Bienvenido a la Tierra Pura de la Luz Serena, un recurso sobre el Verdadero Budismo (一乘佛教), y sus posteriores ramificaciones, a la luz de las Enseñanzas Perfectas y Completas (圓教). Aquí presentamos el Budismo como religión, filosofía y estilo de vida, con énfasis en la Teología Budista (Budología), aspirando a presentar el Budismo balanceadamente entre la academia (estudios budistas) y la devoción, desde el punto de vista de una escuela tradicional de Budismo japonés (Escuela del Loto Reformada) y las enseñanzas universales del Sutra del Loto (法華経).


domingo, 26 de abril de 2026

Los Escritos del Maestro Zongxiao: El Registro de las Respuestas y Manifestaciones del Sutra del Loto - Introducción y Capítulo 1

 


Entre los grandes Maestros de la Tradición del Loto (Tiantai-Tendai), se encuentra uno poco conocido en Occidente llamado Zongxiao (1151-1214), quien vivió en la era Song en China lsiglos luego de que el Gran Maestro Saicho (Tendai Daishi 767-822) visitara China en la era Tang y transplantara y perfeccionara el Budismo del Loto a Japón. Esto hace al Maestro Zongxiao interesante, pues sus obras presentan qué hubiera pasado si la Escuela del Loto se hubiese quedado en China y no hubiese alcanzado su perfección, y los desarrollos independientes de la rama china fueron interesantes. Veamos uno de ellos.

El tratado del Maestro Zongxiao, conocido como "Registro de las Respuestas y Manifestaciones del Sutra del Loto", debe ser comprendido, ante todo, no como una mera colección de prodigios piadosos, ni tampoco como un simple repertorio hagiográfico destinado a conmover el corazón de los devotos, sino como una obra cuidadosamente situada en la confluencia de varios géneros mayores de la literatura budista de Asia Oriental: la historia sagrada, la apología doctrinal, la exhortación a la práctica y la hermenéutica de la eficacia escritural. Bajo la apariencia externa de una antología de relatos sobre señales, visiones, protecciones invisibles, reliquias incorruptas, nacimientos auspiciosos, renacimientos celestiales, respuestas de devas, preservación milagrosa de manuscritos y confirmaciones visibles del mérito de la recitación, lo que en realidad se despliega es una arquitectura literaria al servicio de una afirmación mucho más profunda: que el Sutra del Loto no es solamente un texto venerable entre otros, sino una escritura viva, operativa y performativa, capaz de obrar en la historia, en el cuerpo, en la muerte, en el karma y en el mundo visible. Zongxiao no escribe, pues, desde la curiosidad anecdótica, sino desde una convicción doctrinal firme: allí donde el Sutra del Loto es recibido, copiado, recitado, explicado, defendido o encarnado en la conducta, allí el Dharma Supremo se hace históricamente verificable. El milagro, en esta obra, no es un adorno exterior de la fe, sino el resplandor empírico de la verdad del Vehículo Único cuando toca las capacidades concretas de los seres.

El texto pertenece a un momento maduro de la tradición Tiantai y del Budismo Chino en general, en el que la autoridad del Sutra del Loto ya no necesitaba ser establecida únicamente por medio de grandes comentarios doctrinales, como los del Gran Maestro Chih-i, ni solo por clasificaciones panorámicas de los periodos y enseñanzas, sino también por una historiografía de la recepción. Es decir, si en la gran era sistemática Tiantai la pregunta fundamental había sido cómo interpretar correctamente el Sutra del Loto dentro de la totalidad del Buddhadharma, en obras como la de Zongxiao la pregunta pasa a ser también cómo mostrar, a través de la historia acumulada de su recepción, que ese Sutra es realmente el corazón operativo del mundo budista. La exégesis no desaparece, pero se desplaza a la selección misma de los hechos; la doctrina no se reduce, sino que toma forma narrativa; la prueba de la verdad no se abandona, sino que se vuelve memorial, comunitaria y testimonial. Por eso el Registro de las Respuestas y Manifestaciones debe leerse como una prolongación histórica de la hermenéutica Tiantai: donde Chih-i demuestra con conceptos, distinciones y contemplaciones que el Loto es la consumación de la enseñanza del Buda, Zongxiao muestra, mediante casos acumulados a lo largo de siglos, que esa consumación no ha permanecido encerrada en la letra, sino que se ha desbordado en vidas humanas concretas. En ese sentido, el texto es una forma de comentario práctico al sutra: no comenta tanto sus frases una por una cuanto la potencia de su presencia en el tiempo.

La estructura misma de la obra confirma este propósito. Zongxiao no se limita a amontonar relatos de manera caótica, como si cualquier maravilla ligada al nombre del Sutra del Loto bastara para justificar su inclusión. Muy por el contrario, organiza, clasifica, jerarquiza y distribuye el material en un orden cronológico que revela una mente editorial rigurosa. El tratado comienza con figuras de la antigüedad sagrada, es decir, con escenas tomadas del propio universo del Sutra, en las que aparecen el Buda Muchos Tesoros, el Bodhisattva Jamás Despreciar, el Bodhisattva Rey de la Medicina, el Bodhisattva Sonidos Maravillosos y el Bodhisattva Samantabhadra. Este comienzo no es casual: funciona como fundamento paradigmático. Antes de mostrar las respuestas obtenidas por monjes, monjas, laicos y laicas de tiempos posteriores, Zongxiao sitúa el horizonte normativo dentro del mismo texto canónico, como si dijera que toda respuesta posterior no es sino la prolongación histórica de una promesa ya inscrita en el cuerpo del Sutra. Después, la obra avanza hacia figuras de altos monjes, altas monjas, hombres laicos y mujeres laicas, mostrando así que la eficacia del Loto atraviesa la jerarquía social y religiosa completa. Esta amplitud, lejos de ser un gesto meramente inclusivo, encarna la propia universalidad soteriológica del sutra: si el Vehículo Único se dirige a todos los seres, entonces las manifestaciones de su eficacia deben hallarse en todos los estratos de la existencia humana. La organización del tratado, por tanto, es ya un argumento doctrinal.

Uno de los aspectos más notables de esta obra, y uno que una introducción académica debe subrayar con cuidado, es que Zongxiao trabaja con una noción amplia y sofisticada de “respuesta” o “manifestación”. No se trata únicamente de milagros espectaculares en el sentido vulgar del término. Algunas respuestas son visibles y portentosas: lenguas incorruptas, flores de loto que brotan de la boca o de la tumba, luces que llenan una estancia, reliquias innumerables, salvaciones imposibles en incendios, guerras o naufragios, dioses que protegen, demonios que huyen, Budas o Bodhisattvas que se aparecen. Pero otras respuestas son interiores, morales o soteriológicas: firmeza en los Preceptos, transformación del carácter, liberación del miedo, Renacimiento en la Tierra Pura, preservación de la fe en medio de la adversidad, memoria prodigiosa del Sutra, disposición al sacrificio, o incluso la simple permanencia del texto a través del tiempo. Zongxiao mismo, en uno de los pasajes programáticos de la obra, deja entrever una comprensión elevada del asunto cuando sugiere que, si se toma la verdadera realidad como el Loto, entonces todos los Sutras y todas las prácticas participan de su ámbito; y si se entiende lo maravilloso como signo espiritual, entonces este cuerpo y los demás cuerpos pueden ser lugares de portento. Esta observación impide leer el texto de manera estrecha. El milagro no equivale solo a interrupción de la naturaleza; puede ser también la translucidez de la naturaleza ordinaria cuando es penetrada por el Dharma. Así, la colección no es primitivismo crédulo, sino una fenomenología religiosa de la eficacia meritiva.

Conviene advertir, además, que el tratado surge en una civilización en la que la copia, lectura y recitación de los Sutras constituían actos de enorme densidad ritual, doctrinal y social, algo a lo que honestamente deberíamos retornar. El texto presupone un mundo en el cual escribir un Sutra con sangre, copiarlo sobre seda, bordarlo con paciencia durante años, leerlo diariamente, memorizarlo íntegramente, o sostener una asociación de recitación no eran actividades marginales, sino expresiones mayores de la vida budista. En ese contexto, el Sutra del Loto ocupaba un lugar singular, no solo por su estatus doctrinal, sino por la manera en que su propia letra prometía protección, mérito y transformación. El tratado de Zongxiao puede leerse entonces como archivo de una cultura del texto sagrado: una cultura en la que la escritura no es simple fijación de palabras, sino acto sacramental; en la que el manuscrito no es solo soporte material, sino cuerpo meritivo; y en la que la voz que recita no transmite meramente significado, sino que participa de la presencia activa del Dharma. De ahí que muchos de los episodios giren en torno a lenguas que no se queman, libros que no se mojan, fascículos que no se consumen en el fuego, flores que brotan de caracteres recitados, o cuerpos transformados por la práctica vocal. En un sentido profundo, Zongxiao está teologizando la materialidad del Sutra. El cuerpo del practicante, el cuerpo manuscrito del texto y el Cuerpo Cósmico del Buda aparecen mutuamente implicados.

También debe señalarse que la obra no opera como una defensa abstracta del Loto frente a doctrinas rivales, sino como una consolidación afectiva y comunitaria de su centralidad. El lector no es persuadido principalmente por silogismos, sino por una sedimentación de casos. El método es acumulativo, casi litánico. A fuerza de reunir episodio tras episodio, vida tras vida, muerte tras muerte, el texto construye una atmósfera de inevitabilidad: el Sutra del Loto responde, protege, transforma, salva. Esta repetición no es pobreza literaria, sino estrategia religiosa. Cada caso individual importa, pero importa todavía más el efecto coral del conjunto. La verdad del Sutra se vuelve socialmente imaginable porque ha sido repetidamente vivida por otros. El lector, así, es introducido en una cadena de testimonio. No lee un argumento aislado, sino un mundo saturado por la memoria del sutra. Y esa memoria, al ser clasificada y organizada por Zongxiao, deja de ser una simple colección de devociones locales para convertirse en patrimonio de la tradición.

Como mencionamos anteriormente, "El Registro de las Respuestas y Manifestaciones del Sutra del Loto" pertenece a una etapa tardía y, al mismo tiempo, muy consciente de sí misma dentro de la evolución del Budismo Chino. Para el tiempo de Zongxiao, el Sutra del Loto no era ya un texto nuevo ni una escritura cuya legitimidad estuviese en disputa en un sentido elemental. Había atravesado siglos de traducción, comentario, liturgia, copia manuscrita, controversia doctrinal y recepción devocional. Había sido leído a la luz de los grandes sistemas de clasificación, sobre todo dentro de la escuela Tiantai, y había llegado a ser considerado por amplios sectores del Budismo de Asia Oriental como la exposición consumada del propósito del Buda. Precisamente por ello, una obra como esta no nace en un momento de fundación, sino en un momento de sedimentación. Y esa condición es decisiva. Zongxiao no escribe para descubrir el Sutra del Loto, sino para preservar, consolidar y hacer históricamente palpable una herencia que ya ha adquirido espesor civilizatorio. El tono de la obra, por consiguiente, no es el de la innovación especulativa, sino el de la custodia fervorosa. Pero esa custodia no es pasiva: es selectiva, organizadora, interpretativa. El autor se convierte en heredero de una memoria dispersa y, al reunirla, la transforma.

Este rasgo permite comprender mejor la ubicación de su tratado dentro del gran género chino de los relatos de "ganying", es decir, de respuesta, resonancia, correspondencia o manifestación espiritual. En la tradición china, budista y no budista, el universo no aparece como una máquina muda e indiferente, sino como una trama vibrátil en la que la sinceridad moral, la devoción, el mérito, la pureza o la transgresión producen respuestas visibles e invisibles. El Budismo Chino asumió y reformuló esta sensibilidad, y en su seno surgieron numerosos registros de respuestas vinculadas a imágenes, reliquias, Sutras, Bodhisattvas, prácticas devocionales, votos y actos de generosidad ritual. No debe pensarse, por tanto, que el tratado de Zongxiao representa una anomalía excéntrica; más bien se inscribe en una corriente robusta de literatura religiosa que buscaba mostrar que el mundo responde al Dharma. Sin embargo, lo distintivo de esta obra es que restringe y eleva ese principio general concentrándolo en torno a una sola escritura: el Sutra del Loto. En vez de presentar la eficacia budista en sentido amplio, muestra una especie de monopolio espiritual del Sutra del Loto dentro del campo de la maravilla salvífica. Esta concentración le permite al autor llevar a término una operación doctrinal de gran sutileza: demostrar que el carácter supremo del sutra no es solo una conclusión de la clasificación exegética, sino una constatación apoyada en la historia misma de su recepción. Dicho de otro modo, la teoría Tiantai del Loto como culminación del Dharma encuentra aquí su contrapartida testimonial.

Aunque el tratado no sea un tratado técnico de doctrina comparable con las obras magnas del a escuela Tiantai y del Gran Maestro Chih-i como el Maka Shikan o el Hokke Gengi, su respiración profunda sigue siendo Tiantai. La insistencia en el Sutra del Loto como Revelación Suprema, la asociación entre práctica concreta y verificación visible, la presencia continua de figuras como Chih-i, Guanding, Jingxi y otros herederos de la tradición, así como la naturalidad con la que la contemplación, la liturgia, la recitación y el mérito aparecen mutuamente implicados, todo ello pertenece al ecosistema doctrinal Tiantai. En la escuela Tiantai, el Sutra no es solamente un texto que debe interpretarse, sino la manifestación de la Verdad Perfecta; no es solo objeto de estudio, sino puerta de contemplación; no es solo doctrina, sino práctica viva. Por eso en el tratado abundan historias en las que la simple recitación produce resultados que, a primera vista, podrían parecer desproporcionados: liberaciones del Infierno, visiones de Budas, lenguas incorruptas, flores de loto nacidas de la boca o de la tumba, preservación del texto en medio del fuego o del agua. Para una mirada moderna y reductiva, estas escenas podrían parecer acumulaciones legendarias. Pero dentro de la lógica Tiantai no son adornos arbitrarios. Expresan, en forma narrativa, la unidad entre nombre, texto, práctica, cuerpo y Realidad Ultima. Si el Sutra del Loto revela que lo provisional y lo real no son ámbitos separados, entonces la letra recitada puede ser portadora de la realidad misma. Si la mente ordinaria y la Budeidad no son dos naturalezas absolutamente escindidas, entonces no resulta extraño que la lengua del recitador sea tratada como órgano santificado. Si la Verdadera Realidad penetra los dharmas condicionados, entonces la historia no queda fuera del radio de acción del Sutra.

Otro punto decisivo para una comprensión del tratado consiste en advertir que Zongxiao opera con una visión profundamente moral de la memoria religiosa. No todo hecho maravilloso le interesa por igual. Lo que selecciona y ordena son acontecimientos que pueden funcionar como exhortación. De hecho, el propio tono de varios prólogos y comentarios editoriales deja claro que el valor de la obra reside en “mover a la fe”, “animar a la práctica”, “servir de prueba” y “persuadir a las generaciones futuras”. Esto significa que la compilación no es neutral. Está regida por una pedagogía. Los relatos de respuesta espiritual no son conservados para satisfacer la fascinación por lo extraño, sino para formar sujetos religiosos. El lector ideal de Zongxiao no es el escéptico moderno en busca de verificación empírica al estilo crítico, sino el practicante vacilante que necesita ser reorientado hacia una vida de recitación, copia, fe, disciplina y aspiración salvífica. Bajo este aspecto, el libro se aproxima a la literatura ejemplar. Cada episodio funciona como exemplum budista: una vida se convierte en espejo; una muerte se vuelve instrucción; una lengua que no se quema, una reliquia, una flor, una visión, una voz celeste o una liberación en el inframundo se vuelven signos pedagógicos. En este sentido, el tratado no solo narra la eficacia del Sutra del Loto: produce un lector para el Sutra del Loto.

Resulta también importante notar la amplitud social del archivo reunido por Zongxiao. En la obra no aparecen únicamente grandes maestros de prestigio institucional, sino también monjas, sirvientas, viudas, cortesanas, laicos, funcionarios, campesinos, niños, enfermos, analfabetos, moribundos, víctimas de guerra y personas situadas al margen de la dignidad social convencional. Este dato tiene inmensa importancia. Demuestra que la supremacía del Sutra del Loto no se exhibe solo en las alturas del monasterio o del comentario escolástico, sino en la textura entera de la sociedad. Dicho de otra forma, el libro pone en escena la democratización de la eficacia salvífica sin abandonar la jerarquía religiosa. Los grandes monjes siguen ocupando un lugar central, pero no monopolizan el acceso al portento. Una mujer que escucha el Sutra mientras sirve a su suegra, una cortesana cuya boca exhala fragancia de loto, una niña, una sirvienta, un leproso instruido pacientemente en la recitación, todos pueden convertirse en lugar de manifestación. Esto es profundamente coherente con el corazón del propio Sutra del Loto, que insiste una y otra vez en la capacidad universal de los seres para entrar finalmente en la Budeidad. Zongxiao parece querer mostrar que esa universalidad no es una abstracción doctrinal, sino una fuerza que desborda hacia la vida cotidiana.

Desde un punto de vista soteriológico, la obra también articula una tensión fecunda entre el esfuerzo personal y la Gracia del Buda por medio del Sutra. Por un lado, se enfatiza la necesidad de una práctica constante, disciplinada y muchas veces austera. Por otro lado, los relatos muestran repetidamente que la respuesta espiritual supera las expectativas humanas, manifestándose en formas inesperadas y desproporcionadas respecto al esfuerzo realizado. Esta tensión no es contradictoria, sino complementaria. El esfuerzo prepara el terreno, purifica la intención y abre la mente; la respuesta, en cambio, revela la dimensión ilimitada del Dharma, que no puede ser reducida a cálculo humano. En este sentido, el tratado sugiere una dinámica en la que la práctica humana y la compasión del Buda convergen en un punto de encuentro donde se produce la transformación.

Finalmente, debe señalarse que el Registro de las Respuestas y Manifestaciones no solo mira hacia el pasado, sino que está orientado hacia el futuro. Su propósito último no es simplemente conservar memoria, sino inspirar continuidad. Cada relato es una invitación implícita a participar en la cadena ininterrumpida de devoción al Sutra del Loto. El lector no es un observador distante, sino un potencial continuador de esa tradición. Al contemplar las vidas recogidas en la obra, se le ofrece un modelo de conducta, una visión del mundo y una promesa de transformación. En este sentido, el tratado funciona como un puente entre generaciones, asegurando que la llama del Dharma no se extinga.

Así, la obra de Zongxiao se revela como mucho más que una colección de historias piadosas. Es, en su esencia, una budología narrativa del Sutra del Loto, una meditación sobre la eficacia del Dharma en la historia y una exhortación a encarnar esa eficacia en la propia vida. En ella, la palabra se hace cuerpo, el cuerpo se hace signo y el signo se convierte en camino hacia la Iluminación. Y en esa triple transformación, el lector es invitado a reconocer que el verdadero milagro no reside únicamente en los prodigios narrados, sino en la posibilidad siempre abierta de que el Dharma se manifieste nuevamente, aquí y ahora, en la vida de quien lo recibe con fe, lo estudia con diligencia y lo practica con entrega absoluta.

Veamos una traducción del primer capítulo.

El Registro de las Respuestas y Manifestaciones del Sutra del Loto

En verdad, el Sutra del Loto es el canon supremo, la gran raíz de la descendida manifestación espiritual de todos los Budas, la fuente profunda de la que brota el acceso al Camino para todos los seres, aquello mismo que los Grandes Bodhisattvas exhortan a propagar y que las deidades principales protegen y sostienen. Hoy, tanto los monásticos como los laicos, no hay uno solo que no incline sinceramente el corazón a su lectura y recitación, ni que no aplique con toda intención su práctica y cultivo. Si los prodigiosos hechos y las grandes huellas espirituales no fuesen consignados en registros escritos, entonces las palabras y las acciones del pasado dejarían de ser oídas en el mundo. Y si así fuera, ¿cómo podrían servir de comienzo para inspirar fe y suscitar confianza?

Yo, Zongxiao, indignamente revestido con las vestiduras del Maestro Shakyamuni, he consagrado mi aspiración a escuchar y preservar. Profundamente lamenté que la antigua colección no fuese completa y que la continuación estuviese perdida. Por ello, examiné y cotejé por todas partes el Gran Canon, las biografías monásticas de las tres dinastías, así como los textos canónicos internos y externos, recogiendo por completo cuanto estaba manifiesto y cuanto permanecía oculto, yuxtaponiendo lo nuevo y lo antiguo, hasta reunir en total doscientos treinta y nueve casos. Primero presenté a los santos de la antigüedad como encabezamiento; después, distinguí en cuatro categorías: grandes monjes, grandes monjas, varones de fe y mujeres de fe. Las distribuí en dos volúmenes y di a la obra el nombre de Registro de Respuestas y Manifestaciones del Sutra del Loto. Pues tomé de la tradición Tiantai la noción de las señales excelsas percibidas en esta vida por el cuerpo y la palabra, y a eso llamé manifestación de la capacidad y manifestación de la respuesta. Aquellos que figuran en este registro fueron, por lo general, personas que concentraron su espíritu en la realidad tal cual es, que meditaron profundamente en el Vehículo Verdadero, cuya firmeza de conducta bastaba para abatir pinos y bambúes, y cuya sinceridad espiritual bastaba para atravesar metal y piedra. Por eso, la exactitud de sus respuestas verificadas puede compararse a la convocación del ave fénix ceremonial por el son del xiao y del shao.

Con esto lo lego a las generaciones futuras: que una sola persona, al comprenderlo, pueda alentar a miles y decenas de miles; que todos, sin excepción, sepan que la vieja casa está ardiendo, que en la elevada llanura debe abrirse una honda fuente, y que así monten el gran carro alto y espacioso para dirigirse rectamente al dominio de la profundidad suprema. Tal es mi deseo. En cuanto a algunas de las personas aquí consignadas, quizá solo se conserve el hecho y no la respuesta visible; mas en tales casos esto significa precisamente una manifestación oscura de la respuesta a una capacidad manifiesta. Quienes lean esta obra deben entenderlo así. Respetuosamente prologado por Zongxiao, en el primer día propicio del segundo mes de primavera del año wuxu de Qingyuan.

Parte I - Santos de la Antigüedad

1. El Buda Muchos Tesoros escucha el Sutra y surge la Torre de los Tesoros

En el pasado hubo un Buda llamado Muchos Tesoros. Cuando ese Buda practicaba la Vía del Bodhisattva, formuló este gran voto: “Si, después de que yo haya alcanzado la budeidad y entrado en la extinción, en alguna tierra de las diez direcciones hubiera un lugar donde se exponga el Sutra del Loto, entonces mi Estupa sagrada surgirá ante él para escuchar este Sutra y dar testimonio de él”. Ahora, la torre del Tathagata Muchos Tesoros, al oír que se expone el Sutra del Loto, emergió desde la tierra y alabó diciendo: “¡Excelente! ¡Excelente!” Muchos Tesoros había hecho este voto: quien desee mostrar mi cuerpo a las cuatro asambleas deberá reunir primero las emanaciones de ese Buda. Una vez reunidos los Budas, se abrió la torre; Muchos Tesoros compartió su asiento y Shakyamuni se sentó con él, y entonces se proclamó la enseñanza diciendo: “El Santo Señor, el Bhagavat, aunque hace ya mucho que entró en extinción, todavía viene por el Dharma desde el interior de la torre preciosa. ¿Cómo, pues, podrían los hombres no esforzarse diligentemente por el Dharma?”

2. Shakyamuni, siendo Rey, buscó el Sutra sin Cansancio

El Buda dijo a las cuatro asambleas: “Yo, en el pasado, durante inconmensurables kalpas, busqué el Sutra del Loto sin una sola laxitud ni cansancio. A lo largo de muchos kalpas fui siempre rey de un país, y formulé el voto de buscar la insuperable bodhi, sin que mi corazón retrocediera jamás. Por causa del Dharma, abandoné el trono real y confié el gobierno al príncipe heredero. Hice sonar el tambor y proclamé una orden: ‘En las cuatro direcciones busco el Dharma. Quien pueda exponerme el Gran Vehículo, yo lo serviré durante toda mi vida y lo proveeré de cuanto necesite’. Entonces apareció un asceta llamado Asi y dijo al rey: ‘Yo poseo una enseñanza del Gran Vehículo llamada Sutra del Loto de la Maravillosa Ley. Si no contrarías mi voluntad, te la expondré’. Al oír las palabras del asceta, el rey se llenó de júbilo y exultación. Inmediatamente siguió al asceta y le suministró cuanto precisaba: recogía frutos, sacaba agua, juntaba leña, preparaba los alimentos, e incluso ofrecía su propio cuerpo como lecho y asiento. Ni en su cuerpo ni en su mente surgió cansancio alguno. Así le sirvió durante mil años, diligente y fervoroso por causa del Dharma, cuidando de que nada le faltase. Aquel rey de entonces era el actual Shakyamuni. Aquel asceta era el actual Devadatta. Gracias a que Devadatta fue para mí un buen amigo espiritual, pude perfeccionar los Seis Paramitas, alcanzar la Perfecta y Completa Iluminación, y salvar ampliamente a los seres”.

3. El Bodhisattva Jamás Despreciar propaga el Sutra del Loto

En tiempos remotísimos del pasado, durante la era de la Ley Semblante del Tathagata Rey del Sonido Majestuoso, había bhikṣus de arrogancia desmedida dotados de gran poder e influencia. En aquel entonces existía un bhikṣu llamado Jamás Despreciar. Cada vez que veía a cualquiera de las cuatro asambleas, se inclinaba ante ellos y los alababa, diciendo: “Os reverencio profundamente; no me atrevo a menospreciaros. Todos vosotros practicáis la Vía del Bodhisattva y llegaréis a ser Budas”. Pero ese bhikṣu no se dedicaba principalmente a leer y recitar escrituras: se ocupaba solo en rendir homenaje. Entre las cuatro asambleas había quienes, movidos por ira y con mente impura, lo insultaban con palabras ásperas, diciendo: “¿De dónde ha salido este bhikṣu ignorante? Nosotros no necesitamos una predicción vacía como esta”. Algunas personas lo golpeaban con palos, maderos, tejas y piedras. Él se apartaba y huía a la distancia, pero aun desde lejos alzaba la voz diciendo: “No me atrevo a despreciaros, porque todos vosotros llegaréis a ser Budas”. Como siempre pronunciaba esas palabras, recibió el nombre de Jamás Despreciar.

Cuando aquel bhikṣu estaba a punto de morir, oyó plenamente en el espacio el Sutra del Loto que el Buda Rey del Sonido Majestuoso había predicado en otro tiempo. Pudo recibirlo y sostenerlo en su totalidad, y de inmediato obtuvo la pureza de los seis sentidos, exponiéndolo ampliamente a los demás. Ese Jamás Despreciar de la época del Sutra del Loto era el mismo Shakyamuni. Si yo, en vidas pasadas, no hubiese recibido y preservado este sutra ni lo hubiese predicado para otros, no habría alcanzado tan rápidamente el Bodhi. En el Palabras y Frases del Sutra del Loto se pregunta: “Cuando Shakyamuni apareció en el mundo, vaciló y tardó en exponerlo. Jamás Despreciar, en cambio, apenas veía a alguien, se lo decía de inmediato. ¿Por qué?” Respuesta: “Cuando ya existía bondad en la raíz, Shakyamuni la protegía valiéndose de lo pequeño. Cuando aún no existía bondad en la raíz, Jamás Despreciar los forzaba con lo grande, como un veneno fuerte”. Nanping Qingbian, en un himno que contiene esta enseñanza, dijo:

La espada preciosa aún no ha sido blandida y permanece guardada en su cofre de jade,
pero ya fulgura tenuemente el reflejo frío de sus siete estrellas.
Con diligencia lo anuncia a quienes están a su lado:
dentro se halla Longquan; no debe ser menospreciada.

4. El Bodhisattva Alegremente Visto quema su Cuerpo en Ofrenda al Sutra del Loto

En el pasado, el Buda Virtud Pura de Sol y Luna expuso el Sutra del Loto al Bodhisattva Alegremente Visto por Todos los Seres, así como a la multitud de Bodhisattvas y Shravakas. Ese Bodhisattva se complacía en reunir prácticas austeras y, con una sola mente, buscó al Buda. Después de doce mil años, obtuvo el Samadhi de manifestar todos los cuerpos de forma. Una vez obtenido ese Samadhi, pensó: “He alcanzado este Samadhi gracias al poder de haber oído el Sutra del Loto. Ahora debo hacer ofrenda al Buda y al Sutra del Loto. Aunque haga ofrendas por medio de poderes sobrenaturales, ello no iguala la ofrenda de mi propio cuerpo”. Entonces, en presencia del Buda, hizo que de su propio cuerpo surgiera naturalmente una luz que iluminó por completo ochenta kotis de mundos tan numerosos como las arenas del Ganges. Los Budas de esos mundos alabaron al mismo tiempo diciendo: “¡Excelente! ¡Excelente! Esta es la verdadera diligencia, esto es lo que se llama verdadera ofrenda del Dharma al Tathagata”. Su cuerpo ardió durante mil doscientos años. Después de morir, volvió a nacer en la tierra del Buda Virtud Pura de Sol y Luna, en la casa del rey Pureza de la Virtud, y dijo a su padre: “Antes ya he hecho ofrendas al Buda y obtuve el Dharani que comprende las lenguas de todos los seres; además, he vuelto a escuchar este Sutra del Loto”. Más tarde, después de la extinción de aquel Buda, Alegremente Visto, ante la torre de ochenta y cuatro mil reliquias, quemó sus brazos adornados con cien méritos durante setenta y dos mil años como ofrenda. Palabras y Frases del Sutra del Loto explica: “Alegremente Visto abandonó de una vez un solo cuerpo y luego quemó nuevamente ambos brazos; tuvo la vida en poco y el Dharma en mucho; su existencia terminó, pero el Camino permaneció”.

5. El Bodhisattva Sonidos Maravillosos viene desde Lejos para Escuchar el Sutra del Loto

El Buda Shakyamuni emitió una luz desde el moño de carne de su coronilla, iluminando por completo los mundos del este, ciento ocho miríadas de kotis de nayutas de tierras tan numerosas como las arenas del Ganges. Más allá de ese número de mundos existía la tierra del Buda Rey de la Sabiduría de la Constelación Pura de Flores. Allí había un Bodhisattva llamado Sonidos Maravillosos, que desde hacía mucho tiempo había plantado numerosas raíces de virtud. Ese Bodhisattva deseó venir desde la tierra del Buda Rey de la Sabiduría de la Constelación Pura de Flores, acompañado por ochenta y cuatro mil bodhisattvas, hasta este mundo saha para hacerme ofrendas; y deseó también hacer ofrenda al Sutra del Loto y escucharlo. Entonces el Bodhisattva Sonidos Maravillosos desapareció de aquella tierra y, junto con los ochenta y cuatro mil Bodhisattvas, vino hasta aquí. En ese momento, el Buda Muchos Tesoros dijo a Sonidos Maravillosos: “¡Excelente! ¡Excelente! Has podido venir hasta aquí para hacer ofrendas a Shakyamuni Buddha y para escuchar el Sutra del Loto”.

6. En el Pasado, Cuatro Bhikshus practicaron el Sutra del Loto

En tiempos antiguos hubo cuatro bhikshus que sentían una profunda y ferviente veneración por el Sutra del Loto. Abrían y desplegaban la enseñanza secreta, pero aún no habían sido rociados por el rocío del néctar. Por ello hicieron un pacto en los bosques de la montaña, compartiendo todos la misma aspiración hacia la sabiduría del Buda. En su retiro solitario los días se fueron acumulando, y sus vestidos y provisiones se agotaron por completo. Una sola comida quedaba separada de ellos por diez mil li; ¿cómo podrían expresarse con palabras sus aspiraciones, altas como las nubes y los cielos? Uno de ellos dijo: “Nosotros cuatro somos pobres al extremo; ni siquiera podemos preservar la propia vida. ¿Dónde podrá reposar entonces el Dharma? Vosotros tres debéis consagrar vuestra existencia al Camino; yo solo me encargaré de proveer lo necesario”. Desde entonces tomó su báculo y recorrió puertas y aldeas en busca de sustento. Aunque el frío y el calor se sucedían uno a otro, aceptaba gustosamente su tarea y nunca se dejaba invadir por el resentimiento. Gracias a ello, los otros tres llevaron a término su práctica y cumplieron su obra; el beneficio de una sola vida se convirtió así en fruto para innumerables existencias futuras.

Pero aquel que se ocupaba de recorrer continuamente el mundo humano, encontrándose una y otra vez con sonidos y colores, era como una vasija de barro aún no cocida: difícilmente podía conservarse firme. En cierta ocasión vio la entrada y salida de un rey, con sus carros y cabalgaduras entre gran estrépito y esplendor. Su mente se conmovió y nacieron pensamientos de apego; amó aquella gloria resplandeciente. Como el mérito acumulado por su cultivo lo acompañaba, recibió conforme a ese pensamiento su retribución: entre los hombres y en los cielos obtuvo constantemente el nacimiento como rey. Aunque su fortuna fue incalculable, también tenía un límite.

Los otros tres, habiendo ya obtenido el fruto del Camino, se reunieron y deliberaron entre sí, diciendo: “Nosotros escapamos de la jaula del mundo, y ello fue posible gracias a ese hombre. Pero él, embelesado por la retribución de sus frutos, no hace sino aumentar lo condicionado. Cuando de ahora en adelante muera, caerá en el pozo de fuego. Por fortuna aún no ha caído; precisamente ahora conviene disponer un medio para transformarlo”. Uno de ellos dijo: “Este rey está apegado al deseo y además sostiene opiniones erróneas. Si no es por el anzuelo del amor, no habrá modo de sacarlo”. Entonces decidieron que uno se convertiría en una mujer de extraordinaria hermosura, y otros dos en hijos inteligentes. Las palabras de los hijos y de la esposa serían sin duda obedecidas con docilidad; si el recurso se aplicaba de modo adecuado, ciertamente podrían corregir sus opiniones desviadas.

Aquel rey de entonces era el actual Rey Maravillosamente Adornado, quien hoy es el Bodhisattva Huade. Su esposa era entonces la Señora Pureza de Virtud, quien hoy es el Bodhisattva de la Forma Adornada por la Luz Resplandeciente. Y aquellos dos hijos de antaño eran precisamente Jingzang y Jingyan, que hoy son los dos bodhisattvas Rey de la Medicina y Medicina Suprema. Al exponerse las causas anteriores de estos cuatro santos, el capítulo recibe por ello ese nombre, y el asunto de sus vidas pasadas se muestra allí detalladamente, tal como se explica en el Palabras y Frases del Sutra del Loto. Nanping compuso un himno que dice:

En años remotos juntaron sus cabezas junto a un arroyo silencioso y desolado;
tres ascendieron al azul celeste, uno cayó en el fango.
Un pequeño artificio bastó para doblar dulcemente sus cuernos;
todos palmearon con gozo mientras hollaban la escalera del cielo.

7. El Bodhisattva Samantabhadra Exhorta e Impulsa la Propagación

Entonces el Bodhisattva Samantabhadra vino desde el oriente y se dirigió al Buda diciendo: “Yo, en la tierra del Buda Rey Superior de la Preciosa Majestad y Virtud, he oído desde lejos que en este mundo saha se expone el Sutra del Loto. He venido junto con la gran multitud de bodhisattvas para escucharlo y recibirlo. Solo ruego que el Bhagavat lo exponga. Después de la extinción del Tathagata, ¿cómo podrán los hombres obtener este Sutra del Loto?” El Buda dijo a Samantabhadra: “Si una persona cumple cuatro dharmas, después de la extinción del Tathagata obtendrá este Sutra del Loto. Primero, ser protegida y recordada por todos los Budas. Segundo, plantar muchas raíces de virtud. Tercero, entrar en la asamblea de la correcta concentración. Cuarto, despertar el corazón de salvar a todos los seres. Si una persona realiza así estos cuatro dharmas, obtendrá sin falta este sutra”.

Samantabhadra dijo al Buda: “En los últimos quinientos años, en la época turbia y maligna, si hay quienes reciban y preserven este sutra, yo los protegeré, apartaré sus decadencias y calamidades. Si esa persona camina o permanece de pie leyendo y recitando este Sutra, yo entonces, montado en un elefante blanco de seis colmillos, junto con la gran multitud de Bodhisattvas, manifestaré por mí mismo mi cuerpo ante ella para hacerle ofrenda y custodiarla; y también esto será por hacer ofrenda al Sutra del Loto. Si esa persona olvida erróneamente algo de este Sutra del Loto, aunque sea una sola frase o un solo verso, yo le enseñaré”. Palabras y Frases del Sutra del Loto explica: “El Buda expone estos cuatro dharmas y con ellos corona y abarca la totalidad de un Sutra. La reiteración del Sutra del Loto y la nueva proclamación de la sabiduría del Buda, así como el venir desde lejos para exhortar e impulsar su transmisión, significan precisamente esto”. Nanping compuso un himno que dice:

El Bodhisattva Samantabhadra siguió el sonido y vino, ciertamente vino.
Apenas el Gran Poder abrió camino, ni el más leve polvo quedó.
¿Por qué el Rey de los Elefantes mueve tan frecuentemente sus pasos?
Porque ama el loto blanco fragante que llena de musgo los peldaños.