de polvo, de océanos de sistemas cósmicos que se interpenetran mutuamente, de asambleas infinitas de Budas enseñando simultáneamente en todas las direcciones. El Sutra del Loto nos muestra al Buda Eterno predicando desde un pasado inconcebible, guiando a los seres a través de innumerables edades. El Sutra del Nirvana proclama que la Naturaleza Búdica permea toda la Existencia. Estas enseñanzas no fueron dadas para alimentar la imaginación ni para construir una cosmología fantástica. Fueron dadas para romper las cadenas de nuestra visión limitada. El Buda desea que dejemos de pensar en nosotros mismos como criaturas aisladas perdidas en un universo indiferente. Quiere que comprendamos que vivimos dentro de una realidad sagrada cuya profundidad supera toda medida.

Los maestros de la Tradición del Loto enseñaron que el universo entero puede ser contemplado como un Mandala. Cuando escuchamos la palabra "Mandala", muchas veces pensamos solamente en un diagrama ritual o en una representación artística utilizada en las prácticas esotéricas. Sin embargo, el Mandala verdadero es mucho más grande. El Mandala Supremo (Maha-Mandala) es la Totalidad de la Existencia. Cada estrella ocupa su lugar. Cada galaxia ocupa su lugar. Cada ser humano ocupa su lugar. Cada insecto, cada árbol, cada gota de lluvia y cada pensamiento que surge en la mente forman parte de una red sagrada de relaciones infinitas. Nada existe aislado. Nada existe por sí mismo. Todo participa del gran tejido del Dharma. Todo manifiesta, de una manera u otra, la actividad del Buda Eterno.

Cuando comenzamos a contemplar así la realidad, nuestra vida cambia profundamente. Dejamos de ver los acontecimientos como accidentes sin significado. Dejamos de interpretar la existencia únicamente desde la perspectiva estrecha del ego. Empezamos a reconocer que vivimos dentro de una inmensa liturgia cósmica. Cada amanecer es una predicación. Cada estación del año es una enseñanza. Cada encuentro humano es una oportunidad para practicar la compasión. Cada dificultad se convierte en una ocasión para cultivar paciencia y sabiduría. El mundo deja de ser un escenario caótico y se transforma en un templo sin límites. El cielo se convierte en su techo. La tierra se convierte en su altar. Todos los seres se convierten en participantes de una ceremonia universal presidida por el Buda Eterno.

Y cuanto más profunda se vuelve esta visión, más comprendemos una verdad extraordinaria enseñada por el Mahayana: la Obra del Despertar no terminó hace veinticinco siglos bajo el Arbol Bodhi. La Iluminación no es un acontecimiento del pasado. Está ocurriendo ahora mismo. Mientras hablamos, mientras respiramos, mientras contemplamos estas palabras, innumerables seres están avanzando hacia la realización. En algún lugar de los mundos visibles e invisibles, un Bodhisattva culmina una práctica de incontables kalpas. En algún reino lejano, un futuro Buda alcanza la Iluminación Perfecta. En algún universo más allá de toda medida, una nueva Tierra Pura resplandece por primera vez. La actividad de la Budeidad nunca cesa. El Dharma jamás permanece inmóvil. La luz de la sabiduría continúa expandiéndose sin interrupción.

Imagina por un momento lo que esto significa. Cada vez que un ser alcanza la perfecta realización, no es solamente ese ser quien se beneficia. Todo el Cosmos recibe una nueva irradiación de sabiduría y compasión. Así como una lámpara encendida puede iluminar una habitación oscura, la realización de un Buda ilumina mundos incontables. Su sabiduría se convierte en refugio para los confundidos. Su compasión se convierte en puente para los que sufren. Su actividad se convierte en una nueva corriente de salvación que atraviesa los océanos del Samsara. El universo entero se vuelve más luminoso porque un ser ha despertado plenamente.

Sin embargo, aquí encontramos una pregunta que debe penetrar profundamente en nuestro corazón. Si esto ocurre constantemente, ¿por qué no lo vemos? Si la luz de los Budas está llenando los diez puntos del espacio, ¿por qué permanecemos tan frecuentemente atrapados en la oscuridad de nuestras preocupaciones? La respuesta es sencilla y a la vez difícil de aceptar: nuestros ojos espirituales todavía están parcialmente cerrados. Vivimos rodeados de milagros, pero nos hemos acostumbrado a ellos. Vivimos inmersos en la actividad del Dharma, pero nuestra atención está cautiva por los pensamientos egoístas, los miedos y las preocupaciones pasajeras. Somos como hombres que contemplan el suelo mientras un cielo lleno de estrellas se extiende sobre sus cabezas.

Aquí radica la importancia de la práctica diaria. Cada recitación, cada meditación, cada lectura de los Sutras, cada acto de compasión, cada reverencia realizada con sinceridad limpia un poco más el espejo de la mente. Poco a poco comenzamos a percibir destellos de esa realidad mayor. Empezamos a intuir que el universo está mucho más vivo de lo que imaginábamos. Empezamos a sentir que detrás de los acontecimientos ordinarios existe una profundidad sagrada. Empezamos a reconocer que la luz de los Budas no es una metáfora poética, sino una realidad espiritual que impregna todos los mundos. Entonces surge una contemplación aún más profunda. Si el cosmos entero es un Mandala viviente, si innumerables Budas alcanzan la realización y continúan iluminando los diez mundos, si la luz del Dharma nunca deja de expandirse, ¿qué lugar ocupamos nosotros dentro de esa inmensa visión? ¿Somos simples espectadores contemplando desde lejos la gloria de los Budas? ¿O estamos llamados a convertirnos nosotros mismos en portadores de esa luz para beneficio de todos los seres?

Al contemplar la inmensidad del Cosmos como un Mandala viviente, podemos sentirnos sobrecogidos. Ante océanos de mundos, ante asambleas infinitas de Budas y Bodhisattvas, ante la actividad inconcebible del Buda Eterno que sostiene y guía todos los fenómenos, podría parecer que nuestra vida individual es pequeña e insignificante. Podríamos preguntarnos qué valor tienen nuestras oraciones, nuestros esfuerzos cotidianos, nuestras luchas interiores, frente a una realidad tan vasta. Sin embargo, precisamente aquí encontramos una de las enseñanzas más profundas del Vehículo Único. El Buda jamás enseñó estas verdades para disminuirnos. Las enseñó para revelarnos nuestra verdadera dignidad. Porque aquello que contemplamos en los Budas no es una realidad ajena. Es el destino que habita en nosotros. Es la naturaleza más profunda de nuestra propia existencia.

El Sutra del Loto proclama una verdad que resuena a través de los siglos como una campana de oro en la noche: todos los seres están destinados a la Budeidad. No unos pocos. No una élite espiritual. No únicamente los sabios, los ascetas o los santos. Todos los seres. Los fuertes y los débiles. Los inteligentes y los ignorantes. Los virtuosos y aquellos que aún luchan contra sus propias sombras. Todos poseen la Semilla de la Iluminación porque todos participan de la Naturaleza del Buda. Todos son Hijos e Hijas del Buda Eterno. Todos están siendo guiados por la Gran Compasión que nunca abandona a ningún ser, aunque ese ser haya vagado durante innumerables kalpas por los senderos del sufrimiento.

Cuando esta verdad penetra verdaderamente en el corazón, nuestra manera de contemplar el mundo cambia una vez más. Ya no vemos solamente un universo iluminado por Budas distantes. Comenzamos a descubrir Budas en formación. Donde antes veíamos únicamente personas comunes, empezamos a reconocer Bodhisattvas ocultos. Donde antes veíamos limitaciones, empezamos a contemplar potencialidades infinitas. El anciano que camina lentamente por la calle, el niño que juega bajo el sol, el trabajador agotado al final de la jornada, el enfermo que soporta el dolor, incluso aquel que se encuentra perdido en la ignorancia y la confusión: todos son seres destinados a la Iluminación. Todos están atravesando etapas diferentes de un mismo viaje cósmico. Todos son participantes del Gran Mandala del Dharma.

Es por esto que la práctica budista nunca puede limitarse a una búsqueda egoísta de paz interior. Quien ha abierto verdaderamente los ojos espirituales comprende que cada acción realizada en este mundo tiene una dimensión cósmica. Cada palabra amable añade luz al universo. Cada acto de generosidad fortalece la red invisible de compasión que une a todos los seres. Cada enseñanza compartida con sinceridad se convierte en una lámpara encendida en medio de la oscuridad. Cada vez que ayudamos a alguien a acercarse al Dharma, participamos de la obra salvadora de los Budas. Cada vez que sembramos una semilla de fe, contribuimos al florecimiento de una futura Iluminación.

El universo no solamente es iluminado por los Budas que alcanzaron la realización en el pasado. También está siendo iluminado por aquellos que avanzan hacia ella en el presente. Cada Bodhisattva que realiza un acto de compasión irradia luz. Cada practicante que vence una porción de su egoísmo irradia luz. Cada persona que decide responder al odio con paciencia, a la violencia con bondad y a la ignorancia con sabiduría, irradia luz. Quizás esa luz no sea visible para los ojos físicos, pero existe. Se extiende por el tejido espiritual del cosmos. Se convierte en una causa para futuros despertares. Se transforma en una bendición silenciosa para incontables seres.

Los grandes maestros hablaron muchas veces de la transferencia de mérito, pero esta enseñanza suele ser comprendida de forma demasiado limitada. El mérito no es simplemente una acumulación individual de buenas acciones. El mérito es la participación consciente en la corriente de compasión del Buda. Cuando vivimos en armonía con el Dharma, nuestra existencia se convierte en un canal a través del cual la luz del Buda puede manifestarse en el mundo. Nos transformamos en instrumentos de la Actividad Salvífica del Buda Eterno. Nuestra vida deja de girar exclusivamente alrededor de nuestras preocupaciones personales y comienza a participar en una misión infinitamente más grande: la liberación y el despertar de todos los seres.

Por esta razón la Escuela del Loto enseña que la Fe, el Estudio y la Práctica culminan en la Realización. La Fe abre la puerta. El Estudio ilumina el camino. La Práctica nos hace avanzar. Pero la Realización consiste en ver. Ver verdaderamente. Ver que el Dharma llena todas las cosas. Ver que el universo entero es una manifestación del Cuerpo del Buda. Ver que cada ser posee la Naturaleza Búdica. Ver que los sufrimientos del Samsara no son capaces de destruir la realidad última de la Iluminación. Ver que la Tierra Pura no es solamente una esperanza futura, sino una dimensión que puede comenzar a revelarse aquí y ahora. Ver que cada instante está impregnado por la Presencia activa del Buda Eterno.

Entonces la pregunta con la que comenzamos adquiere un significado nuevo y más profundo. Si a cada instante un Buda alcanza la Budeidad en alguna parte del Cosmos, ¿ves la luz que ilumina el universo a cada instante? 

Quizás al principio respondamos que no. Quizás todavía nuestros ojos estén nublados por las preocupaciones y las limitaciones de la condición humana. Pero si perseveramos en la fe, si profundizamos en el estudio, si nos entregamos sinceramente a la práctica, algo comenzará a cambiar. La visión se aclarará. El corazón se volverá más receptivo. La mente se volverá más transparente. Y un día comprenderemos que esa luz nunca estuvo ausente. La veremos en la bondad inesperada de un extraño. La veremos en las palabras de los Sutras. La veremos en la serenidad de la meditación. La veremos en los actos heroicos de los Bodhisattvas. La veremos en la belleza silenciosa de la naturaleza. La veremos en el nacimiento de la sabiduría dentro de nuestra propia mente. Y finalmente veremos algo aún más extraordinario. Comprenderemos que la luz que percibimos en los Budas es la misma luz que el Buda Eterno ha depositado en nuestro corazón desde el principio sin comienzo. Entonces el Cosmos entero aparecerá como un Mandala radiante. Las galaxias serán como flores ofrecidas sobre el altar del Dharma. Los mundos innumerables serán como joyas engarzadas en la red infinita de la interdependencia. Los Budas de las diez direcciones brillarán como soles inconmensurables. Los Bodhisattvas avanzarán por todos los caminos del universo llevando consuelo a los seres. Y nosotros mismos, humildemente pero con alegría, reconoceremos nuestro lugar dentro de esa visión sagrada. Ya no seremos simples observadores de la luz. Nos convertiremos en portadores de ella. Y mientras un solo ser permanezca en la oscuridad, continuaremos avanzando por el Camino del Bodhisattva, sosteniendo la lámpara del Dharma, hasta que el universo entero resplandezca como la Tierra Pura del Buda Eterno. Esto es vivir a la Luz del Dharma. 

miércoles, 27 de mayo de 2026

Nueva Publicación: Sanando el Mundo: Un Comentario al Sutra del Buda de la Medicina (y una Introducción al Ayurveda Budista)

 


La Escuela del Loto Reformada se complace en anuncia la nueva publicación de Sanando el Mundo: Las Enseñanzas del Sutra del Buda de la Medicina, el cual presenta una traducción del Sutra del Buda de la Medicina comentada a la luz de las Enseñanzas Perfectas y Completas del Budismo del Loto.

En un mundo desgarrado por la ansiedad, la enfermedad, el vacío espiritual y la fragmentación interior, el antiguo llamado del Buda de la Medicina resuena nuevamente como una medicina para el cuerpo, la mente y el alma. Este libro invita al lector a entrar en el luminoso universo del Buda de la Medicina (Yakushi Nyorai) —el Maestro de la Medicina del Resplandor de Lapislázuli—, el Gran Médico Cósmico del Budismo Mahayana, cuyos votos compasivos prometen aliviar el sufrimiento de todos los seres y guiarlos hacia la Suprema Iluminación.

Mucho más que una simple traducción del célebre Sutra del Buda de la Medicina, y de otros dos Sutras relacionados (El Sutra de los Siete Budas de la Medicina, y el Sutra de los Bodhisattvas Rey de la Medicina y Superior en Medicina), esta obra presenta una traducción original comentada a la luz del Budismo del Loto y de la tradición de la Escuela del Loto Reformada, integrando enseñanzas doctrinales, contemplativas y esotéricas dentro de una visión profundamente espiritual y práctica. Aquí, el lector encontrará no sólo el texto sagrado, sino también una guía viva para comprender la Medicina del Dharma y aplicarla en medio de la vida cotidiana.

A través de extensos comentarios budológicos, este libro explora el Mantra, la Meditación, la Visualización, y todas las enseñanzas y prácticas del Buda de la Medicina. Igualmente, revela a profundidad la Ayurveda Budista (que surgió paralelamente a la Ayurveda Védica), el sistema tradicional de sanación budista, la cual explora la composición de la Existencia, del cuerpo, sus constituciones (Doshas), sus canales (Nadis), sus energías (Pranas) y el diagóstico y la sanación budista. Esto es algo poco explorado en la tradición budista tibetana, pero que casi nunca se ha revelado en la tradición budista japonesa, donde se preserva celosamente en los manuales esotéricos, y aquí se presenta de manera esencial para poder comprender el rol de la mente y las energías en la sanación y enel desarrollo espiritual, como en la meditación.

En estas páginas, la medicina no aparece reducida a un fenómeno puramente físico. La verdadera enfermedad del ser humano es la Ignorancia: el olvido de su Naturaleza Búdica y de su unidad con el Dharma Eterno. Por ello, la sanación enseñada por Yakushi Nyorai no busca únicamente prolongar la vida o aliviar el dolor corporal —aunque también lo hace—, sino restaurar gradualmente la armonía cósmica entre el ser humano y el Reino del Buda.

Este libro ha sido escrito para practicantes budistas, estudiosos del Dharma y buscadores espirituales que deseen redescubrir una visión sagrada de la medicina y de la existencia. En una época dominada por el cansancio interior y la pérdida de significado, el Buda de la Medicina vuelve a extender su luz azul hacia el mundo sufriente, invitándonos nuevamente a recordar que no estamos solos y que la compasión iluminada continúa obrando silenciosamente en medio del Samsara.

Disponible aquí.

sábado, 23 de mayo de 2026

El Sutra de los Votos Pasados del Bodhisattva Kshitigarbha: Cuarto Capítulo - Las Retribuciones Kármicas a las Acciones de los Seres en Jambudvipa (Resumido y Recontado)

 


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Las Retribuciones Kármicas a las Acciones de los Seres en Jambudvipa

El Cielo Trayastrimsas seguía resplandeciendo con luces imposibles de describir. Las flores celestiales continuaban descendiendo lentamente desde las alturas, y los sonidos sutiles de campanas invisibles parecían mezclarse con el perfume de incienso que llenaba el Palacio Divino. Allí permanecían reunidos incontables Budas, Bodhisattvas, devas y espíritus protectores, escuchando las enseñanzas del Honrado por el Mundo, el Buda Shakyamuni.

En medio de aquella inmensa asamblea, el Bodhisattva Ksitigarbha se encontraba de pie ante el Buda con las manos juntas y el corazón lleno de humildad. Entonces habló:

—Venerable del Mundo, solamente gracias al Poder Espiritual y la gran compasión del Tathagata puedo manifestar mis emanaciones a través de billones de mundos para rescatar a los seres que sufren. Si no fuera sostenido por el Poder del Buda, jamás podría descender a tantos lugares oscuros ni adoptar tantas formas distintas para salvar a los seres atrapados en el Samsara.

Mientras hablaba, muchos de los presentes contemplaban en silencio a aquel Bodhisattva que había recorrido infiernos, reinos de fantasmas y mundos enteros de sufrimiento durante incontables kalpas.

Ksitigarbha continuó:

—Ahora el Honrado por el Mundo me ha encomendado la liberación de todos los seres en los seis reinos hasta la llegada del futuro Buda Maitreya. No os preocupéis, Venerable del Mundo. Cumpliré fielmente esta tarea.

El Buda lo observó con una mirada llena de compasión. Y entonces habló acerca de la condición dolorosa de los seres.

—Ksitigarbha —dijo lentamente—, la naturaleza de los seres sintientes es inestable y cambiante. Sus pensamientos surgen y desaparecen sin cesar. Cuando encuentran circunstancias favorables, realizan actos buenos; cuando encuentran condiciones negativas, generan karma oscuro. Sus corazones son arrastrados constantemente por deseos, temores, odios y engaños.

La voz del Buda era tranquila, pero llena de una tristeza profunda, como quien contempla una enfermedad antigua que parece repetirse eternamente. Entonces utilizó una imagen que conmovió a toda la asamblea.

—Los seres son como peces atrapados en redes —dijo—. Confunden las redes con corrientes abiertas y luchan desesperadamente por escapar. A veces consiguen soltarse temporalmente, pero poco después vuelven a quedar atrapados.

Muchos devas bajaron la mirada al escuchar esto. Porque comprendían perfectamente aquella comparación. Los seres humanos escapan del sufrimiento momentáneamente, sólo para caer otra vez en deseos, violencia, orgullo o ignorancia. Renacen una y otra vez, girando sin descanso en el círculo del Samsara. El Buda continuó:

—Estos son precisamente los seres que más preocupan mi corazón.

Luego miró profundamente a Ksitigarbha.

—Sin embargo, tú has sostenido tus grandes votos durante incontables kalpas. Has prometido permanecer junto a ellos hasta liberarlos completamente. Por eso ya no tengo preocupación.

En ese momento, un gran Bodhisattva de la asamblea, llamado Samadhisvararaja, se levantó respetuosamente de su asiento. Con las palmas juntas, preguntó:

—Venerable del Mundo, ¿qué votos tan extraordinarios realizó el Bodhisattva Ksitigarbha para recibir tan profundos elogios del Tathāgata? Deseamos escucharlos.

Entonces el Buda sonrió suavemente.

—Escuchad con atención —dijo—, porque os hablaré de tiempos tan antiguos que incluso los dioses han olvidado sus nombres.

El Honrado por el Mundo comenzó entonces a narrar una historia de edades remotas, tan lejanas que ni siquiera las estrellas actuales existían aún.

—Hace incontables kalpas —dijo el Buda— apareció en el mundo un Tathagata llamado Sarvajnasiddharta. Antes de alcanzar la Iluminación perfecta, aquel Buda había sido rey de un pequeño país. Y tenía un amigo íntimo: el rey de una nación vecina. Ambos gobernantes eran virtuosos. Protegían a sus pueblos, practicaban las diez acciones benéficas y deseaban sinceramente aliviar el sufrimiento de los seres. Pero el reino vecino estaba lleno de violencia, engaño y codicia. Las personas robaban, mataban, mentían y destruían sus propias vidas mediante acciones oscuras. Una noche, ambos reyes caminaron juntos por los jardines del palacio. Las antorchas iluminaban débilmente los senderos de piedra mientras escuchaban, a lo lejos, los lamentos de personas enfermas y hambrientas. Entonces uno de ellos suspiró profundamente.

—Nuestro pueblo sufre —dijo—. Incluso cuando intentamos guiarlos hacia el bien, vuelven una y otra vez a las acciones negativas. ¿Cómo podremos salvarlos?

El otro rey permaneció largo tiempo en silencio. Finalmente respondió:

—Debemos hacer un gran voto.

Ambos se detuvieron bajo un cielo lleno de estrellas. Entonces el primer rey dijo:

—Yo alcanzaré rápidamente la Budeidad. Me convertiré en un Buda perfecto para poder liberar a estos seres mediante la sabiduría suprema.

El segundo rey guardó silencio por un momento. Luego habló lentamente:

—Yo no puedo hacerlo así.

—¿Por qué? —preguntó el primero.

El rey levantó la mirada hacia los cielos oscuros.

—Porque no soportaría alcanzar la paz mientras aún existan seres atrapados en el sufrimiento. Haré otro juramento: primero liberaré a todos los seres pecadores y sufrientes. Sólo cuando todos hayan encontrado tranquilidad y despertado la sabiduría suprema, entonces yo mismo aceptaré convertirme en Buda.

Al escuchar aquellas palabras, incluso los devas invisibles temblaron. Porque aquel voto era inmenso. Era una promesa de permanecer voluntariamente en el samsara por incontables kalpas.

Entonces el Buda reveló a la asamblea:

—El rey que prometió alcanzar primero la Budeidad se convirtió en Sarvajnasiddharta Tathāgata. Y el rey que juró permanecer junto a los seres sufrientes era Ksitigarbha.

Toda la asamblea quedó sobrecogida. Pero el Buda continuó:

—Sin embargo, esa no fue la única vez que realizó un voto semejante.

Entonces comenzó a relatar otra historia aún más conmovedora. Una historia nacida del amor filial y del dolor de una hija por el sufrimiento de su madre. En otra era inconcebiblemente lejana apareció un Buda conocido como Tathagata de los Ojos de Loto Puro.

Durante aquel tiempo vivía una mujer llamada Prabhacaksuh, “Ojos Brillantes”. Era bondadosa y respetuosa, pero cargaba una tristeza constante. Su madre había muerto. Y aunque la mujer realizaba ofrendas y actos meritorios diariamente, no sabía dónde había renacido.

Un día encontró a un venerable monje y le ofreció comida con profunda reverencia. El monje, observando su dolor, preguntó:

—Buena mujer, ¿qué deseo guardas en tu corazón?

Ella comenzó a llorar.

—Desde la muerte de mi madre intento acumular méritos para ayudarla. Pero ignoro dónde ha renacido y temo que esté sufriendo.

Compadecido, el monje entró en Samadhi.

Largo tiempo permaneció inmóvil. 

Y cuando abrió los ojos, había tristeza en su rostro.

—Tu madre ha caído en los Infiernos.

Prabhacaksuh sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—¿Por qué? —preguntó temblando.

—¿Qué acciones realizó en vida?

La mujer respondió entre lágrimas:

—Mi madre amaba comer seres vivos. Especialmente peces pequeños y crías de tortuga. Los consumía constantemente, sin pensar en el sufrimiento que causaba.

El monje suspiró profundamente. Luego dijo:

—Aún hay esperanza. Manda pintar una imagen del Buda de los Ojos de Loto Puros y recita sinceramente su nombre.

Sin vacilar, la mujer vendió sus posesiones más preciadas. Mandó pintar una imagen magnífica del Buda y pasó días enteros haciendo ofrendas, rezando y llorando ante ella.

Entonces, una noche, el Buda apareció en sus sueños. Su cuerpo dorado brillaba como miles de soles. Y le dijo:

—Tu madre pronto renacerá cerca de ti.

Pocos días después, una sirvienta dio a luz a una niña.

Y apenas dos días después de nacer, el bebé habló.

Llorando profundamente, dijo:

—Yo fui tu madre.

Prabhacaksuh quedó paralizada por el dolor y el asombro.

La niña explicó que había sufrido terriblemente en los infiernos debido al karma de matar animales y despreciar la ley de causa y efecto. Sólo gracias a los méritos de su hija había obtenido aquel breve renacimiento humano. Pero agregó algo terrible:

—Mi vida durará apenas trece años. Después volveré a caer en los reinos del sufrimiento.

Entonces Prabhacaksuh levantó los ojos hacia el cielo y gritó con toda la fuerza de su alma:

—¡Oh Budas de las Diez Direcciones! ¡Escuchad mi voto! Si mi madre puede liberarse para siempre del sufrimiento, entonces juro que desde este día y durante incontables kalpas liberaré a todos los seres atrapados en los infiernos, entre los fantasmas hambrientos y entre los animales. ¡No alcanzaré la Budeidad hasta que todos ellos hayan despertado!

En ese instante, los mundos temblaron. Y el Buda de los Ojos de Loto Puros apareció nuevamente para anunciar que su madre sería finalmente liberada y alcanzaría elevados renacimientos. 

Entonces el Honrado por el Mundo reveló el gran secreto:

—Prabhacaksuh era Ksitigarbha.

Toda la asamblea quedó en silencio absoluto. Porque comprendieron que la compasión de Ksitigarbha había nacido del dolor de ver sufrir a otros. Y que desde entonces, kalpa tras kalpa, continúa descendiendo hacia los lugares más oscuros del samsara para rescatar a los seres perdidos.

Después de revelar aquellas historias antiguas, el Buda se dirigió nuevamente a la gran asamblea. Explicó que el Bodhisattva Ksitigarbha continúa utilizando incontables medios hábiles para enseñar a los seres sobre las consecuencias del karma. Entonces describió numerosas retribuciones kármicas.

—Quienes matan —dijo— reciben vidas cortas y muertes violentas.

—Quienes roban experimentan pobreza e indigencia.

—Quienes se entregan a deseos descontrolados renacen entre animales dominados por el instinto.

—Quienes insultan y calumnian nacen mudos o incapaces de hablar correctamente.

—Quienes odian y buscan venganza renacen deformes o despreciados.

—Quienes son arrogantes renacen en posiciones bajas.

—Quienes dañan a sus padres encuentran muertes terribles.

—Quienes destruyen templos o roban propiedades del Dharma sufren largos tormentos infernales.

 Cada acción deja una huella. Cada pensamiento construye lentamente el mundo futuro del ser. 

Entonces los Cuatro Reyes Celestiales preguntaron algo profundamente importante:

—Si Ksitigarbha ha hecho estos votos durante incontables kalpas, ¿por qué aún no ha terminado de liberar a todos los seres?

El Buda respondió con gran tristeza:

—Porque los seres continúan creando nuevo karma constantemente.

Los seres caen, se levantan y vuelven a caer. Salen temporalmente de la oscuridad sólo para regresar a ella nuevamente. Y precisamente por eso Ksitigarbha vuelve a hacer sus votos una y otra vez. No abandona a los seres. Nunca se cansa de ellos. Jamás deja de extender su mano hacia quienes sufren.

Los Reyes Celestiales inclinaron sus cabezas llenos de tristeza y reverencia. Porque comprendieron que el samsara es profundo y difícil de escapar. Pero también comprendieron algo aún más importante: mientras exista la compasión del Bodhisattva Ksitigarbha, ningún ser estará completamente perdido.

jueves, 21 de mayo de 2026

Los Dioses del Budismo del Loto: Benzaiten - Historia, Rol y Significado en la Vida Budista

 


Otra de las divinidades principales y más famosas del Budismo es Benzaiten. El rol de Benzaiten en el Budismo comienza antes de su llegada a Japón, antes incluso de que su nombre japonés adquiriera la dulzura sonora con la que hoy la conocemos. Su raíz se encuentra en la antigua diosa Sarasvati de la India, divinidad vinculada al fluir de las aguas, a la palabra sagrada, a la música, a la poesía, a la sabiduría y a la inspiración. En el mundo religioso indio, Sarasvati fue asociada con los ríos que fertilizan la tierra y con la corriente invisible del lenguaje que fecunda la mente. Esta doble dimensión —agua y palabra, corriente exterior y corriente interior— permanecerá viva cuando la figura sea incorporada al Budismo y transformada en Benzaiten, protectora del Dharma, patrona de la elocuencia sagrada y guardiana de la armonía espiritual.

Cuando el Budismo recibió a Sarasvati, no la asumió como una deidad suprema independiente, sino que la reordenó dentro del Cosmos del Buda. Este proceso es fundamental para entender todas las deidades budistas. El Budismo, como vimos, no niega la existencia de los dioses, pero les asigna un lugar correcto: no son refugio último, no son fuente suprema de liberación, no son superiores al Buda. Son seres poderosos que, al escuchar el Dharma, se convierten en protectores de la Enseñanza. Así, Sarasvatī se vuelve una deidad budista porque su poder de palabra, música, sabiduría y flujo vital queda consagrado al servicio del Buda, del Dharma y de la Sangha. Su belleza ya no es simplemente estética; se vuelve medio hábil. Su voz ya no canta solamente la armonía del mundo; canta la verdad que conduce a los seres hacia el Despertar.

Esta transformación se aprecia con especial claridad en los textos budistas de protección, como el Sutra de la Luz Dorada, o los propios Sutras de Srasvati, en los cuales Sarasvati aparece prometiendo defender a quienes preservan, recitan, copian y enseñan el Dharma. Su rol no es ornamental. Ella protege la palabra del Buda. Y proteger la Palabra del Buda significa proteger el medio por el cual innumerables seres reciben la Semilla de la Iluminación. En una tradición como Tendai, donde los Sutras son considerados manifestaciones vivas de la intención salvífica del Buda, esta función adquiere una importancia inmensa. El Buda salva predicando; el Dharma se transmite mediante palabras; los mantras condensan la actividad secreta de la Iluminación; la liturgia convierte el sonido en ofrenda; la música ordena la mente; la poesía abre el corazón. Benzaiten habita precisamente ese espacio sagrado donde sonido, sentido y salvación se unen.

El nombre japonés Benzaiten puede entenderse históricamente desde dos formas principales: Benzaiten, asociada a la elocuencia y al talento, y Benzaiten escrita con el carácter de riqueza, asociada más tarde con fortuna y prosperidad. Esta evolución es muy significativa, porque revela cómo su culto fue ampliándose. En su dimensión más antigua, ella es la diosa de la palabra sagrada, de la capacidad de hablar correctamente, de la inteligencia refinada, del canto y de la música. Luego, conforme se integró al culto popular de los Siete Dioses de la Fortuna, su significado se extendió hacia la prosperidad, el éxito y la bendición mundana. Sin embargo, dentro del Budismo Tendai, ambas dimensiones pueden reunirse sin contradicción: la verdadera riqueza es el Dharma; la verdadera fortuna es la capacidad de expresarlo, recibirlo, comprenderlo y transmitirlo. La elocuencia sagrada es una forma de tesoro.

En el camino de India a China y de China a Japón, Sarasvati/Benzaiten fue adquiriendo nuevas formas iconográficas. A veces aparece como deidad serena, asociada al biwa, instrumento musical japonés que simboliza la armonía sonora. En otras formas más esotéricas aparece con múltiples brazos, portando armas o instrumentos rituales, manifestando no solo belleza, sino poder. Esta doble naturaleza es esencial: Benzaiten no es débil por ser bella. La belleza, en el Budismo, puede ser una fuerza tremenda cuando está iluminada por la sabiduría. Una palabra correcta puede cortar más profundamente que una espada. Un canto sagrado puede pacificar la mente más eficazmente que un mandato. Una poesía inspirada por el Dharma puede despertar fe donde un argumento frío no logra entrar. Benzaiten representa esa potencia sutil: la fuerza que no domina por violencia, sino que transforma por resonancia.

Al llegar a Japón, Benzaiten encontró un terreno particularmente fértil. La cultura japonesa supo percibir en ella una presencia vinculada a la música, las aguas, la fertilidad, la protección de lugares liminales y la prosperidad. Muchos de sus espacios de veneración se vincularon con islas, lagos, ríos y costas, como si su antiguo carácter fluvial siguiera fluyendo bajo su nueva forma budista. Sus santuarios se encuentran casi siempre cerca del agua —el mar, un río, un lago o un estanque— mientras que sus mensajeros y avatares son serpientes y dragones. De hecho, las criaturas que gobiernan las aguas están íntimamente asociadas con Benzaiten en Japón.  Sus mensajeros son las serpientes y los dragones. Pero esta recepción japonesa no fue meramente folklórica. En las escuelas esotéricas y especialmente en Tendai, Benzaiten fue incorporada dentro de un sistema ritual y doctrinal donde su poder quedó ligado a la protección del Dharma, al refinamiento de la mente y a la eficacia de la palabra sagrada. En el Shinto, el Shugendo y el Budismo Esotérico, Benzaiten se asoció tempranamente con un kami serpiente local poco conocido llamado Ugajin (que tiene el cuerpo de una serpiente y el rostro de un anciano). Ugajin, un kami del agua, los alimentos y la buena fortuna, probablemente derivó de otras deidades relacionadas con la comida en los mitos de la creación japoneses, especialmente de Uga no Mitama, el kami de los granos y los alimentos, que se dice que encarna el espíritu del arroz y que comúnmente se considera un aspecto de Inari (el kami japonés extremadamente popular del arrozal, el grano, el cultivo y la prosperidad). La vinculación de Benzaiten con Ugajin es una de las principales fuentes de la perdurable popularidad de Benzaiten en Japón. Posteriormente, Benzaiten se fusionó con Dakiniten, una deidad hindú demoníaca, carnívora y bebedora de sangre, que finalmente se convirtió al Budismo. La divina Dakiniten (a diferencia de la demoníaca) aparece en el arte japonés montada en un zorro blanco, sosteniendo una espada y una joya que concede deseos. Si se eliminara el zorro, se vería exactamente igual que Daibenzaiten (otra forma icónica de Benzaiten con dos brazos, que también sostiene una espada y una joya). De hecho, el zorro suele ser la única pista para diferenciarlas. Dakiniten también está estrechamente relacionada con Inari (la kami japonesa del arroz), asociada al zorro, y con Daikokuten (el dios budista japonés de la agricultura), asociado a la serpiente. 

Aquí comienza a revelarse su especial afinidad con el Budismo Tendai. La tradición del Gran Maestro Saicho y del Monte Hiei no se limita a una sola dimensión religiosa. La escuela Tendai integra estudio doctrinal, contemplación meditativa, disciplina del Bodhisattva, liturgia, esoterismo, devoción, culto a los protectores y transmisión cultural. Por eso, una deidad como Benzaiten, que une palabra, música, sabiduría, belleza, agua y protección, encuentra naturalmente un lugar dentro del universo Tendai. Ella expresa aquello que el Tendai realiza constantemente: la armonización de lo múltiple dentro del Vehículo Único.

El Monte Hiei fue no solamente un centro de doctrinas profundas, sino una montaña de recitación, canto, ritual y belleza litúrgica. Allí los Sutras no eran meros textos estudiados intelectualmente; eran recitados, copiados, comentados, cantados y ritualizados. La voz humana se convertía en vehículo del Buda. La escritura se convertía en acto de mérito. El sonido del Dharma llenaba los salones como agua que purifica la mente. En ese ambiente, Benzaiten representa la dimensión sonora y estética del camino. Ella protege la voz que canta los Sutras, la inteligencia que los comprende, la memoria que los conserva y la elocuencia que los predica. Desde la perspectiva Tendai, el lenguaje tiene una profundidad extraordinaria. El Sutra del Loto no es solamente una colección de enseñanzas; es la revelación suprema del Buda Eterno mediante parábolas, símbolos, imágenes cósmicas y proclamaciones doctrinales. El Buda del Loto salva hablando. Predica con medios hábiles, adapta su Palabra a las capacidades de los seres y finalmente revela el Vehículo Único. Por ello, la palabra no es una realidad secundaria: es instrumento de salvación. Benzaiten, como protectora de la palabra y la elocuencia, se vuelve una guardiana natural del mundo del Loto.

En el Budismo Esotérico Tendai, esta dimensión se profundiza todavía más. La palabra no es solamente comunicación humana; puede ser mantra, sonido sagrado, vibración del cuerpo verbal del Buda. El mantra no “describe” la Realidad Iluminada: la manifiesta. El sonido ritual no es adorno externo: participa de los Tres Misterios del cuerpo, palabra y mente. En este marco, Benzaiten custodia el poder purificado del sonido. Ella recuerda que la lengua humana puede producir karma oscuro mediante mentira, calumnia y palabras ásperas, pero también puede producir mérito inmenso mediante recitación, alabanza, enseñanza, confesión, oración y predicación del Dharma. La misma boca que ata a los seres al Samsāra puede convertirse en instrumento del Buda.

Esta enseñanza es de enorme importancia práctica. En la vida del devoto, la palabra es una de las puertas principales del karma. Hablamos, nombramos, bendecimos, herimos, enseñamos, mentimos, reconciliamos, cantamos. Benzaiten revela la posibilidad de purificar esa puerta. Bajo su protección, la palabra puede dejar de ser instrumento de confusión y convertirse en corriente de sabiduría. La música puede dejar de ser distracción y convertirse en ofrenda. La belleza puede dejar de alimentar el apego y convertirse en resplandor del Dharma. Por ello, Benzaiten no debe ser entendida simplemente como patrona de artistas en un sentido secular. En el horizonte Tendai, ella es patrona de la palabra consagrada. Protege al predicador que explica el Sutra, al monje que entona la liturgia, al poeta que canta el Dharma, al traductor que vierte textos sagrados a otra lengua, al músico que ofrece sonidos al altar, al devoto que recita con fe. Su bendición consiste en ordenar la expresión humana para que pueda transmitir la verdad sin distorsionarla, con belleza sin vanidad, con fuerza sin arrogancia y con dulzura sin debilidad.

Como mencionamos anteriormente, al desarrollarse plenamente dentro del universo religioso del Monte Hiei, Benzaiten comenzó a ocupar un lugar mucho más profundo que el de una simple deidad asociada a la música o a las artes refinadas. En el Budismo Tendai, ella se convirtió progresivamente en una expresión de la armonía activa del Dharma: la fuerza mediante la cual la sabiduría del Buda ordena el caos interior de los seres, suaviza las pasiones, embellece la práctica y transforma el sonido, la palabra y la sensibilidad humana en caminos hacia la iluminación. Esta transformación es característica del espíritu Tendai, que jamás separa completamente doctrina, ritual, arte, cosmología y vida cotidiana. Todo puede convertirse en medio hábil; todo puede ser iluminado; todo puede ser integrado dentro del Vehículo Único. Benzaiten representa esta santificación de la sensibilidad humana. 

En ciertas formas esotéricas se manifiesta armada, múltiple o asociada a serpientes y dragones. Estas representaciones revelan que la armonía verdadera no es simple pasividad. La belleza iluminada posee poder. La palabra sagrada puede subyugar demonios. El mantra puede destruir obstáculos invisibles. Así, Benzaiten también participa del aspecto protector del Dharma.

En algunos contextos rituales, Benzaiten fue invocada para otorgar memoria, inteligencia, habilidad doctrinal y capacidad de predicación. Esto posee una enorme coherencia dentro del Budismo Tendai, donde el estudio y la transmisión de la enseñanza eran considerados actos sagrados. Un monje incapaz de explicar correctamente el Dharma podía desorientar a innumerables seres. Por ello, la claridad verbal y la correcta expresión doctrinal se consideraban virtudes espirituales esenciales. Benzaiten protege precisamente la transmisión bella y correcta de la verdad.

Esta interpenetración aparece de manera especialmente visible en la forma de Sanmen Daikokuten, característica del Monte Hiei, donde Benzaiten comparte una sola figura con Daikokuten y Bishamonten. En esta tríada, Benzaiten representa la dimensión armonizadora y refinadora del Dharma. Daikokuten sostiene materialmente la vida religiosa; Bishamonten protege activamente el orden espiritual; Benzaiten armoniza el corazón humano para que la verdad pueda florecer en él. Esta estructura es profundamente reveladora. El Budismo Tendai comprende que la vida espiritual requiere simultáneamente sustento, protección y belleza. Una comunidad religiosa sin alimento desaparece; sin defensa, se dispersa; sin armonía, se endurece y se corrompe. Benzaiten preserva precisamente la dimensión de gracia que impide que la práctica se vuelva áspera o meramente intelectual. Ella recuerda que el Dharma también debe ser bello. Pero esta belleza no es superficial. La belleza auténtica, dentro del Budismo, es transparencia hacia la verdad. Un canto litúrgico puede abrir la mente a la compasión; una ceremonia puede revelar el orden cósmico del Buda; una imagen sagrada puede despertar fe; un poema puede expresar aquello que los conceptos no alcanzan a tocar. Benzaiten protege esta dimensión contemplativa de la estética.

La Escuela del Loto Reformada, al comprenderse como heredera del espíritu del Monte Hiei y del Budismo Tendai, conserva la visión clásica según la cual Benzaiten es protectora de la armonía del Dharma, de la palabra correcta, de las artes consagradas, de la belleza espiritual y de la transmisión viva de la Enseñanza. Ella permanece siendo aquello que fue en Tendai: la corriente luminosa mediante la cual el Dharma fluye hacia el corazón humano.

Esta continuidad posee una importancia enorme dentro del proyecto espiritual del Loto Reformado, porque una de sus características centrales es precisamente el esfuerzo por traducir, transmitir, poetizar y encarnar el Dharma en una nueva lengua y una nueva cultura. La Tradición del Loto siempre entendió que el Dharma debe expresarse de manera viva y adaptada a las capacidades de los seres. Así como Kumarajiva transformó el Budismo mediante la belleza y claridad de sus traducciones chinas, y así como Saicho llevó la luz del Monte Tiantai a Japón, la Escuela del Loto Reformada contempla la transmisión del Dharma al mundo hispano como una obra profundamente sagrada. En este contexto, Benzaiten adquiere un lugar natural y necesario. Ella protege la palabra que transmite el Dharma correctamente y con belleza. Por ello, dentro del Budismo del Loto Reformado, Benzaiten no es venerada simplemente como patrona secular de la música o de las artes. Ella representa la santificación budista de toda expresión humana elevada hacia el Buda. La poesía devocional, la traducción de sutras, los himnos litúrgicos, la caligrafía sagrada, la composición doctrinal, la música ritual y la predicación inspirada pueden convertirse en actos de Bodhisattva. Benzaiten protege precisamente esa dimensión creadora y armonizadora de la práctica.

Esto es especialmente importante porque el Budismo del Loto Reformado insiste en que el Dharma no debe presentarse solamente como doctrina abstracta. El Sutra del Loto mismo enseña mediante parábolas, imágenes cósmicas, escenas poéticas y lenguaje simbólico. El Buda salva no únicamente por conceptos filosóficos, sino también por la capacidad de tocar profundamente el corazón humano. Así, la belleza no es un lujo superficial; es un medio hábil. Benzaiten representa esa verdad. Ella recuerda que la forma mediante la cual se transmite el Dharma también importa. La música ofrecida al altar, la poesía que despierta fe, la arquitectura del templo, la liturgia solemne, la composición de himnos y la belleza ceremonial dejan de ser adornos secundarios y se vuelven expresiones concretas del Reino del Buda. Benzaiten protege la dimensión estética de la iluminación. Ella enseña que el Dharma no solo corrige la mente; también armoniza los sentidos, purifica la sensibilidad y transforma la manera de percibir el mundo.

Aquí se revela nuevamente la profunda relación entre Benzaiten y el agua. El Dharma debe fluir. No puede permanecer encerrado en un solo idioma, una sola cultura o una sola forma histórica. Así como el agua toma la forma del recipiente sin perder su esencia, la enseñanza del Buda debe adaptarse a nuevas tierras y nuevos pueblos. Benzaiten simboliza precisamente esa capacidad de transmisión viva. Ella protege el movimiento del Dharma a través de las culturas y de las épocas.

Vivimos rodeados de ruido, saturación de imágenes, palabras vacías y comunicación superficial. El lenguaje ha sido degradado constantemente por propaganda, agresión y banalidad. En medio de este caos verbal, la palabra consagrada al Dharma se convierte en un acto de resistencia espiritual. Benzaiten protege esa pureza del lenguaje. Ella recuerda que hablar correctamente puede ser una forma de compasión; que escribir con verdad puede ser una forma de práctica; y que el sonido del Dharma todavía puede sanar una mente agotada por el Samsara contemporáneo.

Dentro del Budismo del Loto, Benzaiten también protege la armonía comunitaria. La palabra puede construir Sangha o destruirla. Los conflictos nacen frecuentemente de palabras mal utilizadas: calumnias, dureza, orgullo, agresividad o divisiones innecesarias. Benzaiten representa el uso correcto y armonioso de la expresión humana. Ella inspira la palabra que reconcilia, la enseñanza que ilumina y el canto que une a la comunidad en una sola voz devocional. Su presencia posee además una dimensión contemplativa muy profunda. La armonía exterior refleja la armonía interior. Cuando la mente se aquieta mediante la recitación, la liturgia o la música sagrada, el practicante comienza a percibir algo del orden luminoso del Dharma. El caos mental disminuye; la respiración se suaviza; la consciencia se vuelve receptiva al Buda. Benzaiten custodia precisamente este proceso de refinamiento espiritual. Ella conduce al ser humano desde la fragmentación hacia la resonancia interior con el Dharma Eterno.

La figura de Sanmen Daikokuten, heredada del Monte Hiei, expresa perfectamente esta visión integral. En la unión de Benzaiten con Daikokuten y Bishamonten, Benzaiten representa la dimensión de armonía, refinamiento y belleza necesaria para completar la vida espiritual. Daikokuten sostiene materialmente la existencia; Bishamonten la protege; Benzaiten la armoniza y eleva. Juntas, estas tres deidades expresan una visión completa del Dharma encarnado en la vida humana. Esta tríada posee una relevancia inmensa para la Escuela del Loto Reformada porque resume visualmente su ideal espiritual. El Reino del Buda no consiste solamente en contemplación abstracta. Requiere sustento, protección y armonía. Requiere templos vivos, comunidades estables, liturgias hermosas, enseñanzas fieles y una cultura espiritual capaz de transmitir el Dharma a nuevas generaciones. Benzaiten protege precisamente la dimensión cultural y estética de esa misión. Por ello, su rol dentro del Budismo del Loto no es simplemente decorativo. Ella es patrona de la transmisión hermosa y correcta del Dharma. Protege al poeta que canta la Tierra Pura, al traductor que vierte el Canon a una nueva lengua, al músico que transforma el sonido en ofrenda, al predicador que explica el Sutra del Loto y al devoto que convierte su propia vida en liturgia silenciosa.

En la era de Mappo, esta misión adquiere un carácter casi profético. Cuando el mundo se vuelve cada vez más vulgar, agresivo y espiritualmente fragmentado, la belleza consagrada al Dharma se convierte en un acto de restauración cósmica. Una ceremonia celebrada con solemnidad, un sutra recitado correctamente, una oración escrita con devoción o un himno inspirado pueden abrir grietas de luz en medio de la oscuridad contemporánea. Benzaiten protege precisamente esa belleza resistente. Así, desde Sarasvati hasta el Monte Hiei, y desde el Monte Hiei hasta el Budismo del Loto Reformado, Benzaiten permanece como corriente viva del Dharma. Ella es el río de la palabra iluminada, la armonía que ordena el corazón, la belleza que despierta fe y el canto mediante el cual el Buda continúa llamando a los seres sintientes hacia el Vehículo Único. 

Veamos una oración a Benzaiten compuesta por el Gran Maestro Saicho en sus rituales para las Seis Divinidades que es usada aún hoy día en el Budismo del Loto. La introducción de este texto en la Colección del Gran Maestro Saicho lee: "Este es el venerable texto litúrgico que el Gran Maestro Transmisor del Dharma, Dengyo Daishi Saicho, ofrecía diariamente ante los Honrados Protectores del Dharma. A través de generaciones incontables, su eco ha descendido como lluvia de mérito sobre quienes buscan refugio en las Tres Joyas."

Oración a la Gran Benzaiten

Que este lugar sagrado se transforme en una joya celestial resplandeciente;
que la Gran Benzaiten descienda y manifieste aquí su presencia luminosa.
Ante las Tres Joyas postro mi cuerpo y mi corazón;
tocando con mi frente los pies santos del Dharma,
me refugio y me entrego con absoluta reverencia.

¡Nos postramos y refugiamos en la Gran Benzaiten —compasiva, jubilosa, ecuánime y perfecta en sabiduría y elocuencia— junto con su hijo celestial y toda su asamblea divina, rogando que los más profundos deseos de nuestro corazón alcancen completa realización! 

Con humildad y profundo respeto invocamos a la Gran Benzaiten, Honrada entre las deidades, protectora de la sabiduría, de las artes sagradas, de la belleza, de la música celestial y de la fortuna virtuosa.

Los Budas, movidos por infinita compasión, tienen como esencia conceder felicidad y paz a todos los seres. Los seres sintientes, atrapados en la rueda del nacimiento y la muerte, anhelan naturalmente mérito, protección y bendiciones. Y al contemplar esta verdad, nuestro corazón se llena de vergüenza y humildad.

¡Qué triste es este mundo! Aunque existan reinos colmados de tesoros, obtener siquiera una vez el precioso cuerpo humano es extremadamente difícil. Monjes y laicos se embriagan con los placeres pasajeros, pero todo cuanto ven y aman desaparece finalmente como niebla disuelta en el vacío. Por ello regresamos nuevamente a la devoción filial, y nos refugiamos sinceramente en las Tres Joyas.

Tenemos aspiraciones nobles, pero carecemos de fuerza y recursos. Deseamos practicar el bien y aliviar el sufrimiento de los pobres, pero nuestras manos permanecen vacías. Queremos construir templos, copiar sutras y sostener ceremonias del Dharma, pero nuestros medios son insuficientes. ¿Quién contemplará con misericordia esta causa? ¿Quién escuchará las lamentaciones silenciosas de nuestro corazón?

¡Ay de los pobres! Ignoran las semillas kármicas sembradas en vidas anteriores y sólo lamentan las penurias visibles de esta existencia. ¡Ay de los ricos! Se glorían de la felicidad presente y olvidan las sombras de sufrimiento que aguardan más allá de esta vida efímera.

Mas la Gran Benzaiten, Madre Compasiva de las Bendiciones, primero dirige su mirada hacia los hogares humildes y necesitados, otorgando protección y fortuna. Después guía a los seres hacia la virtud, enseñándoles el camino de la generosidad y las obras meritorias. Por ello el Buda proclamó ante la asamblea: “Apresuraos a practicar este Dharma. Quien recite y preserve esta enseñanza verá descender el mérito desde los cielos y brotar bendiciones desde la tierra. Practicando la generosidad y la dána, rápidamente se avanza hacia el Camino del Bodhi.”

Por eso ahora, para honrar a nuestros padres y ancestros, servir a nuestros maestros, hacer florecer el Santo Dharma y beneficiar a todos los seres sintientes, dirigimos nuestro corazón entero hacia esta Gran Deidad, rogando que acelere y haga madurar nuestras aspiraciones virtuosas.

En lo universal, pedimos paz y armonía para toda nación y tranquilidad para los cuatro mares. En lo particular, rogamos por la prosperidad de nuestros discípulos, por estabilidad en sus hogares, por alimento, salud, protección y serenidad en sus vidas.

El Dharmadhatu no posee un único santuario fijo; el Palacio del Rey del Dharma aparece allí donde mora la sinceridad. La venida y la partida de Benzaiten dependen de la profundidad de la fe y de la pureza del corazón del devoto. Y la transferencia de méritos debe siempre seguir el mismo espíritu de compasión que anima los votos de los Budas.

¡Que todos los seres de los Seis Reinos y de las cuatro clases de existencia puedan realizar plenamente todos los méritos y virtudes sin excepción!

Y aún rogamos más profundamente:

Que en los mundos de la Forma y del No-Forma, incluso en los estados más sutiles y elevados de contemplación, todos los seres se reúnan finalmente sobre el Trono del Despertar, sentados juntos bajo la luz de la Suprema Iluminación.