Saturday, March 21, 2015

Sermón de Ohigan: Reflexionando sobre la Vida, la Muerte y la Promesa de la Gran Compasión


Hoy, celebramos la Ceremonia de Ohigan en el Yunque, uno de los bosques más hermosos del mundo. Nuestros cánticos se mezclaron con el sonido de la brisa y el caer de la lluvia, formando una sinfonía en honor al Buda, formando parte del Gran Sutra en el corazón del Cosmos. Mi sermón en ese momento fue breve; hablé sobre el significado de Ohigan, la vida, la muerte, la importancia de la práctica, los Paramitas y sobre la necesidad de despertar el Bodhicitta: el deseo de alcanzar la iluminación. Pero Ohigan tiene que ver con mucho más que eso.

Después de que una persona muere, ¿qué queda? Algunos dicen que tras la muerte de una persona, solo quedan cenizas y memorias; todo lo que queda del cuerpo son las cenizas, y todo lo que queda de la mente y el corazón son las memorias. Las cenizas no son la persona; son sólo los restos del cuerpo. Inclusive nuestros seres queridos no son los mismos una vez la persona se va. Por más que lo deseemos, no podemos vivir para siempre, al igual que no nos es posible el regresar a alguien que hemos perdido. 

En el Budismo, cuando una persona muere, se convierte en un Buda. En el Budismo Tierra Pura, cuando la persona esta viva, escucha el mensaje del Buda y recita el Nembutsu (Namu-Amida-Butsu), y cuando su tiempo en este mundo se acaba, renace en la Tierra Pura. El Buda es una fuerza, es la Fuente de Vida del universo. Esta funcionamiento se puede comparar con la fuerza que hace posible el cambio de las estaciones. No podemos ver la primavera, sólo percibir sus efectos: el aire se hace más cálido, las flores florecen, el pasto se hace más verde, los pájaros comienzan a danzar y cantar. La primavera es la fuerza detrás de todas estas manifestaciones, pero no es algo que podamos ver trabajar. No podemos saber el dónde y cuando las personas que han fallecido se van a manifestar, y cada manifestación difiere de la anterior, pero todos sabemos que la primavera llegará. Lo mismo ocurre con el Buda. El Buda no es una existencia que podamos discernir en base a su forma. El Buda es algo que podemos llegar a percibir una vez hayamos hecho una conexión con el Buda, a través del estudio del Budismo, de la recitación de su nombre y de la meditación.

El Nembutsu es el puente que el Buda ha creado entre él y nosotros para que podamos cruzar a la Otra Orilla y alcanzar la iluminación. Namu nos representa a todos y cada uno de nosotros, seres imperfectos en este Mundo Saha, con todos nuestros deseos y obligaciones. Amida representa al Buda, quien en su eterna compasión nos está llamando para que despertemos y alcancemos la iluminación. Y Butsu es la perfecta unión de "Esta Orilla" y la "Otra Orilla", donde el Buda, nosotros y el universo alcanzan simultáneamente el Despertar.

Nuestros seres queridos que han partido se han convertido en Budas, y podemos conectarnos con ellos en cualquier momento por medio de nuestro corazón. El Buda siempre está con nosotros. Esta es la promesa de la gran compasión. Y es un gran alivio el saber que siempre hay alguien que está pensando en nosotros.

No comments:

Post a Comment