En las próximas semanas, el Templo Eirenji celebrará su Ohigan de Otoño. El Ohigan, literalmente “Otra Orilla”, constituye una de las observancias estacionales más antiguas y profundamente arraigadas del Budismo japonés. Su nombre deriva de la expresión budista Paramita, traducida en el Asia oriental como “cruzar a la Otra Orilla”, es decir, abandonar Esta Orilla de la Ignorancia, el Samsara, para alcanzar la Otra Orilla de la Sabiduría, el Nirvana. Históricamente, el Ohigan comenzó a adquirir una forma definida en Japón durante el Periodo Heian, cuando las prácticas de contemplación, recitación, veneración de los Budas y conmemoración de los difuntos comenzaron a vincularse de manera especial con los equinoccios de primavera y otoño. El equinoccio, momento del año en que el día y la noche alcanzan una duración casi igual, fue contemplado simbólicamente como imagen del Camino Medio y del equilibrio espiritual; al mismo tiempo, la puesta del sol exactamente hacia el oeste favoreció su asociación con la Tierra Pura de Amida Buda, tradicionalmente situada en la dirección occidental. Así, el Ohigan llegó a convertirse no solamente en una temporada de memoria ancestral, sino en una oportunidad particularmente propicia para contemplar la impermanencia, renovar los votos budistas, practicar las virtudes del Bodhisattva y dirigir el corazón hacia la “Otra Orilla” de la Iluminación.
En Japón, el Ohigan se celebra dos veces al año, durante los períodos que rodean los equinoccios de primavera y otoño. Tradicionalmente comprende siete días: tres días antes del equinoccio, el día mismo del equinoccio y tres días después. El día central es conocido como Chunichi, y los días inicial y final como Higan-iri y Higan-ake. Durante estos días, los templos celebran servicios conmemorativos, se visitan y limpian las tumbas familiares, se hacen ofrendas de flores, incienso y alimentos, se recitan sutras y se transfieren méritos a los fallecidos. Sin embargo, el significado religioso del Ohigan nunca se reduce al recuerdo de los muertos. El término mismo indica que toda la celebración es una pedagogía espiritual: quienes permanecen en Esta Orilla del nacimiento y la muerte recuerdan que su vida debe orientarse conscientemente hacia la Otra Orilla. Por ello, los antiguos maestros relacionaron naturalmente el período del Ohigan con la práctica de los Paramitas, las Perfecciones del Bodhisattva, pues son precisamente estas virtudes las que permiten atravesar el Océano del Samsara y transformar la existencia cotidiana en el vehículo del Despertar.
El Ohigan de Otoño posee, además, una resonancia particularmente contemplativa. El verano comienza a retirarse, las noches se hacen progresivamente más largas, las hojas cambian de color y la naturaleza misma enseña silenciosamente la doctrina de la impermanencia. Nada permanece idéntico a sí mismo; toda forma aparece, madura, declina y se transforma. Sin embargo, desde la perspectiva del Dharma, esta transitoriedad no debe ser contemplada con desesperación, sino con Sabiduría. Precisamente porque las cosas cambian, la transformación espiritual es posible. Precisamente porque ninguna condición kármica permanece fija eternamente, cada ser puede modificar su curso, cultivar nuevas causas y condiciones y avanzar hacia el Despertar. El otoño se convierte así en una enseñanza viviente del Buda: aquello que cae no desaparece sin fruto; aquello que termina prepara nuevas condiciones; aquello que parece morir retorna al gran ciclo de la Vida. El Ohigan invita al devoto a contemplar esta verdad no como una abstracción filosófica, sino como una realidad íntima que atraviesa su propio cuerpo, su historia familiar, sus relaciones, sus aspiraciones y su Camino Budista.
Dentro de la Escuela del Loto Reformada, el Ohigan de Otoño posee una importancia especial como período dedicado al Buda Amida, el Buda de la Luz y de la Vida Infinita, cuya Tierra Pura de la Bienaventuranza representa tanto la esperanza de renacimiento en condiciones favorables para alcanzar la Iluminación como la revelación de una dimensión pura de la Realidad que puede comenzar a manifestarse ya en esta misma existencia. Amida no debe ser comprendido como una figura aislada del resto del Buddhadharma, sino dentro de la unidad profunda del Vehículo Único. Su Luz Infinita manifiesta la Compasión ilimitada del Buda Eterno; su Vida Infinita expresa la continuidad inagotable de la actividad iluminada; y su Tierra Pura revela que el mundo, cuando es transformado por la Sabiduría, la virtud y el voto bodhisáttvico, puede convertirse progresivamente en un campo de Despertar. Por ello, dedicar el Ohigan de Otoño a Amida significa orientar el corazón hacia la Luz, recordar que ningún ser se encuentra definitivamente abandonado a la oscuridad y renovar la aspiración de transformar este mundo en una Tierra Pura mediante la práctica del Dharma.
Durante este período, la Escuela del Loto Reformada celebra tradicionalmente la ceremonia del Reiji Saho, junto con el Segaki, integrando así la contemplación del Despertar, la memoria de los ancestros y la compasión dirigida hacia aquellos seres atrapados en estados de profundo sufrimiento. El Reiji Saho crea un espacio litúrgico en el cual la comunidad se reúne ante los Budas y Bodhisattvas, ofrece incienso, luz, flores y recitación, y recuerda solemnemente a aquellos que han precedido a los vivos en el Camino de la Existencia. La ceremonia recuerda que ninguna vida humana comienza aisladamente. Cada persona ha recibido su cuerpo, su idioma, su cultura, sus oportunidades y una parte considerable de sus condiciones kármicas a través de incontables generaciones. Honrar a los ancestros no significa idealizar el pasado ni desconocer sus errores; significa reconocer la deuda de existencia que une cada vida con innumerables vidas anteriores. Incluso allí donde existieron conflictos, heridas o relaciones imperfectas, la práctica budista permite ofrecer mérito, compasión y reconciliación, transformando la memoria en una ocasión para sanar el karma familiar y dirigirlo hacia el Bien.
Junto a esta conmemoración se celebra el Segaki, la ofrenda a los espíritus hambrientos, una de las expresiones rituales más conmovedoras de la compasión budista. Los Gaki, o espíritus hambrientos, representan seres dominados por un hambre imposible de satisfacer, imagen poderosa de la avidez, el apego, la frustración y la carencia espiritual. En los textos budistas, estos seres habitan uno de los estados dolorosos de existencia, pero la enseñanza del Segaki posee también una dimensión interior: el espíritu hambriento puede aparecer en todo ser humano cuando el deseo se convierte en una sed interminable, cuando nada parece suficiente, cuando la posesión sustituye a la gratitud y cuando el corazón intenta llenar con objetos, reconocimiento o control un vacío que solamente puede ser transformado por la Sabiduría. Alimentar ritualmente a los espíritus hambrientos significa, por tanto, extender la compasión más allá de los límites visibles de la comunidad y recordar que la práctica budista no abandona a ningún ser, ni siquiera a aquellos atrapados en las condiciones más oscuras de la existencia.
La preparación para el Ohigan de Otoño debe comenzar antes de la ceremonia misma. El devoto puede convertir los días precedentes en una pequeña temporada de retiro interior dentro de la vida cotidiana. Conviene revisar la práctica diaria, ordenar el altar doméstico o Butsudan, limpiar cuidadosamente las imágenes sagradas y los objetos rituales, preparar nuevas flores y velas, y disponer fotografías o tablillas memoriales de los familiares fallecidos cuando esta costumbre forme parte de la práctica familiar. También puede reservarse un espacio para escribir los nombres de aquellos por quienes se desea realizar dedicaciones de mérito: familiares, maestros, amigos, personas fallecidas recientemente e incluso seres con quienes existieron relaciones difíciles. El Dharma enseña que la transferencia de mérito no debe limitarse a quienes fueron cercanos o queridos; la compasión alcanza su expresión más elevada cuando también puede dirigirse hacia aquellos con quienes existieron conflictos, incomprensiones o heridas.
La preparación externa, sin embargo, debe ir acompañada de una preparación moral. Durante el Ohigan, los devotos son llamados a examinar cuidadosamente su conducta a la luz de los Paramitas. La Generosidad invita a preguntar cuánto de la propia vida está realmente abierto al beneficio de otros. La Disciplina Moral de los Preceptos llama a revisar palabras, decisiones, hábitos y relaciones. La Paciencia obliga a reconocer dónde continúa actuando la ira, el resentimiento o la intolerancia. El Esfuerzo invita a recuperar prácticas abandonadas o debilitadas. La Meditación exige reencontrar el silencio interior en medio del ruido cotidiano. La Sabiduría recuerda que ninguna práctica puede reducirse a hábito o formalidad, pues todas deben conducir hacia una percepción cada vez más clara de la Verdadera Naturaleza de la Realidad. Así, el Ohigan no se convierte simplemente en una festividad que se “celebra”, sino en un período durante el cual se mide honestamente la distancia entre la vida que se lleva y la vida iluminada que se aspira a manifestar.
En la Escuela del Loto Reformada, esta revisión espiritual se organiza alrededor de los Tres Votos del Budismo del Loto: “Alcanzaré la Budeidad en Esta Vida”; “Comprenderé el Verdadero Mensaje del Buda en su Dharma”; y “Estableceré el Reino del Buda —la Tierra Pura— en este Mundo.” Estos tres votos expresan tres dimensiones inseparables de una misma vocación budista: transformación personal, comprensión doctrinal y responsabilidad histórica. El primer voto impide que la Budeidad sea relegada a una posibilidad abstracta situada en un futuro inconcebiblemente lejano. Proclamar “Alcanzaré la Budeidad en Esta Vida” significa aceptar seriamente la enseñanza de la Naturaleza de Buda y reconocer que el cuerpo y la mente presentes son precisamente el campo donde debe manifestarse el Despertar. No significa afirmar presuntuosamente que la práctica ya está completa, sino negarse a reducir el Dharma a una preparación interminable. Cada día debe contener algo de la Budeidad; cada acto de compasión, cada victoria sobre el egoísmo, cada momento de atención y cada comprensión del Dharma deben hacer visible, aunque sea parcialmente, la naturaleza iluminada.
Durante el Ohigan, este primer voto puede convertirse en una pregunta concreta: ¿vive el devoto de una manera coherente con la Budeidad que afirma poseer potencialmente? La Naturaleza Búdica no debe convertirse en una doctrina destinada solamente a consolar. Es una responsabilidad. Si todos los seres poseen la capacidad del Despertar, entonces cada pensamiento, palabra y acción puede contribuir a revelarla o a ocultarla. Prepararse para el Ohigan significa observar dónde la avidez continúa gobernando, dónde el orgullo exige reconocimiento, dónde la ira todavía condiciona las respuestas y dónde la ignorancia impide reconocer la interdependencia de todas las cosas. La práctica no consiste en odiar estas impurezas, sino en transformarlas mediante el Dharma. Así como las hojas de otoño cambian de color antes de caer, también los venenos mentales pueden ser transmutados en Sabiduría cuando son iluminados por la conciencia y dirigidos correctamente.
El segundo voto, “Comprenderé el Verdadero Mensaje del Buda en su Dharma”, recuerda que la fe budista nunca debe separarse del estudio. El devoto del Loto no busca solamente experimentar consuelo religioso, sino comprender qué enseñó realmente el Buda, cómo se relacionan sus múltiples enseñanzas y cuál es el propósito último de su aparición en el mundo. El Ohigan constituye una oportunidad excelente para renovar el estudio de los Sutras, especialmente de aquellos textos que iluminan la Naturaleza Búdica, el Camino del Bodhisattva, la Tierra Pura y el Vehículo Único. La lectura del Sutra del Loto, de los discursos sobre Amida, de los textos sobre los Paramitas y de las enseñanzas de los Grandes Maestros puede acompañar estos días como disciplina de purificación intelectual y espiritual. La comprensión correcta protege al devoto tanto del fanatismo como de la superficialidad. Quien estudia aprende a distinguir el Dharma auténtico de las interpretaciones acomodaticias y comprende que la riqueza de las enseñanzas budistas converge finalmente en la liberación de todos los seres.
El tercer voto, “Estableceré el Reino del Buda —la Tierra Pura— en este Mundo”, proporciona al Ohigan una dimensión social y universal. La Tierra Pura no debe concebirse únicamente como un destino post mortem. Si bien el renacimiento en la Tierra Pura de Amida ocupa un lugar venerable dentro de la tradición budista, el Voto del Bodhisattva obliga también a trabajar para que las condiciones de este mundo se vuelvan cada vez más semejantes a las de una Tierra Pura. Allí donde existe hambre, debe aparecer generosidad; donde existe violencia, debe aparecer compasión; donde existe ignorancia, debe aparecer enseñanza; donde existe soledad, debe aparecer comunidad; donde existe desesperación, debe aparecer esperanza. Establecer la Tierra Pura no significa construir una utopía política ni imponer una forma religiosa sobre la sociedad, sino permitir que la actividad iluminada transforme progresivamente las relaciones humanas, las instituciones, las familias y las comunidades mediante los valores del Dharma.
Esta dimensión del tercer voto se vuelve particularmente visible en el Segaki. Alimentar a los espíritus hambrientos no es solamente realizar una ofrenda ritual en favor de seres invisibles; es asumir el compromiso de reconocer y aliviar el hambre allí donde aparezca. Existen hambres físicas, emocionales, sociales y espirituales. Hay quienes carecen de alimento, quienes carecen de afecto, quienes carecen de propósito y quienes, aun teniendo abundancia material, viven consumidos por una insatisfacción interminable. El devoto que participa del Segaki debe comprender que la ofrenda ritual exige una continuación ética. La compasión ofrecida ante el altar debe atravesar las puertas del templo y convertirse en actos concretos de generosidad, servicio y cuidado.
Los días previos al Ohigan pueden dedicarse también a prácticas sencillas de reconciliación. Puede buscarse reparar una relación deteriorada, ofrecer una disculpa cuando sea necesaria, liberar un resentimiento antiguo o realizar una acción benéfica en memoria de un ancestro. Estas prácticas poseen un profundo significado kármico. El Budismo no enseña que el pasado pueda borrarse, pero sí que las consecuencias del pasado pueden transformarse mediante nuevas causas y condiciones. El karma no es una sentencia inmutable; es una dinámica viva. Cada acto realizado con conciencia modifica el tejido de causas que dará forma al futuro. Por ello, recordar a los ancestros durante el Ohigan no debe limitarse a venerar su memoria, sino también a reconocer qué patrones heredados deben continuar y cuáles deben ser transformados. Honrar verdaderamente a los antepasados significa continuar lo bueno que transmitieron, sanar aquello que quedó incompleto y evitar transmitir a las generaciones futuras los sufrimientos que pueden terminar en el presente.
La práctica del Buda Amida durante el Ohigan de Otoño puede ocupar un lugar central en esta preparación. Contemplar la Luz Infinita significa imaginar que ninguna región de la propia existencia permanece excluida de la Compasión del Buda. Las áreas de vergüenza, fracaso, pérdida o confusión no necesitan ocultarse; pueden ser colocadas precisamente bajo esa Luz. La Vida Infinita de Amida recuerda igualmente que el Dharma no está limitado por los ciclos individuales de nacimiento y muerte. Los ancestros que se recuerdan, los seres presentes y las generaciones todavía no nacidas forman parte de una continuidad inmensa de vida y karma. Cuando una persona practica hoy, su práctica no pertenece exclusivamente a ella. Sus méritos pueden ser dedicados hacia atrás, en gratitud a quienes hicieron posible su existencia, y hacia adelante, como semilla de bienestar para quienes todavía vendrán.
El hogar puede convertirse durante estos días en un pequeño espacio de Ohigan. Incluso quienes no puedan asistir a todos los servicios del templo pueden encender diariamente una vela ante el altar, ofrecer incienso, agua o flores, recitar un Sutra, meditar algunos minutos y dedicar el mérito a sus ancestros y a todos los seres. Puede prepararse una comida sencilla y ofrecer simbólicamente una porción antes de consumirla, recordando que el alimento recibido depende de innumerables seres y condiciones. También puede practicarse una jornada parcial de silencio, reducir el entretenimiento innecesario, limitar el uso compulsivo de medios electrónicos y recuperar espacios de lectura y contemplación. No se trata de imponer austeridades artificiales, sino de crear suficiente silencio para escuchar nuevamente la dirección interior del Camino.
Igualmente importante es preparar el corazón para la ceremonia comunitaria. Participar del Reiji Saho y del Segaki no debe ser considerado un acto pasivo en el cual el clero “realiza” algo mientras los asistentes observan. Toda la Sangha participa espiritualmente de la ofrenda. Cada reverencia puede convertirse en un acto de gratitud; cada recitación, en una voz ofrecida por aquellos que ya no poseen voz; cada grano de alimento ofrecido en el Segaki, en una declaración de que ningún ser debe ser abandonado; cada transferencia de mérito, en una ampliación del corazón más allá de los límites del yo. La ceremonia alcanza su significado pleno cuando el devoto comprende que el templo está dramatizando ritualmente una verdad que debe continuar después en la vida cotidiana.
El Ohigan de Otoño es una especie de examen espiritual de mitad de camino. El año ha avanzado considerablemente; muchos propósitos formulados meses atrás pueden haberse debilitado, y ciertas prácticas pueden haberse convertido en hábitos mecánicos o haber desaparecido bajo las exigencias de la vida cotidiana. Este período ofrece una oportunidad para comenzar nuevamente. El Buddhadharma permite comenzar nuevamente incontables veces. Cada respiración consciente puede ser un nuevo comienzo; cada acto virtuoso puede interrumpir una cadena de karma; cada comprensión verdadera puede cambiar la dirección de una vida. Prepararse para el Ohigan significa recuperar deliberadamente aquello que conduce hacia la Otra Orilla.
Al acercarse el equinoccio, cuando el día y la noche se equilibran y el sol desciende hacia el occidente, el devoto puede contemplar simbólicamente la Tierra Pura de Amida y preguntarse cuál es la dirección real de su propia vida. No basta con conocer el Camino si los pasos continúan alejándose de él. No basta con venerar al Buda si la vida cotidiana contradice Su enseñanza. No basta con recordar a los ancestros si no se aprende de su historia. No basta con alimentar ritualmente a los espíritus hambrientos si se permanece indiferente ante el sufrimiento concreto. El Ohigan llama a reunir todas estas dimensiones en una sola orientación: caminar conscientemente hacia la Otra Orilla mientras se ayuda a otros a cruzar. Por ello, la preparación para el Ohigan de Otoño puede resumirse como una renovación integral de la vida budista: limpiar el altar y limpiar el corazón; recordar a los ancestros y examinar el karma heredado; ofrecer alimento a los espíritus hambrientos y desarrollar generosidad hacia los vivos; venerar a Amida y permitir que Su Luz ilumine las regiones oscuras de la propia existencia; estudiar el Dharma y corregir comprensiones erróneas; practicar los Paramitas y convertirlos en hábitos concretos; renovar los Tres Votos y medir la propia vida a la luz de ellos. De esta manera, la ceremonia no comienza únicamente cuando suena la campana del templo. Comienza días antes, en cada decisión consciente mediante la cual el devoto vuelve a orientar su existencia hacia el Buda.
1. Preparar el Butsudan:
- Limpiar cuidadosamente el altar y los objetos rituales.
- Renovar el agua, las flores y las ofrendas.
- Encender una vela y ofrecer incienso.
- Colocar, si se acostumbra, fotografías, ihai o nombres de familiares fallecidos.
2. Preparar los nombres para la conmemoración:
- Escribir los nombres de ancestros, familiares, maestros, amigos y otros seres fallecidos por quienes se desee dedicar mérito.
- Incluir, si se considera apropiado, personas con quienes hayan existido relaciones difíciles, como gesto de reconciliación y compasión.
- Llevar la lista al templo si será utilizada durante el servicio memorial.
3. Prepararse para el Segaki:
- Seguir las indicaciones del templo respecto a ofrendas de alimentos.
- Reflexionar sobre el significado de los Espíritus Hambrientos como seres dominados por la carencia, el apego y la insatisfacción.
- Realizar, si es posible, una acción concreta de generosidad antes del Ohigan.
4. Revisar la práctica personal:
- Reservar unos minutos diarios para meditación, recitación o silencio.
- Examinar si la práctica se ha debilitado, vuelto mecánica o irregular.
- Retomar alguna disciplina abandonada o reforzar aquella que necesite mayor constancia.
5. Reflexionar sobre los Seis Paramitas:
- Generosidad: preguntarse qué puede ofrecerse a los demás.
- Disciplina Moral: revisar palabras, acciones y hábitos.
- Paciencia: observar dónde todavía predominan la ira o el resentimiento.
- Esfuerzo: renovar la energía dedicada al Camino.
- Meditación: recuperar espacios de silencio y concentración.
- Sabiduría: estudiar el Dharma y contemplar la verdadera naturaleza de la realidad.
6. Renovar los Tres Votos del Budismo del Loto:
- Alcanzaré la Budeidad en Esta Vida.
- Comprenderé el Verdadero Mensaje del Buda en su Dharma.
- Estableceré el Reino del Buda —la Tierra Pura— en este Mundo.
- Conviene elegir una acción concreta para vivir cada voto de manera más consciente durante el nuevo período.
7. Contemplar al Buda Amida:
- Dedicar unos minutos a contemplar a Amida como Buda de la Luz Infinita y la Vida Infinita.
- Recitar el Nembutsu si forma parte de la práctica personal.
- Ofrecer mentalmente preocupaciones, pérdidas y dificultades a la Luz de Amida, confiando en la transformación que surge del Dharma.
8. Recordar a los ancestros con gratitud:
- Reflexionar sobre aquello que se ha recibido de generaciones anteriores.
- Reconocer también patrones familiares que necesitan ser transformados.
- Dedicar mérito no sólo a los ancestros cercanos, sino a todos los seres vinculados kármicamente con la propia vida.
9. Practicar la reconciliación:
- Pedir perdón cuando sea necesario.
- Perdonar, en la medida de lo posible, resentimientos antiguos.
- Reparar una relación dañada.
- Evitar llevar al Ohigan conflictos que pueden comenzar a ser transformados antes de la ceremonia.
10. Prepararse para la Ceremonia de Ohigan:
- Vestir de manera sobria y respetuosa.
- Llegar con suficiente anticipación.
- Llevar las ofrendas, nombres memoriales u otros elementos solicitados por el templo.
- Mantener una actitud de silencio y reverencia al entrar al recinto ceremonial.
- Llegar con una intención clara
Antes de comenzar la ceremonia, el devoto puede formular interiormente una intención sencilla: honrar a los ancestros, ofrecer mérito a los seres que sufren, renovar el Camino hacia la Otra Orilla y permitir que la Luz de Amida transforme tanto la propia vida como el mundo que le rodea.
Cuando finalmente llegue el Ohigan, la comunidad podrá reunirse no simplemente para observar una tradición heredada, sino para entrar conscientemente en su significado. Ante el Buda Amida, frente a las tablillas ancestrales, entre el aroma del incienso y las ofrendas del Segaki, los vivos y los muertos serán recordados dentro de una misma gran red de interdependencia. Allí podrá renovarse la certeza de que el Camino no pertenece solamente a individuos aislados, sino a innumerables generaciones de seres que se han sostenido mutuamente a través del tiempo. Cada mérito acumulado puede ser ofrecido; cada vida puede convertirse en causa para otra vida; cada acto de Sabiduría y Compasión puede contribuir a transformar este mundo.
Así, el Ohigan de Otoño es un llamado a la conversión espiritual, a la transformación del karma y al cumplimiento del voto bodhisáttvico. La Otra Orilla no debe ser contemplada como un horizonte distante separado de la vida presente. Cada vez que se vence el egoísmo mediante la Generosidad, se cruza un poco hacia ella. Cada vez que se responde a la hostilidad con Paciencia, se cruza hacia ella. Cada vez que se contempla la Realidad con Sabiduría, se cruza hacia ella. Cada vez que se recuerda a los ancestros con gratitud, se alimenta a los seres hambrientos con Compasión, se estudia fielmente el Dharma y se trabaja para que este mundo refleje más claramente la Tierra Pura, la Otra Orilla comienza ya a manifestarse bajo los propios pies.
En este Ohigan de Otoño, la Escuela del Loto Reformada invita así a todos sus devotos a renovar solemnemente sus Tres Votos: alcanzar la Budeidad en esta vida, comprender el Verdadero Mensaje del Buda en su Dharma y establecer el Reino del Buda —la Tierra Pura— en este mundo. Bajo la Luz Infinita de Amida, acompañados por los Budas y Bodhisattvas, sostenidos por el mérito de innumerables ancestros y movidos por la Compasión hacia todos los seres, cada practicante puede volver a emprender el Camino con una determinación más profunda. Porque el verdadero Ohigan comienza cuando el corazón decide cruzar; y la verdadera Tierra Pura comienza a aparecer cuando ese corazón iluminado transforma, paso a paso, el mundo que toca.
Esta celebración será observada el Domingo 20 de Septiembre del 2026 por Google Meet. Todos están invitados.
