Habiendo visto quién es el Bodhisattva Maitreya, el futuro Buda, en la Tradición Budista, veamos ahora sus Sutras principales en el Canon Budista. El Bodhisattva Maitreya aparece en numerosos Sutras, pero entre ellos, se destacan los llamados Tres Sutras de Maitreya. Estos tres Sutras no deben ser tratados como simples repeticiones. El primero dirige la mirada hacia arriba, al santuario celestial donde Maitreya espera y enseña. Los otros dos dirigen la mirada hacia adelante, al mundo humano renovado en el que descenderá y alcanzará la Budeidad. El primero responde a la pregunta: “¿Cómo podemos acercarnos ahora a Maitreya?” Los otros responden: “¿Qué sucederá cuando Maitreya venga al mundo?” Juntos forman una gran dramaturgia de la esperanza: el Bodhisattva asciende, los devotos pueden seguirlo mediante el renacimiento en Tuṣita, el tiempo cósmico madura, el Bodhisattva desciende, alcanza la Iluminación y reúne a los seres bajo el Árbol del Dragón.
I. El Sutra sobre el Ascenso del Bodhisattva Maitreya al Cielo Tushita
El primero de los tres Sutras es conocido habitualmente como el Sutra de la Contemplación del Ascenso del Bodhisattva Maitreya al Cielo Tushita, o simplemente Sutra del Ascenso de Maitreya.
El sutra se abre con el Buda Shakyamuni rodeado por su comunidad. El monje Upali, gran especialista en la disciplina monástica, pregunta acerca de Maitreya. ¿Dónde renacerá después de abandonar su vida presente? ¿Cuál será su morada? ¿Cómo podrán los discípulos del Buda encontrarse con él? La respuesta de Shakyamuni revela que Maitreya ascenderá al Cielo Tushita, donde ocupará una morada especialmente preparada para su enseñanza.
Antes de describir el cielo, el Sutra presenta la muerte o tránsito de Maitreya desde el mundo humano. En algunas tradiciones, su vida terrenal es vinculada con una familia brahmánica y con el círculo de discípulos de Shakyamuni. Cuando concluye su existencia, Maitreya no muere de una manera oscura ni queda sujeto a un destino incierto. Entra en una concentración meditativa, abandona serenamente su cuerpo y renace de inmediato en Tushita. Allí aparece mediante una transformación prodigiosa, no como un ser arrastrado por un karma ciego, sino como un Bodhisattva cuya vida está gobernada por el voto.
La construcción de la morada de Maitreya es atribuida a un deva o a una divinidad vinculada con la creación de ornamentos celestiales. Movido por la veneración, ofrece una joya preciosa y formula un voto. Como resultado, surgen palacios, muros, pabellones, jardines, estanques y torres compuestos por las siete sustancias preciosas. El texto acumula imágenes de oro, plata, lapislázuli, cristal, coral, perlas y gemas resplandecientes. No se trata de lujo por sí mismo, sino de una teología visual de la purificación. En la literatura de las Tierras Puras, los metales y las piedras preciosas representan cualidades de la Iluminación: transparencia, incorruptibilidad, luminosidad, firmeza y ausencia de contaminación.
El palacio interior de Tuṣshita aparece rodeado por muros adornados con innumerables joyas. De cada gema brotan rayos de luz; dentro de los rayos aparecen flores; dentro de las flores se manifiestan seres celestiales que cantan el Dharma. Los árboles emiten melodías, las campanas proclaman doctrinas, las aguas perfumadas recorren los jardines y las flores se abren para revelar enseñanzas. En este universo, la materia misma se ha convertido en Escritura. No existe una separación rígida entre paisaje y predicación: las luces, los sonidos, los aromas y los movimientos de la Tierra Pura enseñan la impermanencia, la vacuidad, la compasión y el Camino del Bodhisattva.
El Sutra describe también a las diosas celestiales y a los grandes devas que rodean el recinto. Sin embargo, el ambiente no debe entenderse como un cielo sensual ordinario. Todos los ornamentos están subordinados al Dharma. La belleza no distrae; despierta. La música no excita el apego; recuerda las enseñanzas. Las flores no invitan a apropiarse de ellas; revelan la generosidad de la Budeidad. Tushita es puro porque todo cuanto allí aparece se ha convertido en medio hábil.
En el centro de este ámbito se encuentra Maitreya, sentado sobre un trono de loto o una plataforma preciosa. Su cuerpo irradia una luz extraordinaria. Lleva la corona y los ornamentos de un gran Bodhisattva y manifiesta las marcas de un ser próximo a la Budeidad. Desde su cuerpo surgen innumerables rayos; dentro de ellos pueden contemplarse Budas, Bodhisattvas y escenas de enseñanza. Su frente está adornada por una señal luminosa, y su semblante expresa una serenidad que no es indiferencia, sino benevolencia perfecta. Maitreya enseña continuamente el Dharma a las multitudes reunidas, explicando el Camino del Bodhisattva y la enseñanza recibida de Shakyamuni.
Uno de los elementos centrales del Sutra es que el acceso a Tushita se presenta como posible para seres humanos comunes que cultiven condiciones concretas. El texto no exige necesariamente haber alcanzado ya elevadísimos estados contemplativos. Recomienda guardar los Preceptos, practicar las Diez Acciones Virtuosas, venerar al Buda, honrar a Maitreya, limpiar estupas y lugares sagrados, ofrecer flores, incienso y lámparas, recitar el nombre del Bodhisattva, contemplar su imagen y dedicar los méritos al renacimiento en Tushita. La accesibilidad de esta práctica fue una de las razones de la gran difusión de la fe ascendente.
La observancia de los Preceptos posee aquí un lugar fundamental. Tushita no se alcanza simplemente por desear comodidad después de la muerte. El practicante debe transformar su vida presente. No matar, no robar, no cometer conducta sexual dañina, no mentir y no intoxicarse no son meras prohibiciones; son la preparación de una afinidad espiritual con Maitreya. Puesto que Maitreya es benevolencia, el devoto debe abandonar la crueldad; puesto que es verdad futura, debe abandonar el engaño; puesto que su mundo es armónico, debe reducir desde ahora las causas de discordia.
El Sutra enseña además la contemplación de la figura de Maitreya. El practicante visualiza su cuerpo, sus ornamentos, su trono, el palacio de Tushita y las asambleas que lo rodean. Esta contemplación no es una fantasía sin disciplina, sino una reeducación de la percepción. La mente ordinaria llena su mundo con imágenes nacidas del apego y del temor; la contemplación de Tuṣita llena la conciencia con una geografía sagrada que orienta el deseo hacia el Dharma. Al pensar repetidamente en Maitreya, la mente establece una afinidad kármica con él.
El texto promete que quienes cultiven estas prácticas y recuerden a Maitreya en el momento de la muerte podrán verlo acompañado por seres celestiales. El Bodhisattva irradiará luz, extenderá su mano o enviará mensajeros para recibirlos, y ellos renacerán en el recinto interior de Tushita. Una vez allí, contemplarán directamente a Maitreya y escucharán sus enseñanzas. Alcanzarán estabilidad en el Camino y quedarán destinados a acompañarlo cuando descienda al mundo. Esta promesa diferencia la fe en Tushita de una simple aspiración celestial. El devoto no permanece eternamente en el cielo. Espera junto al Bodhisattva. Cuando llegue el momento de su descenso, los discípulos de Tushita podrán renacer también entre los seres humanos, encontrarse con él bajo el Árbol de la Flor del Dragón y completar su liberación. El ascenso prepara el descenso; la Tierra Pura prepara el regreso compasivo.
El Sutra contiene también una fuerte dimensión penitencial. Incluso quienes hayan cometido faltas pueden purificar parte de sus obstáculos mediante el reconocimiento sincero, la veneración de Maitreya y la práctica virtuosa. La benevolencia del futuro Buda no elimina la ley del karma, pero abre un camino para transformarlo. El karma no es un destino fijo; es una corriente condicionada que puede ser reorientada mediante nuevos actos, nuevos votos y una nueva relación con el Dharma.
Desde la perspectiva Tendai, el Sutra del Ascenso es interpretado como una enseñanza de contemplación, Precepto y voto. La visualización de Tushita corresponde a la práctica contemplativa; la observancia moral purifica las causas; la veneración de Maitreya despierta la fe; y la transferencia de méritos dirige toda la vida hacia el beneficio universal. No se trata de abandonar el mundo presente, sino de transformar la mente para que pueda entrar en comunión con una esfera donde la enseñanza es omnipresente.
II. El Sutra sobre la Gran Iluminación de Maitreya
El segundo texto, llamado Sutra de la Gran Realización de la Budeidad de Maitreya, Sutra de la Gran Iluminación de Maitreya o Sutra de la Gran Consumación de Maitreya como Buda, se encuentra entre las narraciones más desarrolladas del futuro descenso de Maitreya. Mientras el primer Sutra dirige la mirada hacia Tushita, éste despliega ante el lector el panorama del mundo humano cuando el karma colectivo haya madurado para recibir al nuevo Buda.
El Sutra comienza con una pregunta dirigida al Buda Shakyamuni acerca del futuro. Los discípulos desean conocer las condiciones bajo las cuales Maitreya aparecerá, el linaje en que nacerá, la forma de su Iluminación y la manera en que salvará a los seres. El Buda responde describiendo una edad futura en la cual el mundo habrá experimentado una extraordinaria transformación. La tierra será extensa, llana, fértil y hermosa. Las montañas peligrosas, los abismos y los terrenos áridos habrán disminuido. Los caminos serán suaves y las ciudades estarán ordenadas. Los árboles darán abundantes frutos, las cosechas crecerán sin gran esfuerzo y la tierra producirá alimento suficiente para todos. Los seres humanos no serán atormentados constantemente por el hambre ni vivirán sometidos a una lucha despiadada por recursos escasos. El equilibrio de la naturaleza reflejará el equilibrio moral de la humanidad.
La duración de la vida humana será inmensamente mayor que en nuestra época. Las personas disfrutarán de cuerpos fuertes, saludables y proporcionados. Las enfermedades graves serán infrecuentes y la muerte prematura disminuirá. El nacimiento, la vejez y la muerte no desaparecerán, pues el mundo de Maitreya continúa siendo saṃsāra, pero las condiciones serán incomparablemente más favorables al cultivo del Dharma. El sufrimiento no quedará abolido por decreto divino; habrá sido atenuado por la maduración de un karma colectivo más virtuoso.
La sociedad futura estará gobernada por un monarca universal o Rey que Hace Girar la Rueda, denominado Shankha en sánscrito. Este rey poseerá las siete joyas del soberano universal y gobernará no mediante la tiranía, sino de acuerdo con el Dharma. Su poder representa la armonía entre autoridad y justicia. Las armas serán innecesarias o escasas porque los pueblos no estarán dominados por la enemistad. El rey protegerá a sus súbditos, distribuirá justamente los recursos y favorecerá la práctica religiosa.
La capital del mundo será Ketumati, una ciudad magnífica, asociada en la tradición con la antigua Varanasi o con una ciudad ideal del futuro. Sus avenidas serán amplias, sus torres resplandecientes y sus jardines innumerables. Estará rodeada por estanques, flores, árboles perfumados y lugares de recreación. Las joyas y metales preciosos serán tan abundantes que perderán gran parte de su capacidad para provocar codicia. El texto utiliza aquí un recurso doctrinal sutil: cuando aquello que ahora se considera raro y valioso se vuelve común, la mente deja de aferrarse a ello con la misma intensidad. Las personas vivirán en una sociedad en la que los Diez Actos Virtuosos serán ampliamente practicados. La matanza, el robo, la explotación sexual, la mentira, la calumnia, la palabra áspera, el habla frívola, la codicia, la mala voluntad y las visiones erróneas habrán disminuido. El mundo será más pacífico no porque todos los seres hayan alcanzado ya la Iluminación, sino porque la estructura kármica colectiva se habrá vuelto receptiva al Dharma.
En este mundo nacerá Maitreya. Dependiendo de la versión y de la tradición textual, su familia es descrita como perteneciente al linaje brahmánico y relacionada con un ministro o consejero del gran rey. Su nacimiento estará acompañado por señales auspiciosas. Poseerá un cuerpo extraordinario, gran inteligencia, compasión y todas las cualidades propias de un Bodhisattva en su última existencia. Aunque crezca rodeado de prosperidad, reconocerá la impermanencia de los placeres mundanos. La renuncia de Maitreya constituye uno de los momentos centrales del Sutra. Así como Shakyamuni abandonó el palacio de los Shakya, Maitreya dejará atrás las riquezas y la vida doméstica. Sin embargo, su renuncia ocurrirá en un mundo donde las condiciones son mucho más favorables. No tendrá que atravesar años de ascetismo extremo. Comprenderá directamente el Camino Medio y se dirigirá al Árbol de la Flor del Dragón, bajo cuya sombra tomará asiento. El Árbol del Dragón ocupa en esta narrativa el lugar que el Árbol Bodhi ocupa en la vida de Śākyamuni. Es un eje cósmico y un símbolo de la maduración del mérito. Sus ramas son inmensas, sus flores fragantes y su copa cubre una vasta extensión. El nombre “Flor del Dragón” evoca fuerza, majestuosidad y transformación. Bajo este árbol, Maitreya vencerá las últimas obstrucciones y manifestará la Insuperable, Perfecta y Completa Iluminación. Al amanecer de su Iluminación, contemplará las causas y condiciones de los seres, comprenderá sus capacidades y decidirá predicar. La tierra se estremecerá, los devas ofrecerán flores y los mundos serán iluminados por su luz.
Luego tendrán lugar las célebres Tres Asambleas bajo el Árbol de la Flor del Dragón. Estas reuniones constituyen el corazón soteriológico del sutra. Maitreya predicará tres veces a multitudes inmensas y liberará a incontables seres. Las fuentes japonesas describen las Tres Asambleas como las tres grandes predicaciones que Maitreya celebrará después de su Iluminación para salvar a quienes hayan establecido una conexión con el Dharma de Shakyamuni.
En la primera asamblea se reunirán aquellos cuyas raíces de virtud son más maduras. Muchos habrán guardado los Preceptos durante la era de Shakyamuni, ofrecido limosnas, construido estupas, venerado reliquias, recitado sutras o cultivado algún acto de bondad. Al escuchar a Maitreya, comprenderán las Cuatro Nobles Verdades y alcanzarán diversos frutos de liberación. El número de liberados es descrito mediante cifras inconcebibles, cuyo propósito no es ofrecer una estadística moderna, sino transmitir la universalidad de la salvación.
En la segunda asamblea aparecerán seres cuyas raíces son algo menos maduras, pero que también establecieron causas virtuosas durante la enseñanza anterior. Maitreya adaptará su predicación a sus capacidades y nuevamente incontables multitudes alcanzarán la liberación. En la tercera asamblea recibirán el Dharma quienes necesitan todavía más preparación. Así, las tres reuniones manifiestan la pedagogía gradual y compasiva del Buda.
Una doctrina de gran importancia es que muchos de los seres liberados por Maitreya serán “discípulos dejados por Shakyamuni”, es decir, personas que escucharon, veneraron o sirvieron el Dharma de Śākyamuni pero no alcanzaron la liberación completa durante su era. Maitreya no aparece para invalidar la obra de Shakyamuni, sino para llevarla a cumplimiento. Su enseñanza cosecha semillas sembradas por el Buda anterior. Existe, por tanto, una continuidad de misión entre ambos. Este punto armoniza profundamente con el Vehículo Único del Sutra del Loto. Los Budas no fundan religiones rivales ni compiten por discípulos. Cada uno cultiva las causas que otro puede madurar; cada uno continúa la labor de innumerables predecesores; todos aparecen para conducir a los seres a una sola Sabiduría. Maitreya es heredero porque continúa, no porque niega.
El gran rey Shankha, al contemplar la Iluminación de Maitreya y escuchar su enseñanza, reconocerá la vacuidad de la soberanía mundana. Renunciará a su trono, entregará sus tesoros y entrará en la vida religiosa. Multitudes seguirán su ejemplo. El texto presenta así una inversión de los valores ordinarios: el rey universal, dueño aparente del mundo, se inclina ante quien ha conquistado la mente. El poder político reconoce una soberanía más alta, la soberanía del Dharma.
El sutra describe además cómo Maitreya venerará la memoria de Shakyamuni. En algunas versiones, conducirá a sus discípulos al Monte Grdhrakuta o a un lugar donde se conservan reliquias y vestigios del Buda anterior. Allí honrará particularmente a Mahakashyapa, quien, según la tradición, habría conservado la túnica de Shakyamuni para entregarla al futuro Buda. Maitreya mostrará entonces que su propia misión no es autónoma, sino parte de una transmisión ininterrumpida. El encuentro de Maitreya con Mahakashyapa, cuando aparece en las tradiciones relacionadas, posee una enorme densidad simbólica. Kashyapa representa la Sangha antigua, la disciplina, la austeridad y la custodia de la enseñanza; Maitreya representa la renovación futura. Cuando el anciano discípulo entrega la túnica o rinde testimonio ante el nuevo Buda, el pasado transmite su tesoro al futuro. El Dharma cruza el abismo de los eones.
El Sutra de la Gran Iluminación concluye reafirmando que quienes cultiven ahora la virtud, veneren a los Tres Tesoros, guarden los Preceptos, hagan ofrendas, lean las Escrituras, practiquen la benevolencia y formen el voto de encontrar a Maitreya podrán crear las causas para participar en aquellas asambleas. La profecía no es ofrecida como entretenimiento cosmológico. Es una exhortación dirigida al presente. Cada buena acción puede convertirse en una afinidad con el futuro Buda. Este sutra expresa poderosamente la transformación del karma. El mundo de Maitreya no aparece por una interrupción mágica de la causalidad, sino por su plena operación. La tierra pura futura es la maduración de semillas colectivas de virtud. Esta enseñanza evita tanto el pesimismo absoluto como el optimismo ingenuo. El mundo no está condenado para siempre, pero tampoco será purificado sin causas.
III. El Sutra sobre el Descenso de Maitreya
El tercero de los textos, el Sutra del Descenso de Maitreya, ofrece una forma más breve y condensada de la misma gran profecía. El carácter más conciso del texto no disminuye su importancia. En cierto sentido, presenta el núcleo de la expectativa de Maitreya con mayor sobriedad: la decadencia de la enseñanza presente, la restauración gradual de la virtud, el nacimiento del futuro Bodhisattva, su Iluminación, las Tres Asambleas y la liberación de los discípulos que dejaron semillas de mérito durante la era de Shakyamuni.
El Sutra comienza dentro de una conversación entre Shakyamuni y sus discípulos, frecuentemente con Ananda como interlocutor. El Buda anuncia que, en una edad futura, cuando la duración de la vida humana haya aumentado enormemente y las condiciones del mundo hayan cambiado, aparecerá Maitreya. Esta profecía no surge como una especulación de los discípulos, sino como una predicción autorizada por Shakyamuni. El mundo de aquella época será pacífico y fértil. Las ciudades y aldeas estarán próximas unas de otras; los caminos serán seguros; los seres humanos podrán viajar sin temor a ladrones, guerras o bestias peligrosas. Las cosechas serán abundantes y los árboles ofrecerán frutos y vestidos. La riqueza material no dará lugar a una codicia tan intensa porque las necesidades básicas estarán ampliamente satisfechas.
Los seres humanos tendrán gran estatura y longevidad. Las mujeres y los hombres formarán familias, pero la vida no estará dominada por los mismos niveles de enfermedad, inseguridad y violencia. La edad matrimonial, la duración de la vida y otros detalles se expresan mediante números simbólicos que muestran la extraordinaria diferencia entre aquella humanidad y la nuestra.
La capital Ketumati será gobernada por el rey Shankha, quien poseerá las insignias de un Monarca Universal. El rey mantendrá el orden conforme a la justicia, y sus tesoros serán inmensos. Sin embargo, cuando aparezca Maitreya, comprenderá que incluso la soberanía universal es impermanente y renunciará para seguir al Buda.
Maitreya nacerá en una familia eminente. Desde su juventud manifestará señales extraordinarias, inteligencia penetrante y una benevolencia natural hacia todos. Aunque la sociedad futura sea próspera, verá que ningún placer condicionado puede ofrecer una seguridad definitiva. Comprenderá la vejez, la enfermedad, la muerte y la naturaleza insatisfactoria de toda existencia condicionada. Su renuncia será seguida por una rápida Iluminación. Bajo el Árbol de la Flor del Dragón alcanzará el Despertar Completo y será conocido como el Buda Maitreya, el Tathagata, Digno de Ofrendas, Perfectamente Iluminado, Perfecto en Conocimiento y Conducta, Conocedor del Mundo, Insuperable Guía, Maestro de Dioses y Seres Humanos, Buda, Honrado por el Mundo.
El Sutra resume las Tres Asambleas, en las cuales multitudes innumerables alcanzarán la liberación. Maitreya predicará las Cuatro Nobles Verdades, la originación dependiente, la disciplina moral y el Camino. Muchos se convertirán en Arhats; otros generarán la mente de la Iluminación; otros avanzarán por los niveles del Bodhisattva. Las cifras varían entre las distintas recensiones y tradiciones, pero el mensaje permanece: la predicación de Maitreya tendrá una eficacia universal y extraordinaria.
La brevedad del sutra concentra la atención sobre la continuidad entre Shakyamuni y Maitreya. El futuro Buda reconocerá a quienes hayan realizado actos virtuosos bajo la enseñanza de Shakyamuni. Algunos serán liberados porque ofrecieron una flor; otros porque pronunciaron una palabra de homenaje; otros porque conservaron un Precepto; otros porque ayudaron a la Sangha, repararon un templo, encendieron una lámpara o escucharon un solo verso del Dharma. El texto magnifica el valor de las pequeñas causas. Ninguna acción virtuosa es inútil cuando se dedica a la Budeidad. Esta enseñanza resulta especialmente importante para quienes viven en períodos considerados decadentes. El practicante puede sentirse incapaz de alcanzar grandes realizaciones, pero el sutra afirma que incluso una causa aparentemente modesta puede madurar en la presencia de Maitreya. El valor de una semilla no se juzga solamente por su tamaño actual, sino por el fruto que puede producir cuando encuentra condiciones adecuadas.
El Sutra del Descenso conserva también la dimensión ética del mundo futuro. La aparición de Maitreya ocurre cuando los seres han vuelto a practicar ampliamente los Diez Actos Virtuosos. Por tanto, el futuro Buda no desciende a una humanidad totalmente ajena a su mensaje. Su llegada responde a una resonancia entre su voto y la preparación de los seres. El maestro aparece cuando existe una comunidad capaz de escuchar.
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Contemplados en conjunto, los tres Sutras describen una sola misión en tres momentos. Primero, Maitreya asciende a Tushita y establece allí una comunidad de enseñanza. Segundo, el mundo humano atraviesa una larga transformación kármica y se vuelve receptivo. Tercero, el Bodhisattva desciende, renuncia, alcanza la Budeidad y conduce a los seres mediante las Tres Asambleas. El primer Sutra enseña la proximidad presente de Maitreya: aunque todavía no sea el Buda histórico de nuestra tierra, puede ser encontrado mediante el renacimiento en Tuṣshita. Los otros dos enseñan su aparición futura: aunque ahora permanezca en el cielo, su voto está dirigido a este mundo. Así, Maitreya une cielo y tierra, presente y futuro, contemplación y acción, refugio y retorno.
La estructura de estos textos también revela una doctrina de salvación gradual. Shakyamuni siembra; los practicantes cultivan; Maitreya cosecha. Ninguna generación realiza el Dharma de manera aislada. Los Budas trabajan a través de inconcebibles períodos, y los méritos de un ser pueden madurar bajo un maestro diferente de aquel en cuya era fueron producidos. El Vehículo Único se extiende a través del tiempo. La aparición de Maitreya pertenece a la misma Economía del Dharma: es una nueva expresión histórica de la voluntad salvífica de la Budeidad. La relación entre ambos puede compararse con una lámpara que enciende otra lámpara. La segunda luz no disminuye la primera; manifiesta su capacidad de transmisión. Shakyamuni entrega el Dharma a Maitreya, pero la Sabiduría que ambos realizan no está dividida. Cada Buda posee su personalidad histórica, sus votos y su campo de actividad, pero todos despiertan a la misma Realidad y abren el mismo Vehículo.
La fe en Maitreya adquirió gran fuerza en períodos de crisis porque responde a una angustia religiosa profunda: ¿qué ocurrirá cuando la enseñanza del Buda Shakyamuni se debilite? ¿Qué sucederá cuando los monasterios se corrompan, las Escrituras sean olvidadas, la violencia aumente y los seres pierdan la capacidad de practicar? Los sutras responden que la oscuridad no es eterna. Habrá un nuevo amanecer del Dharma.
Sin embargo, la esperanza en Maitreya puede deformarse si se transforma en desprecio hacia el presente. Algunos movimientos históricos imaginaron que el mundo debía ser destruido para apresurar la venida del futuro Buda. Pero esta interpretación contradice el significado de maitrī. No se prepara a Maitreya mediante la violencia, el odio o el caos. Se prepara su mundo mediante benevolencia, Preceptos, generosidad, paciencia y sabiduría.
La Edad de Maitreya no comienza únicamente dentro de miles de millones de años. Sus causas comienzan en el instante presente. Cada vez que un ser abandona la crueldad, el mundo de Maitreya se aproxima. Cada vez que una Sangha conserva el Dharma con honestidad, se prepara una de las futuras asambleas. Cada vez que un maestro instruye sin avaricia y un discípulo escucha sin orgullo, el palacio de Tushita encuentra un reflejo en la tierra. El futuro no está predeterminado de manera fatalista. Es condicionado. La predicción del Buda establece la certeza de la futura Iluminación de Maitreya, pero la relación concreta de cada ser con esa Iluminación depende de sus causas. Por eso los sutras no se limitan a decir “Maitreya vendrá”; dicen también “guarden los Preceptos, practiquen el bien, hagan ofrendas, purifiquen la mente y formulen el voto de encontrarlo”. Estos Sutras revelan a Maitreya no sólo como aquel que vendrá al final de una edad, sino como un gran Bodhisattva ya activo dentro del Reino del Dharma, custodio del Dharma presente y figura viva de la Budeidad que madura hacia el porvenir.
Como mencionamos anteriormente, n muchos aspectos, Maitreya representa la imagen luminosa de la Budeidad Innata. Maitreya muestra que la Budeidad Innata no es una posesión estática, sino una vocación. Poseer la Naturaleza Búdica significa estar llamado a manifestarla mediante la práctica. Por ello, cuando un devoto contempla a Maitreya, no contempla solamente a alguien que vendrá. Contempla la forma madura de su propio voto de Iluminación. Maitreya es lo que la benevolencia puede llegar a ser cuando se cultiva hasta su perfección; es el destino de la mente cuando deja de vivir para sí misma.
Por todo esto, Maitreya es el Bodhisattva de la Benevolencia, el heredero profetizado de Shakyamuni, el maestro que actualmente reside en el recinto interior de Tushita y el futuro Buda que descenderá a este mundo para alcanzar la Iluminación bajo el Árbol de la Flor del Dragón. Maitreya vendrá porque la promesa de la Budeidad no puede extinguirse; pero nuestro encuentro con él comienza cuando cultivamos la benevolencia cuyo nombre él lleva. Tushita comienza allí donde la mente se convierte en lugar de enseñanza. El Árbol de la Flor del Dragón comienza a crecer allí donde el Precepto echa raíces. Y la asamblea futura comienza cada vez que un ser escucha el Dharma y decide que su propia Iluminación no será para sí solo, sino para la liberación de todos los seres.
