Bienvenido a la Tierra Pura de la Luz Serena, un recurso sobre el Verdadero Budismo (一乘佛教), y sus posteriores ramificaciones, a la luz de las Enseñanzas Perfectas y Completas (圓教). Aquí presentamos el Budismo como religión, filosofía y estilo de vida, con énfasis en la Teología Budista (Budología), aspirando a presentar el Budismo balanceadamente entre la academia (estudios budistas) y la devoción, desde el punto de vista de una escuela tradicional de Budismo japonés (Escuela del Loto Reformada) y las enseñanzas universales del Sutra del Loto (法華経).


viernes, 24 de abril de 2026

Anuncios y Cambios en la Escuela del Loto Reformada a Partir del 2027

 


Durante más de diez años, mi vida ministerial ha estado marcada por un gesto constante, paciente y sagrado: abrir los Sutras, sentarme ante ellos con reverencia, traducirlos al lenguaje vivo de nuestro pueblo, estudiarlos junto a la Sangha, explicarlos, y permitir que su luz descendiera, poco a poco, sobre nuestras vidas. No han sido meras clases, ni simples exposiciones doctrinales, ni ejercicios académicos separados de la práctica. Han sido, para mí, verdaderas peregrinaciones espirituales. Cada ciclo de estudio ha sido como entrar en un templo distinto dentro del inmenso Palacio del Dharma: un año entero —a veces más— dedicado al Sutra Avatamsaka, con su visión cósmica e inconmensurable del universo como el Cuerpo del Buda; otro largo periodo dedicado a los Sutras del Buda Amida, donde la compasión salvadora del Buda Eterno se revela como promesa, refugio y Tierra Pura; varios años al Sutra del Loto, corazón de la Tradición del Loto y revelación suprema del Vehículo Único; otro al Sutra del Nirvana, testamento final del Buda, donde resplandece la enseñanza de la Naturaleza Búdica y de la eternidad del Tathagata. Y junto a ellos, tantos otros textos del vasto Canon Budista, tantas otras puertas, tantas otras lámparas que, una por una, hemos ido colocando sobre la mesa de nuestra comunidad hispana para que nadie pueda decir que el Dharma profundo permaneció cerrado para nosotros.

Al mirar hacia atrás, siento una mezcla de gratitud, asombro y humildad. Gratitud, porque el Buda me permitió vivir esta misión; asombro, porque lo que parecía realmente imposible se fue realizando paso a paso; humildad, porque nunca he sentido que esta obra sea mía, sino que me ha sido confiada. Como fundador de la Escuela del Loto Reformada y servidor de la Tradición del Loto en el mundo hispano, he sentido durante todos estos años la responsabilidad de abarcar la Gran Tesorería del Dharma con la mayor fidelidad posible: no solo predicar inspiración, sino formar fundamento; no solo hablar de fe, sino mostrar las Escrituras; no solo invitar al corazón, sino abrir también la inteligencia doctrinal de los devotos. Por eso nuestros servicios, nuestras clases y nuestros sermones han tenido, durante tanto tiempo, una estructura marcada por el estudio sistemático de los Sutras. Era necesario. Era parte de la siembra. Era parte de establecer las bases de una tradición viva, seria, fiel, canónica y profundamente enraizada en el Dharma del Buda Eterno.

Este año, como ya hemos comenzado, estamos estudiando el Sutra del Loto a la luz del Hokke Mongu, las Palabras y Frases del Sutra del Loto, del Gran Maestro Chih-i. Este estudio ocupará prácticamente todo el año 2026, y no podría ser de otro modo, porque el Sutra del Loto no es simplemente un texto más entre los textos, sino la Gran Revelación del propósito final de la aparición del Buda en el mundo: conducir a todos los seres al Vehículo Único, abrir la puerta de la sabiduría del Buda, mostrar la Budeidad Innata de todos, y revelar que el Buda no es un maestro extinguido en el pasado, sino el Tathagata de Vida Inconmensurable que sigue obrando por la salvación de todos los seres. Estudiarlo a la luz de Chih-i es regresar al corazón hermenéutico de la Tradición Tiantai-Tendai; es aprender a leer cada palabra, cada imagen, cada parábola, cada silencio del Sutra como parte de una arquitectura sagrada donde nada está de más y todo conduce al Despertar.

En el 2027, hasta ahora, estudiaremos de igual forma el Sutra Shurangama a la luz de los Grandes Maestros Tiantai-Tendai. Ese ciclo será también una culminación importante, porque el Sutra Shurangama nos permitirá profundizar en la mente, en la práctica, en la disciplina espiritual, en la vigilancia interior, en la purificación de las ilusiones y en la comprensión de cómo el camino budista no es una idea abstracta, sino una transformación completa de la percepción, del cuerpo, de la palabra, de la mente y de la vida. 

Pero una vez concluido ese ciclo en el 2027, algo cambiará. No será una ruptura con lo anterior, sino su fruto natural. No será abandonar los Sutras, sino haberlos sembrado tan profundamente que podrán alimentar una nueva etapa. Después del Sutra Shurangama, ya no estudiaremos dominicalmente los Sutras de la misma manera, excepto en clases aparte, seminarios especiales y ciclos formativos específicos. El ritmo ordinario de las Clases del Dharma y de los Sermones luego de nuestros Servicios Budistas cambiará.

Esta decisión nace de una realidad histórica y espiritual: terminado ese ciclo, ya habremos estudiado y comentado profundamente todos los Sutras importantes del Canon Budista que forman la base de nuestra tradición y que, además, ya han sido publicados en libros. Esto marca un antes y un después para la Tradición del Loto en el mundo hispano. No es exageración decir que se trata de algo inigualable y nunca antes visto en nuestro contexto: una comunidad budista hispana que, durante años, no se limitó a leer fragmentos aislados ni a repetir fórmulas heredadas de segunda mano, sino que emprendió el estudio sistemático de los grandes Sutras del Canon Budista, los publicó, los explicó, los integró doctrinalmente y los ofreció como patrimonio vivo para las generaciones futuras. Esto es un gran paso para el Budismo del Loto y para la Escuela del Loto Reformada. Es una señal de madurez. Es como si una primera gran etapa fundacional llegara a su plenitud: la etapa de abrir los textos, establecer el canon, formar la visión, levantar los pilares doctrinales y entregar al mundo hispano una biblioteca espiritual que antes no existía de este modo.

A partir de entonces, regresaremos, en cierto sentido, a los primeros días del Templo Eirenji y de mi ministerio: a algo más sencillo, pero también más vivo; más íntimo, pero no menos profundo; más cercano a la vida diaria, pero sostenido por toda la riqueza doctrinal que hemos recibido. Las predicaciones dominicales se enfocarán más en sermones budistas sobre temas cotidianos, fieles a nuestro ministerio de Dharma Viviente. Hablaremos del sufrimiento real de las personas, de la familia, del trabajo, de la enfermedad, de la muerte, de la esperanza, de la fe, del arrepentimiento, de la práctica diaria, del Nembutsu, de la meditación, de los votos, de las relaciones humanas, del karma, de la compasión, de la Tierra Pura, de la conducta del Bodhisattva en el mundo contemporáneo. Pero todo esto no se hará de manera superficial, ni desligada del Canon. Al contrario: precisamente porque ya habremos atravesado los grandes Sutras, podremos predicar desde ellos sin tener que convertir cada domingo en una clase textual (para el alivio de muchos). 

Y cuanto más contemplo este cambio, más lo percibo no como una reducción, sino como una maduración. Hay ciclos en el Dharma, como hay estaciones en la naturaleza. Hay tiempo para sembrar, tiempo para regar, tiempo para esperar y tiempo para cosechar. Durante más de una década, hemos sembrado y regado. Hemos cavado profundamente. Hemos puesto cimientos que quizá muchos no alcanzan todavía a medir. Pero llega un momento en que un templo no puede permanecer siempre en fase fundacional; una tradición no puede vivir indefinidamente en el gesto de reunir materiales para su propia construcción. Debe comenzar a habitar la casa que ha levantado. Y siento, en lo más íntimo, que eso es precisamente lo que estamos entrando a hacer.

Confieso que hay en esto también una emoción muy personal. Porque en cierto modo siento que estamos cerrando una gran peregrinación iniciática. Recuerdo los primeros años, cuando apenas comenzaba a compartir enseñanzas y todo parecía pequeño, frágil, casi improbable. No había bibliotecas extensas, ni ciclos monumentales, ni proyectos editoriales consolidados. Solo había fe, una convicción interior y el deseo de llevar el Verdadero Dharma al mundo hispano. Después vinieron los años de búsqueda, de estudio, de traducción, de enseñar una y otra vez, de atravesar Sutra tras Sutra como quien atraviesa montañas sagradas. Y ahora percibo algo profundamente bello: estamos regresando al origen, pero regresando transformados.

Hay una sencillez a la que deseo volver, pero ya no es la sencillez del comienzo, sino la sencillez de la madurez. Y esa sencillez me parece profundamente budista. Después de todas las doctrinas, después de todas las clasificaciones, después de los Cinco Periodos, las Ocho Enseñanzas, las Tres Verdades, los profundos océanos del Avatamsaka, las revelaciones del Loto, los misterios del Nirvana, hay una simplicidad luminosa: vivir el Dharma. Encarnarlo. Respirarlo. Predicarlo como medicina para la vida real. Eso será, cada vez más, el espíritu de esta nueva etapa.

Y por eso los sermones que seguirán a partir de entonces no serán un alejamiento de los Sutras, sino su floración existencial. El Dharma Viviente —que ha sido siempre el corazón de nuestro ministerio— podrá desplegarse con nueva libertad. Ya no será necesario dedicar los domingos a recorrer sistemáticamente los grandes textos porque esos textos ya habrán sido recorridos, estudiados y publicados. Entonces podrán hablar a través de temas cotidianos con una espontaneidad nueva. Un sermón sobre el miedo llevará detrás la sabiduría del Sutra Shurangama. Un sermón sobre la compasión resonará con el Sutra Avatamsaka. Un sermón sobre la fe tendrá detrás el Sutra del Loto y los Sutras de Amida. Un sermón sobre la muerte llevará dentro el Sutra del Nirvana. Y esto, creo sinceramente, marca un antes y un después para la Tradición del Loto en el mundo hispano.

Cuando concluya el ciclo del 2027, podremos decir —con humildad, pero también con conciencia histórica— que los grandes Sutras fundamentales del Canon Budista habrán sido estudiados profundamente y puestos a disposición en publicación para nuestro mundo hispanohablante. No conozco precedente de algo semejante realizado de esta forma, con esta continuidad, con este alcance, y en tan poco tiempo, con esta intención de construir una tradición entera y no simplemente ofrecer materiales dispersos. Y no digo esto con orgullo mundano; lo digo con el temblor de quien reconoce haber sido testigo de una obra que lo supera. Es, verdaderamente, un gran paso para el Budismo del Loto. Un gran paso para la Escuela del Loto Reformada. Y también, creo, una ofrenda al futuro. Porque esta transición no tiene como meta simplemente cambiar el formato de las clases. Tiene una finalidad mucho más grande: abrir espacio para la siguiente tarea histórica: la formación de nuevas generaciones. La formación de nuevos Sacerdotes Bodhisattvas en la Escuela del Loto Reformada.

Durante años hemos dedicado enormes energías a traducir, comentar, publicar, enseñar, establecer fundamento. Pero una tradición no vive solo de libros ni de estudios, por grandes que sean. Vive cuando forma Portadores del Dharma. Vive cuando el linaje se encarna en personas. Vive cuando surgen quienes continúan la lámpara. Y siento que entramos en ese momento.

Como el Buda que, después de exponer grandes enseñanzas, vuelve a hablar en parábolas sencillas para tocar el corazón de la gente común, quizá nosotros también estamos entrando en una etapa más sencilla en apariencia, pero más madura en sustancia. Y eso me llena de una alegría serena. Porque siento que, después de tantos años abriendo Sutras, ahora el Dharma mismo quiere hablar de otra manera entre nosotros. Y quiero anunciarlo así: no como una despedida de un modo de enseñar, sino como el comienzo de una nueva fase de la misión. Una fase más íntima. Más viva. Más pastoral. Más formativa.

Y si hablo ahora desde lo más íntimo, como una reflexión profundamente personal, diría que este cambio no lo siento como una conclusión, sino como una renovación de voto. Al contemplar estos más de diez años dedicados a los grandes ciclos de estudio de los Sutras, percibo que quizá todo ello no era solo una larga labor de enseñanza, sino una preparación providencial. Como si el Buda Eterno hubiera querido que primero asentáramos cimientos antes de pedirnos levantar una casa más grande. Como si hubiese sido necesario atravesar el océano entero del Dharma antes de poder volver a la orilla y comenzar a enseñar a otros a navegar por sí mismos. Por eso, en lo más profundo, no veo este momento como un cierre, sino como una maduración de la misión.

Curiosamente, este paso me hace sentir muy cerca de los primeros días del Templo Eirenji y de mi ministerio. Vuelvo mucho interiormente a aquellos comienzos: había entonces una sencillez desnuda, una inmediatez del Dharma, una intimidad en la predicación, una palabra viva que brotaba casi sin artificio. Había menos estructuras, menos proyectos monumentales, menos desarrollos editoriales, pero había un fuego. Y siento que, después de todos estos años, regresamos a esa sencillez originaria, pero no desde la fragilidad del comienzo, sino desde la plenitud de una tradición ya trabajada, ya estudiada, ya establecida. No volvemos atrás; volvemos más hondos.

A partir de entonces, una parte creciente de nuestras energías estará dirigida a entrenar y formar muchos más devotos que hayan escuchado y respondido con sinceridad, humildad y compromiso al Llamado del Buda para entrar en la Orden del Loto y esparcir el Dharma en sus propias comunidades. Este es, para mí, uno de los desarrollos más importantes de todo este anuncio. Una tradición no alcanza su madurez simplemente cuando posee libros, comentarios y una gran teología —por valioso que todo eso sea— sino cuando puede formar generaciones que continúen el linaje. Y siento profundamente que hemos llegado a ese momento.

Hay personas que han escuchado el llamado. Lo han sentido. Lo han discernido, y han respondido. Y ahora deben ser formadas. No solo como estudiantes del Dharma, sino como futuros Sacerdotes Bodhisattvas. Como servidores capaces de llevar el Dharma del Buda Eterno a ciudades, comunidades, familias y corazones donde hoy todavía no ha echado raíces. Ese será el horizonte.

Durante años la labor fue abrir la Gran Tesorería del Dharma. Ahora será levantar portadores del tesoro. Durante años la tarea fue establecer fundamento. Ahora será construir generaciones. Ya se está formando al grupo inicial que ayudará en este nuevo proyecto, y eso, creo sinceramente, es algo extraordinario. Después del 2027, el gran énfasis de la Escuela del Loto Reformada será la expansión del Dharma y la formación de nuevas generaciones de Sacerdotes Bodhisattvas para esparcir la enseñanza del Buda Eterno por el mundo hispano. Y en verdad siento que lo mejor no queda detrás. Apenas comienza.