Bienvenido a la Tierra Pura de la Luz Serena, un recurso sobre el Verdadero Budismo (一乘佛教), y sus posteriores ramificaciones, a la luz de las Enseñanzas Perfectas y Completas (圓教). Aquí presentamos el Budismo como religión, filosofía y estilo de vida, con énfasis en la Teología Budista (Budología), aspirando a presentar el Budismo balanceadamente entre la academia (estudios budistas) y la devoción, desde el punto de vista de una escuela tradicional de Budismo japonés (Escuela del Loto Reformada) y las enseñanzas universales del Sutra del Loto (法華経).


domingo, 22 de febrero de 2026

La Gran Revelación del Parinirvana del Buda Shakyamuni: El Verdadero Significado del Parinirvana - Sermón de Nehan-E 2026

 


En estos días, en los templos en Japón, se celebra la conmemoración del Parinirvana del Buda Shakyamuni, el Buda de nuestro mundo. El término “Nehan-E” designa en Japón la ceremonia anual que recuerda la entrada del Buda en el Parinirvana, acontecida, según la tradición, el día quince del segundo mes lunar, en el bosque de sala en Kushinagara. Sin embargo, desde la perspectiva del Budismo del Loto, esta fecha no marca una ausencia, sino una revelación: no la desaparición del Iluminado, sino la manifestación pedagógica de su eternidad.

La Historia Sagrada del Parinirvana

En los relatos preservados en el Sutra del Nirvana, el último sermón del Buda en la Tierra, y en las tradiciones transmitidas por la Tradición Budista y la Sangha, el Buda, ya octogenario, después de haber predicado durante más de cuarenta y cinco años el Dharma en la India, anunció a sus discípulos que el tiempo de su partida se acercaba. Recorrió por última vez las ciudades y aldeas del Ganges, consolando, instruyendo y exhortando a la diligencia. Finalmente, en el bosque de los árboles sala, se recostó sobre su costado derecho, en la postura del león, con serenidad absoluta. Allí pronunció sus últimas palabras: “Todas las cosas compuestas son impermanentes. Esforzaos con diligencia.” Estas palabras, que muchas escuelas interpretan como una declaración definitiva de transitoriedad, son, sin embargo, la culminación de un método hábil. Porque el Buda, que durante décadas había enseñado según la capacidad de los oyentes, revelaría en la etapa culminante de su enseñanza algo que trasciende esta aparente despedida.

El bosque floreció fuera de estación; los devas descendieron; los discípulos lloraron. El universo entero pareció estremecerse. Y sin embargo, ¿qué ocurrió realmente? ¿Puede el Buda —Aquel que ha realizado la Verdadera Talidad— “morir” como muere un ser condicionado?

En Japón, el Nehan-E se celebra tradicionalmente el 15 de Febrero. En templos de diversas escuelas, se exhiben grandes pinturas del Buda reclinado, rodeado por discípulos, Bodhisattvas, devas e incluso animales llorosos. La imagen transmite una atmósfera de solemnidad y compasión cósmica. Se recitan Sutras, especialmente el Sutra del Nirvana; se ofrecen incienso y flores; se medita sobre la impermanencia. En escuelas como el Zen o el Jodo, el Nehan-E enfatiza la contemplación de la transitoriedad y la exhortación al despertar urgente. Se interpreta el Parinirvana como la consumación histórica de la vida terrenal del Buda, quien, tras cumplir su misión, abandona este mundo. Y, sin embargo, aquí debemos detenernos con reverencia y preguntar: ¿es ésta la última palabra del Buda?

En el corazón del Sutra del Loto, particularmente en el capítulo titulado “La Vida Eterna del Tathagata”, el Buda declara algo que transforma por completo nuestra comprensión: “Desde que alcancé la Budeidad han pasado innumerables e inconmensurables kalpas… siempre he permanecido aquí, sin entrar jamás en el Nirvana.” Aquí el Buda revela que su nacimiento en Lumbini, su Iluminación bajo el Arbol Bodhi, y su Parinirvana en Kushinagara son manifestaciones hábiles (upayas), adaptados para conducir a los seres al Despertar. El Buda no es simplemente un maestro histórico limitado a ochenta años de vida terrenal. Es el Buda Eterno, cuya existencia trasciende el tiempo lineal. Así, el Nehan-E, visto desde la Tradición del Loto, no conmemora una muerte literal, sino la culminación de un drama pedagógico. El Buda simula la partida para despertar en nosotros la urgencia, la fe y la comprensión de que debemos descubrirlo no como figura externa, sino como Presencia viva.

Algunas escuelas —aferradas a una errónea lectura histórica y provisional— interpretan el Parinirvana como la desaparición definitiva del Buda del Mundo Saha. Esta comprensión, aunque respetable en su contexto, pertenece a las enseñanzas preparatorias. La fidelidad a la enseñanza del Buda Eterno no requiere desprecio hacia otros practicantes, sino claridad doctrinal. Sin embargo, claridad no significa ambigüedad: existen interpretaciones que, aun nacidas de sincera devoción, reducen la grandeza del Tathagata a una figura meramente histórica, extinguida en el pasado, o a una abstracción vacía desprovista de presencia viva. Cuando el Buda es comprendido únicamente como un sabio que apareció y desapareció, cuya existencia concluyó irrevocablemente bajo los árboles sala, la fe corre el riesgo de deslizarse hacia un horizonte casi nihilista, donde la Iluminación se convierte en recuerdo y no en realidad actuante.

Algunas escuelas, enfatizando exclusivamente la impermanencia, interpretan el Parinirvana como disolución absoluta. En tal perspectiva, el Buda se transforma en una figura que ya no vive, que ya no actúa, que ya no sostiene el Cosmos con su compasión. Aunque no lo formulen así explícitamente, el resultado práctico puede ser una espiritualidad que honra una memoria, pero no una Presencia. Se veneran imágenes —estatuas de madera, bronce o piedra— como si representaran a alguien definitivamente ausente. El riesgo no está en la imagen misma, pues la iconografía es un medio hábil legítimo; el riesgo está en la concepción interior que reduce al Buda a algo que ya no es dinámicamente real. Estas escuelas adoran un Buda falso, en vez de adorar al Verdadero Buda, que es el Buda Eterno cuya Presencia mora entre y dentro de nosotros.

El Budismo del Loto proclama con firmeza que el Verdadero Buda no es un vestigio histórico ni una metáfora pedagógica, sino el Tathagata de vida inconmensurable que jamás entra realmente en extinción. Cuando la enseñanza definitiva revela que el Buda alcanzó la Iluminación en el pasado sin comienzo y que continúa predicando eternamente, toda comprensión que lo limite a ochenta años de existencia terrenal queda superada como provisional. No se trata de negar el valor de las enseñanzas preparatorias, sino de reconocer su carácter incompleto frente a la revelación plena.

Venerar al Buda Eterno no significa rechazar las formas visibles, sino trascender la literalidad que las aprisiona. Una estatua puede ser puerta hacia lo Infinito o puede convertirse en símbolo de ausencia, dependiendo de la comprensión que la sostenga. Si el devoto cree que el Buda ya no vive, su fe se orienta hacia el pasado; si comprende que el Buda mora ahora, en este instante, su fe se convierte en encuentro. Por ello afirmamos con convicción que el Verdadero Buda no es el Buda reducido a la nada ni el Buda congelado en la historia, sino el Buda cuya Vida permea el Cosmos y cuya Naturaleza palpita en cada ser. No adoramos un vacío sin rostro ni una reliquia extinguida; honramos la Presencia eterna que guía, corrige, inspira y salva sin cesar. Y precisamente porque reconocemos esta Presencia en todos los seres, nuestra afirmación no es condena de otros, sino invitación: abandonar toda visión limitada del Tathāgata y despertar a la realidad luminosa de su Vida infinita.

El Budismo del Loto, siguiendo el Plan Dhármico de los Cinco Periodos y Ocho Enseñanzas, reconoce que la Revelación Final, contenida en el Sutra del Loto y el Sutra del Nirvana, nos revela que el Buda no abandona el mundo; él mora eternamente en él. Su cuerpo histórico puede desvanecerse, pero su Cuerpo del Dharma —su Esencia Eterna— impregna el Cosmos. El Nehan-E, por tanto, es la celebración del tránsito de una comprensión limitada hacia la revelación del Buda Eterno.

Cuando contemplamos la imagen del Buda reclinado, no lo hacemos con desesperación, sino con serenidad luminosa. Sabemos, por la Palabra del propio Buda, que su vida es inconmensurable. Sabemos que su Espíritu —su Naturaleza Búdica— mora en cada ser. El Sutra del Nirvana afirma explícitamente la eternidad del Tathagata y la universalidad de la Naturaleza del Buda. No es una chispa metafórica, sino la realidad misma de nuestro ser profundo. El Buda no sólo vive en el cosmos; vive en nosotros. Cuando celebramos el Nehan-E según la Tradición del Loto, afirmamos que el Buda continúa actuando, continúa predicando, continúa salvando. El Voto Primal de salvar a todos los seres no cesa con una supuesta muerte histórica.

Como vemos en el Canon Budista, el bosque de árboles sala, en realidad, no fue el escenario de un final, sino el velo que se descorre para revelar que el Tathagata jamás partió. Si el Buda mismo nos dice que el Parinirvana no es una aniquilación sino una manifestación pedagógica, ahora debemos preguntarnos: ¿qué revela realmente el Nehan-E acerca de la naturaleza del Buda y de nuestra propia condición? No basta afirmar que el Buda es eterno; es necesario comprender cómo su eternidad transforma nuestra existencia concreta, nuestra práctica diaria, nuestra esperanza y nuestra misión en este Mundo Saha.

En el capítulo “La Vida del Tathagata” del Sutra del Loto, el Buda declara que su aparente entrada en el Nirvāṇa es un medio hábil destinado a despertar en los seres el anhelo de buscarlo con mayor intensidad. Él dice que, si permaneciera visiblemente ante nosotros sin cesar, muchos caerían en la complacencia; por ello, simula su partida. Aquí el Nehan-E adquiere un carácter dramático, casi teatral en el sentido más elevado del término: es la última escena de una obra cósmica cuyo propósito no es conmover por tristeza, sino provocar madurez espiritual. El Buda no muere; el Buda educa. Cuando otras escuelas contemplan el Nehan-E como el final histórico del Maestro, el Budismo del Loto lo contempla como el punto de transición hacia la revelación de su eternidad. No es el ocaso del Sol, sino la comprensión de que el Sol jamás ha dejado de brillar, aunque las nubes de nuestra ignorancia lo oculten.

El Sutra del Nirvana proclama que todos los seres poseen la Naturaleza Búdica, el Espíritu del Buda Eterno. Esta doctrina, desarrollada profundamente por los Grandes Maestros de la Tradición Tiantai y Tendai, se expresa en el principio de la Budeidad Innata (Hongaku): no caminamos hacia algo que nos es ajeno, sino que despertamos a lo que siempre ha estado presente. Así, cuando el Buda entra en el Parinirvana, no se retira del mundo; más bien, desplaza el eje de nuestra devoción desde una dependencia exclusivamente externa hacia una realización interior. Nos obliga —con compasión severa— a descubrir que su Presencia mora en el corazón mismo de nuestra conciencia. El Nehan-e, celebrado según la visión del Loto, es por tanto una llamada a la interiorización del Tathāgata. El Buda reclinado no es una figura distante en Kuśinagara; es el Misterio eterno que respira en cada instante de nuestra vida.

El Buda, desde el pirncipio del tiempo, hizo el Voto Primal de llevar a todos los seres al Despertar. Si el Buda fuese simplemente una figura histórica extinguida, su Voto de Salvar a Todos los Seres quedaría limitado a un periodo finito. Pero el Budismo del Loto afirma que el Voto Primal es eterno porque el Buda mismo es eterno. El Cosmos entero es la actividad del Buda. Cada circunstancia, cada encuentro, cada desafío kármico, puede ser comprendido como parte de su pedagogía compasiva. El Nehan-e, lejos de clausurar esta actividad, la universaliza: el Buda ya no está restringido a un cuerpo visible; su acción se vuelve omnipresente. En este sentido, el Parinirvana es expansión, no retirada.

Ahora, si el Buda vive eternamente, entonces nuestra práctica no es nostalgia sino participación. No seguimos a un maestro del pasado; caminamos con una Presencia actual. El Nehan-E se convierte así en una jornada de renovación del compromiso. No lloramos la pérdida de un guía; renovamos nuestra fe en su presencia continua. Recordamos que la Naturaleza Búdica en nosotros no es potencial remoto, sino realidad viva. Cada vez que cultivamos fe, estudio y práctica, el Buda se manifiesta. Cada vez que transformamos el karma en compasión activa, el Buda actúa. El Buda no se ha extinguido. Él mora en la trama misma del universo, y en el latido secreto de nuestro propio corazón.

En estos días, leamos la Palabra del Buda contenida en los Sutras y meditemos, permitiéndonos comulgar con su Presencia en nosotros y en el mundo. Veamos en el ojo de nuestra mente al Buda hace más de 2,500 años, rodeado por sus discípulos, como si estuviéramos ahí ese día. Transportémonos al bosque sala en el momento del Parinirvana. En el Budismo del Loto comprendemos que este bosque no es simplemente un lugar geográfico; es el símbolo del Mundo Saha entero. El Buda se recuesta entre dos árboles, indicando la dualidad aparente de nacimiento y muerte, pero su postura serena revela la no-dualidad que subyace a ambos. En la perspectiva de la Triple Verdad enseñada por el Gran Maestro Chih-i, cada fenómeno es simultáneamente vacío, provisional y medio. El Parinirvana participa de esta triple estructura: vacío, porque no hay extinción real del Tathagata; provisional, porque se manifiesta como muerte para educar; medio, porque revela la unidad de eternidad y manifestación. Así, el Nehan-e se convierte en contemplación de la estructura misma de la realidad.

Alrededor del Buda y entre nosotros, los discípulos lloran. Algunos caen en desesperación. Otros permanecen en ecuanimidad. Este contraste no es meramente narrativo; es un espejo de nuestras propias disposiciones espirituales. Cuando aún no comprendemos la eternidad del Buda revelada en el Sutra del Loto, experimentamos la separación como pérdida. Pero cuando penetramos el significado profundo del Sutra del Nirvana, entendemos que la naturaleza del Tathagata es Eterna, Felíz, Pura y Verdadera. El llanto de los discípulos representa la visión provisional; la serenidad del Buda reclinado representa la visión definitiva.

Si el Nehan-e fuese simplemente la conmemoración de una muerte, quedaría reducido a una nostalgia ritual. Pero en la Tradición del Loto, el aparente duelo se transmuta en misión. El Buda, al manifestar su entrada en el Nirvana Final, confía el Dharma a la Sangha. Pero esta Sangha no es un grupo limitado en el tiempo; somos nosotros. Cada generación que celebra el Nehan-E, como Bodhisattvas o Hijos del Buda, renueva el compromiso de ser el Cuerpo Activo del Buda en el mundo. Aquí comprendemos algo esencial: el Buda eterno actúa a través de nosotros. La eternidad del Tathāgata no nos exime de responsabilidad; nos la confiere.

¿Cómo debemos celebrar, entonces, este día santo? No con lamento, sino con introspección profunda. Nos sentamos ante la imagen del Buda reclinado y nos preguntamos: ¿vive el Buda en mí? ¿Permito que su Naturaleza se manifieste en mis pensamientos, palabras y acciones? El Nehan-e se convierte en una práctica de contemplación de la Budeidad Innata. Meditamos en la continuidad del Voto Primal, en la compasión que no cesa, en la luz que jamás se extingue. La aparente muerte se revela como velo pedagógico. El Buda no se ha retirado; ha expandido su modo de presencia. Bajo los árboles sala, el Buda descansa —y, sin embargo, su compasión continúa obrando en cada rincón del universo y en el santuario secreto de nuestro propio corazón.

Ahora: ¿qué significa el Nehan-e en relación con el tiempo mismo? ¿Qué implica afirmar que el Buda no sólo vive, sino que su vida es inconmensurable? En el capítulo “La Vida Eterna del Tathagata” del Sutra del Loto, el Buda declara que su Iluminación no ocurrió hace apenas unas décadas bajo el Arbol Bodhi, sino hace innumerables e inconmensurables kalpas. El relato histórico es presentado como una manifestación adaptada a nuestra comprensión limitada. La verdadera vida del Tathagata se extiende más allá de toda medida temporal. Aquí se rompe el eje lineal de la historia. El Buda no pertenece al pasado; el pasado pertenece al Buda.

En nuestra experiencia ordinaria, el tiempo fluye del nacimiento a la muerte. Esta estructura condicionada alimenta la ilusión de que todo surge y cesa definitivamente. Pero el Buda Eterno trasciende esta linealidad. Desde la perspectiva de la Triple Verdad enseñada por el Gran Maestro Chih-i, el tiempo mismo es vacío en su esencia, provisional en su manifestación y medio en su función. El Parinirvāṇa pertenece a esta dinámica: se manifiesta en el tiempo histórico, pero su significado trasciende la temporalidad. El Nehan-e, por tanto, no es un aniversario de algo perdido, sino una actualización ritual de una verdad eterna. Cada año no repetimos un recuerdo; participamos en un Misterio siempre presente.

Si el Buda es eterno, su presencia no está confinada a un plano abstracto. El Budismo del Loto afirma que el Mundo Saha mismo es el campo de actividad del Tathagata. El cosmos entero es la manifestación de su Cuerpo de Dharma. Aquí la enseñanza converge con la visión cósmica del Budismo Esotérico, donde el Buda Eterno se manifiesta como la realidad misma de los Seis Grandes Elementos. El Buda no es exterior al universo; el universo es su expresión dinámica. El Parinirvana, entonces, no puede significar la desaparición del Buda del Cosmos. Sería ontológicamente imposible. Lo que cesa es la forma histórica; lo que permanece es la actividad ilimitada. Si el Buda continúa viviendo y obrando, entonces la historia no es un descenso hacia la oscuridad, sino el despliegue gradual del Plan Dhármico. El Nehan-E no señala el fin de una era luminosa; señala la responsabilidad de hacer visible la eternidad del Buda en nuestra sociedad, en nuestras instituciones, en nuestras comunidades. La Era Final del Dharma en la que vivimos no es abandono; es el escenario donde la fe madura debe manifestarse con mayor vigor. El Buda Eterno no se retira ante la decadencia; se manifiesta precisamente para transformar el samsara en Tierra Pura. Así, el Nehan-E se convierte en proclamación del Reino del Buda que se establece progresivamente en este mundo sahā.

El Voto del Buda de salvar a todos los seres no puede extinguirse con un cuerpo físico. Si el Voto es infinito, su portador debe ser infinito. Aquí comprendemos la coherencia interna de la doctrina: la eternidad del Buda garantiza la eficacia continua de la salvación. Cuando celebramos el Nehan-E desde la perspectiva del Loto, renovamos nuestra confianza en que no estamos solos en el camino. El Buda actúa, guía, inspira y transforma. Su compasión no es recuerdo; es energía viva. Cada circunstancia de nuestra vida puede convertirse en encuentro con el Buda. Cada desafío kármico puede ser comprendido como parte de su pedagogía eterna.

El mundo contemporáneo puede parecer inestable, fragmentado, incluso desesperanzado. Si creyéramos que el Buda pertenece al pasado, nuestra fe se debilitaría. Pero el Nehan-E, comprendido correctamente, es el antídoto contra la desesperanza. El Buda vive. Vive en el tejido del cosmos. Vive en la Naturaleza Búdica de todos los seres. Vive en la Sangha que practica, estudia y encarna el Dharma. Vive en cada acto de compasión consciente. Así, el día del Parinirvana no es luto; es Budofanía.

Si algo debemos llevar en el corazón al concluir esta conmemoración es esto: el Nehan-E no nos invita a llorar una ausencia, sino a despertar a una Presencia. El Buda reclinado no es símbolo de extinción; es la imagen serena de la Eternidad que descansa en sí misma mientras continúa obrando sin cesar por la liberación de todos los seres. Que al celebrar el Nehan-E no digamos: “El Buda murió.” Digamos más bien: “El Buda jamás ha dejado de vivir dentro y entre nosotros.” Y que esa convicción transforme nuestra práctica, nuestra fe y nuestra misión en este Mundo Saha.