En la inmensa historia del Buddhadharma, la palabra "Sangha" ha designado mucho más que una simple agrupación de personas reunidas bajo una misma tradición religiosa. La Sangha es una de las Tres Joyas, el cuerpo viviente en el cual el Dharma es recibido, custodiado, encarnado y transmitido de generación en generación. Allí donde los discípulos del Buda reciben los Preceptos, ordenan su vida conforme a ellos, cultivan la mente y caminan hacia el Despertar, allí existe Sangha. Sin embargo, así como el Buda predicó diferentes enseñanzas de acuerdo con las capacidades, condiciones y aspiraciones de los seres, también encontramos dentro de la historia budista diferentes formas de disciplina y ordenación. Desde la perspectiva doctrinal del Budismo del Loto pueden distinguirse, de manera pedagógica, tres grandes Sanghas o comunidades disciplinarias:
- la Sangha Shravaka, que recibe sus Preceptos de los Suttas y el Vinaya Pali, con sus monjes Shravakas;
- la Sangha Mahayana, que sigue los Preceptos Mahayana que emanan de los Sutras y el Dharmagupta Vinaya (o Mulasarvastivada Vinaya en el Budismo Tibetano) con sus Monjes "Mahayana"; y
- la Sangha Bodhisattva, que sigue los Preceptos del Sutra de la Red de Brahma con sus Monjes Bodhisattva.
Estas no deben contemplarse como tres religiones distintas ni como tres comunidades absolutamente separadas, sino como manifestaciones progresivas del único camino establecido por el Buda, adecuadas a diferentes etapas de comprensión y orientadas finalmente hacia la revelación plena del Vehículo Único.
Hoy día, los Preceptos Hinayana son usados por los Theravada, y se pueden perder aún en vida; los Preceptos Mahayana por las escuelas Mahayana (como Zen, Tierra Pura, Nichiren y otras), y se pierden de vida en vida; y los Preceptos del Bodhisattva solo por la Tradición del Loto (Tendai y Escuela del Loto Reformada),que una vez recibidos, son permanentes, pues emanan de la misma Naturaleza Búdica (que permite que sea manifiesta en esta vida). Esto hace que tanto los devotos (quienes reciben los 5 o 10 Preceptos) como los Monjes/Sacerdotes (que reciben los 250 o 52, dependiendo de la ordenación sea Mahayana o Bodhisattva) sean diferentes, por lo que reciben frutos y beneficios diferentes. No obstante, las ordenaciones Mahayana, en su gran mayoría, son Hinayana, porque usan el Dharmagupta Vinaya, que solo aplica a los Shravakas y no a los Bodhisatvas. Hoy día, los únicos monjes o sacerdotes ordenados realmente Mahayana (y Bodhisattva) son los ordenados dentro de la escuela Tendai (y la Escuela del Loto Reformada). Esto hace que, si bien en teoría las escuelas Mahayana son Mahayana, en práctica, poseen una práctica mixta, siendo realmente Hinayana con elementos Mahayana. Hoy día, los única escuela que es Mahayana/Vajrayana en teoría como en práctica es la escuela Tendai (y la Escuela del Loto Reformada). Es por eso que la Sangha de la Escuela del Loto Reformada se llama la Sangha de los Hijos del Buda. Veámoslos con más detalle.
La primera es la Sangha Shravaka, la comunidad de aquellos que siguen primordialmente la disciplina de los discípulos oyentes del Buda, también llamada Sangha Hinayana. Su fundamento disciplinario se encuentra en los antiguos cuerpos del Vinaya y, en el caso de la tradición Theravada actualmente existente, particularmente en el Vinaya preservado en el Canon Pali. Esta disciplina regula minuciosamente la vida monástica y establece las normas que permiten preservar la pureza, la armonía y la continuidad de la comunidad religiosa. Dentro de esta forma de Sangha, los monjes y monjas reciben una ordenación construida sobre la renuncia, el dominio de los sentidos, la abstención de aquello que conduce al apego y la disciplina cotidiana de cuerpo y mente. Su horizonte clásico es el del Shravaka, el discípulo que escucha la enseñanza del Buda y busca liberarse a sí mismo de la rueda del nacimiento y la muerte del Samsara mediante la extinción de las causas del sufrimiento. Desde la perspectiva del Budismo del Loto, esta disciplina posee un valor inmenso: enseña autocontrol, desapego, sencillez, vigilancia moral y reverencia hacia la vida religiosa. Sin embargo, pertenece todavía a aquella etapa de la enseñanza en la que el Dharma es presentado de acuerdo con las necesidades particulares de quienes buscaban primeramente la liberación personal.
La segunda es la Sangha Mahayana, surgida de la gran expansión del ideal del Bodhisattva y de la comprensión de que la liberación no puede ser concebida únicamente como una empresa individual. En el Mahayana, el practicante no aspira simplemente a cruzar el océano del nacimiento y la muerte por sí mismo, sino que hace voto de conducir consigo a todos los seres. Su disciplina se encuentra en los Sutras Mahayana, en los códigos éticos propios del Bodhisattva y, históricamente, en distintas transmisiones monásticas del Vinaya. En gran parte del Asia oriental, las ordenaciones monásticas Mahayana heredaron el Dharmaguptaka Vinaya, mientras que en el ámbito tibetano se preservó la tradición del Mulasarvastivada Vinaya. Así, muchas escuelas Mahayana combinaron una estructura monástica procedente de antiguas tradiciones de Vinaya con votos, doctrinas y prácticas propiamente Mahayana. Desde la óptica de la Tradición del Loto, esta configuración representa un importante desarrollo del Dharma, pues la motivación se amplía desde la liberación individual hacia la salvación universal; pero también conserva en su estructura disciplinaria elementos originariamente formulados para la comunidad de Shravakas. Por ello, puede hablarse de una convivencia entre una disciplina monástica antigua y una aspiración espiritual Mahayana.
La tercera es la Sangha Bodhisattva. Para el Budismo del Loto, esta constituye la culminación de la disciplina budista porque sus Preceptos no son comprendidos simplemente como regulaciones externas destinadas a controlar la conducta, sino como expresión de la propia Naturaleza Búdica. Su formulación paradigmática aparece en el Sutra de la Red de Brahma, donde los Preceptos del Bodhisattva son presentados como la disciplina de quienes han despertado la Mente del Despertar y viven para la liberación de todos los seres. Aquí el Precepto ya no es solamente una frontera entre lo permitido y lo prohibido. Es la actividad misma de la compasión, la sabiduría y la Naturaleza del Buda manifestándose dentro de la existencia humana. No matar significa hacer que la vida florezca; no robar significa practicar generosidad; no mentir significa permitir que la verdad se manifieste; no intoxicar la mente significa preservar la claridad que reconoce la Realidad; no dañar significa convertirse activamente en refugio para los demás. De esta manera, los Preceptos dejan de ser contemplados únicamente como restricciones y se revelan como formas concretas mediante las cuales la Budeidad innata comienza a actuar en este mundo.
La Tradición del Loto contempla estos Preceptos del Bodhisattva a la luz de la enseñanza del Buda Eterno. Su origen último no se encuentra simplemente en una legislación humana ni en una institución histórica, sino en la Sabiduría del Dharmakaya que eternamente sostiene el universo del Dharma. Por ello, los Preceptos del Bodhisattva no son solo "Preceptos", sino Mandamientos, pues fueron promulgados como tal por el Dharmakaya, Mahavairocana,a, el Buda Cósmico cuya Sabiduría impregna todas las cosas y cuya actividad iluminada se manifiesta históricamente mediante Shakyamuni y todos los Budas del Cosmos Budista. Así, el Precepto es antes que nada Dharma: expresión del orden iluminado del universo, manifestado por el Buda para que los seres puedan reconocer en sus propias vidas aquello que desde el principio pertenece a su Naturaleza Original. Shakyamuni, manifestación histórica de esa Budeidad Eterna, reveló progresivamente la disciplina apropiada para sus discípulos hasta conducirlos hacia el gran ideal del Bodhisattva. Dentro de la tradición Tendai, este proceso alcanzó una importancia decisiva con el Gran Maestro Saicho, quien defendió en Japón la ordenación basada en los Preceptos Perfectos y Súbitos del Bodhisattva (basados en el Sutra de la Red de Brahma y no en el Vinaya) y estableció el ideal de una comunidad cuya identidad religiosa se fundamentara en el Vehículo Único.
Aquí aparece una diferencia decisiva entre los tres niveles de disciplina. Los Preceptos Shravaka pueden entenderse fundamentalmente como normas asumidas dentro de una determinada condición institucional y monástica. Su pérdida puede ocurrir mediante determinadas transgresiones graves o mediante el abandono de la condición que los sostiene, por lo que se pueden perder en cualquier momento en esta vida. Los Preceptos Mahayana profundizan la dimensión espiritual de la disciplina y orientan al practicante hacia la actividad del Bodhisattva, pero muchas de sus expresiones históricas continuaron vinculadas a sistemas de ordenación basados en antiguos Vinayas, por lo que se pierden vida tras vida. Los Preceptos Perfectos del Bodhisattva, en cambio, son comprendidos por la Tradición del Loto como una manifestación de la Naturaleza Búdica misma. Una vez plantada profundamente la semilla del Precepto en la conciencia por medio del ritual, esta se convierte en causa del Despertar. Aunque el practicante pueda caer, oscurecer temporalmente su naturaleza, cometer errores o alejarse del Camino, la relación establecida con la disciplina del Bodhisattva no es considerada simplemente como una condición jurídica susceptible de desaparecer como si nunca hubiera existido. El Precepto se convierte en semilla, y la Semilla del Buda continúa obrando dentro de la corriente de la existencia. Entre estos, el Precepto Supremo del Bodhisattva es el Precepto del Cáliz Adamantino: el creer y practicar el Sutra del Loto.
Recibir los Preceptos del Bodhisattva significa algo mucho más profundo que aceptar una serie de normas. Significa permitir que aquello que ya existe potencialmente dentro de nosotros —la Budeidad Innata— encuentre una forma concreta de manifestarse. El Precepto es la Naturaleza Búdica convertida en conducta; la compasión convertida en decisión; la sabiduría convertida en acción. Bajo esta luz, los Preceptos no son cadenas colocadas sobre una persona desde fuera, sino las formas mediante las cuales nuestra naturaleza verdadera comienza a liberarse de las cadenas del egoísmo, la ignorancia y el deseo desordenado. Quien recibe los Preceptos Perfectos no se limita a prometer que evitará determinadas acciones: promete convertirse progresivamente en un Bodhisattva viviente.
Esta diferencia se refleja también en las distintas formas de pertenencia a la comunidad budista. Los fieles laicos pueden recibir cinco o diez Preceptos según su grado de compromiso y vocación, mientras que aquellos que ingresan en la vida sacerdotal o monástica reciben una disciplina mucho más amplia. En las formas tradicionales de ordenación derivadas de los antiguos Vinayas, la disciplina monástica puede comprender aproximadamente 250 Preceptos para los monjes, junto con otros cuerpos disciplinarios específicos según la tradición. En la ordenación del Bodhisattva fundamentada en el Sutra de la Red de Brahma, la estructura clásica se expresa mediante los Diez Preceptos Mayores y los cuarenta y ocho menores, formando el Gran Cuerpo de los Preceptos del Bodhisattva. Dentro de la herencia Tendai, estos fueron comprendidos no meramente como un suplemento a otra ordenación, sino como fundamento suficiente para la identidad religiosa del monje o sacerdote del Vehículo Único. Esto cambió radicalmente la comprensión de qué significa ser miembro de la Orden del Buda.
Precisamente aquí se encuentra una de las características más distintivas de la tradición fundada por el Gran Maestro Saicho. Mientras muchas escuelas Mahayana mantuvieron sistemas de ordenación basados formalmente en Vinayas compuestos originalmente para comunidades de Shravakas (Hinayana) y posteriormente añadieron votos Mahayana, Saicho aspiró a establecer una comunidad cuya misma ordenación expresara desde el principio la identidad del Bodhisattva. El religioso no debía convertirse primero en Shravaka y después añadir sobre esa identidad una vocación Mahayana; debía entrar directamente en la comunidad del Gran Vehículo como Hijo del Buda y Heredero del Vehículo Único. Desde esta perspectiva doctrinal, la ordenación Tendai constituye una transformación radical del concepto de Sangha: la comunidad sacerdotal no existe principalmente para separarse del mundo, sino para entrar en él con mayor responsabilidad; no abandona a los seres, sino que se consagra a ellos; no busca únicamente proteger su propia pureza, sino transformar este mundo impuro en el campo de actividad del Buda. Por ello, cuando la Escuela del Loto Reformada habla de sus religiosos como miembros de la Sangha Bodhisattva, no se refiere simplemente a una denominación sectaria. Se refiere a una determinada comprensión de la ordenación. El Sacerdote o Monje Bodhisattva en la Tradición del Loto no debe considerarse alguien separado de los demás seres por una superioridad espiritual personal, sino alguien que ha asumido una responsabilidad mayor precisamente porque todos los seres poseen la Naturaleza Búdica. Sus Preceptos le recuerdan que pertenece al Buda y que su cuerpo, su palabra y su mente deben convertirse gradualmente en instrumentos de la actividad iluminada. La ordenación no lo coloca por encima del mundo; lo vincula más profundamente con él. Su vida deja de pertenecerle exclusivamente, pues ha sido consagrada al Dharma y al bienestar de todos los seres.
Es por ello que la Sangha de la Escuela del Loto Reformada recibe espiritualmente el nombre de Sangha de los Hijos del Buda. Esta expresión no pretende establecer una aristocracia religiosa ni negar la dignidad de quienes practican dentro de otras tradiciones. Por el contrario, recuerda una enseñanza fundamental del Mahayana: todo Bodhisattva nace de la Sabiduría y la Compasión de los Budas. Ser hijo del Buda significa heredar su misión. Significa aprender a ver el mundo con los ojos de la misericordia, escuchar el sufrimiento con los oídos de Avalokiteshvara, actuar con la sabiduría de Manjushri y perseverar con el voto de Samantabhadra. Significa reconocer que nuestra verdadera genealogía espiritual no está determinada por la sangre, la nación, la raza ni la clase social, sino por nuestra participación en la Vida del Dharma.
Sin embargo, la Escuela del Loto Reformada contempla estas diferencias sin perder jamás de vista la unidad fundamental de todos los discípulos del Buda. Por ello, junto a la distinción doctrinal entre Sangha Shravaka, Sangha Mahayana y Sangha Bodhisattva, afirmamos también la existencia de la Maha Sangha, la Gran Comunidad del Buddha-Dharma. Todos aquellos que sinceramente toman Refugio en el Buda, el Dharma y la Sangha participan, de una manera u otra, en esta gran familia espiritual. Las diferencias doctrinales y disciplinarias existen y no necesitan ser negadas; poseen importancia histórica, ritual y soteriológica. Pero ninguna de ellas destruye la realidad más profunda de que todos estamos respondiendo, según nuestras capacidades presentes, a la misma Voz del Dharma.
La antigua síntesis de la disciplina budista expresa magistralmente aquello que une a todas estas comunidades: evitar todo mal, cultivar todo bien y purificar la propia mente. Allí se encuentra el corazón de toda moral budista. El Mahayana añade a este movimiento una dimensión universal explícita: evitamos el mal no solamente para proteger nuestra propia pureza; cultivamos el bien para beneficiar a todos los seres; purificamos la mente para convertirnos en instrumentos capaces de conducir a otros hacia la liberación. De esta manera, aquello que comienza como disciplina personal se transforma gradualmente en Voto del Bodhisattva. La senda que inicialmente parece llevar a una persona fuera del sufrimiento termina revelándose como el Gran Vehículo que busca llevar consigo a todos los seres.
Por esta razón, la Escuela del Loto Reformada no desprecia ninguna forma auténtica de Sangha budista. Desde la perspectiva del Vehículo Único, todas las enseñanzas hábiles del Buda encuentran finalmente su cumplimiento en la Vía del Bodhisattva. Aquellos que practican disciplinadamente el camino de los Shravakas están cultivando causas de liberación; aquellos que practican el Mahayana están ampliando la mente hacia la salvación universal; aquellos que reciben los Preceptos Perfectos del Bodhisattva asumen conscientemente la misión de hacer de su propia existencia un campo de actividad del Buda. En última instancia, estas distintas corrientes desembocan en el mismo océano del Ekayana, el Vehículo Único revelado plenamente en el Sutra del Loto. Aquello que hoy parece una diferencia de caminos puede revelarse mañana como diferentes etapas de una misma peregrinación hacia el Despertar.
Esto es particularmente importante dentro del espíritu ecuménico de nuestra Escuela. Podemos afirmar con claridad aquello que consideramos la plenitud doctrinal de los Preceptos del Bodhisattva sin convertir esa convicción en desprecio hacia otras comunidades. La seguridad en el propio Dharma no requiere menospreciar el Dharma practicado por otros. El Bodhisattva no construye su identidad sobre la condena, sino sobre el Voto. Si creemos haber recibido una enseñanza más amplia, nuestra responsabilidad no es enorgullecernos de ella, sino vivirla con mayor fidelidad. Si consideramos nuestros Preceptos más profundos, entonces debemos manifestar una compasión más profunda. Si afirmamos pertenecer a la Sangha de los Hijos del Buda, debemos demostrarlo mediante una conducta que haga visible en este mundo el corazón del Buda.
Los Preceptos Perfectos deben, por tanto, ser recibidos con fe, gratitud y reverencia. No son una posesión que podamos exhibir, sino un espejo ante el cual examinamos continuamente nuestra vida. Cada Precepto nos pregunta qué clase de mundo estamos creando mediante nuestros pensamientos, palabras y acciones. Cada decisión puede aumentar la oscuridad o encender una lámpara. Cada palabra puede herir o sanar. Cada acto puede reforzar la separación o manifestar la interdependencia. Así comprendidos, los Preceptos dejan de pertenecer exclusivamente al altar de la ordenación y entran en la cocina, el trabajo, la familia, la comunidad, la sociedad y cada encuentro humano. Toda la vida se convierte en dojo del Bodhisattva. Por ello exhortamos especialmente a los devotos del Budismo del Loto a atesorar los Preceptos que han recibido. A quien ha recibido los Cinco Preceptos, le corresponde hacerlos raíces firmes de su vida. A quien ha recibido los Diez Preceptos, le corresponde convertirlos en expresión cotidiana de la Mente del Bodhisattva. A quien ha recibido la ordenación sacerdotal le corresponde recordar que su compromiso no pertenece solamente a sí mismo, sino a todos los seres que esperan encontrar en la Sangha un refugio, una orientación y una manifestación viva del Dharma. Nadie debe pensar: "Ya he recibido los Preceptos, por tanto soy puro". Debemos pensar: "He recibido los Preceptos; por tanto, cada día debo permitir que purifiquen mi vida".
En última instancia, las Tres Sanghas encuentran su significado dentro de la única Maha Sangha del Buda. El Shravaka aprende a abandonar el mal. El practicante Mahayana aprende a realizar el bien para todos. El Bodhisattva descubre que evitar el mal, realizar el bien y salvar a los seres son manifestaciones inseparables de una misma Naturaleza Búdica. Allí, disciplina y sabiduría dejan de estar divididas; compasión y Precepto se convierten en una sola actividad; práctica y realización comienzan a revelarse como dos aspectos del mismo Camino.
Entonces comprendemos por qué los Preceptos del Bodhisattva son tan preciosos para la Tradición del Loto. Ellos no nos llaman simplemente a convertirnos en mejores individuos. Nos llaman a participar conscientemente en la obra del Buda Eterno dentro del mundo. Cada Precepto mantenido restaura un pequeño fragmento del universo. Cada acto compasivo abre por un instante las puertas de la Tierra Pura. Cada vez que vencemos el egoísmo, la ira o la ignorancia, permitimos que la Naturaleza Búdica resplandezca con mayor claridad. Cada vez que protegemos una vida, consolamos a quien sufre, perdonamos, damos, enseñamos, escuchamos o servimos, la Sangha del Buda vuelve a nacer en medio de este mundo.
Que los Hijos e Hijas del Buda abracen, pues, sus Preceptos con alegría. Que los estudien, los contemplen y los encarnen. Que jamás los conviertan en causa de arrogancia, sino en fundamento de humildad y responsabilidad. Que contemplen a todos los budistas como compañeros dentro de la Maha Sangha, caminando según diferentes condiciones hacia la misma Montaña del Despertar. Y que, sostenidos por la fe en el Buda Eterno, guiados por el Vehículo Único y fortalecidos por los Preceptos Perfectos del Bodhisattva, hagan de cada pensamiento una semilla del Dharma, de cada palabra una expresión de compasión y de cada acción una piedra colocada en la construcción de la Tierra Pura en este mundo. Porque allí donde los Preceptos son vividos, el Dharma permanece. Allí donde el Dharma permanece, el Buda continúa enseñando. Y allí donde los Hijos del Buda hacen del Voto del Bodhisattva la forma misma de su existencia, este mundo de sufrimiento comienza, silenciosamente y desde dentro, a revelar que nunca estuvo separado de la Tierra Pura del Buda Eterno.
