Bienvenido a la Tierra Pura de la Luz Serena, un recurso sobre el Verdadero Budismo (一乘佛教), y sus posteriores ramificaciones, a la luz de las Enseñanzas Perfectas y Completas (圓教). Aquí presentamos el Budismo como religión, filosofía y estilo de vida, con énfasis en la Budología (Teología Budista), aspirando a presentar el Budismo balanceadamente entre la academia (estudios budistas) y la devoción, desde el punto de vista de una escuela tradicional de Budismo Japonés (Tendai-Escuela del Loto Reformada) y las enseñanzas universales del Sutra del Loto (法華経).


domingo, 20 de septiembre de 2026

Las Diez Prácticas del Bodhisattva en el Sutra del Nirvana: Complemento al Sermón de Ohigan de Otoño 2026

 


En estos días del Ohigan, debemos de reflexionar sobre nuestro Camino del Bodhisattva. Un pasaje del Sutra del Nirvana sirve perfectamente para ello. Quiero compartirlo con ustedes.

El pasaje que aquí contemplamos pertenece a uno de los núcleos doctrinales más significativos del Sutra del Nirvana, pues presenta, de manera condensada, una verdadera arquitectura de la vida del Bodhisattva. No se trata simplemente de diez virtudes yuxtapuestas ni de una enumeración moral destinada a regular externamente la conducta. Cada una de estas prácticas constituye una dimensión de un mismo movimiento espiritual: la transformación integral de la persona mediante la fe, la disciplina, la contemplación, la comunidad, la defensa del Dharma y la Sabiduría, hasta que la vida entera queda orientada hacia la realización del Nirvana. 

El contexto doctrinal del Sutra del Nirvana es decisivo para comprender este pasaje. El texto no presenta el Nirvana como una aniquilación, una nada o una desaparición absoluta (nihilista), sino como la revelación definitiva de la Verdadera Naturaleza de la Realidad, expresada mediante los cuatro atributos de Eternidad, Felicidad, Pureza y Verdadero Ser (Atman). Por ello, cuando el Buda declara que el Bodhisattva que perfecciona estas diez cosas puede alcanzar "el Nirvana sin forma y la no-posesión", no está enseñando una negación nihilista del mundo o del ser, sino la superación del apego a las apariencias condicionadas y la entrada en aquella dimensión en la que la Realidad es contemplada sin las distorsiones producidas por la ignorancia. La ausencia de forma no significa inexistencia, y la no-posesión no significa vacío estéril: ambas expresiones señalan la libertad respecto de toda apropiación egoica y de toda conceptualización que pretenda encerrar lo Último dentro de categorías limitadas.Veamos el pasaje.

El Buda dijo: “¡Oh, buen hombre! Cuando el Bodhisattva-Mahasattva perfecciona diez cosas, puede verdaderamente alcanzar el Nirvana sin forma y la no-posesión. ¿Cuáles son esas diez?

“Primera, perfecciona la fe. ¿Qué significa perfeccionar la fe? Significa creer profundamente que el Buda, el Dharma y la Sangha son Eternos; creer que todos los Budas de las diez direcciones manifiestan medios hábiles; y creer que todos los seres, incluidos los Icchantikas, poseen la Naturaleza del Buda. Significa no creer que el Tathagata esté verdaderamente sujeto a nacimiento, vejez, enfermedad y muerte; no creer que las austeridades padecidas por él constituyan su naturaleza última; no creer que Devadatta haya podido causar verdaderamente daño al Cuerpo último del Buda; no creer que el Tathagata entre finalmente en una extinción absoluta ni que el Dharma Maravilloso desaparezca en sentido último. Esto es lo que llamamos perfección de la fe del Bodhisattva.

“Segunda, perfecciona la pureza en la observancia de los Preceptos. ¡Oh, buen hombre! Puede haber un Bodhisattva que diga que observa los Preceptos con pureza. Aunque no mantenga relaciones sexuales con una mujer cuando la contempla, puede bromear con ella, mezclar palabras insinuantes o jugar verbalmente. Tal Bodhisattva todavía está revestido del dharma del deseo; destruye la pureza de los Preceptos, contamina las prácticas puras y mezcla los Preceptos con impurezas. Por ello no podemos decir que haya perfeccionado la pureza de los Preceptos.

“Puede haber asimismo un Bodhisattva que diga que observa los Preceptos con pureza. No se une sexualmente con una mujer ni bromea o juega verbalmente con ella. Sin embargo, separado por una pared, escucha con placer el sonido de collares, ajorcas y otras voces o sonidos asociados con mujeres. Tal Bodhisattva todavía está completamente revestido del dharma del deseo, quebranta la pureza de los Preceptos, contamina las prácticas puras y vuelve impuros los Preceptos. Por ello no puede ser llamado perfecto en la pureza de los Preceptos.

“Puede haber también un Bodhisattva que diga observar los Preceptos con pureza. Aunque no se mezcle con mujeres, no juegue con palabras ni escuche sus sonidos, cuando contempla a hombres persiguiendo mujeres o mujeres persiguiendo hombres hace surgir apego codicioso. Tal Bodhisattva todavía se encuentra revestido del dharma del deseo, quebranta la pureza de los Preceptos, contamina las prácticas puras y mezcla los Preceptos con impurezas. Tampoco podemos llamarlo perfecto en la observancia de los Preceptos.

“Puede haber además un Bodhisattva que diga que su observancia de los Preceptos es perfecta. Aunque no se mezcle con mujeres, no bromee, no juegue verbalmente, no escuche sonidos relacionados con ellas ni contemple con deseo a hombres y mujeres persiguiéndose mutuamente, observa los Preceptos buscando renacer en los cielos y disfrutar allí de los Cinco Deseos. Tal Bodhisattva todavía está revestido de deseo; viola la pureza de los Preceptos, contamina las prácticas puras y hace impura su disciplina. Esto no puede llamarse observancia perfecta de los Preceptos puros.

“¡Oh, buen hombre! Puede, en cambio, existir un Bodhisattva que mantenga puramente los Preceptos y que no los observe por apego a los propios Preceptos, ni por apego a Sila-Paramita, ni buscando beneficio para sí, ni buscando provecho material, ni siquiera aferrándose conceptualmente a Bodhi o Nirvana, ni buscando convertirse en Shravaka o Pratyekabuddha. Los observa únicamente en consonancia con Paramartha-satya, la Verdad Última. ¡Oh, buen hombre! Esto es lo que llamamos perfección de la pureza de los Preceptos del Bodhisattva.

“Tercera, el Bodhisattva se asocia con buenos amigos espirituales. Un buen amigo del Camino es aquel que habla correctamente acerca de la fe, Sila, la erudición, la generosidad y la Sabiduría, y que conduce a los demás a practicar el Camino. Tal persona recibe el nombre de buen amigo espiritual del Bodhisattva.

“Cuarta, busca la quietud. Por quietud entendemos la quietud de cuerpo y mente mediante la cual se contemplan profundamente todas las existencias. Esto recibe el nombre de quietud.

“Quinta, practica esfuerzo. Por esfuerzo entendemos mantener la mente unificada sobre las Cuatro Nobles Verdades. Aunque la propia cabeza estuviera ardiendo, uno no abandonaría la contemplación de estas Cuatro Verdades. Esto es esfuerzo.

“Sexta, perfecciona la rememoración. La perfección de la rememoración significa recordar al Buda, al Dharma, a la Sangha, los Preceptos, los cielos y la Ecuanimidad. Esto recibe el nombre de perfección de la rememoración.

“Séptima, posee gentileza de palabra. Por gentileza de palabra entendemos palabras verdaderas, palabras maravillosas, palabras examinadas antes de que la mente las pronuncie impulsivamente, palabras dichas en el momento apropiado y palabras conformes a la verdad. Esto recibe el nombre de palabras gentiles.

“Octava, protege el Dharma. Proteger el Dharma significa amar el Dharma Maravilloso, alegrarse siempre en hablar acerca de él, leerlo y recitarlo, escribirlo y copiarlo, reflexionar sobre su significado, explicarlo ampliamente y hacer que prevalezca. Si existe alguien que copia, expone, recita, alaba el Dharma y contempla su significado, uno debe procurar aquello que necesite y ofrecérselo como apoyo: vestiduras, bebida y alimento, lechos, alojamiento y medicinas. Para proteger el Dharma uno está dispuesto incluso a sacrificar el propio cuerpo y la propia vida. Esto es proteger el Dharma.

“Novena, cuando el Bodhisattva contempla a alguno de sus hermanos en el Dharma o a cualquier persona que observa el mismo Sila y carece de lo necesario, acude a otros y solicita para él incensarios, vestiduras monásticas, medios para atender la enfermedad, ropa, alimentos y bebidas, lechos y alojamiento.

“Décima, perfecciona la Sabiduría. Por Sabiduría entendemos contemplar al Tathagata como la Eternidad, la Bienaventuranza, el Yo y la Pureza, y comprender que todos los seres poseen la Naturaleza del Buda. Contempla los dos aspectos de los dharmas: Vacío y no-Vacío; Eterno y no-Eterno; Bienaventuranza y no-Bienaventuranza; Yo y no-Yo; aquello que puede y no puede destruirse; semejanza y diferencia; aquello que surge mediante causas y condiciones y aquello que no depende de ellas; y los frutos correspondientes a estas relaciones. Esto es lo que llamamos perfección de la Sabiduría.

“¡Oh, buen hombre! Así decimos que cuando el Bodhisattva perfecciona estas diez cosas puede contemplar correctamente la ausencia de forma del Nirvana”.

* * *

La primera de las diez prácticas, significativamente, es la fe. El Sutra del Nirvana no habla aquí de meditación ni filosofía, sino de una visión correcta del Buda, del Dharma, de la Sangha y del ser humano. El Bodhisattva debe creer profundamente que los Tres Tesoros son Eternos y, sobre todo, que todos los seres poseen la Naturaleza del Buda, incluso aquellos cuya condición espiritual parece más oscura. Esta afirmación constituye uno de los grandes pilares del Sutra: nadie se encuentra ontológicamente excluido de la Budeidad. Incluso el Icchantika, paradigma del ser que ha cerrado su corazón al Dharma, permanece sostenido por aquella Naturaleza que no ha sido creada por sus actos ni puede ser destruida por sus faltas. La fe verdadera, por ello, no es credulidad, sino reconocimiento del fundamento iluminado de la existencia.

Esta misma fe exige también aprender a interpretar correctamente las manifestaciones históricas del Buda. El nacimiento, la enfermedad, la vejez, el sufrimiento y el Paranirvana del Tathagata no deben comprenderse como pruebas de que la esencia última del Buda está sometida a la impermanencia del mismo modo que los seres ordinarios. El Sutra del Nirvana insiste en que estas apariencias pertenecen al dominio de los medios hábiles. El Buda manifiesta nacimiento y muerte para enseñar a los seres sometidos al nacimiento y a la muerte; entra aparentemente en el Nirvana (Parinirvana) para despertar en ellos diligencia y evitar que tomen su presencia por garantizada. Desde la perspectiva del Budismo del Loto, esto armoniza profundamente con la revelación del Sutra del Loto sobre la Vida Inconmensurable del Tathagata: el Buda parece nacer y extinguirse, pero su actividad salvadora no comienza con su nacimiento histórico ni concluye con la pira funeraria de Kushinagara.

La segunda práctica, la pureza de los Preceptos, profundiza todavía más este principio, porque el Sutra desplaza progresivamente la observancia ética desde el acto externo hacia la intención interior. No basta con abstenerse físicamente de una conducta incorrecta si la mente continúa alimentando deliberadamente el deseo que conduce hacia ella. El texto describe diferentes grados de refinamiento precisamente para mostrar que la disciplina del Bodhisattva no consiste en construir una apariencia pública de virtud, sino en transformar las raíces mismas del comportamiento. Sin embargo, el pasaje culmina con una enseñanza todavía más profunda: incluso una disciplina exteriormente impecable puede permanecer incompleta si se practica por apego, por deseo de recompensa, por búsqueda de renacimientos celestiales o incluso por aferramiento a la propia idea de alcanzar el Bodhi o Nirvana.

La pureza perfecta de los Preceptos consiste, por tanto, en vivir de acuerdo con la Verdad Última. El Bodhisattva no practica la virtud para fabricar una identidad religiosa ni para acumular méritos como quien acumula posesiones espirituales. Practica porque la conducta correcta es la expresión espontánea de la Realidad cuando la mente deja de estar dominada por el ego. En este sentido, Sila no constituye meramente una barrera contra el mal; es la forma que adopta la Naturaleza del Buda cuando comienza a manifestarse en el mundo.

Las prácticas siguientes muestran que este camino nunca puede desarrollarse de manera aislada. El Bodhisattva necesita buenos amigos espirituales, quietud, esfuerzo y rememoración. Necesita personas que le recuerden el Camino cuando la propia visión se oscurece; necesita silencio interior para contemplar profundamente los fenómenos; necesita perseverancia para continuar incluso cuando el esfuerzo se vuelve difícil; y necesita mantener viva la memoria de aquello que orienta toda su existencia. Estas dimensiones revelan que la vida budista no puede reducirse a un momento ocasional de inspiración. El Dharma debe penetrar la totalidad de la existencia hasta convertirse en su centro permanente.

Especial importancia posee también la séptima práctica, la gentileza de palabra. El Sutra no define simplemente la palabra correcta como aquella que evita la mentira. Exige que sea verdadera, maravillosa, ponderada, oportuna y conforme a la realidad. Esta enseñanza recuerda que la palabra constituye una forma de karma extraordinariamente poderosa. Mediante ella podemos sanar o herir, reconciliar o dividir, transmitir el Dharma o oscurecerlo. Para el Bodhisattva, hablar es ya una forma de práctica religiosa. La boca puede convertirse en un instrumento de las pasiones o en un vehículo de la Sabiduría y la Compasión.

Las prácticas octava y novena introducen entonces una dimensión particularmente querida por la tradición Mahayana: la responsabilidad por la continuidad concreta del Dharma y por quienes lo sostienen. Proteger el Dharma no significa únicamente defender doctrinas abstractas. Significa leer, copiar, recitar, estudiar, enseñar y crear las condiciones materiales para que otros puedan hacerlo. El Sutra llega incluso a mencionar vestiduras, alimento, alojamiento y medicinas. Así, la espiritualidad deja de ser una realidad puramente interior. Si queremos que el Dharma permanezca en el mundo, debemos sostener tanto sus enseñanzas como a las personas y comunidades que las preservan.

La décima práctica, finalmente, reúne todas las anteriores bajo la luz de la Sabiduría. El Bodhisattva contempla al Tathagata como Eternidad, Felicidad, Pureza y Verdadero Ser, y reconoce la Naturaleza del Buda en todos los seres. Al mismo tiempo, aprende a contemplar los fenómenos desde pares aparentemente opuestos: vacío y no-vacío, eterno y no-eterno, ser y no-ser, condicionado y no condicionado. Esta Sabiduría no destruye uno de los polos para absolutizar el otro. Aprende a discernir los distintos niveles de verdad sin confundirlos. Los fenómenos condicionados son impermanentes, pero la Realidad Última no queda agotada por la impermanencia; los agregados carecen de un yo separado e independiente, pero ello no obliga a negar la Naturaleza del Buda; todas las cosas son vacías de existencia propia, pero precisamente por ello pueden manifestar inagotablemente causas, condiciones, relaciones y actividad iluminada.

Es aquí donde las Diez Prácticas alcanzan su unidad. La fe ofrece orientación; los Preceptos purifican la vida; los buenos amigos espirituales sostienen el Camino; la quietud permite contemplar; el esfuerzo impide retroceder; la rememoración mantiene presente el Dharma; la palabra gentil transforma nuestras relaciones; la protección del Dharma garantiza su permanencia; el cuidado de los compañeros expresa la Compasión; y la Sabiduría revela el significado último de todas las anteriores. El Bodhisattva no escoge una y abandona las demás. Las diez constituyen un organismo vivo.

Estas Diez Prácticas pueden leerse como una descripción del proceso mediante el cual la Budeidad Innata comienza a hacerse visible en la existencia concreta. La primera enseñanza del pasaje es especialmente poderosa: el Camino comienza aprendiendo a ver correctamente. La fe en la Eternidad del Buda y en la Naturaleza del Buda de todos los seres establece el horizonte dentro del cual se desarrollan todas las prácticas posteriores. Si el ser humano fuera esencialmente corrupto o estuviera ontológicamente separado de la Iluminación, la práctica sería un intento de fabricar algo inexistente. El Sutra del Nirvana, por el contrario, enseña que practicamos precisamente porque aquello que buscamos ya constituye nuestra naturaleza más profunda, aunque permanezca cubierto por ignorancia y pasiones.

La segunda enseñanza es que la transformación debe penetrar desde lo exterior hasta lo interior. Los Preceptos comienzan regulando el comportamiento, pero su cumplimiento perfecto exige examinar deseos, motivaciones y apegos. No basta con parecer virtuoso. Tampoco basta con practicar buscando recompensa. El Bodhisattva alcanza madurez cuando la virtud deja de ser un medio de engrandecimiento personal y se convierte en expresión natural de la Verdad.

La tercera enseñanza consiste en que nadie despierta solo. Los buenos amigos espirituales (kalyanamitra) y el cuidado de los compañeros aparecen explícitamente entre las Diez Prácticas. La Sangha no es un elemento secundario del Camino, sino una condición concreta de su realización. El compañero que nos corrige, nos anima, nos enseña o necesita nuestra ayuda se convierte también en parte de nuestra práctica. El Dharma se realiza precisamente dentro de esta red de relaciones.

La cuarta enseñanza es que proteger el Dharma constituye una obligación del Bodhisattva. Leer, estudiar, copiar, enseñar y sostener a quienes transmiten las enseñanzas son formas de actividad sagrada. La preservación del Dharma no ocurre de manera automática. Cada generación recibe la Palabra del Buda porque generaciones anteriores realizaron sacrificios para conservarla; por ello, cada generación adquiere también la responsabilidad de transmitirla.

Finalmente, la décima práctica nos permite comprender todas las anteriores desde la visión suprema del Sutra del Nirvana. La Sabiduría consiste en contemplar simultáneamente la dimensión condicionada y la dimensión última de la realidad. Desde la primera, encontramos impermanencia, sufrimiento, causas, condiciones y transformación. Desde la segunda, contemplamos la Naturaleza del Buda, la Eternidad del Tathagata y el Nirvana. Ambas perspectivas no deben confundirse, pero tampoco separarse. El Bodhisattva aprende a vivir precisamente en su intersección. Por ello, estas Diez Prácticas no describen una huida del Samsara, sino su transfiguración mediante el Dharma. Allí donde existe fe aparece una nueva manera de contemplar; allí donde existen Preceptos aparece una nueva manera de actuar; allí donde existe rememoración aparece una nueva manera de habitar el tiempo; allí donde existe palabra gentil aparece una nueva manera de relacionarnos; allí donde existe protección del Dharma aparece una nueva manera de servir; y allí donde existe Sabiduría aparece una nueva manera de contemplar la totalidad de la existencia.

En conjunto, el pasaje nos enseña que alcanzar la "ausencia de forma del Nirvana" no consiste en abandonar la vida, sino en dejar de poseerla egoicamente. Cuando fe, disciplina, comunidad, meditación, esfuerzo, memoria, palabra, servicio y Sabiduría han sido integrados, la existencia deja progresivamente de girar alrededor del pequeño yo y comienza a transparentar la actividad del Bodhisattva. Entonces, aquello que llamábamos "mi vida" comienza a convertirse en vida ofrecida al Dharma y a todos los seres. Y en ese movimiento, la Naturaleza del Buda, que nunca estuvo ausente, empieza finalmente a resplandecer.

Si contemplamos estas Diez Prácticas a la luz de los Seis Paramitas, descubrimos que no forman dos caminos distintos, sino dos maneras complementarias de describir una misma disciplina del Bodhisattva. La fe sostiene el rumbo; la pureza de los Preceptos corresponde directamente a Sila; la asociación con buenos amigos espirituales y el cuidado de los compañeros en el Dharma manifiestan Dana y la vida de la Sangha; la búsqueda de quietud y la rememoración encuentran su plenitud en Dhyana; el esfuerzo diligente es Virya; la gentileza de palabra requiere Kshanti, pues sólo una mente paciente y compasiva puede hablar en el momento correcto y de la manera correcta; la protección del Dharma convierte todas estas virtudes en servicio activo; y la décima práctica culmina en Prajna, la Sabiduría que contempla simultáneamente la Vacuidad y el no-Vacío, lo condicionado y lo Incondicionado, la impermanencia de los fenómenos y la Eternidad del Tathagata. Así, las Diez Prácticas desarrollan y concretizan aquello que los Seis Paramitas expresan como las grandes Perfecciones del Camino: una vida entera transformada en medio hábil para alcanzar la Budeidad y conducir consigo a todos los seres.

Podemos volver entonces a la imagen de la barca que atraviesa desde Esta Orilla del Samsara hasta la Otra Orilla del Nirvana. Si nuestros ancestros son la madera de la embarcación que hemos recibido, los Seis Paramitas y estas Diez Prácticas son los clavos, las uniones, las cuerdas, los remos y el timón que permiten que esa barca no se desintegre en medio del océano de nacimiento y muerte. La fe nos hace confiar en que existe una dirección y en que la Otra Orilla puede ser alcanzada; los Preceptos mantienen firme la estructura de nuestra vida; los buenos amigos espirituales nos ayudan a reparar las grietas que nosotros mismos no logramos ver; la quietud estabiliza la embarcación; el esfuerzo mantiene los remos en movimiento; la rememoración impide que olvidemos nuestro destino; la palabra gentil permite que quienes navegan con nosotros permanezcan unidos; la protección del Dharma preserva el mapa y las enseñanzas de navegación transmitidas por el Buda; el cuidado de los demás nos recuerda que no cruzamos solos; y la Sabiduría nos enseña finalmente a reconocer la naturaleza misma del océano, de la barca y de las dos orillas.

El Ohigan nos invita precisamente a inspeccionar esa embarcación. No basta con haber recibido una barca ni con conocer intelectualmente la dirección del Nirvana. Debemos preguntar qué clavos necesitan ser reforzados, qué tablas requieren reparación y qué prácticas hemos descuidado durante nuestra travesía. Los Seis Paramitas y las Diez Prácticas del Bodhisattva nos ofrecen el criterio concreto para realizar ese examen. Y al hacerlo comprendemos que el viaje hacia la Otra Orilla no consiste simplemente en alcanzar un destino distante al final de la vida: cada vez que practicamos generosidad, guardamos los Preceptos, perseveramos, meditamos, protegemos el Dharma, servimos a nuestros compañeros y contemplamos el mundo mediante la Sabiduría, la Otra Orilla comienza ya a hacerse presente en esta misma orilla. El viaje al Despertar es, en última instancia, el proceso mediante el cual nuestra vida entera se convierte en la barca del Dharma. Así, con la Fe, el Estudio y la Práctica (los Tres Pilares del Budismo del Loto), podemos trazar nuestra ruta hacia la Otra Orilla del Nirvana.