El Sutra de los Votos Pasados del Bodhisattva Kshitigarbha (Jizo Bosatsu Hogan Kudoku Kyo) es uno de los Sutras o sermones del Buda dentro del vasto corpus del Dharma sobre las vidas pasadas del Bodhisattva Kshitigarbhay en el mismi convergen, de manera orgánica y doctrinalmente coherente, la piedad filial, la ley de causalidad kármica y el ideal supremo del Bodhisattva tal como es plenamente revelado en el horizonte del Mahayana. Este Sutra no debe ser comprendido únicamente como un relato devocional o una colección de enseñanzas morales accesibles, sino como una exposición sistemática —aunque expresada en lenguaje sencillo y narrativo— de los principios fundamentales que gobiernan el proceso de salvación universal. En él, el Buda, en un acto que sintetiza compasión y gratitud, asciende al Cielo Trayastrimsha para predicar el Dharma a su madre, la reina Maya, antes de su entrada en el Parinirvana, transformando así un gesto filial en una proclamación cósmica del destino espiritual de todos los seres.
El contexto mismo de la predicación posee un significado doctrinal decisivo. El acto de retribuir la bondad de la madre no se limita a una relación individual, sino que se convierte en un paradigma universal: todos los seres, atrapados en el ciclo del nacimiento y la muerte, han sido en innumerables vidas padres y madres unos de otros. Por ello, la piedad filial que aquí se manifiesta no es meramente ética, sino ontológica y salvífica, constituyendo el punto de partida para la expansión de la compasión hacia todos los seres sintientes. En el Budismo del Loto de la Escuela del Loto Reformada, este principio se interpreta a la luz del Vehículo Único proclamado en el Sutra del Loto, donde se enseña que todas las prácticas, sin excepción, encuentran su culminación en la Budeidad Universal y que toda virtud particular —como la piedad filial— es, en su esencia última, una manifestación parcial de la actividad salvífica del Buda Eterno.
El Sutra se abre con la exaltación de los votos y prácticas del Bodhisattva Kshitigarbha, cuya figura se erige como el eje doctrinal de toda la enseñanza. Lejos de ser presentado como un Bodhisattva entre muchos, Kshitigarbha es revelado como el paradigma de la compasión perseverante, aquel que ha formulado un voto tan vasto y radical que redefine el sentido mismo del camino espiritual. Su célebre aspiración —no alcanzar la Budeidad hasta que todos los seres hayan sido liberados y los Infiernos estén vacíos— constituye la expresión literal de una resolución cultivada a lo largo de incontables kalpas. En esta resolución se manifiesta el principio fundamental del Mahayana: la inseparabilidad entre la Iluminación propia y la liberación de los demás, principio que en el Budismo del Loto se integra en la doctrina de la Budeidad Innata, según la cual todos los seres poseen desde siempre la capacidad de alcanzar el Despertar.
A través de una estructura dialógica, el Sutra desarrolla una exposición detallada de la causalidad kármica, articulando sus enseñanzas mediante preguntas y respuestas que surgen en el seno de la gran asamblea reunida en el Cielo Trayastrimsha. Esta metodología permite que la ley del karma sea comprendida no como una abstracción filosófica, sino como una realidad concreta que se manifiesta en la diversidad de los destinos de los seres. Las descripciones de los Infiernos, de los sufrimientos que en ellos se experimentan y de las causas que conducen a tales estados no buscan infundir temor, sino generar una comprensión lúcida de la responsabilidad moral inherente a cada acción. Al mismo tiempo, el Sutra insiste en la posibilidad constante de transformación, mostrando cómo incluso los seres más profundamente sumidos en el sufrimiento pueden ser rescatados mediante el poder del mérito, la fe y la intervención compasiva del Bodhisattva.
En este sentido, la enseñanza del Sutra no se limita a la exposición de los estados de sufrimiento, sino que se extiende hacia la presentación de los medios hábiles mediante los cuales los seres pueden ser liberados. La práctica del dar, la acumulación y transferencia de méritos, la veneración de los Budas y Bodhisattvas, y la recitación del Nombre del Buda aparecen como instrumentos accesibles y eficaces para transformar el destino kármico. Estas prácticas, lejos de ser consideradas actos aislados, son integradas en una visión más amplia en la que cada acción virtuosa contribuye a la realización progresiva de la Budeidad, tanto propia como ajena. Así, el Sutra establece un puente entre la comprensión de la ley del karma y la práctica concreta del camino, ofreciendo una guía que es a la vez doctrinal y operativa.
La claridad del lenguaje y la organización temática de sus capítulos hacen de este Sutra una enseñanza particularmente accesible, y a su vez la misma oculta una arquitectura doctrinal de gran profundidad, en la que cada elemento —desde la descripción de los infiernos hasta la enumeración de las prácticas— cumple una función precisa dentro del conjunto. Antes de adentrarse plenamente en su lectura, resulta por tanto indispensable comprender los elementos fundamentales que estructuran su enseñanza: el significado del nombre de Kshitigarbha, la naturaleza de sus votos anteriores, y la composición de la asamblea que participa en la predicación del Dharma. Solo a través de esta comprensión preliminar es posible captar la esencia del Sutra y reconocer en él no solo una enseñanza sobre un Bodhisattva particular, sino una revelación sobre el camino universal hacia la liberación.
El nombre “Ksitigarbha” (en japonés, Jizo), de origen sánscrito, se compone de “kṣiti”, que designa la tierra como fundamento, soporte y morada de todos los fenómenos, y “garbha”, que alude al embrión, al tesoro oculto o a la matriz interior donde algo es contenido y nutrido en secreto. Así, el nombre Kshitigarbha no debe ser entendido de manera superficial como “Tesoro de la Tierra”, sino como la imagen dinámica de una realidad espiritual que sostiene, contiene y hace madurar en su interior las Semillas de la Iluminación. La tierra, en su vastedad, no discrimina entre lo puro y lo impuro, no rechaza ni se agota; recibe todas las semillas y permite que broten según sus causas y condiciones. De igual modo, el Bodhisattva Ksitigarbha encarna la capacidad de acoger a todos los seres sin distinción, sostenerlos en medio de su sufrimiento y conducirlos, con paciencia inagotable, hacia su maduración espiritual.
Este simbolismo se articula de manera directa con la doctrina de la Naturaleza Búdica, tal como es expuesta por el Buda en Sutras como el Sutra del Nirvana o el Sutra del Tathagatagarbha, y desarrollada en tratados como el Ratnagotravibhaga, donde se enseña que todos los seres poseen en su interior un principio luminoso, oculto por las impurezas pero nunca destruido. El “garbha” de Kshitigarbha puede, en este sentido, ser comprendido como ese depósito inagotable de potencialidad iluminada que reside en lo más profundo de la existencia. La relación con la tierra, por su parte, indica que esta naturaleza no es algo abstracto o separado del mundo, sino que se manifiesta en la realidad concreta, en la vida cotidiana, en los procesos de nacimiento, crecimiento y transformación. Así, el Bodhisattva no solo simboliza una figura externa digna de veneración, sino también una dimensión interna de la mente que, aun en medio de la ignorancia, conserva la capacidad de Despertar.
En la tradición japonesa, este Bodhisattva es conocido como Jizo Bosatsu, y su presencia se ha integrado profundamente en la vida religiosa y cultural, apareciendo como protector de los viajeros, de los niños y de las almas que transitan entre la vida y la muerte. Sin embargo, más allá de estas manifestaciones, su figura mantiene siempre el mismo significado esencial: la firmeza inquebrantable y la compasión silenciosa que no abandona a ningún ser, incluso en los estados más oscuros de la existencia. Su aparente inmovilidad no es signo de pasividad, sino de estabilidad absoluta; su permanencia en los reinos del sufrimiento no indica limitación, sino la expresión más radical de su voto.
Comprendido el significado de su nombre, el Sutra introduce entonces el elemento que constituye el núcleo de su poder: sus votos anteriores. Estos votos no son presentados como declaraciones aisladas, sino como una serie de resoluciones sucesivas que, a lo largo de múltiples existencias, han ido configurando la identidad misma del Bodhisattva. En cada uno de estos episodios se revela un momento clave en el desarrollo de su aspiración, mostrando cómo la experiencia del sufrimiento —propio o ajeno— se convierte en el catalizador de una determinación cada vez más amplia y profunda.
El primer gran voto se sitúa en una existencia en la que Kshitigarbha, aún como un ser ordinario, se encuentra ante la majestuosa figura de un Buda cuya apariencia despierta en él una profunda admiración. La pregunta que formula —qué prácticas conducen a tal dignidad— recibe como respuesta la necesidad de hacer grandes votos y liberar a los seres a lo largo de los kalpas. Este encuentro marca el inicio de su camino, pues transforma la admiración en resolución: dedicar su existencia, sin límite temporal, a la liberación de todos los seres en los seis destinos. Aquí se establece el fundamento de su voto esencial, que consiste en no aceptar la Budeidad como logro personal mientras otros permanezcan en el sufrimiento.
El segundo voto, profundamente marcado por la experiencia de la piedad filial, se desarrolla en la vida de una joven brahmán cuya madre, debido a sus acciones y creencias erróneas, cae en los destinos infernales. La reacción de la joven no es de resignación, sino de acción: mediante ofrendas, prácticas y la recitación del Nombre del Buda, genera un mérito tan vasto que no solo libera a su madre, sino a innumerables seres que compartían su destino. Este episodio muestra con claridad cómo la piedad filial, en el contexto del Mahayana, se transforma en una compasión universal. La resolución que surge de esta experiencia no se limita a rescatar a un ser querido, sino que se expande hasta abarcar a todos los que sufren por causa de su karma.
El tercer voto introduce una dimensión diferente, en la que Kshitigarbha, como rey de un país, formula una aspiración que contrasta con la de otros gobernantes: mientras algunos desean alcanzar rápidamente la Budeidad para beneficiar a sus súbditos, él decide postergar su Iluminación hasta que todos los seres hayan sido liberados. Este gesto revela una inversión radical de prioridades, donde la salvación de los demás no es consecuencia de la iluminación personal, sino su condición previa. En este punto, el ideal del Bodhisattva alcanza una forma extrema, en la que la propia Budeidad queda subordinada al cumplimiento total del voto.
El cuarto voto, nuevamente vinculado a la piedad filial, se expresa en la figura de una hija llamada Ojos Brillantes, quien, al contemplar el sufrimiento de su madre en los destinos malignos, formula una resolución definitiva: liberar a todos los seres en los Tres Reinos Inferiores antes de alcanzar la Budeidad. Este voto condensa y reafirma los anteriores, estableciendo con claridad la aspiración que define al Bodhisattva Kshitigarbha: no descansar hasta que incluso los infiernos hayan sido completamente vaciados.
De este modo, los votos anteriores no solo explican el origen de su poder, sino que revelan la naturaleza misma de su camino. Cada uno de ellos amplía el alcance de su compasión, transformando experiencias particulares en resoluciones universales. En el contexto del Budismo del Loto, esta progresión ilustra el proceso mediante el cual la Naturaleza Búdica inherente se manifiesta plenamente a través de la práctica y el compromiso, mostrando que el Camino del Bodhisattva no es un ideal abstracto, sino una realidad que se construye, vida tras vida, mediante la unión inseparable de sabiduría y compasión.
A partir de esta exposición de los votos anteriores, el Sutra conduce de manera natural a la comprensión de la función presente del Bodhisattva Kshitigarbha en el orden cósmico del Dharma, mostrando que la fuerza de sus aspiraciones no permanece confinada al pasado, sino que se actualiza continuamente como una actividad salvífica incesante. En virtud de estos votos inquebrantables, Kshitigarbha es capaz de manifestarse en innumerables formas y en todos los Reinos de la Existencia, adaptándose a las condiciones específicas de cada ser. Esta capacidad de emanación no es presentada como un poder extraordinario separado de la ley universal, sino como la consecuencia lógica de una mente plenamente unificada con la compasión del Buda, en la que no existe ya separación entre el beneficio propio y el beneficio de los demás. De este modo, su actividad se extiende desde los cielos hasta los infiernos, penetrando incluso en los estados más densos de sufrimiento, donde su presencia se convierte en guía, consuelo y, finalmente, en causa de liberación.
El Sutra también subraya de manera particular el papel de Kṣitigarbha durante el largo intervalo en el que ningún Buda aparece en el mundo, un periodo inconmensurable que se extiende entre la entrada en el Parinirvana del Buda histórico y la futura manifestación del Bodhisattva Maitreya. En este tiempo, caracterizado por la oscuridad progresiva del Dharma, la misión de Kshitigarbha adquiere un significado crucial: se convierte en el garante de la continuidad de la actividad salvífica, el depositario de la responsabilidad de guiar a los seres que, privados de la presencia visible de un Buda, se encuentran expuestos a la intensificación de la ignorancia y del sufrimiento. Este aspecto revela una dimensión fundamental de la enseñanza: que el Dharma no depende exclusivamente de la manifestación histórica de los Budas, sino que se perpetúa a través de la acción de los Bodhisattvas que, mediante sus votos, encarnan la voluntad del Buda Eterno en todos los tiempos.
Es en este contexto que la gran asamblea reunida en el Cielo Trayastrimsha adquiere su pleno significado doctrinal. La escena no debe ser entendida como un simple recurso narrativo, sino como la representación simbólica de la totalidad del Cosmos congregado en torno al Dharma. En ella se encuentran innumerables Budas de las diez direcciones, Grandes Bodhisattvas acompañados de sus séquitos, deidades celestiales, nagas, espíritus, reyes del inframundo y seres de todos los ámbitos de existencia. La magnitud de esta asamblea es tal que escapa incluso a la capacidad de cálculo del Bodhisattva Manjushri, cuya sabiduría es considerada suprema, y no puede ser plenamente abarcada ni siquiera por la visión del Buda. Esta inconmensurabilidad no es un detalle anecdótico, sino una afirmación doctrinal: el número de los seres es infinito, y, por tanto, la compasión que los abarca debe ser igualmente ilimitada.
La composición de la asamblea revela además la universalidad de la enseñanza. Entre los participantes se encuentran figuras centrales del Mahayana, como el Bodhisattva Samantabhadra, símbolo de la práctica perfecta, y el Bodhisattva Avalokiteshvara, encarnación de la compasión, junto con el Bodhisattva Akashagarbha, representante de la infinitud del espacio y del mérito. También están presentes los Cuatro Reyes Celestiales, guardianes de los mundos, y el propio Yama, soberano de los reinos infernales, lo cual indica que la enseñanza del Sutra no excluye ningún ámbito de la existencia. Incluso los espíritus, dioses y seres de los destinos más oscuros participan en la escucha del Dharma, manifestando así que todos, sin excepción, están incluidos en el campo de acción del Bodhisattva Kshitigarbha.
Un elemento particularmente significativo es la razón por la cual estos innumerables seres se congregan en la asamblea. El Sutra indica que muchos de ellos acuden movidos por la gratitud hacia Kshitigarbha, habiendo sido ya beneficiados por su actividad en el pasado; otros llegan como aquellos que están siendo actualmente guiados, y aún otros como aquellos que serán salvados en el futuro. Esta triple dimensión —pasado, presente y futuro— pone de manifiesto la continuidad temporal de su acción, mostrando que su compasión no se limita a un momento específico, sino que atraviesa los kalpas, operando sin interrupción en beneficio de todos los seres.
En el desarrollo de la enseñanza, el Bodhisattva Manjushri desempeña un papel clave al formular la primera pregunta dirigida al Buda, interrogando sobre la extensión y naturaleza de la práctica de Kshitigarbha en su fundamento causal. Esta intervención no es fortuita, pues Manjushri, como personificación de la sabiduría, introduce el análisis doctrinal que permite comprender el origen de los votos y su relación con la actividad presente del Bodhisattva. A partir de esta pregunta inicial, el Buda procede a exponer en detalle los votos, prácticas y poderes de Kshitigarbha, estableciendo así el marco interpretativo que guía toda la lectura del Sutra. Durante la predicación, el diálogo se despliega de manera dinámica, alternando entre las intervenciones del Buda, las respuestas del propio Kshitigarbha y las preguntas de los diversos participantes de la asamblea. Este intercambio continuo no solo enriquece la exposición doctrinal, sino que refleja la naturaleza interactiva del Dharma, que se adapta a las necesidades y capacidades de quienes lo escuchan. Entre los interlocutores se encuentran la propia madre del Buda, figuras eminentes del Mahayana, deidades celestiales y hasta gobernantes de los reinos infernales, lo que evidencia que la enseñanza está dirigida simultáneamente a todos los niveles de existencia. Así, la escena de la asamblea no es un simple marco narrativo, sino una manifestación de la universalidad del Dharma y de la amplitud de la misión de Kshitigarbha. En ella se revela que su actividad abarca la totalidad de los Seis Destinos de la Existencia y que su voto, lejos de ser una aspiración abstracta, se concreta en una labor constante de guía, protección y liberación que se extiende a todos los seres, sin excepción, a lo largo de los inconmensurables ciclos del tiempo.
A partir de la comprensión de esta asamblea universal y de la función salvífica de Kshitigarbha en el devenir de los kalpas, el Sutra dirige entonces su atención hacia la exposición concreta de los métodos mediante los cuales los seres pueden participar activamente en su propia liberación y en la de los demás. Esta dimensión práctica constituye un elemento esencial de la enseñanza, pues evita que la grandeza de los votos del Bodhisattva permanezca como un ideal inaccesible, mostrando, por el contrario, que incluso los seres ordinarios, mediante acciones aparentemente sencillas, pueden integrarse en la corriente de la salvación universal. De este modo, el sutra establece una conexión directa entre la doctrina de la causalidad kármica y la praxis cotidiana, revelando que cada acto, por pequeño que parezca, tiene el potencial de transformar el destino de los seres cuando se realiza con intención correcta y se orienta hacia el beneficio de todos.
Entre estos métodos, la Caridad (Dana) ocupa un lugar central, no solo como acto de generosidad material, sino como expresión de desapego y de reconocimiento de la interdependencia de todos los fenómenos. El mérito generado por tales acciones no se concibe como una acumulación egoísta, sino como una energía que puede ser transferida y dedicada al bienestar de otros, especialmente de aquellos que se encuentran en estados de sufrimiento intenso. La transferencia de méritos, en este contexto, se presenta como un mecanismo fundamental mediante el cual los vivos pueden asistir a los difuntos, aliviar sus condiciones kármicas y contribuir a su progreso espiritual. Esta práctica, profundamente arraigada en la compasión, refleja la convicción de que los lazos entre los seres no se rompen con la muerte, sino que continúan operando en el ámbito del Dharma.
La veneración de las imágenes de los Budas y Bodhisattvas constituye otro de los medios destacados en el Sutra, no como un acto meramente ritual, sino como una forma de establecer una relación viva con los principios que estas figuras encarnan. Al rendir homenaje a tales imágenes, el practicante no solo expresa devoción, sino que alinea su mente con las cualidades de sabiduría y compasión que ellas representan. De manera análoga, la recitación del nombre del Buda aparece como una práctica accesible y poderosa, capaz de generar mérito, purificar el karma y establecer una conexión directa con la actividad salvífica del Dharma. Estas prácticas, en su conjunto, conforman un sistema coherente que permite a los seres participar activamente en el proceso de liberación, tanto propio como ajeno.
En este punto, el sutra revela con particular claridad su carácter inclusivo, pues no exige condiciones extraordinarias ni capacidades excepcionales para la práctica del camino. Por el contrario, reconoce la diversidad de las capacidades y circunstancias de los seres, ofreciendo métodos adaptados a todos los niveles. Esta adaptación refleja el principio de los medios hábiles, mediante el cual el Dharma se expresa de formas diversas para responder a las necesidades específicas de cada individuo. En el marco del Budismo del Loto, este principio se integra en la comprensión de que todas las enseñanzas, por diversas que parezcan, convergen en la realización de la Budeidad universal, constituyendo manifestaciones parciales de una única Verdad Ultima. La relación entre estas prácticas y la figura de Kshitigarbha es directa y profunda, pues cada acto de mérito, cada recitación, cada ofrenda, se convierte en una extensión de su voto. El practicante, al realizar estas acciones, no actúa de manera aislada, sino que se integra en la red de compasión que el Bodhisattva ha tejido a lo largo de los kalpas. De este modo, la distancia entre el Bodhisattva y el ser ordinario se reduce, mostrando que el camino hacia la iluminación no es exclusivo de unos pocos, sino abierto a todos aquellos que, con fe, estudio y práctica, deciden participar en la obra de la liberación universal.
Finalmente, el Sutra concluye su enseñanza integrando todos estos elementos en una visión unificada del camino espiritual. La exposición de la causalidad kármica, la descripción de los estados de sufrimiento, la revelación de los votos de Kshitigarbha y la presentación de los métodos de práctica convergen en una comprensión global en la que la salvación de los seres no depende de un único factor, sino de la interacción dinámica entre sabiduría, compasión y acción. En este sentido, el Sutra de los Votos Pasados del Bodhisattva Kshitigarbha se revela como una enseñanza completa, que abarca desde los fundamentos éticos hasta las dimensiones más profundas de la aspiración bodhisattvica.
Al ser leído a la luz del Budismo del Loto de la Escuela del Loto Reformada, este Sutra no solo instruye sobre la figura de un Bodhisattva particular, sino que manifiesta el funcionamiento mismo del Dharma en su totalidad: un proceso continuo de transformación en el que todos los seres, sin excepción, están llamados a participar, y en el que la Gracia del Buda Eterno se expresa de manera incesante a través de aquellos que, como Kshitigarbha, han hecho del voto de salvar a todos los seres la esencia misma de su existencia.
