Bienvenido a la Tierra Pura de la Luz Serena, un recurso sobre el Verdadero Budismo (一乘佛教), y sus posteriores ramificaciones, a la luz de las Enseñanzas Perfectas y Completas (圓教). Aquí presentamos el Budismo como religión, filosofía y estilo de vida, con énfasis en la Budología (Teología Budista), aspirando a presentar el Budismo balanceadamente entre la academia (estudios budistas) y la devoción, desde el punto de vista de una escuela tradicional de Budismo Japonés (Tendai-Escuela del Loto Reformada) y las enseñanzas universales del Sutra del Loto (法華経).


martes, 1 de septiembre de 2026

¿Qué Alegría hay en las Montañas? Poema del Maestro Kukai

 


¿Qué alegría se encuentra en las montañas?
Al fin has olvidado por completo el camino de regreso.
Con un solo texto sagrado entre las manos,
vestido con un hábito gastado por largos años de uso,
empapado por la lluvia, humedecido por las nubes,
vagas errante entre el polvo del mundo.
¿Por qué soportar en vano el hambre y la fatiga?
¿Qué provecho puede haber en una vida como ésta?
¿Qué maestro habría de juzgar recto semejante sendero?

¿Acaso no lo ves? ¿Acaso no lo has oído?
El Monte Grdhrakuta, en Magadha,
fue la morada de Shakyamuni.
El Monte Tai de China
fue la morada de Manjushri.
Yo no soy sino uno que abandona el mal y cultiva el bien,
un huésped que procura saldar su deuda con el Dharma,
tomando por hogar la totalidad del Reino del Dharma.

El Emperador se rasuró la cabeza
para ofrecerse a sí mismo al Buda;
Ya Jiao cortó los lazos del afecto
para entregarse a la Compasión.
Yo no tengo hogar ni patria;
he dejado atrás familia y parentesco.
Ya no soy hijo ni súbdito:
vivo solo, gozoso en la pobreza.

Un cuenco de agua de manantial
sostiene mi vida cada mañana,
y la bruma de las montañas
alimenta mi espíritu cada atardecer.
Cubierto apenas con finas hierbas,
tengo cuanto necesito para vestir mi cuerpo.
Las espinas y la corteza del cedro
me sirven de lecho.

Los cielos benevolentes suspenden sobre mí
un dosel de profundo azul,
y el Rey Dragón, movido por su honda fe,
extiende una cortina blanca de nubes.
De cuando en cuando llegan las aves de la montaña
y entonan para mí sus cantos;
los monos de los riscos saltan juguetones
como una alegre compañía.
Las flores de primavera y los crisantemos de otoño
sonríen al volverse hacia mí.
La luna del alba y la brisa matutina
lavan de mi corazón el polvo del mundo.

Los Tres Misterios de mi propio cuerpo
no son sino diminutas motas de polvo,
y aun así los ofrezco al Reino ilimitado del Dharma.
Una hebra de humo de incienso,
una sola línea de las Escrituras,
se convierten en semillas
del prodigioso fruto del Despertar.

Una flor, un verso de alabanza,
una reverencia respetuosa:
todo lo ofrezco con gratitud a la Corte Imperial.
Las ocho clases de seres beben reverentemente
de las aguas del Dharma,
y todos los seres sensibles,
pensamiento tras pensamiento,
despiertan a la Verdad.

La espada de la Sabiduría corta limpiamente,
sin dejar siquiera huella de la figura del buey.
El fuego de la visión penetrante fulgura por un instante,
sin dejar tras de sí ni una sola ceniza.
No nacido y no destruido,
trasciende los tres kalpas.
Los Cuatro Maras
y las incontables ilusiones
no son ya dignos de temor.

El Gran Vacío se extiende inmenso,
abarcándolo todo;
su luz perfecta y circular
alcanza todas las direcciones.
En el silencio de la no-acción,
¿no se encuentra acaso la verdadera paz?