Bienvenido a la Tierra Pura de la Luz Serena, un recurso sobre las distintas escuelas de Budismo tradicional japonés. Esta página ha sido creada para aclarar dudas sobre el Budismo como religión, filosofía y estilo de vida, con énfasis en la Teología Budista (Budología). La misma aspira a presentar el Budismo balanceadamente entre la academia (estudios budistas) y la devoción, desde el punto de vista de una escuela tradicional de Budismo japonés (Tendai-shu) y las enseñanzas universales del Sutra del Loto.

Friday, July 5, 2019

La Transmisión de la Luz: Breve Historia del Budismo - De India a Japón

El Budismo fue uno de los hechos más trascendentales en la historia espiritual de la humanidad. “La Luz de Asia” fue encendida en la parte central de la India y comenzó a brillar con todo su esplendor. Desde entonces, el manantial de la Gran Sabiduría y la Misericordia ha venido enriqueciendo el alma de los creyente a través de los siglos.

Image result for autumn korea temple

India

Siddharta Gautama, que es adorado por sus seguidores como el Buda Sakyamuni o sea “El Gran Sabio de la familia Sakya”, abandonó su hogar y mendigando se dirigió hacia el sur hasta Magadha, en donde por fin alcanzó la Iluminación, al pie de un árbol de tilo. Se estima que esto acontenció a mediados del siglo quinto antes de la era común. Desde entonces hasta su Parinirvana, por la que entró en el Nirvana, siguió predicando las Enseñanzas de la Sabiduría y la Misericordia durante cuarenta y cinco años. Como resultado de ello, a fines del mismo siglo, se habían edificado grandes templos budistas por todos los reinos y tribus de la India Central. 

Durante la época del rey Asoka (reinado 268-232 AEC), el tercer monarca de la dinastía Maurya, las Enseñanzas del Buda se extendieron por toda la India y tuvieron la oportunidad de propagarse a zonas distantes fuera de las fronteras. 

Maurya fue la primera dinastía consolidada de toda la India. En el tiempo de su primer rey Candragupta (reinado alrededor de 317-293 AEC) el territorio del reino se extendía desde la cordillera del Himalaya al norte, el golfo de Bengala al este, las Montañas de Hindu Kush al oeste y las montañas de Vindhya al sur. El rey Asoka extendió sus dominios hasta la meseta de Decan, conquistando Kalinga y otros reinos.

El rey Asoka era colérico de naturaleza y la gente lo llamaba Chāndasoka (Asoka, el temible), pero después de ver los desastres de la guerra en la conquista de Kalinga, cambió completamente de carácter y se convirtió en un fiel creyente de las Enseñanzas de la Sabiduría y la Misericordia. A partir de entonces, este rey realizó muchas obras como creyente del Buda, entre ellas, las dos siguientes merecen especial atención. 

La primera es el "Edicto de Asoka”. El rey hizo grabar los conceptos administrativos basados en las Enseñanzas del Buda en grandes pilares de piedra o en paredes de roca pulidas de todas las regiones de su reino. Con ello el rey logró difundir el Budismo por toda la India. Luego, mandó misioneros a los pueblos de todas las direcciones fuera de su reino para propagar las Enseñanzas de la Sabiduría y de la Misericordia. Debe mencionarse el hecho de que entre estas misiones algunas fueron enviadas a lugares muy distantes como Siria, Egipto, Cyrene, Macedonia y Epiro, transmitiendo el Budismo hasta el mundo occidental Mahinda, el enviado a Sri Lanka, tuvo éxito en “establecer la hermosa Enseñanza en la hermosa isla de Lankadvipa” y así estableció el punto de partida de la propagación hacia el sur de las Enseñanzas del Buda.

Los budistas de años posteriores usan la expresión “movimiento hacia el Este” para hablar de la dirección de la propagación del Budismo. Sin embargo, en los siglos anteriores a la era cristiana, evidentemente la “cara” del Budismo miraba hacia el Oeste. Fue solamente un poco antes o después del comienzo de la era, cuando esta “cara” del Budismo se volvió hacia el Este. Antes de referirnos a este hecho, debemos hablar del gran cambio que empezaba a operarse dentro del Budismo: la aparición de una “nueva ola” llamada Mahayana o “Budismo del Gran Vehículo”.

¿Cuándo, cómo y quiénes originaron esta “nueva ola”? Nadie puede dar una respuesta definitiva. Lo único que podemos decir es, primeramente, que esta tendencia debió de nacer del pensamiento de la escuela Mahāsamghika (”los de la Gran Asamblea”), elaborado por los monjes progresistas. Segundo, que ya existían algunos de los más importantes elementos del Budismo Mahayana en los escritos de uno o dos siglos antes y de un siglo después de la era cristiana. Luego, con la destacada actividad filosófica de Nāgārjuna basada sobre los sutras preexistentes del Mahayana, el Budismo Mahayana se presentó claramente en el primer plano del escenario de la historia del Budismo. 

El papel que desempeñó el Budismo Mahayana dentro de la historia del Budismo, ha sido muy grande. El Budismo de China y Japón, en casi toda su historia ha estado bajo la influencia de las Enseñanzas del Budismo Mahayana. Esto no es nada de extrañar, puesto que presentaba a las masas un nuevo ideal de salvación y lo mostraba encarnado en santos vivientes bajo la forma de Bodhisattvas. Realmente fueron maravillosos los resultados intelectuales obtenidos en el campo de la metafísica y de la psicología por los pensadores del Budismo Mahayana, en el esfuerzo de sostener y profundizar estas ideas. 

Así muchos nuevos afluentes fueron desembocando en la corriente de las Enseñanzas de la Sabiduría y la Misericordia predicadas por el Buda. Con estos nuevos aportes el Budismo se llenó de ardor y energía, y como un río caudaloso vino a enriquecer a todas las naciones del Este

China

Los chinos supieron del Budismo por el Oeste. Por lo tanto para hablar de la ruta por la que el Budismo entró en la China tenemos que comenzar refiriéndonos al camino de la seda. Esta ruta comercial que pasa por las zonas áridas y extensas del Asia Central y conecta el Este con el Oeste, se abrió en la época del rey Wu-ting de la dinastía Han (reinado, 140-87 AEC) a fines del siglo segundo antes de la era común. En aquella época, los dominios de los Han se habían extendido mucho hacia el Oeste. En Fergana, Sogdiana, Tukhara y hasta en Parthia, países con que China compartía sus fronteras, persistía todavía el gran espíritu mercantilista que Alejandro Magno trajera a estas regiones. Por esta antigua ruta, la seda desempeñaba el papel más importante como mercancía; de allí viene el nombre del “camino de la seda”. Un poco antes o después de la era común, la China y la India comenzaron a tener contactos culturales por medio de esta ruta comercial. Así es que el camino de la seda se convirtió también en la ruta por la que se difundió el Budismo.

La historia del Budismo Chino comenzó con la aceptación de los Sutras, las Escrituras Sagradas budistas, y de sus traducciones. El más antiguo de ellos se creía que era el “Ssu-shih-êr-châng-ching” (Sutra en Cuarenta y Dos Secciones dichas por Buda), una traducción hecha por Kāśyapamātanga y otros durante el período Ying-p'ing (58-76 EC) del rey Ming-ti. Hoy en día se considera todo esto como un dato lejendario poco fidedigno. Ahora la opinión más segura da crédito a An-shih-kao que se dedicó a las traducciones en Loyang, alrededor de los años 148 a 171 EC. A partir de entonces hasta la dinastía Sung del norte (960-1129 EC), continuaron los trabajos de traducción por cerca de mil años.

Durante los primeros años, los que desempeñaban el papel más importante en la introducción de las escrituras y en los trabajos de traducción, eran los sacerdotes procedentes generalmente del Asia Central. Por ejemplo, el antes mencionado An-shih-kao venía de Parthia; K'ang-sêng k'ai que llegó a Loyang alrededor del siglo tercero y tradujo el Sukhãvatĩvyũha (El Sutra del Buda de la Vida Infinita), provenía de la región de Samarkanda. Por otra parte, Chu-fa-hu, que es conocido como el traductor del “Saddharmapundarĩka” (Sutra del Loto), vino de Tukhara y permaneció en Loyang o en Ch'ang-an desde fines del siglo tercero hasta principios del siglo cuarto. Con la llegada de Kumarajiva, que vino de Kucha a principios del siglo quinto, los trabajos de traducción en la China tuvieron su apogeo. 

Desde aquellos tiempos comenzaron las actividades de los sacerdotes que visitaban la India en busca del camino y para aprender el sánscrito. El pionero de estos sacerdotes fue Fahsien (339-420? EC). Dejó la ciudad de Ch'ang-an en el 339 con rumbo a la India y regresó 15 años después. El más destacado de los sacerdotes que visitaron el extrajero fue Hsüan-chuang (602-664 EC) que partió para la India en el 627 y regresó a su patria en 645 después de 19 largos años. I-ching (635-713 EC) partió para la india por mar en el 761 y regresó por la misma ruta 25 años más tarde. 

Estos sacerdotes visitaban la India para aprender el sánscrito, traer de vuelta las escrituras escogidas, y dedicarse principalmente, después de regresar, a los trabajos de traducción. Especialmente la habilidad lingüística que Hsüan-chuang demostró era deslumbrante y por su enérgica labor, las traducciones de las escrituras al Chino tuvieron su segundo apogeo. Los trabajos de los primeros tiempos hechos por los sacerdotes encabezados por Kumãrajĩva son llamados “Antiguas Traducciones”, y los realizados por Hsüan-Chuang y sus seguidores son llamados “Nuevas Traducciones”. Existen, pues, dos clasificaciones de las versiones en chino de las escrituras budistas.

Estos numerosos textos traducidos del sánscrito, recibieron, poco a poco, a través de las orientaciones filosóficas y la actividad religiosa de los traductores, una fuerte coloración china. Fueron adaptados según las características, las necesidades y las exigencias del pueblo chino. Esto se manifiesta en la preferencia dada por los sacerdotes a la profundización de la doctrina del “Vacío”, presentada en los Sutras Prajnaparamita (Perfección de la Sabiduría). Por eso ellos dejaron el Hinayana o sea el Budismo de la Pequeña Balsa, para seguir exclusivamente el Mahayana, el Budismo de la Gran Balsa. Esta tendencia llegó a ser cada vez más notable en la secta Tendai.

En la segunda mitad del siglo sexto, la secta Tientai (Tendai) fue llevada a su perfección por Tendai Daishi, o sea Chih-i (538-597) su tercer fundador. Era éste una de las figuras más destacadas del pensamiento budista y su obra “Los Ocho Períodos y las Ocho Clases de la Enseñanza del Buda” tuvo una gran influencia sobre el Budismo Chino tanto como sobre el japonés, durante largos años. 

Si volvemos la vista hacia atrás vemos que en China los Sutras fueron traídos sin fijarse en el orden cronológico de origen y se tradujeron a medida que llegaban. Por ser enorme el número de los Sutras, el problema consistio en cómo investigar su origen y hacer su evaluación. Era preciso saber cómo apreciar el Budismo en su totalidad y conocer claramente en qué ideas se apoyaba cada uno de los Sutras para su comprensión. Había muchos comentarios de los Sutras, por supuesto basados en el pensamiento chino, y de entre ellos el de Chih-i era el más sistemático, y, por ello mismo, mucho más persuasivo. Sin embargo, con la aparición de trabajos posteriores de estudios sobre el Budismo, esta influencia dominante se terminó.

En la historia del Budismo en China, “el que vino último” fue el Zen. Se cree que el santo fundador de esta secta fue un sramana extranjero Bodhidharma (-528 EC), pero la simiente sembrada por él no floreció hasta el tiempo del sexto santo de la secta, Huineng (638-713 EC). Después del siglo octavo, dentro de esta secta surgieron sucesivamente en China muchos sacerdotes de gran talento, y el Zen tuvo varios siglos de prosperidad. 

En China, las Enseñanzas se basaban exclusivamente sobre los Sutras. Por esta razón, los chinos se esforzaron durante tanto tiempo para su traducción y transmisión. Sin embargo, los adictos de la secta  Zen piensan que a ellos les fue transmitido el Budismo sin escritos, y que fue impreso en sus corazones por el Buda mismo. Por eso dicen que ellos son los auténticos intérpretes del Budismo. Hablan de la “auténtica Enseñanza del Buda” y de la “transmisión de las Enseñanzas sin depender de los escritos.” Al adentrarnos en el secreto de esta manera de pensar vemos que existe allí la esencia universal del Budismo pero adaptada a la mentalidad China. Así el gran río de las Enseñanzas del Buda fue aumentando su caudal para irrigar luego toda la región del Este.

Japón

La historia del Budismo en Japón comienza en el siglo sexto. En el año 538 EC, el Rey de Paikche (Corea) envió una misión a la corte del Emperador Kinmei para obsequiar una imagen del Buda y pergaminos de Sutras. Este fue el primer paso de la introducción del Budismo en Japón. Desde entronces han pasado 1,400 años. En esta larga historia podemos distinguir tres etapas importantes. 

La primera comprende el Budismo de Nara de los siglos séptimo y octavo que nos ha dejado los templos de Hōryūji (607 EC) y Tōdaiji (752 EC) construidos en ese tiempo. Al referirnos a esta época, no se puede pasar por alto el gran auge de la cultura en todo el Asia. Durante este período, mientras la civilización del Oeste se encontraba encerrada en una profunda oscuridad, en el este existía un magnífico movimiento de asombrosa creatividad. En China, en el Asia Central, en la India y en los países del mar del Sur se desarrollaban con gran energía actividades intelectuales, religiosas y artísticas. Juntamente con estos movimientos, el Budismo bañaba el mundo del Este con su caudalosa corriente de humanismo. El nuevo movimiento de la cultura japonesa representado por las brillantes y grandiosas construcciones de Hōryūji y Tōdaiji, y también por otras variadas actividades artísticas y religiosas, nació bajo el influjo de la marea cultural que cubría la extensa arca del Asia continental. 

El pueblo japonés que había vivido por tanto tiempo en un estado semicivilizado, se encontraba, de repente, bañado por una gran corriente de cultura. Con ello pudo elaborar su propia civilización. Este ha sido el feliz destino predispuesto para el Japón de aquellos siglos. El Budismo fue el principal responsable de esta repentina ebullición cultural. Los templos budistas se convirtieron en el centro de la cultura internacional, y los sacerdotes desempeñaban el papel de líderes de la clase intelectual. No era sólo el desarrollo de una religión, era una cultura integral la que florecía. Este era el verdadero aspecto del Budismo cuando fue transplantado al Japón en los siglos septimo y octavo. 

La segunda etapa fue el Budismo Heian del siglo noveno, cuando aparecieron en escena dos grandes sacerdotes, Saichō (Dengyō Daishi, 767-822), fundador de la escuela Tendai, y Kūkai (Kōbō Daishi, 774-835), fundador de la escuela Shingon, y fundaron dos sectas budistas que usualmente se conocen con el nombre de Budismo de la Era Heian. Esto significó el establecimiento de un Budismo netamente japonés. Retornando a las “prácticas” que eran la fuente original del Budismo, estos sacerdotes fundaron monasterios en el Monte Hiei y Monte Kōya respectivamente. Durante los trescientos años después de su fundación hasta el Período Kamakura, estas dos sectas, Tendai y Shingon, prosperaron principalmente entre los aristócratas y en las Cortes Imperiales. Tendai llegó a convertirse en la escuela principal y el centro primario de erudición budista en Japón.

La tercera etapa puede centrarse en el Budismo de Kamakura de los siglos doce y trece. En este período aparecieron santos como Hōnen (1133-1212), Shinran (1173-1262) Dōgen (1200-1253) y Nichiren (1222-1282), todos monjes Tendai. Aun hoy en día, cuando se habla del Budismo, es imposible olvidar a estos santos. ¿Por qué sólo en estos siglos surgieron sacerdotes tan eminentes? Existía ante ellos un problema común que resolver: había que reamoldar el Budismo para los japoneses. 

¿Entonces, por qué tuvo que ser en aquellos siglos, si el Budismo había sido introducido varios siglos antes? Históricamente es cierto que el Budismo entró en los siglos sexto y séptimo pero sólo poco a poco pudo ser asimilado y adaptado por los japoneses. El transplante de una cultura lleva varios siglos de duro esfuerzo. La obra de asimilación comenzada en los siglos séptimo y octavo con la llegada de la primavera floreció de golpe. Este fue el trabajo de algunos sacerdotes de los siglos doce y trece. 

Desde entonces, el Budismo japonés, basado en los fuertes cimientos puestos por estos prominentes sacerdotes se ha mantenido hasta nuestros días. A partir de este período el sol no ha vuelto a brillar sobre la historia del Budismo en el Japón. Sin embargo, existe otro hecho en la historia que merece enfocarse: es el resultado de los estudios sobre el Budismo primitivo desarrollados en Japón en la edad moderna. 

Desde el tiempo de la introducción del Budismo, en Japón prácticamente ha dominado siempre el Budismo Mahayana por estar bajo influencia de la corriente china. Especialmente después de la aparición de los grandes maestros de los siglos doce y trece, las Enseñanzas Mahayanistas junto a la doctrina de los fundadores de las sectas formaron el centro principal de los estudios y de la práctica. Esto ha continuado hasta nuestros días. En Japón el estudio del Budismo Primitivo (Hinayana-Nikaya) comenzó aproximadamente en la segunda mitad de la Era de Meiji. La figura de Gautama Buda reapareció vívidamente ante todos aquellos que habían olvidado la existencia del Gran Maestro de las Enseñanzas, pensando sólo en los fundadores de las sectas. Fueron descubiertos los velos que ocultaban las sistemáticas Enseñanzas del Buda, ante aquellos que no veían más que las doctrinas Mahayanistas. Estas nuevas orientaciones todavía se mantienen dentro de la esfera de los académicos, y no son tan grandes como para despertar un nuevo entusiasmo religioso. Sin embargo, es evidente que en el pueblo japonés, los conocimientos acerca del Budismo están tomando nuevos rumbos. Todo esto es motivo suficiente para hablar de una cuarta etapa en la historia del Budismo en Japón.

* Este extracto ha sido traducido y editado de "La Enseñanza del Buda", un libro publicado por la Bukkyo Dendo Kyokai, la Sociedad para la Propagación del Dharma del Buda en Japón. El mismo consiste de extractos de los Sutras Mahayana y Hinayana, ordenados por temática, para exponer de manera devocional y reverente la enseñanza del Buda.