Bienvenido a la Tierra Pura de la Luz Serena, un recurso sobre el Verdadero Budismo (一乘佛教), y sus posteriores ramificaciones, a la luz de las Enseñanzas Perfectas y Completas (圓教). Aquí presentamos el Budismo como religión, filosofía y estilo de vida, con énfasis en la Budología (Teología Budista), aspirando a presentar el Budismo balanceadamente entre la academia (estudios budistas) y la devoción, desde el punto de vista de una escuela tradicional de Budismo Japonés (Tendai-Escuela del Loto Reformada) y las enseñanzas universales del Sutra del Loto (法華経).


viernes, 7 de junio de 2019

El Camino de la Práctica: La Búsqueda de la Verdad I


La Búsqueda de la Verdad

1. ¿De qué está construido este universo? ¿Es eterno o tiene fin? ¿El universo es infinito o tiene límites? ¿Cómo está construida esta sociedad humana? ¿Cuál es la forma ideal de la sociedad humana? Si alguien pospone la búsqueda y la práctica de la Iluminación hasta que estos problemas se resuelvan, morirá antes de alcanzar al Iluminación.

Por ejemplo, supongamos que un hombre sea herido mortalmente con una flecha envenenada. Los familiares y amigos se reunen, llaman al médico y tratan de sacar la flecha y de darle una antitoxina.

Sin embargo, el herido objeta diciendo: “Esperen un momento. Antes de sacar la flecha, quiero saber quién lanzó esta flecha: Si era un hombre o una mujer; Si era un noble o un plebeyo; si su cuerda era de fibra o de tripa; si la flecha era de caña o de mimbre. ¿Qué clase de plumas tenía? No me saquen la flecha hasta que sepa todo eso.”

Sin lugar a dudas, antes de que se investiguen todas estas cosas el veneno circulará por todos los órganos y el herido morirá. En este caso lo que hay que hacer primero es sacar con cuidado la flecha y hacer los tratamientos necesarios para que el veneno no sea mortal.

No importa cuál sea la esencia del universo mientras no se practique lo que se debe practicar. No importa cuál sea la forma ideal de la sociedad humana, antes tenemos que apagar el fuego de las pasiones que está amenazando el mundo.

El problema de si el universo es eterno o no, infinito o no es muy secundario mientras vejez, enfermedad, muerte, tristeza, sufrimiento, penas, caen sobre nosotros para destruirnos. Ante todo, debemos practicar el Camino para alejar estos fuegos que se nos avecinan.

El Buda enseñó lo que se necesita ser enseñado, no lo innecesario. Es decir, nos enseña para que sepamos lo que tenemos que saber, para que eliminemos lo que tenemos que eliminar, practiquemos lo que se tiene que practicar y seamos iluminados en lo que se tiene que ser iluminado.

Por ello los seres tienen que escoger primero los problemas que deben resolver. ¿Cuál es el problema principal de cada uno? Después de saberlo hay que comenzar controlando el alma.

2. Es una necedad que un hombre entre en un bosque en busca de la pulpa de un árbol y regrese con hojas y ramas pensando que trae la pulpa. En muchos casos el hombre coge la corteza y el corcho de los árboles y piensa que ha cogido la pulpa que era su objetivo.

El ser humano busca el camino para librarse del nacimiento, la vejez, la enfermedad, la muerte, la tristeza, el sufrimiento y la pena. Esto es la pulpa. Sin embargo después de haber avanzado un poco se enorgullece y se siente satisfecho. El ser que se alaba a sí mismo y critica a los demás, es como aquel que cogiendo las hojas y las ramas piensa que consiguió la pulpa.

Los que buscan el Camino deben saber que su tarea no es fácil, ni deben esperar honor, fama, ni agradecimientos. Ellos no podrán seguir si actúan con un esfuerzo limitado, poca clarividencia y poca tranquilidad de alma.

El ser  que se satisface con poco esfuerzo y se enorgullece pensando que ha logrado lo que desea, es como aquel que coge la corteza externa del árbol y piensa que consiguió la pulpa.

El ser que alcanza un poco la paz del alma y se enorgullece creyendo que logró la tranquilidad total es como aquel que coge la corteza interior del árbol y piensa que consiguió la pulpa.

El ser que logra ver con un poco de claridad las cosas y se enorgullece o se alaba a sí mismo criticando a los demás, es como aquel que coge el corcho del árbol y piensa que ha conseguido la pulpa. Todos ellos que se satisfacen con un esfuerzo insuficiente, se descuidan y vuelven a sentir los sufrimientos.

Para el que busca el Camino, el respeto, la fama o la devoción no pueden ser los fines. Tampoco son objetivos, un poco de esfuerzo, un poco de tranquilidad de alma, o un poco de clarividencia.

Ante todo, el ser  debe tener, con claridad en mente, la naturaleza esencial y básica de este mundo de vida y muerte.

3. El mundo en sí no tiene sustancia. Hay que buscar el camino que elimina las falsas imaginaciones del alma. Las falsas concepciones no se producen por algo externo; sino más bien son productos del alma misma. Se sufre y se pena quemandose en el fuego de los deseos del alma. El que busca el Camino tiene que saber que es el alma el que construye la casa de la inquietud, y tiene que luchar continuamente contra ella.

4. ¡Oh, alma mía! ¿Por qué te mueves incansable en este mundo sin valor y no puedes estar quieta ni un momento? ¿Por qué razón me inquietas y me haces acumular cosas en vano? Así como el que quiere cultivar la tierra y no puede porque los utensilios se rompen antes de tocar la tierra, después de vagar por el océano de la vida y de la muerte y de perder muchas vidas, la madre tierra de mi alma no llegó a ser cultivada.

¡Oh, alma mía! Tú me has hecho nacer rey, y también me has hecho nacer pobre y tuve que mendigar de puerta en puerta. Una vez me has hecho nacer en el país de los dioses para emborracharme con el sueño de la gloria, pero también me has hecho quemar con el fuego del infierno que derrite hasta el hierro.

¡Oh, necia alma mía! Tú me has llevado por muchos caminos y yo siempre te he sido obediente. Sin embargo, ahora he escuchado el Dharma del Buda. No me disturbes ni me hagas sufrir más. Te pido que me ayudes a que yo me libre de los sufrimientos y pueda alcanzar la Iluminación.

Oh, alma mía, cuando te libres de los apegos pensando en la mutabilidad de las cosas, y consigas la paz alejándote de la condicia, la ira, la necedad y el pensamiento del “yo”, alcanzarás la tranquilidad.

Cuando logres la quietud, venciendo el miedo a la muerte, a la vejez y a la enfermedad; cuando logres cortar con la espada de la Sabiduría la atadura del deseo carnal, sin ser disturbada por el daño y el provecho, por la adulación y el insulto, conseguirás la calma.

¡Oh alma mía, tú has despertado por primera vez en mí el deseo de la búsqueda del Camino! ¿Por qué quieres retroceder atraída por los palceres y glorias de este mundo?

¡Oh alma mía que no tienes forma y te alejas corriendo!, te ruego que me ayudes a cruzar este mar de las inquietudes. Hasta ahora siempre te he obedecido, pero de ahora en adelante tienes que moverte según mis órdenes. Sigamos juntos las Enseñanzas del Buda.

¡Oh alma mía!, los montes, los ríos y los mares, todo se transforma y produce pena. ¿En qué lugar del mundo encontrarás la alegría? Sigamos las Enseñanzas y crucemos con rapidez a la orilla de la Iluminación.

5. El que de verdad busca el Camino avanza siempre con una firme determinación, luchando continuamente con el alma. Su alma no se inmuta ante las burlas y los insultos. Aunque otro levante los puños y le tire piedras o le hiera con la espada, en su alma no nace el sentimiento de la ira.

El alma no debe perturbarse ni aún cuando el enemigo serruche el cuello para separar la cabeza del cuerpo. Si en esta circunstancia el alma se obscurece por los sufrimientos es señal que todavía no sigue las Enseñanzas del Buda. Lo importante es tener la firme determinación de decir: “vengan golpes, bastonazos, sablazos, burlas e insultos, que mi alma no se inmutará por ello, más bien se henchirá de la Enseñanza del Buda.”

Para alcanzar la Iluminación hay que tratar de lograr lo inalcansable, soportar lo insoportable, y donar lo imposible de donar. Si para alcanzar la Iluminación fuese menester comer solamente un grano de arroz al día, entrar en el fuego vivo, es preciso no sentir reparo en hacerlo.

Sin embargo, se debe actuar así sin ningun deseo particular, sino sólo porque es cosa sabia y recta. Del mismo modo, una madre entrega un traje a su amado hijo y lo cuida cuando está enfermo, sin pensar en sí misma, en sus esfuerzos y en sus comodidades.

6. En la remota antigüedad había un rey de nombre Zenmen, que amaba a su pueblo y lo regía con sabiduría y misericordia; por ello su reino era próspero y pacífico. El siempre buscaba el Camino con verdadera fe, y había pregonado que daría gran remuneración al que supiera presentarle las Sagradas Enseñanzas.

Su devoción y sabiduría había emocionado hasta a los dioses. Uno de ellos para probarlo, se disfrazó de demonio y se presentó a las puertas del palacio: “Yo conozco las sagradas Enseñanzas, quiero que me anunciéis al rey.”

El rey al oirlo se alegró mucho. Lo recibió cortésmente y le pidió que le enseñara. Entonces el diablo sacó sus colmillos y con fiereza dijo: “estoy demasiado hambriento para enseñarte.” Y cuando quisieron servirle la comida les dijo que quería sangre y carne caliente de algún ser humano. El príncipe heredero se ofreció para satisfacer el hambre del demonio y la reina también ofreció su vida.
El demonio después de comerse a los dos, no sintiéndose satisfecho le dijo al rey que quería comerle.

Entonces el rey le replicó con toda calma: “No tengo apego a mi cuerpo, pero si me comes no podré escuchar las Sagradas Enseñanzas. Espera hasta terminar y luego me comerás.”

“El pesar nace de los deseos carnales, el temor nace de los deseos carnales. Para el que se libra de los deseos no existen el pesar ni los temores.” Diciendo esto el dios tomó su verdadera forma. El príncipe y la reina revivieron.

7. Hace muchísimo tiempo vivía en el Himalaya un buscador de la Verdad. Sólo buscaba la Enseñanza que le alejara de las inquietudes. Ni los tesoros del mundo, ni la gloria de los dioses le atraían.

Un dios impresionado por la conducta de este asceta, quiso probar la sinceridad de su alma y disfrazado de de monio se presentó en el Himalaya y cantó: “Todo se transforma, todo aparece y desaparece”.

Al escuchar este canto, la alegría del asceta fue tan grande como la del sediento que ve el agua o como la del preso puesto en libertad. Deseó escucharlo hasta el final, pués intuyó que ésa era la verdadera Enseñanza, las verdaderas palabras.

Buscó a su alrededor al dueño de la voz y vió a un temible demonio. Aunque con sospechas se acercó y le dijo: “Esa canción que acabo de escuchar, ¿la cantabais vos? Si es así, os pido que me hagáis escuchar hasta el final".

El demonio contestó: “En efecto, esa era mi canción, pero ahora me encuentro hambriento y si no como no puedo cantar.”

Suplicó el hombre: “Os lo pido. En esa canción está lo que yo busco, tiene un significado sagrado, pero sé que no termina con aquellas palabras. Os ruego que continuéis.”

El demonio siguió: “No aguanto más mi hambre. Cantaría la continuación si pudiera comer carne humana y tomar su sangre.” Al escuchar esto el buen hombre le prometió que si le cantaba la continuación cuando acabase le daría su propio cuerpo. Entonces el demonió cantó entera su canción. “Todo cambia, todo aparece y desaparece, no habrá quietud ni silencio hasta librarse de la vida y la muerte.”

El hombre grabó estas palabras en los árboles y en las rocas. Luego subió a un árbol de donde se tiró a los pies del demonio. El demonio en ese instante recobró su figura de dios y lo recibió suavemente en los brazos.

8. Había una vez un hombre llamado Sadaprarudita que buscaba el Camino. Sin prestar atención a las riquezas ni a la fama, buscaba fervorosamente el verdadero Camino. Un día una voz celestial le dijo: “Sadaprarudita, avanza hacia el Este. Avanza sin ver los lados, olvidando el calor y el frío, sin prestar atención a la fama ni al honor. Sin inmiscuirte en las cuestiones del bien y del mal. Allí encontrarás al verdadero maestro y alcanzarás la Iluminación.”

Se alegró mucho y según lo que le había dicho la voz se dirigió al Este en busca del verdadero Camino. Durmió en montes y llanos, y en tierras lejanas sufrió persecusión y humillaciones. Tuvo que hacer indescriptibles esfuerzos para conseguir un poco de alimento. Por fin dio con el gran Maestro.

Hay un dicho que dice: “Todo lo bueno cuesta”. Cuando uno quiere hacer algún bien siempre aparece un obstáculo. En el camino de la verdad de Sadaprarudita también surgieron un sin fin de impedimentos.

Trató de vender sus servicios para ganar lo necesario para ofrecer incienso a su Maestro y no hubo nadie que quisiera contratarlo. Las manos del demonio le perseguían a todas partes. El camino de la Iluminación era un largo viaje de sufrimientos que secaba su sangre y roía sus huesos.

Aunque quiso anotar las sagradas palabras de la Enseñanza no pudo conseguir tinta ni pincel. Con un
cuchillo se cortó el brazo y con la sangre que brotaba fue anotando las palabras del Maestro. De esta forma recibió Sadaprarudita las preciosas palabras de la Verdad.

9. Una vez, un niño llamado Sudhana que ansiaba la Iluminación iba solo en busca del Camino. Visitaba a los pescadores que pescaban en el mar y escuchaba las descripciónes de las maravillas del mar. De los médicos que curan a los enfermos aprendió que el alma debe ser misericordiosa con las personas. De un hombre rico aprendió que el ahorro de las moneditas era el secreto de su fortuna y pensó aprovechar los más pequeños progresos en el Camino de la Iluminación.

Visitando a un monje en meditación vió que su alma pura en quietud se reflejaba en su figura y tenía el poder de purificar y dar una fuerza maravillosa al alma de otros hombres. Sintió emoción al ver el espíritu benévolo de una noble dama. Un día vió a un hombre que buscaba el Camino castigando su propio cuerpo, y supo que para buscar el verdadero Camino era preciso subir a la montaña de las espadas y tirarse al fuego.

Y de esta forma Sirdhana llegó a darse cuenta de que, con sólo tener un alma preparada, todo lo que los ojos ven y todo lo que los oídos oyen son Enseñanzas. Aprendió la paciencia de una mujer débil y pobre, y una lección de felicidad espontánea de los niños que jugaban en la calle. Viendo a una persona humilde y gentil, comprendió la clara sabiduría del alma obediente.

Aprendió la armonía en la manera en que se unían los inciensos y el agradecimiento en la forma de arreglar las flores. Vio que en el juicio del rey también existe la misericordia, y en la impureza de los no-creyentes también hay una mano correcta que guía.

El niño no sólo recibió Enseñanza de todos los hombres a quienes vio en su viaje en busca del Camino, sino también de los murmullos de los árboles cuando entraba en el bosque, y de las voces que salían de los rincones de las montañas.

De día el brillo del sol, de noche el parpadeo de las estrellas eran para Sudhana estímulos para aprender. El niño buscó el Camino en todas partes, escuchó voces en todas partes y vió la figura del Iluminado en todas partes.

Aprendió también que para alcanzar la Iluminación hay que guardar el castillo del alma y decorarlo de virtudes. Con humildad y respeto hay que abrir sus puertas para colocar la figura del Buda en el interior adorarle, y ofrecerle flores de fe e inciensos de alegría.

* Este extracto ha sido traducido y editado de "La Enseñanza del Buda", un libro publicado por la Bukkyo Dendo Kyokai, la Sociedad para la Propagación del Dharma del Buda en Japón. El mismo consiste de extractos de los Sutras Mahayana y Hinayana, ordenados por temática, para exponer de manera devocional y reverente la enseñanza del Buda. 

martes, 4 de junio de 2019

El Camino de la Práctica: La Purificación III Las Enseñanzas de las Antiguas Fábulas


La Purificación 
Las Enseñanzas de las Antiguas Fábulas

1. Había una vez un reino llamado Kirro, donde se tenía la extraña costumbre de abandonar a las personas de edad avanzada en lejanas e inaccesibles montañas.

Un buen ministro del rey encontró que era demasiado difícil cumplir esta ley. Hizo un profundo agujero en la tierra y construyó en él una casa en donde escondió a su padre, lejos de la vista de los vigilantes.

Un día, apareció un dios ante el rey y le empezó a hacer preguntas, amenazándole con destruir el reino si no contestaba satisfactoriamente. Mostró dos serpientes y preguntó: “¿cuál es la hembra y cuál es el macho?”

Ni el rey ni ninguno del reino podía contestar a esta difícil pregunta. El rey ofreció un gran premio al que pudiera distinguir entre la hembra y el macho.

El ministro regresó a su casa y le preguntó a su padre. “Eso es muy fácil”, le dijo, “coloca esas dos serpientes sobre una tela suave y fíjate bien: la que se mueve mucho es el macho, y la que no se mueve mucho es la hembra.” El ministro llevó la respuesta al rey y pudieron resolver el problema.

El dios empezó a hacer preguntas cada vez más difíciles. El rey ni los de la corte podían resolverlas; sólo este ministro que preguntaba a escondidas a su padre siempre podía, dar la respuesta.

Las preguntas y respuestas eran las siguientes: ¿Quién es aquel que estando dormido le dicen despierto y estando despierto le dicen dormido? Es el ser  que busca el camino de la Iluminación. Le dicen despierto comparado con el que no conoce todavía el Camino, pero, comparado con el que ha alcanzado la Iluminación, le dicen dormido.

¿Cómo se puede pesar a un elefante? Se carga al elefante en una barca y se mira hasta donde se ha sumergido el agua. Luego se cargan piedras y se pesan.

¿Por qué decimos que una taza de agua puede tener más agua que un océano? Si damos una taza de agua con un alma pura a los enfermos o a los padres y ancianos, adquirimos un mérito eterno. En cambio, por muy grande que sea el océano, el agua que hay en él puede terminar algún día.

El dios hizo salir a un hombre escuálido y hambriento que preguntó: “¿Hay alguien que sufra más hambre que yo en este mundo? “Sí que lo hay. Es aquel que no cree en los tres tesoros del Buda, del Dharma y de los sacerdotes, porque tiene un alma pobre y seca, y no ruega a los Budas por sus padres y maestros. No sólo está más hambriento en este mundo, sino él caerá en el mundo de los demonios hambrientos donde sufrirá el hambre para siempre.

“Aquí hay una tabla cuadrada del árbol Candana. ¿Cuál de los dos extremos es el lado de la raíz?” “Se puede saber haciendo flotar en el agua. El lado que se hunde más es el de la raíz.”

“Aquí hay dos caballos de la misma figura. ¿Cómo puedes saber cuál es la madre y cuál el hijo?” “Dale un poco de heno y la yegua madre empujará el heno hacia el hijo.”

Todas las respuestas a estas preguntas difíciles satisficieron al dios y al rey. El rey al saber que esta sabiduría provenía del anciano padre del ministro, escondido bajo la tierra, abolió la ley del abandono de ancianos y ordenó tratarlos con respeto y amabilidad.

2. La reina Videha de la India soñó una noche con un elefante blanco de seis colmillos. La reina deseó ardientemente el marfil de ese colmillo y se lo pidió al rey. El rey, que amaba a la reina con todo su corazón, no pudo negarse a este capricho y pregonó por todo el reino que daría una buena recompensa al hombre que supiera el paradero de este elefante.

Un cazador había sido salvado, en las montañas del Himalaya, por un elefante de las mismas características que practicaba el Camino Noble del Buda. Éste, al volver a su tierra, oyó el pregón del rey. Cegado por la gran recompensa, se olvidó que le debía la vida y se dirigió al Himalaya para matar al elefante de los seis colmillos.

Este cazador, como sabía que el elefante hacía prácticas para llegar a ser un Buda, se disfrazó de monje para conquistar su confianza. Asegurándose que éste no recelaba, tensó su arco y lo hirió con una flecha venenosa. 

Al verse herido, el elefante sintió que su muerte se acercaba. No le reprochó al cazador lo que había hecho, más bien sintió compasión de que no hubiese podido reprimir las pasiones terrenales, y ocultándolo entre las piernas lo protegió de los elefantes que pedían venganza. Luego le preguntó el por qué de tan atrevida faena, y al saber que era para obtener los colmillos, se golpeó él  mismo contra un árbol grande y se los ofreció. El elefante le hizo esta promesa: “Con esta limosna he completado mis prácticas y renaceré en el Reino del Buda. Cuando me convierta en un Buda, te ayudaré a arrancar de tu alma las tres flechas de la codicia, la ira y la ignorancia.”

3. En un bosque de bambú en las faldas del Himalaya vivía un loro con otros muchos pájaros y animales. Un día, de repente, empezó a soplar un viento fuerte que originó un incendio a raíz del fuego encendido por la fricción de dos bambúes. El viento fue agrandando el fuego y las aves y los animales lloraban y gritaban en gran confusión en busca de escape. El loro, por una parte en agradecimiento al bosque de bambú que le había dado casa por largo tiempo, y por otra parte, sintiendo compasión por la desgracia, de tantas aves y animales decidió hacer lo posible por salvarlos. Fue a un estanque vecino, se mojó las alas y, volando sobre el fuego, hizo caer gotas de agua. Repitió esto con diligencia pensando sólo en la gratitud hacia el bosque de bambú y en la compasión que sentía hacia los desesperados.

Este espíritu de compasión y de sacrificio conmovieron a los dioses del cielo. Uno de ellos bajó para decirle: “Tu alma es noble, pero cómo podrás apagar un fuego tan grande con las gotas de agua de tus alas?” A lo que el loro le contestó: “Si pretendiera apagar sólo con el agua, de seguro, no podría; pero lo hago con este sentimiento de agradecimiento y compasión. Debe ser posible. Yo seguiré trayendo agua una y otra vez, y lo seguiré haciendo también en mi próxima vida. El dios se sintió emocionado por el espíritu del loro y le ayudó a apagar el fuego.

4. Un a vez vivía en el Himalaya un ave de dos cabezas. Un día una de las cabezas vió que la otra comía una fruta deliciosa, Por envidia se comió una fruta venenosa para envenenarla y el pájaro murió.

5. Una vez la cabeza y la cola de una serpiente se pelearon por salir adelante. la cola le dijo: “Tú siempre estás a la cabeza y no es justo. De vez en cuando debes ponerme adelante.” La cabeza le contestó: “El que yo esté siempre adelante es ley de la vida. No te puedo dejar que salgas al frente.”

Siguieron discutiendo, pero como de todas formas la cabeza seguía adelante, la cola se enojó y se enroscó en una rama, no permitiendo que la cabeza avanzara. Cuando la cabeza se cansó de esta pelea, la cola pudo hacer lo que quería y resultó que la serpiente se cayó en un agujero donde había fuego y se murió quemada. Todas las cosas tienen su orden y tienen su propia función; si se altera el orden se inutiliza la función y se llega a la destrucción.

6. Había un hombre muy impaciente y pendenciero. Dos hombres hablaban acerca de él frente a su casa. Uno de ellos dijo: “Es un hombre muy bueno, pero es una pena que sea tan impaciente y pendenciero.” Al oirlo, el hombre salió enseguida de su casa, se abalanzó sobre ellos, y a puntapiés y a puñetazos los dejó heridos.

Un hombre sabio, cuando le hacen una advertencia, reflexiona sobre ella y mejora su conducta; en cambio, el imbécil, en vez de corregirse, vuelve a repetir la falta.

7. Un hombre rico pero imbécil, vio una hermosa casa de tres pisos que se elevaba al cielo y tuvo envidia. Pensando que, como él también era rico podría tener una casa igual, pidió al carpintero que la construyera. El carpintero empezó por los cimientos para seguir construyendo hasta el tercer piso. El hombre rico se dio cuenta de lo que hacía el carpintero y le gritó irritado: “Lo que yo quiero es el tercer piso, no el cimiento ni el primer piso. Construye rápido el tercer piso.”

El hombre tonto no piensa más que en los buenos resultados sin considerar los esfuerzos necesarios para ello. Pero, así como no puede haber un tercer piso sin cimientos, no puede haber buenos resultados sin su debido esfuerzo.

8. Un hombre que cocía miel, recibió la visita de un amigo y pensó en convidarle. Empezó a abanicar la cacerola para enfriarla dejándola sobre el fuego. Por más que uno abanique no puede enfriar la miel si no se retira del fuego la cacerola. De la misma forma, si no se apaga el fuego de las pasiones terrenales es imposible pretender tomar la fresca miel de la Iluminación. 

9. Dos demonios se peleaban entre sí por una caja, un bastón y un par de zapatos. Ya caía la tarde y los dos seguían discutiendo. Un hombre que vio esto les preguntó por qué peleaban de esa forma, y qué poderes mágicos tenían esos objetos que les hacía pelear tanto por su posesión. Los dos demonios contestaron a la par: “De esta caja se pueden sacar todas las cosas que uno desea, comida, ropa, joyas, etc. Con este bastón se puede derribar a cualquier enemigo, y con estos zapatos se puede volar por el aire.”

El hombre les dijo: “¿Por una cosa tan simple os estáis peleando? Manténganse unos minutos alejados que yo les repartiré equitativamente.” Alejó de esta manera a los dos demonios, se puso los zapatos y con la caja y el bastón en la mano, se perdió entre las nubes.

Los demonios representan a dos incrédulos. La caja significa la limosna. Ellos no saben que de la limosna se originan todos los tesoros. El bastón es la concentración del alma. Ellos no saben que con la concentración del alma se puede vencer al demonio de las pasiones terrenales. Los zapatos representan los “Paramitas”, los puros ideales de pensamiento y de conducta que los conducirá por encima de todos los deseos y discusiones. Por no saber estas cosas, se pelean eternamente por la posesión de bienes materiales.

10. Un hombre que viajaba solo llegó ante una casa solitaria. Como había oscurecido ya, decidió pasar la noche allí. A la media noche, apareció un demonio cargado con un cadáver y lo puso en el suelo. A los pocos minutos vino tras de él otro demonio que comenzó a decir que el cadáver le pertenecía. El primer demonio se encolerizó y se pusieron a pelear furiosamente.

Entonces el primer demonio le dijo al otro: “De nada sirve que nos peleemos así. Mejor es traer un testigo y decidir quién es el dueño.” Como el segundo demonio no objetara nada, el primero hizo salir al viajero que desde hacía rato temblaba de miedo en un rincón del cuarto. “Tú di, cuál de los dos trajo el cadáver?” El pobre hombre ya no tenía salvación. Sabía muy bien que si hablaba a favor de uno sería muerto por el otro, y viendo que no había más remedio decidió hablar tal como había visto.

Como se esperaba, uno de los demonios, enfurecido, le arrancó un brazo. El otro demonio al verlo, arrancó un brazo al muerto y se lo puso. El demonio cada vez más bravo, le quitó el otro brazo, las piernas, y así sucesivamente, mientras que el otro demonio iba reemplazandolos con los del cadáver. Ya cansados de pelear los dos demonios se pusieron a comer los miembros caídos en el suelo, y se fueron satisfechos limpiándose la boca.

El pobre hombre pasó una noche de espanto en la casa desierta. Al despuntar la mañana, salió como un desesperado de esa casa. La cabeza, el cuerpo, y los miembros que recibiera de sus padres al nacer habían sido cambiados completamente por los de un cadáver. No sabía él mismo si era el mismo hombre de antes. Divisó un templo en el camino y con gran alivio, entró a contar a los monjes la extraña experiencia de la noche anterior. Ellos le explicaron que si lograba comprender el problema de la no-existencia del yo, volvería a ser el mismo. La gente pudo captar en este relato el significado de la no-conciencia del yo, y se sintieron emocionados.

11. Un vez una hermosa mujer muy bien vestida se presentó en una casa. El dueño de la casa preguntó quién era. “Yo soy la diosa de la riqueza.” respondió la mujer. El dueño la hizo pasar y la trató como mejor pudo.

Poco después una mujer fea y mal vestida tocó la puerta. El dueño le preguntó quién era. Ella le contestó que era la diosa de la pobreza. El hombre asustado trató de echarla. Entonces la mujer le advirtió: “Lo que tú vas a hacer es una necedad. La mujer que entró antes en tu casa es mi hermana. Nosotras nunca nos separamos, así es que si tú me echas mi hermana también desaparecerá.” Y tal como lo dijo, cuando ella se fue, la hermosa figura de su hermana también había desaparecido.

Donde hay vida, hay muerte; donde hay dicha, hay desdicha; donde hay bien, hay mal. Todos tienen que saber esto. El necio busca sólo la felicidad y teme la infelicidad. El que busca el Camino debe superar estas dos cosas y no sentir apego por ninguna de ellas.

12. Había una vez un pintor pobre que salió de su tierra en busca de fortuna dejando a su esposa. A los tres años consiguió con mucho esfuerzo 300 piezas de oro y decidió regresar a su tierra. En el camino de vuelta, cuando pasaba por un gran templo, vió que se llevaba a cabo en él una gran ceremonia. Se sintió muy emocionado y se dijo: “Yo nunca he sembrado la semilla de la felicidad. Y ahora que me encuentro ante esta oportunidad cómo podré dejarla pasar?” Donó las 300 piezas de oro que tenía sin ninguna pena y regresó a su casa.

La esposa al verlo regresar sin nada le reprochó y le pidió explicación. El pintor pobre le replicó que todo el dinero que había ganado lo había puesto en un lugar seguro. Ella insistió en que le dijera dónde lo había escondido. El tuvo que confesar que lo había donado a los monjes de cierto templo.

Esto hizo enfurecer a la mujer que lo denunció al juez. El pintor respondió ante el juez: “Yo no he malgastado el dinero logrado con mi noble esfuerzo. Hasta ahora yo había vivido sin sembrar la semilla de la felicidad, pero cuando ví la gran ceremonia de aquel templo comprendí que se me había presentado la oportunidad, y doné todo el dinero extinguiendo el apego a lo material que había en mi alma. He comprendido que la verdadera riqueza no son los tesoros, sino el alma misma.”

El juez alabó el espíritu del pintor y la gente demostró su aprobación ayudándole de varias formas. Así el pintor y su esposa vivieron felices y con fortuna.

13. Había un hombre que vivía cerca de un cementerio. Una noche escuchó voces que le llamaban desde el cementerio. El hombre pasó la noche temblando de miedo. A la mañana siguiente contó a sus amigos lo que le pasó, y uno de ellos, de gran valor, decidió descubrir al dueño de la voz si volvía a llamar.

Esa noche también, como la anterior, volvió a llamar la voz. El hombre a quién llamaba no cesaba de temblar, pero el valiente entró en el cementerio a buscar la tumba de donde salía la voz. Al descubrirlo le preguntó quién era. Una voz desde la tierra le contestó; “Yo soy un tesoro escondido dentro de la tierra. Yo pensé darme al hombre a quien llamaba, pero es muy cobarde y no viene. Tú eres valiente y mereces que yo me dé a ti. Mañana por la mañana iré con siete acompañantes a tu casa.”

“Entonces, ¿de qué forma debo recibirte?” le preguntó el hombre valiente. “Nosotros iremos vestidos de monjes. Purifica tu cuerpo y tu habitación, prepara agua y un poco de sopa de arroz en ocho tazas para recibirnos.” “Después de la comida condúcenos uno por uno a una habitación cerrada y allí nos convertiremos en jarras de oro.”

A la mañana siguiente, el hombre purificó su cuerpo, la casa, y esperó. Así como se lo había dicho, aparecieron ocho monjes a pedir un poco de alimento. Los hizo pasar y después de terminada la humilde comida los llevó a una habitación cerrada, en donde los ocho monjes se convirtieron en jarras llenas de oro.

Un hombre codicioso que oyó hablar de ello, deseó para sí otras ocho jarras de oro. Invitó a ocho monjes a una habitación purificada y les dio de comer. Cuando terminaron los encerró en una habitación. Los ocho monjes, que por supuesto no se convirtieron en jarras de oro, se enojaron y lo denunciaron al juez. El hombre codicioso fue apresado.

El hombre cobarde que oyó primero la voz, cuando supo lo de las jarras, quiso hacerlas suyas diciendo que las voces lo habían llamado a él y que por derecho le pertenecían. Entró por ello en la casa de su amigo para robar las jarras. Cuando quiso cogerlas salieron serpientes de ellas y lo persiguieron. 

El rey al saber del suceso, propagó el fallo de que las jarras pertenecían al hombre valiente, y le dijo: “Todas las cosas del mundo ocurren de esta manera. Los necios sólo desean los resultados, pero es imposible obtenerlos  sin esfuerzo. Ellos no tienen fe ni valor para enfrentar las luchas internas del alma y lograr así la paz y la armonía verdaderas.

* Este extracto ha sido traducido y editado de "La Enseñanza del Buda", un libro publicado por la Bukkyo Dendo Kyokai, la Sociedad para la Propagación del Dharma del Buda en Japón. El mismo consiste de extractos de los Sutras Mahayana y Hinayana, ordenados por temática, para exponer de manera devocional y reverente la enseñanza del Buda. 

El Camino de la Práctica: La Purificación II Los Actos Buenos

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La Purificación
Los Actos Buenos

1. El que busca el camino de la Iluminación, tiene siempre que esforzarse en purificar el cuerpo, la lengua y la mente. Purificar la conducta del cuerpo significa no matar a ningún ser viviente, no robar y no adulterar. Purificar la conducta de la lengua significa no mentir, no hablar mal, no engañar y no hablar en vano. Purificar la conducta de la mente significa no codiciar, no sentir ira y no pensar mal.

Cuando el alma (mente) se enturbia, la conducta se vuelve impura y cuando la conducta es impura, no hay manera de evitar el sufrimiento. Por ello, para ir por el camino lo primordial es purificar el alma y actuar con pureza.

2. Había una vez una viuda rica. Tenía muy buena fama porque era amable, delicada y humilde. Ella tenía una sirvienta muy inteligente y trabajadora. 

Un día la sirvienta pensó: “Mi ama es una persona de muy buena fama, pero no sé si ella es buena de naturaleza o es que las circunstancias la hacen ser así. Voy a probarla.”

Una mañana, la sirvienta se quedó en cama hasta tarde, y por fin, al medio día, aparecio ante la ama. Ésta, muy disgustada, le regañó diciendo: “¿Por qué te levantas tan tarde?” “El que yo me haya levantado tarde un día o dos días no es motivo para que usted se enoje de esa forma,” le replicó. El ama se encolerizó sobremanera. A la mañana siguiente la sirvienta volvió a levantarse tarde. El ama no pudo controlarse y le propinó un porrazo en la cabeza. El incidente se propagó por la ciudad y la viuda rica perdió su buena fama de antes.

3. Todos son como esta ama. Cuando las circunstancias son favorables todos pueden ser amables, humildes y magnánimes. El problema está en ver si uno puede seguir así en situaciones adversas.

Cuando escuchamos algo que nos desagrada, cuando otra persona se acerca a nosotros con visible enemistad, cuando no tenemos lo suficiente para vestir, comer y vivir, ¿podremos tener un alma pura y actuar correctamente?

No se puede calificar de bueno al que tiene un alma pura y actúa de acuerdo al bien, cuando las circunstancias le son favorables. Sólo se le puede llamar bueno, puro y humilde al que ha recibido las Enseñanza del Buda, y, esforzandose de practicarlas, ha pulido su alma y su cuerpo.

4. Existen cinco pares de palabras que son: palabras apropiadas a las circunstancias y palabras inadecuadas, palabras que transmiten la verdad y mentirosas, palabras suaves y duras, palabras beneficiosas y venenosas, palabras amables y de odio.

Cuando hablamos tenemos que elegir cuidadosamente nuestras palabras porque quien nos escucha será influenciado en bien o en mal. Si nuestra alma está llena de simpatía y de compasión, no saldrán palabras malas. No debemos permitir que de nuestra boca salgan palabras duras. Llenamos el alma de amor para que no haya cabida para la ira y el odio.

Supongamos que haya un hombre que, con pala y pico, quiera separar de la tierra toda la escoria que contiene. Empieza a trabajar con perseverancia, echando fuera la escoria que encuentra, pero su tarea es imposible. Como este hombre loco, no podemos esperar a eliminar todas las palabaras malas. Nosotros debemos fortificar el alma para que no se altere al oir cualquier clase de palabra.

Así como es inútil pretender pintar en el cielo con acuarelas, secar un gran río con el fuego de una antorcha, sacar ruidos ásperos frotando dos pieles suaves, hay que cultivar un alma que no se altere aunque escuche cualquier clase de palabras.

El ser tiene que cultivar un alma tan grande como la tierra, ilimitada como el cielo, profunda como un
gran río y suave como la piel bien curtida.

Si tu enemigo te apresa y te tortura, que no se oscurezca tu alma porque significaría que no sigues las Enseñanzas del Buda. Aunque nos hallemos en una situación así tenemos que aprender a controlarnos, a no pronunciar palabras de odio, ni de ira, y a rodear a esa persona con un alma llena de amor y de compasión.

5. Un hombre descubrió un hormiguero que humeaba de noche y ardía de día. Un sabio a quien se lo contó le dijo que desenvainara su espada y excavara el hormiguero, y así lo hizo. Primero apareció un candado, luego encontró unas burbujas de agua, un tenedor, una caja, una tortuga, un cuchillo de carnicero, un pedazo de carne y, al final, un dragón. El hombre le contó al sabio lo que había encontrado. Entonces él le dijo que lo tirara todo, excepto el dragón. “No disturbes al dragón,” le recomendó.

Esta es una alegoría en la que el hormiguero es el cuerpo del ser humano. Lo de “humear de noche” significa alegrarse o arrepentirse en la noche de lo que se ha hecho de día. Lo de “arder de día” significa realizar con el cuerpo y la boca lo que se ha pensado de noche.

El hombre representa quien busca el camino. El sabio representa al Buda. La espada es la Sabiduría y el excavar simboliza los esfuerzos que se deben hacer. El candado representa la ignorancia; las burbujas de agua, los sufrimientos y la ira; el tenedor, la duda y la incertidumbre; la caja representa la codicia, la ira, la pereza, la veleidad, el arrepentimiento y la desilusión. La tortuga significa el alma; el cuchillo del carnicero, los cinco deseos, y el pedazo de carne, el deseo hambriento del placer. Todos ellos son venenos para el cuerpo y por eso ordena al Buda que sean tirados. El dragón es el alma libre de los deseos terrenales. Si excavamos hacia el fondo de nosotros mismos encontraremos a este dragón. Las palabras; “Déjalo solo y no disturbes al drágón,” significan librar el alma de las pasiones terrenales.

6. Pindola, uno de los discípulos del Buda, después de alcanzar la Iluminación, regresó a Kausambi, su tierra natal, para devolver los favores recibidos. Preparó el terreno para sembrar las semillas del Buda.

En las afueras de la ciudad de Kausambi había un pequeño parque llamado el bosque de Udaka, y una hilera sin fin de palmeras. El gran río Ganges enviaba, desde sus aguas, una fresca brisa.

Un día caluroso de verano, Pindola se encontraba sentado en meditación a la sombra fresca de unos árboles. El mismo día, el rey Urdana entró en el parque con sus esposas, pero cansado de la música y de los juegos se echó a dormir bajo unos árboles.

Las esposas, mientras el rey dormía, se pusieron a pasear por el parque y encontraron a Pindola en meditación. Emocionadas al verlo en tan profunda concentración sintieron ansias de buscar el camino de la verdad, le pidieron que les predicara, y comenzaron a escuchar su sermón. 

Mientras tanto el rey despertó, y al no ver a sus esposas tuvo malas sospechas y las fue a buscar. Las encontró rodeando a este hombre y escuchando las Enseñanzas. El rey, que tenía el alma impura por la lujuria, sintió que las llamas de los celos le quemaban e insultó a Pindola diciendo: “Es imperdonable que tú, un hombre que predica el bien, te entretengas rodeado de mujeres en conversaciones vanas.” Pindola cerró los ojos con tranquilidad y guardó silencio.

El rey, loco de furor, desenvaino su espada y la acercó amenazante a la cara de Pindola, pero éste no abrió la boca y permaneció como una roca sin moverse. Fuera de sí, el rey destrozó un hormiguero y desparramó las hormigas en torno a él, pero aun así Pindola se mantuvo firmemente sentado.

Llegado a tal extremo el rey sintió vergüenza de su feroz conducta y le suplicó que le perdonase. Desde ese momento, las Enseñanzas del Buda fueron aceptadas en la familia real y pudieron extenderse por toda la nación.

7. Varios días después, el rey Unada visito a Pindola en el bosque donde vivía y le pidió que le aclarase una duda que tenía. “Honrado maestro, ¿por qué los discípulos del Buda, siendo jóvenes, pueden conservar puro su cuerpo y su alma, sin ser tentados por la lujuria?”

“Gran rey, el Buda nos ha enseñando a respetar a todas las mujeres. El nos ha enseñando que miremos a las mujeres mayores como si fueran nuestra madre, a las de nuestra misma edad, como si fueran nuestras hermanas, y a las menores como si fueran nuestras hijas. Gracias a esta enseñanza, los discípulos del Buda, aunque jóvenes, pueden mantenerse puros de alma y de cuerpo”.

“Honrado maestro, sin embargo, el ser humano puede tener pensamientos impuros aun hacia mujeres de edad de nuestra madre, hermana, o hija. ¿Cómo pueden los discípulos del Buda controlar estos pensamientos?

“Gran rey, el Buda nos ha enseñando que el cuerpo del hombre segrega toda clase de impurezas, como es la sangre, el pus, el sudor, la grasa, etc. Pensando de esta forma, aunque somos jóvenes, podemos conservar puras nuestras almas.”

“Honrado maestro”, insisió todavía el rey, “tal vez esto es sencillo para los discípulos del Buda que han entrenado el alma y el cuerpo y descubierto la Sabiduría, pero para los que no han hecho estos entrenamientos tiene que resultar difícil, y también para un discípulo del Buda, si es un novato. Tratarán de mirar lo que es repugnante, pero sus ojos se fijarán en las figuras bellas. Tratarán de ver la fealdad pero serán tentados por las formas hermosas. Tiene que haber alguna otra razón para que los discípulos del Buda puedan tener una conducta pura.”

“Gran rey,” replicó Pindola, “El Buda nos enseña que guardemos las cinco puertas de los cinco sentidos. Cuando vemos hermosas figuras y colores con nuestra vista, cuando escuchamos sonidos agradables con nuestros oídos, cuando olemos la fragancia con nuestro olfato, cuando saboreamos algo dulce con nuestro gusto y cuando tocamos algo con nuestro tacto, no nos dejamos atraer por las cosas agradables ni tampoco desechamos lo desagradable. De esta forma guardamos las cinco puertas de los cinco sentidos. Con esta enseñanza, aun los jóvenes, pueden mantener puros el alma y el cuerpo.”

“Honrado maestro, las Enseñanzas del Buda son verdaderamente maravillosas; lo puedo afirmar por mi propia experiencia. Si nos enfrentamos a algo sin cerrar las puertas de los cinco sentidos, enseguida las ideas impuras se apoderan de nosotros. El guardar las puertas de los cinco sentidos es muy importante para conservar puras nuestras conductas.”

8. Siempre que una persona exprese los pensamientos de su alma en acción, se produce una reacción. Si alguien te insulta, sientes la tentación de responderle de la misma forma para vengarte. Uno debe cuidarse de esta reacción natural del ser. Es como escupir hacia el cielo o barrer el polvo en contra del viento. Esto no es limpiar el polvo, es ensuciarse. Al deseo de la venganza siempre acompañan las desdichas.

9. Es bueno matar el egoismo del alma y ayudar al prójimo con limosnas. Aún mejor es conservar el ideal y respetar el Noble Camino.

Es menester echar fuera el alma egoista y hacer esfuerzos para ayudar al prójimo. Un acto que hace feliz a otro, inspira a quien lo recibe a hacer felices a otros.

Por ejemplo, aunque millones de personas se lleven el fuego de una hoguera, la hoguera permanece igual que antes. La felicidad, por mucho que se reparta, nunca se agota.

El que practica el Camino, debe dar cada paso con mucha calma. Por muy alto que sea la aspiración si los pasos flaquean es imposible elevar la aspiración. No hay que olvidar que los pasos del Camino hay que darlos en la rutina de cada día.

10. Hay veinte cosas difíciles de realizar en este mundo:

1) Es difícil para un ser pobre ser generoso.
2) Es difícil para el ser orgulloso aprender el Camino hacia la Iluminación.
3) Es difícil la búsqueda del Camino a costa del sacrificio del egoismo.
4) Es difícil nacer en el Reino del Buda.
5) Es difícil escuchar las Enseñanzas del Buda.
6) Es difícil mantener pura el alma de los instintos del cuerpo.
7) Es difícil no desear cosas hermosas y agradables.
8) Es difícil para el ser poderoso no usar el poder.
9) Es difícil no enfurecerse al ser insultado.
10) Es difícil permanecer puro cuando se es tentado.
11) Es difícil estudiar amplia y profundamente.
12) Es difícil no menospreciar a los principiantes.
13) Es difícil alejar el orgullo.
14) Es difícil encontrar un buen amigo.
15) Es difícil seguir la doctrina y alcanzar la Iluminación.
16) Es difícil no ser perturbado por las circunstancias externas.
17) Es difícil predicar conociendo la naturaleza del ser humano.
18) Es difícil mantener en paz el alma.
19) Es difícil no argüir sobre el bien y el mal.
20) Es difícil encontrar y aprender un buen método.

11. Las características de un ser bueno y de un ser malo son diferentes. El ser malo no reconoce el pecado, no cesa de hacerlo y no le gusta que se lo digan. El ser bueno sabe lo que es bueno y lo que es malo, deja enseguida de hacer el mal y agradece al que le dice que es malo.

En esto se diferencian radicalmente el ser bueno y el malo. El malo nunca puede agradecer los favores ajenos. En cambio el sabio trata siempre de expresar su aprecio y su gratitud por algún favor recibido, no sólo a su bienhechor sino también al mundo entero.

* Este extracto ha sido traducido y editado de "La Enseñanza del Buda", un libro publicado por la Bukkyo Dendo Kyokai, la Sociedad para la Propagación del Dharma del Buda en Japón. El mismo consiste de extractos de los Sutras Mahayana y Hinayana, ordenados por temática, para exponer de manera devocional y reverente la enseñanza del Buda. 

El Camino de la Práctica: La Purificación I La Purificación del Alma

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La Purificación 
La Purificación del Alma

1. El ser humano tiene dentro de sí las pasiones terrenales que son los orígenes de los sufrimientos y de la ilusión. Existen cinco maneras para librarse de las pasiones.

La primera es tener una idea correcta de las cosas, de su causa y de sus efectos. Es decir, saber que la causa de todos los sufrimientos son las pasiones terrenales que se encuentran dentro del alma (mente), y que cuando se extinguen estas pasiones entra uno en un estado de tranquila placidez. Puesto que se tiene una perspectiva equivocada se piensa en el “yo”, y se ignora la ley de la causalidad, y por este error se tienen las pasiones terrenales. Por eso los seres sufren y pierden la paz del alma.

La segunda manera de apaciguar las pasiones terrenales es el control de los deseos. Es decir, evitar con un alma pura y clara, los deseos que nacen de las sensaciones de los ojos, oídos, nariz, lengua, cuerpo y mente. Así se cortan desde la raíz el origen de las pasiones terrenales.

La tercera es tener una idea correcta en cuanto al uso propio de todas las cosas. La ropa y la comida están relacionadas a las necesidades del cuerpo y no deben ser utilizadas para la comodidad y el placer. La vestimenta es necesaria para proteger el cuerpo del calor y del frío, y para cubrir las partes vergonzosas. La comida es para alimentar el cuerpo que practica el camino de la virtud. De estas ideas correctas no pueden nacer las pasiones terrenales.

La cuarta es aprender a soportarlo todo; el calor, el frío, el hambre, la sed, y también las injurias y los abusos. Soportando todas estas cosas, el fuego de las pasiones terrenales que quema el cuerpo, no volverá a arder.

La quinta es evitar los peligros, los lugares a donde no se debe ir, y alejar a los amigos con quienes no se debe tratar. De esta forma las llamas de las pasiones terrenales se extinguirán.

2. Hay cinco grupos de pasiones en el mundo. Deseos que nacen de lo que ven los ojos, de lo que oyen los oídos, de lo que huele la nariz, de lo que saborea la lengua y de lo que el tacto siente como agradable.

Muchos seres experimentan la atracción de estas cosas placenteras, se emborrachan con ellas y no ven sus desastrosos efectos. Son atrapados en las trampas preparadas por el diablo (Mara), al igual que un ciervo que cae en las trampas del cazador. Realmente, estos cinco deseos son trampas; los hombres apresados en ellas sienten pasiones terrenales y sufren. Por ello es necesario ver los desastres de los cinco deseos y saber el camino para librarse de estas trampas.

3. La manera no es una sola. Por ejemplo, si se amarra a una serpiente, un cocodrilo, un ave, un perro, un zorro y un mono, a seis animales de diferente naturaleza, juntos con una misma cuerda, cada uno pretenderá volver a su habitat según su propia naturaleza. La serpiente a un solitario rincón, el cocodrilo al agua, el ave al cielo, el perro al poblado, el zorro al llano, el mono al bosque, y por ello se pelearán entre ellos, siendo al final llevados hacia el lado al que va el más fuerte.

Lo mismo que en este ejemplo, lo que ven los ojos, lo que oye el oído, lo que huele la nariz, lo que saborea la lengua, lo que siente el tacto, y lo que piensa la mente se pelearán entre sí, triunfando finalmente la atracción más fuerte.

Si se amarra a cada uno de estos animales por separado a una columna fuerte, todos ellos en un principio intentarán escapar y volver a sus casas, pero al final se agotarán sus fuerzas y se echarán cansados alrededor de la columna. De igual manera si uno disciplina y controla el alma no será arrastrado por los cinco deseos de los ojos, oídos, nariz, lengua, tacto. Si el alma está bajo control logrará la felicidad ahora y en el futuro.

4. Los seres, dejándose llevar por la llama de los deseos, buscan la fama, pero la fama y la gloria son como el incienso que pronto se consume y desaparece. Quien no hace más que perseguir la gloria y la fama y desatiende la búsqueda del camino de la verdad se encontrará en serio peligro y el alma sufrirá remordimientos.

El ser que persigue la fama, el dinero y el poder es como un niño que lame la miel untada en una espada. Mientras saborea corre el peligro de cortarse la lengua. El que se satisface en su codicia es como aquel que corre con una antorcha encendida en contra del viento. No puede evitar que el fuego queme sus manos y su cuerpo.

No creas en tu propia alma que está llena de los tres venenos de la codicia, la ira y la ignorancia. No te dejes dominar por los deseos, controla las pasiones y no las dejes correr. 

5. El que aspire a llegar a la Iluminación tiene que apagar el fuego de los deseos. Como aquel que va cargado de paja y escapa al ver el fuego, el que busca la Iluminación debe alejarse del fuego de los deseos. 

El que ve colores hermosos y por temor a ser atraído por ellos quiere sacarse los ojos, se equivoca. El alma es el dueño y por eso al echar fuera el deseo del alma cesa enseguida cualquier peligro. 

Es duro ir en busca del camino de la verdad, pero aún más penoso es no tener un alma que busque el camino. No hay límites en los sufrimientos de haber nacido en este mundo donde el ser envejece, enferma y muere. 

Quien va en busca del camino es como un buey que lleva una gran carga y avanza en un terreno fangoso. Aunque esté muy cansado, no mira ni a los lados hasta conseguir salir del barro para, por fin, descansar. El fango de los deseos es profundo pero, yendo en busca del camino con el alma recta, el hombre pronto saldrá del barro y los sufrimientos cesarán.

6. El que busca el camino de la Iluminación debe alejar todo orgullo del alma y llenarse de la Luz del Buda. Todas las joyas y tesoros del mundo no superan el adorno de la virtud.

Para gozar de buena salud, dar la verdadera felicidad a la familia y estar en paz con todos, uno debe disciplinar y controlar el alma. Sólo así llegará a la Iluminación y conseguirá con naturalidad la sabiduría y la virtud.

Las piedras preciosas nacen de la tierra, la virtud nace del bien, y la Sabiruría del alma tranquila y pura. Para caminar a salvo por el gran laberinto de la vida, es necesario alumbrar con esta Luz de la Sabiduría e ir adornado de virtudes.

La Enseñanza del Buda que recomienda deshacerse de los tres venenos de la codicia, la ira y la necedad es una Buena Enseñanza y el que la sigue alcanza la felicidad de una buena vida.

7. El ser humano tiende a inclinarse hacia lo que piensa. Si piensa en la condicia nace en él el sentimiento de la codicia. Si piensa en la ira nace en él el sentimiento de la ira. Si piensa en hacer el daño nace en él el deseo de hacer daño.

El vaquero en tiempo de la cosecha, en otoño, reúne las vacas que estaban sueltas y las pone en un corral. Hace esto para evitar que sean causas de quejas por meterse en el sembrado ajeno o que sean muertas. De la misma manera los seres deben cerrar el alma a las malas ideas y, si las tienen dentro, destruirlas. Hay que cultivar un alma que no codicie, ni sienta ira, ni deseos de dañar.

El vaquero, en la primavera, cuando comienzan a brotar las plantas, suelta su ganado al campo, pero no deja de poner atención en su paradero. De la misma manera el ser debe conocer los movimientos de su alma y la dirección que toman.

8. Cuando, por primera vez, Buda fue a la ciudad de Kausambi, un hombre resentido, sobornó a los maleantes de la ciudad para hacerles hablar mal de Él. Cuando los discípulos de Buda entraron en la ciudad no pudieron recibir ni una limosna, y en cambio les llenaron de injurias.

Ananda le dijo al Buda: “Será mejor que nos marchemos de esta ciudad; seguramente habrá otras ciudades mejores”. El Buda le contestó: “Ananda, si en la siguiente ciudad es igual que aquí, ¿qué harás?” “Gran Buda, nos iremos a otra ciudad”.

”Ananda, si seguimos así no habrá fin. Yo pienso que es mejor soportar con paciencia y en silencio todas las injurias y cuando se terminen, nos iremos a otra ciudad. Querido Ananda, el Buda no se altera por estas ocho cosas: la ganancia, la pérdida, el orgullo, el desprecio, la alabanza, la injuria, el sufrimiento y la alegría. Estas injurias se terminarán en siete días.”

* Este extracto ha sido traducido y editado de "La Enseñanza del Buda", un libro publicado por la Bukkyo Dendo Kyokai, la Sociedad para la Propagación del Dharma del Buda en Japón. El mismo consiste de extractos de los Sutras Mahayana y Hinayana, ordenados por temática, para exponer de manera devocional y reverente la enseñanza del Buda. 

lunes, 3 de junio de 2019

La Esencia del Budismo: Las Enseñanzas Eternas del Buda - Las Enseñanzas Universales del Budismo según el Sutra del Loto I Una Mirada a la Teología Budista de Proceso

El Budismo es una filosofía religiosa de más de 2,500 años de antigüedad, aunque es solo durante el último siglo que se ha hecho muy conocido en Occidente. El mismo puede ser abordado como filosofía, práctica o estilo de vida, aunque fundamentalmente, el Budismo es una religión.

Aunque hay muchas escuelas y tradiciones diferentes del Budismo, se dice que todas ellas provienen de las enseñanzas de Siddhartha Gautama, mejor conocido como el Buda Shakyamuni, el fundador del Budismo (alrededor del año 500 AEC). Tras el Parinirvana (muerte física) del fundador, diferentes escuelas surgieron a lo largo de los siglos cuando el Budismo se extendió por toda Asia e interactuó con las diversas culturas del continente. Las diferencias entre estas escuelas a menudo reflejan condiciones e influencias culturales, sociales e históricas. Sin embargo, un ideal común al Budismo en todas sus diversas formas es la liberación del sufrimiento.

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El Budismo comenzó como una respuesta personal al sufrimiento humano. Fue la búsqueda de l Buda Shakyamuni de una manera de liberar a las personas de la inevitabilidad del sufrimiento lo que lo llevó a su Iluminación o Despertar. Según la tradición, este Despertar ocurrió mientras Shakyamuni estaba sentado en meditación bajo un árbol. Tras su Iluminación, el Buda percibió claramente cómo todos los fenómenos están cambiando incesantemente dentro de una compleja red de interrelaciones mutuas. Vio que subyacente y guiando este proceso de cambio incesante existía una Ley (Dharma) o principio duradero, que es inherente a toda la vida y los fenómenos, incluyendo, por supuesto, las vidas de los seres humanos. Al despertar a esta Ley y comprender la verdadera naturaleza de la vida, Shakyamuni enseñó que las personas podrían liberarse de la angustia y llevar sus vidas a un florecimiento pleno y creativo. La vida de una persona así despertada se caracterizaría por la compasión y la sabiduría.

Dado que esta Ley no existe separadamente de nuestras propias vidas, el Budismo ve la verdad o el valor definitivo en la vida humana misma. No hay un valor o poder trascendente que pueda justificar el sacrificio o la degradación de la vida humana.

Originalmente, tras su Despertar, el Buda estaba un poco renuente a predicar sus enseñanzas dado a que las personas de su tiempo no estaban preparadas para las mismas. Durante el tiempo del buda, la sociedad india estaba dividida en clases sociales fijas y rígidas, donde las personas de las clases bajas  ni las muejres tenían acceso a las enseñanzas religiosas. La desigualdad, el discrimen y el prejuicio dominaba las mentes de las personas. Se dice que fue un dios (Brahma) quien decidió presentársele al Buda tras su Iluminación quien le rogó al Iluminado que predicara por el bien de todos los seres. Movido por una infinita compasión, el Buda decidió adaptar el contenido de sus enseñanzas a las capacidades, naturalezas y necesidades de las personas, revelando las mismas gradualmente hasta revelar la totalidad de la Ley. Es por eso que existen tantas enseñanzas y prácticas en el Budismo.

En el Budismo, la compasión es inseparable de la Iluminación. En la tradición del Budismo Tendai, una escuela de Budismo japonés tradicional basada en las Enseñanzas Perfectas del Sutra del Loto, todas las enseñanzas y prácticas predicadas por el Buda en sus más de cuarenta años de predicación nos encaminan al Despertar. Es a través del estudio, la fe y la práctica que podemos Despertar a nuestra mutua interconexión con el mundo y todos los seres, desarrollar una compasión que abarca el universo y desarrollamos la sabiduría para vivir una vida plena y en armonía con todos los demás.  Esto se actualiza a través de la devoción y la meditación.

Las enseñanzas de Shakyamuni se han conservado en numerosas colecciones llamadas Sutras. Entre estos, uno de los más influyentes ha sido el Sutra del Loto. Este Sutra es la base del Budismo Tendai y es considerada la enseñanza máxima del Buda en el mundo dado a que es en este sermón que el Buda finalmente revela la totalidad de su Iluminación. En el Sutra del Loto, el Buda igualmente resume todas sus enseñanzas y las armoniza, dejando un legado eterno para la salvación de todas las criaturas.

El Sutra del Loto Blanco del Dharma Maravilloso o de la Ley Mística (en sánscrito, “SaddharmapundarikaSutra”; en chino, “Miaofa lianhua jing”; en japonés, “Myoho renge kyo”), conocido comúnmente como el “Sutra del Loto”, se cree que se compuso entre el primer siglo EC. El Siglo II, ya era el Sutra más venerado e influyente del Budismo Mahayana y, sin duda, uno de los textos sagrados más significativos del este de Asia. 

A través de parábolas e historias cortas, los 28 capítulos del Sutra del Loto presentan una serie de doctrinas fundamentales del Budismo Mahayana. Esta escuela surgió por primera vez en la India y Asia occidental aproximadamente cinco siglos después de la muerte del Buda histórico, Siddhartha Gautama, mejor conocido como el Buda Shakyamuni, y eventualmente llegaría a dominar el Budismo de Asia Oriental. La insistencia del Sutra del Loto en la fe en el Sutra como un texto revelado de poder extraordinario, combinada con su promesa de Budeidad universal para todos los seres, le otorga un aire de autoridad sagrada que es inusual, si no es que es exclusivo de las escrituras budistas.

El Sutra del Loto es un texto devocional, es decir, destinado a trabajar en el nivel de las emociones y los sentidos en lugar del intelecto. Como tal, se ha empleado a lo largo de la historia de Asia Oriental como un foco para la devoción y también como una inspiración para el arte, la literatura y la reforma política. En este sentido, desempeña un papel equivalente a la Biblia en Europa o el Corán en el Medio Oriente. El Sutra del Loto a menudo se combina con dos textos más cortos, el “Sutra de los Significados Innumerables” (en sánscrito, “Amitartha-Sutra”; en chino, “Wuliangyi jing”; en japonés, “Muryogi kyo”) y el “Sutra de la Meditación en el Bodhisattva Samantabhadra” (en chino, “Puxian jing”; en japonés, “Fugen kyo” o “Zange kyo”), que sirven como “prólogo” y “epílogo”, respectivamente. Juntos, estos forman el “Triple Sutra del Loto”.

El Sutra del Loto contiene tres enseñanzas importantes: (1) Siddhartha Gautama, el Buda Shakyamuni, fue un ser mortal y a su vez una manifestación del Buda Eterno. Por ello, el Buda nunca murió, sino que su presencia se extiende a través del tiempo eterno. Así como el Buda se extiende a través del tiempo, igual lo hace su salvación hacia todos los seres. (2) La salvación (el Despertar) es para todos los seres, incluyendo las mujeres y los seres malvados, a quienes se le había negado la posibilidad de alcanzar la Iluminación en sermones anteriores. (3) El Sutra del Loto abarca todas las enseñanzas y prácticas budistas bajo el Vehículo Único (Ekayana), siendo todos medios válidos para alcanzar el Despertar. Esto hace que el mensaje del Sutra del Loto sea eterno, universal y abarcador. Es por esto que es la enseñanza máxima del Buda en el mundo.

Otros conceptos tales como la eternidad de la vida, la interdependencia de toda la vida y la santidad de toda la vida reciben un énfasis particular en este Sutra. Una de las ideas más importantes aclaradas por el Sutra del Loto es el principio de la igualdad fundamental de todas las personas, incluidas las mujeres, las “personas malvadas” y otras personas a menudo discriminadas en otras enseñanzas - todas alcanzarán la Iluminación. Todos estan en el camino a convertirse en Budas. La base de esta igualdad es el potencial universalmente inherente de todas las personas para manifestar la condición de vida de la Budeidad o la Iluminación - la Naturaleza Búdica innata. Desde la perspectiva del Sutra del Loto, la Budeidad no es un estado estático final de logro, sino un potencial que todas las personas pueden despertar en sus vidas. El objetivo del Budismo es producir esta potencialidad inherente. Todos llegaremos a ser Budas.

En esencia, el Sutra del Loto podría describirse como una proclamación del potencial y la dignidad infinitos inherentes a la vida de cada ser humano. Es una guía para liberar el potencial transformador de la vida de cada individuo.

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Para poder presentar una síntesis de todas las enseñanzas budistas - tanto las básicas como las avanzadas - presento "La Esencia del Budismo - Las Enseñanzas Eternas del Buda - Las Enseñanzas Universales del Budismo según el Sutra del Loto". Este libro presenta todas las enseñanzas principales (las Cuatro Nobles Verdades, el Noble Sendero Octuple, la Cadena de Doce Eslabones de Origen Causal, Originación Dependiente, el Karma y el Renacimiento, los Tres Sellos del Dharma, la Vacuidad, los Preceptos, el Triple Cuerpo del Buda, las Seis Perfecciones, el Ichinen Sanzen, etc.) junto con un resumen de las enseñanzas de los sutras más importantes (como el Sutra Avatamsaka, el Sutra del Corazón, el Sutra del Loto y el Sutra del Nirvana), todo desde la óptica de las enseñanzas universales del Sutra del Loto.

Aunque el Budismo parece ser un todo unificado, realmente se compone de múltiples escuelas y tradiciones, muchas con aparentes diferencias doctrinales y prácticas entre ellas. La voluminosidad de libros y la multitud de escuelas puede representar un obstáculo para aquellas personas que deseen estudiar y acercarse a la práctica budista. Es por esta razón que decidí escribir este libro.

Si bien he escrito muchos libros sobre Budismo, incluyendo varios introductorios a sus enseñanzas y al Sutra del Loto, es mi intención presentar una introducción mucho más concisa que presenta las enseñanzas básicas del Budismo a la luz de las Enseñanzas Perfectas del Sutra del Loto. Es mi deseo el poder presentar estas maravillosas enseñanzas a la mayor cantidad de personas posibles. 

Como teólogo y sacerdote budista ordenado, este libro presentará el Budismo como religión y hará énfasis en aspectos de la Teología Budista. Mi experiencia como teólogo y académico de religiones – como teórico y practicante – me permiten presentar estas enseñanzas desde un marco teórico único, poco visto en los libros budistas.

Si bien el tema amerita un tratamiento separado mucho más extenso, expandamos un poco sobre uno de los temas centrales del libro: la Teología Budista.

Una Teología Budista de Proceso
(Resumida)

¿Existe una Teología Budista? Si bien el término para muchos no es el adecuado (ya que el Budismo, a diferencia de muchas otras religiones, no posee la figura central de un Dios), es un término que nos permite abordad ontológicamente la cosmovisión central del Budismo en torno al Buda Eterno, la metafísica del cosmos y nuestro lugar y relación en el. Podemos igualmente llamarlo "Budología". 

Todos los antiguos (y actuales) maestros budistas como Asvaghosa, Nagarjuna, Vasubandhu, Tan'luan, Shan'tao, Genshin, Honen, Shinran, Dogen, etc., fueron teólogos en el sentido de que presentaron en sus tratados diferentes formas de Teología Budista. 

En escritos pasados abordamos si el Budismo es o no una religión (la Religión del Budismo), la concepción budista de Dios (Concepción Budista de Dios) y las deidades (las Deidades en el Budismo). Ahora veamos al Budismo desde la Teología de Proceso.

El Budismo es monista, pero considero (al igual que muchos académicos budistas como John S. Yokota, Gene Reeves, entre otros) que refleja una Teología de Proceso. La Teología de Proceso es un tipo de Teología que se desarrolló a partir de la Filosofía de Proceso. La Teología de Proceso es un enfoque teológico que comprende la realidad última en términos de un proceso dinámico de transformación y cambio continuo. Esta comprensión procesiva puede contrastarse con nociones estáticas del ser que se basan en categorías aristotélicas y escolásticas. La existencia se entiende en términos de la interacción mutua de las entidades, a través de la cual se produce el cambio. La Teología de Proceso se deriva de la filosofía del proceso de Alfred North Whitehead (1861–1947) y  Charles Hartshorne (1897–2000). Tanto para Whitehead como para Hartshorne, es un atributo esencial de Dios el estar completamente involucrado y afectado por los procesos temporales. No obstante, no todas las teologías de procesos son iguales, ya que la concepción de Dios (o lo Absoluto) tiende a entenderse de maneras que difieren del teísmo clásico. Lo Absoluto (realidad última) se entiende como un participante en un proceso creativo más amplio, de modo que Dios influye y es influenciado por otras entidades. Se entiende que Dios participa en el desarrollo a través de la interacción con un mundo cambiante, y puede verse que está subordinado a un proceso creativo más amplio. Este enfoque teológico permite unir y armonizar la Teología con la Filosofía (si es que de alguna forma están separados) con los descubrimientos y avances científicos.

Veamos algunos componentes importantes, no tocados en el libro, sobre este enfoque para nuestra discución de la Teología de Proceso y relacionémoslos con el Budismo:
  • Dios contiene el universo pero no es idéntico a él (Panentismo). Algunos también llaman a esto "teocosmocentrismo" para enfatizar que Dios siempre ha estado relacionado con un mundo u otro.
  • El mundo y Dios son expresiones de cambios dinámicos, contínuos e interconectados. 
  • No hay principio para la creación; Dios y el universo son eternamente creativos. Todo es un proceso.
  • Nosotros y el mundo no somos sustancias sólidas, independientes y fijas, sino que somos patrones interactivos de energías; elementos que cambian en cada instante pero que mantienen continuidad de momento a momento.
  • Dios es co-creativo con todas las demás criaturas. Dios comparte la misma fuente de poder con los seres finitos.
  • El Teísmo Dipolar: la idea de que Dios tiene un aspecto cambiante (la existencia de Dios como un Dios vivo) y un aspecto que no cambia (la esencia eterna de Dios).  Dios tiene dos polos: un polo primordial: este polo es eterno, no cambia. Y un polo consecuente: este polo es temporal, cambiante. Pero ambos son uno.
  • Tanto Dios como los seres finitos se basan en la misma fuente de energía creativa. Esto excluye la idea de Dios como la fuente de todo poder y creatividad, y otorga a los seres finitos y a la naturaleza en su conjunto una independencia y autonomía propias.
    Dios es trascendente e immanente; abstracto (impersonal) y personal.
  • Todo esta interconectado e interrelacionado. Porque Dios interactúa con el universo cambiante, Dios es cambiante. Todos afectamos a Dios (Dios cambia y se ve afectado en respuesta a nuestras decisiones). Si Dios no se viera afectado por las criaturas, entonces Dios sería impasible, sin ser movido por el sufrimiento.
  • Dios es dinámico, siempre cambiante, y recibe nuevas experiencias a medida que el universo crece y se desarrolla en transformación creativa.
  • Dios  no tiene un poder coercitivo absoluto, sino que solo tiene un poder persuasivo.

¿Cómo se relaciona esto con el Budismo? Si bien el Budismo no coloca a Dios en su centro como efoque central, el Budismo es panenteísta en que todo es el Buda, y transteísta en que el Buda no es un Dios creador y no existe una figura de dios central o necesaria para su función. Es decir, el Buda  Eterno es visto como la totalidad de la existencia. El Buda es la manifestación (Dharmakaya) o el aspecto personal del Dharmadhatu (el Reino Dhármico o el universo de relaciones e interconexiones). El Buda es la personalidad del universo pero no es un Dios creador. El universo emana del Buda (Sutra de Mahavairocana), la Energía de Vida, el cual sigue el proceso impersonal del karma (con sus leyes fijas) para formar los mundos (Sutra Avatamsaka). Luego, el Buda encarna en los mundos (Nirmanakaya) para llevar el Dharma y la salvación a los seres del sufrimiento y el ciclo de renacimientos.

La Teología de Proceso provee un marco teórico práctico que permite presentar una Teología completa al a vez que respone interrogantes como: si Dios es eterno e inmutable y diferente del mundo (o si el Buda era solo un hombre) ¿cómo responde a nuestras necesidades? O el último problema de la Teología Clásica - la teodicea: el problema de la existencia continuada del sufrimiento y la maldad en un mundo creado teóricamente y supervisado por un Dios que, por definición, es "perfecto", que significa tanto impermeable al cambio y, en última instancia, bueno, y todopoderoso.

Veamos la relación entre la Teología de Proceso y el Budismo someramente punto por punto:
  • Dios contiene el universo pero no es idéntico a él (Panentismo). Algunos también llaman a esto "teocosmocentrismo" para enfatizar que Dios siempre ha estado relacionado con un mundo u otro - en el Budismo, todo emana del Buda Eterno (Dharmadatu).
  • El mundo y Dios son expresiones de cambios dinámicos, contínuos e interconectados - según el Budismo, el mundo emana del Buda (Dharmadhatu) y se forma de acuerdo con el karma de los seres. El Buda no dirige el proceso - sino las acciones de los seres. El Buda adopta múltiples formas, de acuerdo con las capacidades, naturalezas y necesidades de los seres. Es por ello que el Buda puede aparecer como un dios, un hombre, una mujer, un niño, un demonio, etc., de acuerdo a qué forma particular los seres necesitan para alcanzar el Despertar (Iluminación).
  • No hay principio para la creación; Dios y el universo son eternamente creativos. Todo es un proceso - en el Budismo, si bien el mundo pasa por ciclos de nacimiento, preservación y regeneración (como en el "Big Bang") de acuerdo con la cosmovisión india, la vida es eterna en que existe un  sustrato contínuo, un principio eterno e inmutable interno (Dharma). Pero en el exterior, todo está en constante cambio; todo es impermanente.
  • Nosotros y el mundo no somos sustancias sólidas, independientes y fijas, sino que somos patrones interactivos de energías; elementos que cambian en cada instante pero que mantienen continuidad de momento a momento - en otra divergencia importante de la antropología teológica tradicional, la Teología de Proceso rechaza el dualismo del alma inmaterial y el cuerpo material. El Budismo nos afirma que no existe algo permanente y eterno como un alma. A diferencia del concepto hindú del Atman, el Budismo predica el "Anatman" o no-alma o no-ser. Esto es porque según el Budismo, todos los seres estan formados por 5 Agregados (skandhas) de forma, emociones, pensamientos, volición y consciencia; todos pasan por cambios y no existe nada dentro de un ser que ser fijo, permanente e inmutable - todo está en constante cambio. Lo mismo ocurre en el mundo. Por eso existe la primera ley de termodinámica que estipula que la materia no se crea ni se destruye, sino que se transforma. 
  • Dios es co-creativo con todas las demás criaturas. Dios comparte la misma fuente de poder con los seres finitos - como vimos, el Buda Eterno es la Fuente de la Vida y todo en el universo. Debido a eso, todos los seres poseen poseen la capacidad innata de alcanzar el mismo estado de la Budeidad (Naturaleza Búdica). En contraste con la Teología tradicional, en la que la voluntad de Dios se concibe como algo verdadero y definitivo, el Dios persuasivo de la Teología de Proceso solo puede instar a su criatura a cumplir las condiciones del amor creativo. Para decirlo de otra manera, los teólogos de proceso coinciden con los existencialistas en que la existencia humana precede a cualquier esencia humana preordenada, y por lo tanto, el futuro está abierto para lo que Whitehead denominó "avance creativo" en nuevas formas de experiencia e interacción humana. El Buda no es un dios creador: nosotros creamos nuestro mundo con nuestro karma (acciones en pensamientos, palabras y acciones y sus resultados o consecuencias), a través de los tres periodos del tiempo - pasado, presente y futuro. El Buda entra al mundo para -persuasivamente- ayudarnos a alcanzar el Despertar.
  • El Teísmo Dipolar: la idea de que Dios tiene un aspecto cambiante (la existencia de Dios como un Dios vivo) y un aspecto que no cambia (la esencia eterna de Dios). Dios tiene dos polos: un polo primordial: este polo es eterno, no cambia. Y un polo consecuente: este polo es temporal, cambiante. Pero ambos son uno - el Buda es abstracto, impersonal y eterno como Dharmadhatu-Dharmakaya, pero posee un aspecto personal, cambiante y temporal como el Nirmanakaya (logos) - el cuerpo que encarna en el mundo para predicar el Dharma. Pero al ser monista, todo es últimamente uno.
  • Todo esta interconectado e interrelacionado. Porque Dios interactúa con el universo cambiante, Dios es cambiante. Todos afectamos a Dios (Dios cambia y se ve afectado en respuesta a nuestras decisiones). Si Dios no se viera afectado por las criaturas, entonces Dios sería impasible, sin ser movido por el sufrimiento - a diferencia de la Teología Clásica, donde Dios es eterno, inmutable y diferente del mundo, la Teología de Proceso postula que Dios cambia con el mundo. Si Dios fuera inmutable y diferente del mundo, no se vería afectado por el sufrimiento de sus criaturas. De igual manera, el Buda adopta diferentes formas y predica el Dharma de diferentes formas de acuerdo con las necesidades, capacidades y naturalezas de los seres. Este concepto es uno central en el Sutra del Loto y se llama "Upaya": medios hábiles - la adaptación del Dharma (enseñanza) de acuerdo a las circunstancias. Por eso el Buda predicó tantos Sutras, comenzando con el Sutra del Giro de la Rueda de la Ley donde predicó las Cuatro Nobles Verdades - enseñanzas incompletas - hasta que predicó el Sutra del Loto. 
  • Dios es dinámico, siempre cambiante, y recibe nuevas experiencias a medida que el universo crece y se desarrolla en transformación creativa - el Buda responde, se presenta, y predica el Dharma de acuerdo con los seres y sus circunstancias, Por ello existen tantas enseñanzas y prácticas. 
  • Dios  no tiene un poder coercitivo absoluto, sino que solo tiene un poder persuasivo - en el Sutra del Loto, el Buda Shakyamuni en el capítulo "Parábolas y semejanzas" (tercero), explica que el único propósito del advenimiento de cualquier Buda es hacer posible que todas las personas alcancen la Budeidad, y que los tres vehículos de los que escuchan la voz, los despertados a la causa, y los bodhisattvas son simplemente medios para conducir a las personas hacia el único vehículo del Buda. Supóngase, dice él, que hay un hombre muy rico que tiene muchos hijos. Un día, súbitamente, estalla un incendio en su espaciosa pero deteriorada casa, y sus hijos, totalmente absortos en sus juegos, no saben que la casa está en llamas e ignoran sus gritos de advertencia. Por consiguiente, él recurre a un medio hábil para inducirlos a salir de la casa en llamas. Él les grita que afuera tiene tres carruajes que ellos han querido desde hace mucho tiempo: un carruaje tirado por un carnero, otro tirado por un ciervo, y un tercero tirado por un buey. Ellos salieron corriendo inmediatamente para recibir sus regalos. Habiéndolos persuadido de esta manera hacia la seguridad, el hombre rico les da a cada uno de sus hijos un carruaje, pero no uno de las tres clases que les había prometido. Más bien, le da a cada hijo un carruaje mucho más fino, adornado con numerosas joyas y tirado por un buey blanco. El Buda Shakyamuni compara la casa en llamas de la parábola con el mundo triple, y las llamas en sí con los sufrimientos del nacimiento y la muerte. El hombre rico es el Buda, los hijos son todos los seres vivientes, y los juegos en los cuales ellos están absortos son los placeres mundanos o la búsqueda de ellos. Las tres clases de carruajes prometidos originalmente representan a los tres vehículos, o las enseñanzas provisionales, y el carruaje del gran buey blanco simboliza al supremo vehículo de la Budeidad, es decir, al Sutra del Loto. El Buda, en la parábola como el padre, no forzó a sus hijos a salir de la casa, sino que los persuadió a salir. El Buda no obliga, sino que persuade. Los seres humanos pueden y deben elegir de otra manera, rechazando los objetivos del Budismo. Pero esto no quiere decir que la mejor respuesta del Buda sea la conformación pasiva a las normas éticas y sociales existentes. El Buda histórico fue definitivamente un revolucionario ético, como en su rechazo de la desigualdad, su visión del del amor y el perdón, y su visión del papel de la mujer.
Esto es solo una explciación somera y básica sin presentar fuentes de referencia. En el libro proveemos otros ángulos a la relación entre la Teología de Proceso y el Budismo y la Teología Budista. La Teología de Proceso provee un marco práctico a la vez que presenta una cosmovisión unificada de la Teología Budista, abriendo el diálogo para permitir que el budismo sea estudiado más a profundidad desde una perspective occidental.

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Espero que este pequeño libro te ayude a comprender mejor el Budismo y te sirva como umbral a las enseñanzas eternas del Buda.