Bienvenido a la Tierra Pura de la Luz Serena, un recurso sobre el Verdadero Budismo (一乘佛教), y sus posteriores ramificaciones, a la luz de las Enseñanzas Perfectas y Completas (圓教). Aquí presentamos el Budismo como religión, filosofía y estilo de vida, con énfasis en la Teología Budista (Budología), aspirando a presentar el Budismo balanceadamente entre la academia (estudios budistas) y la devoción, desde el punto de vista de una escuela tradicional de Budismo japonés (Shingi Hokke Shu - Escuela del Loto Reformada 新義法華宗) y las enseñanzas universales del Sutra del Loto (法華経).


lunes, 31 de enero de 2022

La Tesorería del Dharma de las Enseñanzas Perfectas y Completas: Las Enseñanzas del Shoshikan - Capítulo 8: Las Influencias Negativas

 El Shoshikan (Hsiao Chih-kuan), que se puede traducir como la "El Pequeño Tratado de la Calma y la Contemplación", fue uno de los primeros tratados de meditación jamás escritos. El mismo fue compuesto por el Gran Maestro Chih-i (Tendai Daishi), el fundador de la escuela Tientai (Tendai) en China. La escuela Tientai rescató el verdadero propósito y mensaje del Buda para el mundo, el cual había sido olvidado o ignorado por los eruditos budistas por siglos, y con ello, influyó enormemente el desarrollo del Budismo Mahayana en el Este de Asia. Este tratado fue un pequeño libro escrito por el Gran Maestro Chih-i para resumir los puntos importantes para la práctica de la meditación budista tradicional de Shikan, o Samatha y Vipassana. En esta serie de Lecturas estudiaremos extractos del Shoshikan del Gran Maestro Tendai y veremos cuáles son sus implicaciones para nuestra práctica budista y nuestra vida diaria.

Si bien hemos visto cómo prepararnos para meditar, el control de los factores externos y los factores internos. la sesión de meditación y el verdadero fin de este sacramento budista - la comunión con el Buda - el Gran Maestro Chih-i ahora toca un tema interesantísimo, muy poco tocado, pero increíblemente importante en la práctica budista: el control de las influencias negativas.

El título del octavo capítulo del Shishikan se puede traducir como "El Cuidado de las Influencias Malignas". La palabra utilizada en el título de este capítulo en sánscrito es "Mara", que corresponde al equivalente de la figura de 'Satanás' o del  'Diablo' en la literatura canónica cristiana, pero que a su vez, se diferencia del mismo en muchas manreras.  En el idioma chino, "Tiamo", esta palabra tiene el significado de "asesino" porque nos roba nuestro tesoro de mérito y mata nuestra vida de sabiduría. En los viejos tiempos, el mal generalmente se personificaba como las acciones de Mara, el Rey del Mal y sus huestes de demonios, pero en nuestros días pensamos en él en términos impersonales de malas influencias.

El Shoshikan comienza describiendo la importancia de la labor del Buda en el mundo, diciendo:

"Nuestro Señor, el Buda, acumula toda su reserva de méritos y sabiduría entregando a todos los seres sintientes al Nirvana, mientras que las malas influencias, los discípulos de Mara, siempre están destruyendo las buenas cualidades de los seres sintientes y manteniéndolos en las tristes rondas de la vida y la muerte. Si tenemos paciencia para seguir el Noble Camino del Buda, percibiremos claramente la influencia y el peligro de todas las cosas malas. Estas malas influencias pueden clasificarse en cuatro grupos: (a) aflicción; (b) sensualidad; (c) crueldad; y (d) males 'personales'. Los primeros tres son tan comunes en nuestra vida diaria y se corresponden tan estrechamente con los pensamientos de nuestra propia mente que no haremos más referencia a ellos en este momento. Deben ser ahuyentados y mantenidos alejados por nuestro recto pensar. Pero las malas influencias que se originan fuera de nuestras propias mentes, que comúnmente consideramos actos de demonios y duendes, requieren más atención."

Como vemos, el Gran Maestro Chih-i, al detallar las influencias negativas, describe características personales, internas, que todos experimentamos diariamente, como las aflicciones, la sensualidad o la lujuria, la crueldad, y otros males personales, los cuales detallará brevemente. En muchas formas, estas malas influencias, metafóricamente, pueden ser llamados "demonios" o "Maras", pues son como espíritus malignos que perturban nuestra práctica budiata y nos roban la paz, alejándonos de nuestra Naturaleza Búdica, instándonos a seguir nuestros deseos y pasiones desenfrenadamente, generando mal karma, y hundiéndonos más profundamente en el océano de nacimientos y muertes del Samsara.

¿Quién es Mara? En la cosmología budista, Mara se asocia con la muerte, el renacimiento y el deseo. Cuando Siddhartha Gautama se sentó bajo el Arbol Bodhi tras seis años de prácticas ascéticas extremas, resuelto a alcanzar la Iluminación, el malvado Mara apareció primero bajo la apariencia de un mensajero que traía la noticia de que un rival, Devadatta, el malvado primo biológico del Buda, había usurpado el trono del clan Shakya de la familia de Gautama. Al no lograr mover al jóven Siddhartha de su resolución, Mara envió una gran tormenta de lluvia, rocas, cenizas y oscuridad, ahuyentando a todos los dioses que se habían reunido para honrar al futuro Buda. Tras no lograr que Siddhartha abandonara su cometido, Mara desafió el derecho de Siddharth aa sentarse debajo del Arbol Bodhi, provocando que el futuro Buda llamara a la tierra para dar testimonio de sus obras de caridad anteriores (un acto a menudo representado en escultura). Furstrado sus intentos, Mara envió a sus tres hijas, Tṛṣṇā, Rati y Rāga (sed, deseo y deleite), para seducir al jóven príncipe, pero fue en vano. Incluso después de que Buda alcanzó la Iluminación Suprema, experimentó dudas sobre si los seres sintientes podían entender la verdad, y Mara lo presionó para que abandonara cualquier intento de predicar. Fue aquí que la tradición nos dice que los dioses, en especial Shakra, el dios creador, le imploraron al Buda que predicara el Dharma, y el Buda dejó de lado sus dudas y giró la Rueda del Dharma, e ideó su Plan Dhármico Salvífico que se desarrolló en los Cinco Periodos y culminó con el Sutra del Loto.

En el Budismo tradicional, se dan cuatro o cinco formas metafóricas de Mara: (1) Kleśa-Māra - Mara como la encarnación de todas las emociones inhábiles, como la codicia, el odio y el engaño; (2) Mṛtyu-Māra - Mara como la muerte; (3) Skandha-māra - Mara como metáfora de la totalidad de la existencia condicionada; y (4) Devaputra-māra: el deva del reino de los sentidos, que trató de evitar que Siddhartha alcanzara la liberación en la noche de la Iluminación del Buda. No obstante, incluso el Budismo Primitivo reconoció tanto una interpretación tanto literal como psicológica de Mara. En términos literales, Mara es una fuerza existente en el mundo convencional y ejerce influencia sobre los Seis Reinos del Samsara, pero en términos psicológicos, Mara son todos los deseos, todas las dudas, y la fuente de todos las cualidades negativas de nuestra mente. Entonces, Mara es la Ignorancia Fundamental, ese elementos necesario en el proceso evolutivo del Cosmos que cubre nuestra Unidad Fundamental, y nos hace experimentar el mundo de la dualidad, asegurando su continuidad y existencia. 

Dado a que los seres sintientes nacen manchados por la oscuridad de la Ignorancia Fundamental (ignorantes de su Unidad), unida a las limitaciones skhándicas de los sentidos y los apegos, los seres sufren, creando las causas y condiciones kármicas que perpetúan su sufrimiento. Los mismos pueden continuar este proceso eternamente si no fuera porque el aspecto personal del Universo, el Dharmakaya, por compasión por sus criaturas, decide emanar una personificación de su Esencia al mundo, ya sea de forma espiritual, como el Sambhogakaya o el Cuerpo de Recompenza, o como una encarnación misma, el Nirmanakaya, para llevar las leyes del Universo a las criaturas, permitiendo que estas reconozcan su unidad fundamental y despierten a la Verdadera Naturaleza de la Realidad. 

Por todo esto, Mara, la personificación de la oscuridad y la ignorancia, es ese aspecto negativo de la fábrica misma de la Existencia que crea el dualismo, la división y la diferenciación, la que crea el tiempo y el sufrimiento, sin la cual no habría progreso ni evolución. Esta fuerza está en constante relación dinámica con el Buda, o la capacidad inherente del Universo de reconocer su unidad fundamental. Es por ello que el Universo, el Dharmadhatu, se personifica como el Dharmakaya, y en la matriz misma de la Existencia produce el Tathagatagarbha, la Matríz del Buda, para que el Uno pueda comunicar su mensaje a los muchos. Es la ignorancia misma la que, junto con el Prajna o la Sabiduría, produce los Budas.

Regresando al Shoshikan, Chih-i ahora detalla las tres clases de demonios personales o influencias negativas que plagan nuestra mente y existencia:

"Hay tres clases de estos demonios 'personales': (1) la primera clase son las malas influencias que despiertan el miedo. Hay doce de estos y parecen venir durante los diferentes períodos del día y la noche. Hacen todo tipo de transformaciones para que cosas simples e inocentes tomen la apariencia de cosas espantosas, o mujeres o niñas inofensivas parezcan brujas, o sean totalmente imaginarias. En la madrugada de tres a cinco cosas parecen tigres; de cinco a siete toman formas inofensivas como ciervos o conejos pero nos asustan igual. De siete a nueve son cosas horribles como dragones y tortugas; de nueve a once parecen serpientes; de once a una toman la apariencia de caballos y mulas y camellos; de uno a tres son ovejas; de tres a cinco son monos; de cinco a siete en el crepúsculo son buitres y cuervos; de siete a nueve en las sombras de la noche parecen perros y lobos; de nueve a once toman la apariencia de cerdos y cosas repugnantes; de las once a la una son ratas y ratones correteando; del uno al tres son vacas grandes que nos asustan. Cuando somos tentados por estos duendes o cosas espantosas, debemos recordar la hora de la noche y el día y despedirlos de nuestros pensamientos. Tan pronto como los veamos como realmente son y los llamemos por su verdadero nombre, se desvanecerán."

Como vemos, la primera clase de demonios personales son las malas influencias que despiertan el miedo. En el Shoshikan, Chih-i describe los mismos de forma colorida, asumiendo la forma de diferentes seras, reales y mitológicos, pero no debemos de tomar estas descripciones literalmente. Lo que Chih-i está tratando de hacer en estas líneas es darle forma a esa concepción deforme e indefinida que asume miles de formas y definiciones y levantan el sentimiento del miedo en nuestras vidas. Estas pueden ser cosas reales, como fobias, traumas y malas experiencias que hemos tenido alguna vez en nuestras vidas. Pero igualmente, las mismas pueden ser cosas no existentes y que creamos con nuestros pensamientos. 

En el transcurso de mi ministerio en el Templo Tendai de Puerto Rico, he trabajado con muchas personas que luego de los servicios y meditaciones narran sus experiencias negativas con visiones o ilusiones experimentadas durante la práctica de la meditación. Por más reales que parezcan, la mayoría de estas experiencias son produccioness de nuestra imaginación, y no debemos de darles importancia ni aferrarnos a ellas, ya sean negativas o positivas. Recordemos que la función de la mente es recibir, procesar, analizar, almacenar y crear información y pensamientos de lo que recibimos de nuestros cinco sentidos. Es gracias a esta función creativa, que en la meditación muchas veces es molestosa y piuede obstaculizar nuestra práctica, que el ser humano ha podido crear monumentos físicos e imaginarios, y han dado pasos a grandes catedrales, así como a importantísimos descubrimientos, al igual que a legados literarios que han moldeado y dirigido el curso de la civilización, y debemos estar sumamente agradecidos por ello. No obstante, esta es una función que hay que disminuír - Calmar (Samatha) - durante la práctica de la meditación. Y una de sus cualidades negativas y que debemos de manejar es su poder de conjurar objetos ficticios que nos hacen sentir miedo.

La práctica correcta de la meditación, unida al estudio de los Sutras y a la guía de un monje budista, nos ayudan a identificar estos miedos y a trabajar con los mismos de forma segura y saludable. No obstante, si estos miedos proceden de algún trauma, a veces, la meditación solamente no es suficiente, y debemos buscar la ayuda de un profesional en la psicología. Debemos recordar que el Budismo, y en especial, la meditación, no son un substituto de la terapia, sino más bien un aliado en nuestro progreso y recuperación. Nunca olvidemos que los Budas nos protegen y nos guían en todos los momentos de nuestras vidas.

Pero el miedo no es el único de nuestros demonios personales. Otro de ellos es el enojo:

"(2) La segunda clase son las malas influencias que despiertan la ira. También emplean transformaciones para obtener sus fines malvados. Toman la forma de gusanos e insectos que se arrastran sobre nuestra cara o espalda y nos hacen picaduras agudas, o nos hacen cosquillas, o de repente nos agarran, o hacen sonidos molestos, o saltan hacia nosotros. En esos momentos debemos mantener el control de nuestras mentes y negarnos a estar molestos, diciéndonos a nosotros mismos: 'Sé quién eres; sois sólo las pequeñas incomodidades de la vida; sois sólo las molestas diferencias de opinión que agotan nuestra paciencia y nos irritan. Pero somos seguidores del Buda, guardamos los Preceptos, y no puedes hacernos enojar, ni puedes molestarnos'. A veces será necesario, para mantener el control de nuestra mente, repetir un Sutra si somos monjes, o repetir los Preceptos si somos laicos. Pero estas malas influencias no tienen poder real; solo pueden influir en nosotros si se lo permitimos. La lectura cuidadosa de las Escrituras nos aclarará esto."

Además del miedo, una de las influencias negativas más persistentes es nuestra tendencia natural al enojo y la ira. Esta no solo arruina nuestro pensamientos, palabras y acciones y crean mal karma en nuestro diario vivir, sino que sus efectos, el recuerdo de la misma, puede manifestarse en la memorio durante la sesión meditativa, volviéndose un verdadero demonio que perturba nuestra práctica. En esos momentos, el Gran Maestro Chih-i nos da una solución: reconoce el enojo por lo que es, algo ilusorio, creado por causas y condiciones - químicos en nuestros cuerpos - el cual pasará, como todo pasa y se desvanece, porque todo es impermanente. Es por eso que antes de cada meditación realizamos el Servicio Diario, o recitamos Sutras, como el Sutra del Corazón, el cual usado ampliamente por todo Japón como un purificador del cuerpo, la mente y espíritu y del ambiente, alejando toda influencia negativa que pueda perturbar nuestra práctica y nuestras vidas. Igualmente, podemos recitar los Tres Tesoros del Refugio, o el Nombre de algún Buda o Bodhisattva, y esto nos ayudará a regresar a nuestra Verdadera Naturaleza.

Otra clase de demonio personal somos nosotros mismos - nuestro orgullo - y nuestro sentido de complacencia. Chih-i nos dice:

"(3) La tercera clase son las malas influencias de la ilusión que refuerzan nuestro orgullo egoísta imaginario y nuestra autocomplacencia. Por lo general, estas actúan a través de las condiciones de nuestros cinco objetos de los sentidos, con el fin de perturbar e interrumpir nuestros pensamientos buenos y correctos. Sus transformaciones se pueden dividir en tres grupos. El primer grupo son transformaciones de cosas repulsivas, haciéndolas parecer deseables. El segundo grupo son las transformaciones de las cosas agradables, haciéndolas aparecer como indeseables. El tercer grupo son transformaciones de cosas indiferentes, haciéndolas parecer diferentes de lo que son y al hacerlo sirven para confundir y desconcertar la mente."

Esta no es una gran revelación para muchos que llevan practicando un buen tiempo: nuestros peores enemigos somos nosotros mismos. Y esta es una de las bendiciones de la meditación. La meditación, al igual que el Nembutsu, si son practicadas correctamente, iluminan nuestro ser, arrojando luz sobre nuestras limitaciones, y nos muestra el trabajo incansable de la Compasión y la Sabiduría infinita del Buda en nuestras vidas. No hay peor demonio personal que el no querer ver nuestros propios errores y limitaciones. Esto nos hace caer en la trampa de que siempre estamos bien, que somos buenos y correctos, y que son los demás, los otros - lo que esta "allá afuera", lo exterior - lo que impide y dificulta nuestra práctica y nuestras vidas. La meditación - la luz del Dharma - nos permite ver nuestros propios defectos y trabajar para corregirlos, y al hacerlo, entendemos mejos los defectos de otros, y nos volvemos más comprensivos y dispuestos a ayudar a los demás.

La autocomplacencia deriva del apego excesivo a la información que recibimos de los sentidos, y a dejarnos llevar por nuestro ser finito y falso, nuestro ego. Son estos demonios personales lo que hacen que, como describe Chih-i, veamos cosas negativas y poco saludables como deseables, que veamos el camino correcto como indeseable, y que tergiversemos las cosas que nos son indiferentes, confundiendo nuestra mente. Por medio de la meditación correcta, podemos desarrollar una distancia saludable entre nuestra Consciencia Fundamental y nuestro ser finito y falso, producto de nuestros sentidos, y ser más proactivos, en vez de reactivos, y que podamos transformar patrones habituales negativos, y que los usemos para lograr una transformación total de nuestro ser, a ser una influencia positiva en el mundo, y ayudar a otros a serlo.

"Todas estas transformaciones que sirven para confundir y desconcertar y engañar a la mente son obra de demonios y diablos si acaso, porque sus flechas se lanzan contra nuestros más altos pensamientos y sentimientos. No atacan de frente, atacan por detrás y por debajo; transforman condiciones agradables, como formas para nuestros padres y hermanos y amigos; las condiciones de una vida sencilla y tranquila, los hermosos pensamientos del Buda, atrayéndonos a condiciones imaginarias que no tienen una base sustancial y que conducen al sufrimiento. Transforman cosas inofensivas en apariencia de bestias espantosas para engañarnos y asustarnos; o transforman condiciones indiferentes tales como las habituales y comunes, para prevenir y perturbar nuestra práctica de la meditación. Transforman todo tipo de vistas agradables y repulsivas, todo tipo de sonidos agradables y angustiosos, todo tipo de olores fragantes y horribles, todo tipo de sabores deliciosos y desagradables, todo tipo de pensamientos buenos y malos y condiciones que componen la vida rutinaria de todos, y así engañarnos y nos impiden seguir el Camino Noble."

Todas estas influencias negativas arropan nuestras vidas, y dado a que estan dentro de nosotros, sentimos que provienen de todos lados, y que son el producto de la influencia de otros, pero no. Las mismas surgen de nuestro interior, de nuestro ser finito y falso, y el propósito de lam editación es trascender ese ser finito y falso y accesar nuestro Verdadero Ser, y seguir el camino del Buda en el mundo.

"Estas transformaciones son demasiado numerosas para abordarlas en detalle, pero las agruparemos bajo cinco encabezados - cualquier cosa que sirva para transformar los cinco objetos de los sentidos y los pensamientos de la mente es obra del ejército de demonios y duendes de Mara. El propósito de sus actividades es molestarnos, engañarnos, destruir nuestras buenas cualidades, perturbar nuestra ecuanimidad, levantar obstáculos contra nuestra práctica de la meditación. 

"Esto se explica en el Sutra: 'Ten en cuenta que los deseos sensuales son el primer ejército de tu enemigo; que el desánimo y la tristeza son el segundo ejército; que el hambre y la sed es el tercer ejército; que los apegos son el cuarto ejército; que la pereza y el sueño son el quinto ejército; que el miedo y el espanto son el sexto ejército; que la duda y el remordimiento son el séptimo ejército; que el odio es el octavo ejército; que el amor egoísta al consuelo y la alabanza son el noveno ejército; que el orgullo egoísta y la complacencia son el décimo ejército. Todos estos ejércitos del mal acosan al seguidor del Buda. Pero dirás: 'Derrotaré a todos estos ejércitos con el poder de mi práctica de la meditación, y cuando haya alcanzado la Iluminación, liberaré a toda la humanidad'."

Aquí solo hemos visto algunas de las influencias negativas que pueden afectarnos durante nuestra práctica de la meditación, o de cualquier práctica budista, pero igualmente, las mismas afectan todas las areas de nuestra vida. No obstante, sería una falacia pensar que estas son todas, o que estas son todas las que el Gran Maestro Chih-i cree que existan. Como menciona el mismo Shoshikan, estas son solo algunas de ellas, pues las mismas son tan innumerables como las experiencias mismas.

"Ahora que nosotros, los seguidores de Buda, nos hemos dado cuenta de todas estas malas influencias, debemos resistirlas con toda determinación. Hay dos formas de resistirlas: la primera es mediante la práctica de la Calma. Tan pronto como nos demos cuenta de cualquiera de estas malas influencias que nos acosan, debemos recordar que todas y cada una de ellas son falsedad y engaño. Si hacemos esto, no habrá miedo ni tristeza, ni aversión ni cariño, ni discriminación ni racionalización. Si practicamos Calmar los pensamientos, la mente se tranquilizará y las huestes de Mara se desvanecerán.

"La segunda forma de resistir las malas influencias es mediante la práctica de la Contemplación. Si reflexionamos constantemente que nuestra mente que percibe y discrimina no tiene existencia objetiva, no hay nada que estas malas influencias molesten y engañen. Si los malos pensamientos aún persisten, si practicamos la Contemplación y la correcta atención, al menos no nos enfadaremos ni les tememos. Debemos tomar la determinación de mantener la mente tranquila y firme incluso si tenemos que sacrificar nuestra vida para hacerlo."

Las palabras "Calma" y Contemplación", como podemos haber concluido, no solo se refieren a la práctica del Shikan de Samatha y Vipassana, sino que como hemos explicado anteriromente - y como Chih-i ahora nos dice - las mismas pueden usarse como un medio de clasificación de toda práctica budista, y es por medio de ambas modalidades que podemos prevalecer contra las huestes de Mara - las influencias tanto internas como externas - y alcanzar nuestro Despertar. 

Esto nos debe recordar que la práctica de la meditación es considerado una Perfección budista, el Dhyana Paramita, y como todo Paramita, es algo que nunca perfeccionamos completamente, sino que es algo que debemos de realizar y mejorar en todo momento. Los Paramitas son igualmente el mejor antídoto contra todas las influencias negativas. ¿Cuáles son los Paramitas?

El primer Paramita es la Caridad, el Dana Paramita. El dar desinteresadamente contrarresta la codicia, y asegura que en el futuro tengamos amplios recursos para seguir ayudando a los demás. El significado subyacente de dar es dejar ir. Hay tres tipos principales de Caridad.

El primer tipo de Caridades el de la riqueza, que incluye la entrega de riqueza interna y externa. La riqueza interna involucra todos nuestros trabajos mentales y físicos que benefician a los demás. La riqueza externa es dar objetos materiales, como por ejemplo, dinero y comida. Cuando nuestras donaciones sean cada vez más incondicionales, comenzaremos a sentirnos más liberados espiritualmente. Mientras más regalemos, menos posesiones tenemos de las que preocuparnos. Pronto nos daremos cuenta de que necesitamos muy poco para estar verdaderamente contentos.

El segundo tipo de Caridad es compartir el Dharma. Al enseñarles a otros, los ayudamos a aprender a confiar más en sí mismos. Brindamos recursos materiales para ayudar a resolver las necesidades inmediatas. Pero, si queremos resolver necesidades que son de mayor alcance, enseñamos. No es necesario tener habilidades excepcionales. Simplemente debemos mostrarles a otros el camino al bien. La forma más elevada de enseñanza es el Dharma, que puede ayudar a las personas a encontrar la felicidad y la liberación duraderas.

El tercer tipo de Caridad es la intrepidez, para eliminar las inseguridades, las preocupaciones y los miedos de los demás. Esta entrega puede ser el intercambio de una palabra amable, la entrega de nuestra fuerza y ​​estabilidad, o nuestra comprensión. Cuando aliviamos las preocupaciones y los temores de los demás, y los ayudamos a sentirse más seguros, podrán encontrar la paz y el respeto por sí mismos.

El segundo Paramita es seguir los Preceptos o reglas de conducta ética, el Sila Paramita, que contrarresta las preocupaciones y la infelicidad, y nos permite continuar en nuestro camino hacia el Despertar. En un sentido más literal, significa seguir los Preceptos. En un sentido más amplio, el segundo Paramita significa siempre seguir un comportamiento ético, siguiendo las costumbres y leyes de donde sea que estemos. Inicialmente, al comenzar nuestra práctica, podemos enfocarnos en abstenernos de dañar a los demás. Poco a poco, comenzamos a desarrollar y aumentar nuestra virtud. La forma definitiva de esta práctica es beneficiar a los demás.

El tercer Paramita es la Paciencia, o Kshanti Paramita, que contrarresta la ira y el odio, y nos ayuda a evitar discusiones y a lograr nuestros objetivos. Necesitamos paciencia en casi todo lo que hacemos. Si estamos en la escuela, necesitamos paciencia para perseverar en nuestro estudio. En el trabajo, la paciencia nos ayuda a cumplir nuestras tareas correctamente. En casa, la paciencia es la base para interactuar bien con los miembros de la familia. La paciencia nos permite llevarnos más armoniosamente con quienes nos rodean. Para nosotros, la paciencia nos permite reconocer nuestros malos hábitos y mejorarnos cambiando esos hábitos.

El cuarto Paramita es la Diligencia, o el Virya Paramita. Es la alegría que traemos a nuestra práctica y a todo lo que vale la pena en nuestras vidas. Es el verdadero deleite que surge de lo profundo de nosotros cuando estamos haciendo lo que es saludable. Nos permite seguir adelante cuando nos sentimos cansados ​​o abrumados. Es refrescante e inspirador. Cultivar un esfuerzo entusiasta contrarresta la pereza, y trae alegría a nuestras vidas cuando sentimos una sensación de logro al terminar lo que hemos comenzado.

El quinto Paramita es concentración meditativa, o Dhyana Paramita. Nuestra práctica y entrenamiento en disciplina, y nuestro no dañar a otros reducirá y, gradualmente, eliminará nuestros comportamientos físicos y verbales dañinos. Practicando la Calma (Samatha), nuestras mentes se volverán más tranquilas y menos agitadas. Cuando nuestras mentes estén así establecidas, podremos concentrarnos mejor y practicar la Contemplación (Vipassana). Nuestra concentración inicialmente reducirá y, luego, eliminará gradualmente nuestros pensamientos perturbadores y nuestro comportamiento emocional. Conseguiremos concentración meditativa, lo que nos permitirá descubrir nuestra sabiduría innata. A partir de esto, podemos ver cómo la disciplina, la concentración meditativa y la sabiduría funcionan juntas y son complementarias.

Finalmente, el sexto Paramita, el Prajna Paramita, es el desarrollo de la Sabiduría. La sabiduría contrarresta la ignorancia y nos permite saber la mejor manera de ayudar a los demás y mejorarnos a nosotros mismos, incluida nuestra capacidad de relacionarnos bien con los demás. Esta sabiduría no es la que se obtiene a través del intenso estudio y análisis de muchos temas diversos. Eso sería buscar sabiduría de fuentes externas. Es nuestra sabiduría innata y omnisciente.

Si comenzamos a practicar estos Seis Paramitas incluso en pequeñas medidas todos los días, comenzando con el día de hoy, gradualmente comenzaremos a mirar en la dirección correcta. Con el tiempo, despertaremos a la bondad perfecta, la satisfacción perfecta y la alegría perfecta que ya están dentro de nuestra verdadera naturaleza, nuestra Naturaleza Búdica.

"En nuestra práctica de la atención plena nos damos cuenta de que la concepción de Mara como la encarnación del mal y la concepción del Buda como la encarnación de la bondad y la verdad es realmente una concepción, la concepción de la manifestación, pero que en última instancia se equilibran entre sí y se equilibran. sólo queda la concepción de Dharmakaya, la Esencia Última que mora en la Vacuidad y el silencio. En este sentido, no hay Mara a quien resistir ni Buda en quien refugiarse.  Pero en la medida en que Mara es solo la transformación de la verdadera naturaleza del Dharmakaya, las transformaciones de Mara desaparecen y las manifestaciones del Buda-Dharma son realizadas por nosotros, todo en el mismo momento."

Aquí por fin, Chih-i da en el clavo, llegando al corazón del asunto de las influencias negativas. Sin entrar muy profundo en la Cosmología Budista, el Budismo puede ser considerado una religión folosófica Monista (todo es Uno) Teo(Budo)-panista, donde el Buda como Realidad Ultima no está separado del mundo. Ontológicamente, el Dharmadhatu, o el Universo Dhármico, que es el Cosmos en su forma abstracta e impersonal, se personifica en el Dharmakaya, el Cuerpo del Dharma, su forma personal, del cual emana todo en el Universo. Así, si bien el Buda no es el Creador del Universo, la energía dinámica del Dharmadhatu emanada se compone de un conjunto complejo e integrado de fuerzas que crean y componen todo en el universo. Así, si bien el Buda es la fuente de la cual emana todo, el Buda no es la Primera Causa, como lo podría ser la personificación en esse de la fuerza creadora dhármica llamada Brahma, y el Karma, la Ley del Causa y Efecto en causa, que junto con la ignorancia fundamental moldea en fieri los mundos y los seres en ellos. Pero esto lo veremos próximamente.

Este Monismo Budista nos muestra que el universo de la pluraridad es solo una tercera parte de la verdad; las otras dos terceras partes se describen en el monismo original fundamental, y su manifestación armónica entre el unidad fundamental y la pluralidad manifiesta, donde contrario a la explicación de muchos, el universo no es una ilusión o falso, sino una inmensamente compleja manifestación de causas y condiciones donde todo está interrelacionado con todo; todos los dharmas se apoyan, interrelacionan e interpenetran armónicamente esto es llamado la doctrina de la Triple Verdad en las Enseñanzas Perfectas y Completas). Es por ello que el Buda, como Realidad Ultima, es tanto trascendente como inmanente, llamándose Naturaleza Búdica. Es gracias a esto que todos los seres poseen la capacidad de alcanzar el Despertar y convertirse en Budas. 

Como mencionamos al principio de este capítulo. Teleológicamente, el Universo se encuentra en vías al Despertar. Dado a que los seres sintientes nacen manchados por la oscuridad de la ignorancia (ignorantes de su unidad fundamental), unida a las limitaciones skhándicas de los sentidos y los apegos, los seres sufren, creando las causas y condiciones kármicas que perpetúan su sufrimiento. Los mismos pueden continuar este proceso eternamente si no fuera porque el aspecto personal del Universo, el Dharmakaya, por compasión por sus criaturas, decide emanar una personificación de su Esencia al mundo, ya sea de forma espiritual, como el Sambhogakaya o el Cuerpo de Recompenza, o como una encarnación misma, el Nirmanakaya, para llevar las leyes del Universo a las criaturas, permitiendo que estas reconozcan su unidad fundamental y despierten a la Verdadera Naturaleza de la Realidad. 

Es por eso que Mara, la personificación de la oscuridad y la ignorancia, es ese aspecto negativo de la fábrica misma de la Existencia que crea el dualismo, la división y la diferenciación, la que crea el tiempo y el sufrimiento, sin la cual no habría progreso ni evolución. Esta fuerza está en constante relación dinámica con el Buda, o la capacidad inherente del Universo de reconocer su unidad fundamental. Es por ello que el Universo, el Dharmadhatu, se personifica como el Dharmakaya, y en la matriz misma de la Existencia produce el Tathagatagarbha, la Matríz del Buda, para que el Uno pueda comunicar su mensaje a los muchos. Es la ignorancia misma la que, junto con el Prajna o la Sabiduría, produce los Budas.

Epistemológicamente, estos hechos pueden ser verificados por la experiencia. El Budismo es una religión de experimentación: si bien el Buda nos legó el Dharma en los Sutras, los cuales contienen los sermones del Buda en el mundo, el Buda mismo exhortó a sus seguidores a no creer ciegamente (aunque la fe juega un papel central y es sumamente importante) en sus palabras, sino que los seguidores debían someterlas a su propia experiencia. Aunque algunos budistas dicen que esta experiencia es inefable, la misma puede ser ciertamente experimentada noéticamente de forma mediada, a través de la meditación, o inmediata, por medio de la devoción y la fe. Estas son cualidades innatas a toda la Existencia, que pueden ser abordadas por medio del camino de la sabiduría y la compasión (fe). 

Es gracias a la insatisfacción y el sufrimiento (dukkha), generado por la oscuridad fundamental, Mara, que los seres salen de sus patrones condicionados kármicamente y buscan la luz del Dharma. Es así que podemos accesar fenomenológicamente el Despertar. Mara se encuerntra en una aparente lucha por el control del mundo, tanto interno, con nuestros deseos y apegos, así como externo, con el karma. Pero Mara es solo una condición necesaria para la manifestación y la experiencia del Buda. Sin Mara - la ignorancia - no existiría nada; y sin el Buda, no habría salvación. Es por ello que el Buda mismo reveló que todas las religiones son medios hábiles - enseñanzas provisionales - empleados por los Budas (como emanaciones de una misma Esencia) para encaminar a los seres sintientes a la Verdad. 

A raíz de todo esto, podemos ver que el ser humano, así como todos los seres sintientes en el universo, son seres que se encuentran en la intersección entre lo finito y lo Infinito, entre la oscuridad y la luz. Es por ello que no existe el mal en el Budismo. Teodicéicamente, Mara no es el equivalente budista de Satanás. El mal, webéricamente, no es sino la ignorancia y el funcionamiento del karma visto desde la oscuridad. Por ello, los seres no son malos, sino que cometen transgresiones porque son ignorantes de la Verdad del Dharma - la Ley Universal. Es por ello que la ignorancia, como la Iluminación, es irradicable y es eterna. Es un requisito indispensable para la evolución y la continuidad progresiva del universo. 

Pero como hemos mencionado anteriormente, existe la posibilidad innata de la salvación, El Buda, en su infinita compasión, nos legó su sabiduría en el Dharma, el cual contiene una infinidad de métodos soteriológicos para poder aliviar nuestra situación. Ortodoxamente, existen dos modalidades soteriológicas, cada una siendo una personificación de las cualidades de sabiduría y compasión operativas en el cosmos. Estas dos modalidades corresponden a la facultad inmanente, con el Poder Propio, a través del conocimiento y la razón, donde los seres aplican el Dharma en su práctica, como la meditación, y alcanzan el Despertar por sí mismos; y su facultad trascendente, con el Otro Poder, a través de la fe y la creencia, donde los seres solicitan la ayuda del Buda, como en el Nembutsu, para que trabaje dinámicamente en ellos y les permita alcanzar el Despertar en la unidad. Pero ontológicamente, estas dos modalidades o distinciones son ilusorias, pues en ambos casos, es el funcionamiento dinámico del Universo el cual opera en ambas ocasiones para llevar a los seres al Despertar. 

En la práctica de la meditación, en cualquiera que sea su manifestación, el ser humano lucha en cada sesión con su propio Mara, y si al final se levanta Mara o el Buda, dependen enteramente del fruto de su práctica. Es por eso que no podemos divorciar los aspectos religiosos y filosóficos del Budismo de su ética y la meditación. La ética budista, si bien al principio puede parecer otra manifestación de esta batalla, con el tiempo, es el reflejo del perfumamiento del Dharma - una manifestación de la Iluminación en la conducta diaria del practicante. En ello radica la importancia del Triple Entrenamiento tradicional de los Preceptos (moralidad), Dhyana (meditación) y Prajna (sabiduría).

Si bien podemos entender todo esto intelectualmente, cuando vamos a la práctica, aun podemos experimentar muchos obstáculos. Nuevamente, nosotros somos nuestros peores enemigos. El mismo Chih-i lo reconoce cuando dice:

"Ahora no debemos preocuparnos si las condiciones transformadas de Mara no se desvanecen, ni debemos estar complacidos si se desvanecen. ¿Por qué? Porque estas malas influencias que vienen a perturbarnos durante nuestra práctica de la meditación no son lobos y tigres reales, ni Mara es una realidad. En cuanto a nuestra ignorancia, necedad e ilusión por las cuales nos asustamos o nos aficionamos a las cosas invisibles, es sólo nuestra mente en estado de ilusión, dispersión, falta de concentración y locura. Por lo tanto, nuestros problemas, que atribuimos a malas influencias, se deben únicamente a estados erróneos de nuestra propia mente. Nuestra lentitud para alcanzar la iluminación no se debe a las acciones de Mara, sino a nuestra propia negligencia en la práctica de la meditación.

"Si estas condiciones perturbadoras persisten durante muchos meses, e incluso años, debemos continuar tratando pacientemente de controlar los estados de nuestra propia mente; debemos hacerlo con la determinación que no conoce el miedo ni el dolor. La falsedad, tarde o temprano, debe dar paso a la verdad; las transformaciones que surgen de las malas influencias deben ceder igualmente ante un propósito ferviente y un esfuerzo constante."

Nuestra ignorancia, nuestros miedos, nuestras ilusiones y todas nuestras creaciones mentales son solo eso: creaciones mentales, y debemos reconocerlas por lo que son y no frustrarnos por su existencia, sino simplemente aceptarlas. Como todo fenómeno en el Cosmos, los mismos son impermanentes. Lo único que podemos hacer es hacer uso del Virya Paramita y perseverar; continuar nuestra práctica. Un día, cuando menos lo esperemos, alcanzaremos el Logro Supremo del Despertar.

"Pero no debemos mirar a la ligera estas influencias perturbadoras, porque cuanto más profundas sean y cuanto mayor sea el esfuerzo que hagamos para desarraigarlas, mayor será el peligro que entrañan. Debemos aprender a distinguirlos claramente y combatirlos por separado, o nos volverán locos. Estos estados morbosos de alegría alternativa y desánimo sombrío son la causa de la enfermedad e incluso de la muerte. Todo seguidor del Buda debería tener un Maestro competente o un amigo sabio y de corazón noble, porque tarde o temprano se encontrará con estas malas influencias."

Aquí radica nuevamente la importancia de la guía de un monje budista, idealmente, sabio y experimentado. En el mejor de los casos - y no siempre - ellos habrán pasado por lo mismo que nosotros y podrán prescribir, como un buen médico - siendo el Buda el médico supremo - el antídoto canónico o contemporáneo para aliviar nuestro mal. Al final de todo, debemos recordar y sentirnos esperanzados de que el Buda venció a Mara y alcanzó sla Budeidad. Dado a que él pudo, también podemos nosotros, pues el Buda nos ha legado el mapa - ha trazado el camino - a nuestro Despertar. Ahora, debemos caminarlo.

"Peor que la enfermedad y la locura, estas influencias acosadoras y condiciones transformadas, si no se superan, pueden convertir a un seguidor del Buda en un hereje y enemigo del Buda. A veces parece como si Mara estuviera entrenando a un seguidor del Buda para que se convirtiera en su propio sirviente, llevándolo a falsos tipos de concentración, falsa inteligencia, falsa intuición, falsos poderes sobrenaturales y hechizos mágicos, para que pueda predicar el Dharma con poder. y ganar muchos conversos. Y luego, Mara parece deleitarse en exponer su falsedad y arruinar a sus pseudo conversos. Los ratos de Mara y sus huestes son innumerables e inexplicables. Nos hemos referido solo a algunos de ellos para advertir a los seguidores del Buda que estén constantemente en guardia contra ellos, y especialmente contra este peligro de herejía. La herejía fundamental de la realidad de todos los fenómenos no es obra de Mara, eso es básico, pero todo lo demás pertenece a Mara. El Sutra dice: 'Tan pronto como especulas discursivamente, ya estás atrapado en la red de Mara. Un seguidor del Buda no debe ceder a las malas influencias ni a la tentación de la discusión discursiva. Este es el verdadero Mudra que lo protegerá de todo mal'."

El Buda, la encarnación del Principio de Vida del Universo, apareció compasivamente en el mundo y nos legó su sabiduría, el Dharma, para que podamos navegar en el mar del nacimiento y la muerte, aliviar nuestro sufrimiento, y vivir vidas plenas y felices. No hay nada en sus enseñanzas que sea falso o incorrecto. Si no podemos verificar algo de las mismas, o si no experimentamos la dicha y la bienaventuanza de ponernos en comunión con él, de conectar con nuestra Verdadera Naturaleza, es porque hemos sido nosotros los que hemos fallado. No hay nada peor que darle la espalda a nuestro padre espiritual e irnos en contra del mismo. No hay mayor traición, mayor desprecio, mayor pecado que habernos convertido en seguidores del Buda y abandonar el Dharma y la Sangha.

Si estamos leyendo y estudiando esto, es porque todos nosotros nos encontramos ahora mismo bajo el Arbol Bodhi meditando, resueltos a no levantarnos hasta que alcancemos nuestro Despertar. Pero al igual que el Buda en el momento de su Iluminación, todos podemos proyectar nuestros cuerpos emanados y realizar la labor salvífica del Bodhisattva en el mundo. Esto fue lo que hizo el Buda Shakyamuni mismo en el momento de su Despertar.

El Sutra Avatamsaka, que se puede traducir como el Sutra de la Guirnalda de Flores, nos dice que justo en el momento de su Iluminación, el Buda Eterno, el Dharmakaya, predicó el Dharma para el beneficio de todos los seres en las diez direcciones del Cosmos y las tres existencias del pasado, presente y futuro, desde la Budeidad misma. En ese instante, Maya, la ilusión de la dualidad, desapareció por un moemento, y frente a todas las deidades y Bodhisattvas avanzados, se despliegó la Verdadera Naturaleza de la Realidad, la Unidad, y todos los presentes pudieron ver las emanaciones del Alma del Universo en sus cuerpos emanados, infinitos, esparcidos por todos los mundos, predicando el Dharma y salvando a todos los seres sintientes. Aunque Siddhartha Gautama, el Buda Shakyamuni, se encontraba meditando bajo el Arbol Bodhi, el mismo aun continuaba realizando su labor del Bodhisattva por todo el Cosmos.

De igual forma, todos nosotros nos encontramos en ese instante, en ese momento, y Mara y sus huestes nos estan atacando por todos lados, tratando de distraernos y de aapartarnos del Dharma, de descubrir nuestra Verdadera Naturaleza, y no podemos dejarnos vencernos. Si abandonamos el Noble Camino, Mara ha ganado.

El Gran Maestro Chih-i, a través de sus obras, nos revela el Dharma en un lenguaje que todos podemos entender y poner en práctica. El se encuentra con nosotros en todo momento, al igual que infinitos Budas, Bodhisattvas, deidades, maestros y nuestros ancestros, y nos estan protegiendo y guiando en todo momento, para que nu perdamos la batalla; para que no nos demos por vencido. Al final, esta es una guerra con nosotros mismos. Si somos uno con el Buda, y a través de la meditación comulgamos con nuestra Budeidad Innata, ¿cómo podemos darnos por vencido?

En el próximo capítulo, veremos otras clases de influencias negativas o "enfermedades" que podemos encontrar en nuestra práctica de la meditación.